Múltiples retos enfrenta el gobierno mexicano ante los ataques que recibe por parte de su homólogo estadounidense, que generan crisis a través de problemas que no deberían ser más que de la incumbencia de particulares, como el retiro de una Visa sin mayores aclaraciones ni argumentos, pero que en este contexto se presta a graves sospechas.
La noticia de que el primer junior de la 4T ha sido despojado de su Visa sin argumentos ni acusaciones claras, debería ser únicamente un tema que le competa a él en su carácter de individuo, sin embargo en el actual clima político, esperar eso es de ingenuos. Sin embargo, el manejo que el gobierno y la 4T han hecho del tema raya más en lo propagandístico.
Esto se inscribe dentro de la agresiva política que Donald Trump y Marco Rubio están llevando a cabo en Latinoamérica, con la que pretenden imponer regímenes a modo en toda la región, ya sea por medios aparente y no tan aparentemente democráticos.
Tanto las victorias de políticos espontáneos cuya única virtud es la de doblegarse ante el poder de Trump, como la imposición de Delcy Rodríguez como encargada de los intereses de la Casa Blanca en Venezuela han ido definiendo el mapa político de la región, donde al momento se escapan Brasil, México y Cuba.
EEUU siempre ha requerido de una paz y estabilidad relativa en su vecino del sur, a lo largo del siglo XX esto fue una ventaja para los regímenes posrevolucionarios, que no significó falta de ingerencia, pero sí una relativa autonomía. Esto es algo que seguramente la 4T está tratando de capitalizar, sin embargo el gobierno de Trump no se caracteriza por ser racional.
Ni Trump ni la oposición nacional pueden escamotear que el gobierno de la 4T cuenta con un vasto apoyo popular, pero como el caso venezolano ha demostrado, la Casa Blanca puede optar por evitar la confrontación y usar a un régimen títere con cuadros sacados del corazón mismo del sistema vigente, incluso por encima del golpe blando.
Sea como sea, el gobierno dependerá de la acción colectiva y de un gran apoyo popular para evitar el riesgo del ataque directo del gobierno estadounidense o de la suplantación al estilo venezolano, sin embargo, pareciera que el menos interesado en abrir la política a una mayor participación social es el mismo partido en el poder.
Basta con recordar la historia de la expropiación petrolera a finales de la década de 1930, cuando el sindicato petrolero fue fundamental para llevar a cabo esta decisión, a la vez que el PRI (entonces PMR) definió en esa misma época convertirse en un auténtico partido de masas más allá del partido de caudillos y caciques locales que fue el PNR original.
En aquel momento Estados Unidos, que tenía gobernantes menos bestias que ahora (también a considerar), dió vía libre a cierta soberanía mexicana y mantenerse en una política de respeto fundada en la “buena vecindad”. Es probable que la actual Casa Blanca carezca de paciencia o al menos de estrategia para ello.
La 4T y la necesidad del apoyo popular
En cualquier caso, la 4T sería la primera beneficiada de gozar de un sólido apoyo popular, pensando así mismo en la soberanía nacional. Pero para ello tiene que marcar una auténtica distancia con los gobiernos de derecha del resto de la región, con algo tan elemental como cumplir con sus promesas.
Las decisiones de Claudia Sheinbaum relacionadas con el fracking o su insistencia con imponer una planta de amoniaco en la bahía de Ohuira en Sinaloa, por poner ejemplos en los que la controversia es menor, a diferencia de un tema como el de Ayotzinapa; dan cuenta del casi nulo compromiso del gobierno con su base social.
Este tipo de acciones son las que eventualmente pueden llevar a una parte importante del electorado a los brazos de propuestas de ultraderecha, quienes con menos rodeos van a acabar por privilegiar los negocios de unos pocos por encima del bienestar de la mayoría, al menos siendo sinceros en ello.
Mientras tanto la izquierda no sólo lleva a cabo políticas en beneficio de los mismos de siempre, aparte se embadurna de una superioridad moral que no podría estar más hueca, como esta que presenta la defensa de la Visa de Andy como un tema de soberanía y auténtico patriotismo.
¡El respeto al derecho a ir de shopping es la paz!
@PacoJLemus
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