A pocas horas del gran evento del miércoles, un cúmulo de sentimientos sacude el corazón del argentino medio. En un ardiente torbellino en el que se entremezclan poderosas emociones de masas con representaciones de la memoria histórica, resulta imposible discernir lo importante de lo secundario, lo profundo de lo contingente, el fútbol de la política. Para los veteranos de la guerra de Malvinas esas pulsiones tienen una carga singular, aunque no podría afirmarse que nuestra condición de excombatientes implique una mayor cercanía al evento que la de cualquier ciudadano. Todos los argentinos vibramos por igual.
A continuación, expondré algunas reflexiones un tanto desordenadas, previas al gran acontecimiento.
• La causa Malvinas es, antes que nada, la voluntad del país de recuperar el inmenso territorio usurpado por Gran Bretaña. Late con fuerza incontenible en el corazón de la inmensa mayoría del pueblo. El canto reiterado en las tribunas argentinas es un ejemplo elocuente (‘el que no salta es un inglés’).
• El fútbol, como se sabe, hace rato que dejó de ser un mero entretenimiento deportivo para convertirse en un gigantesco negocio capitalista que mueve miles de millones de dólares en el planeta. Nacido entre la alta burguesía inglesa a mediados del siglo XIX, desembarcó en nuestras tierras de la mano de la oligarquía terrateniente y de los funcionarios ingleses asociados a la economía pastoril semicolonial. Más tarde recaló entre las clases populares, medias y medias-bajas, para convertirse desde hace ya muchas décadas en un gran negocio capitalista que, como tal, tiene su dinámica de mercado, sus reglas y sus relaciones sociales entre los protagonistas (empresarios, representantes, jugadores, etc). En el caso de los eventos mundiales los ‘proletarios’, es decir, la mayoría ‘explotada’, la constituyen jóvenes multimillonarios con nula ‘conciencia de clase’ y generalmente radicados en el corazón de las metrópolis capitalistas. Son raros los casos de estrellas del fútbol que expresan alguna opinión discordante con el orden establecido (Maradona, Sócrates y hoy algunas afirmaciones del tan denostado Kylian Mbappe). Vale la pena releer las agudas investigaciones sobre el fútbol del extravagante sociólogo ‘marxista-liberal’ Juan José Sebreli, que recoge algunas ideas críticas sobre la cultura de masas desarrolladas por la Escuela de Frankfurt.
• Los mundiales en general han sido utilizados por sus organizadores para promover una agenda favorable a sus intereses políticos o propagandísticos. El caso del Mundial del ’78 en Argentina es, tal vez, el ejemplo más notorio, aunque la influencia entre escandalosa e hilarante de Trump sobre la organización y máxima autoridad del fútbol (FIFA) no le queda atrás. Abundan los hechos insólitos como la interdicción a la selección iraní para pernoctar en EEUU o la deportación del árbitro somalí en Miami. Hubieran merecido un repudio generalizado de todos los equipos participantes y quizás la suspensión del evento.
• Entre otras cosas, los mundiales despiertan una suerte de ‘nacionalismo’ primario, mayormente fútil, que recrea y actualiza conflictos históricos o eventos del pasado. Es común, y perfectamente comprensible, que reivindicaciones legítimas en el plano político o geopolítico encuentren su cauce de expresión a través de eventos de otra naturaleza, como es el caso del deporte. La conciencia de los pueblos (igual que en los individuos) no puede escindir lo cotidiano o contingente de las heridas profundas que desgarran su memoria histórica. Somos una totalidad conformada por un legado de frustraciones, derrotas y victorias.
• Los políticos tradicionales del sistema suelen apropiarse interesadamente de causas populares a fin de practicar una demagogia ramplona de cuño esencialmente electoralista. En la Argentina en este momento, por ejemplo, convive un amor apasionado por la ‘celeste y blanca’ con la defensa cerrada de una abyecta política entreguista completamente antagónica con la idea de soberanía o de Patria.
• En la historia de las naciones la energía popular en acción, correctamente direccionada, constituye la materia fundamental de cualquier proceso de cambio social progresivo. Hay una fuerza colectiva performativa que al activarse puede inaugurar una nueva era. Naturalmente, como disparador de esa potencia disruptiva, el fútbol encuentra límites insalvables. La euforia se agota rápidamente culminado el evento y la ilusión de ‘unidad nacional’, alimentada por una impresionante maquinaria propagandística, se evapora sin dejar rastros. Cada uno vuelve a su lugar en la realidad de la vida social. Los dueños del circo engordaron sus alforjas, los devenidos patriotas de los grandes estadios de Miami o Kansas regresan a sus empresas o a sus countries, mientras el hincha común y corriente sale del embrujo mundialista con las mismas urgencias existenciales.
• Si esa incontenible movilización colectiva que vibra frente al éxito deportivo pudiera enlazarse alguna vez a las grandes causas nacionales insatisfechas, como lo es la lucha anticolonial de Malvinas, no existirá fuerza capaz de detenerla. Sería la mayor victoria de nuestra historia.
Fernando Cangiano es exsoldado combatiente de Malvinas y autor del Libro ‘Malvinas, la cultura de la derrota y sus mitos’, Ed. Dunken, 2019
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