Y vino a resultar […] que el hombre más simple de Francia adquirió la significación más compleja. Precisamente porque no era nada, podía significarlo todo, menos a sí mismo.
Karl Marx, 1850
La cancelación de la visa estadounidense a un ciudadano particular es, sin duda, una decisión que concierne al gobierno de ese país y afecta a uno o más individuos. Puede obedecer a distintas razones, que no se hacen de conocimiento público sino sólo al interesado. Para México no es un asunto de derecho público ni de interés nacional, aunque los servicios consulares pueden asistir al interesado para conocer las cusas de la revocación, los requisitos para recuperarla su cumplimiento. En realidad, todos los días el visado se les niega a decenas, cientos, tal vez miles de solicitantes que no reúnen las condiciones para obtenerlo. A otros puede cancelárseles por diversas razones, como abusar del permiso de permanencia en el territorio del país que la visa otorga, dejar de cumplir las condiciones impuestas o por considerar que la persona a la que se le ha otorgado representa algún peligro para el país otorgante.
Nunca antes, hasta donde se sabe, el tema de la visa de un país extranjero fue tema de discusión en el ámbito político, en los medios y las redes sociales. El ciudadano mexicano Andrés Manuel López Beltrán logró, con una extravagante carta dirigida al presidente estadounidense Donald Trump, colocarlo ahí y hacerlo objeto de toma de posiciones y debate. En efecto, fue el mencionado quien difundió la misiva en la que denuncia al secretario de Estado Marco Rubio y al subsecretario Christopher Landau (a quien llama “el quita visa”) por haber ordenado retirarle el permiso para ingresar a los Estados Unidos. Afirma que se trata de una “decisión es de carácter político, más bien politiquero y propagandístico, al estilo hitleriano [¿?]” y sostiene que “no existe ninguna razón que justifique tan arrogante proceder”, ya que “no cuentan con ninguna prueba contra mi persona, acerca de algún acto inmoral o delictivo”. El personaje conocido como Andi no explica en su epístola al gobernante de la potencia norteamericana cuáles fueron (si las conoce) las causas argüidas para la acción cancelatoria; pero sí la califica como una “burda y perversa canallada de estos funcionarios y otros halcones que, en sentido estricto, no son diplomáticos ni mucho menos políticos” (¡sopas!).
Además de endilgarles a los mencionados funcionarios del Departamento de Estado otros adjetivos y atribuirles ciertas intenciones, la carta del hijo de un ex presidente mexicano interpreta su acción desde una perspectiva política: ellos toman “represalias destinadas a quienes no se alinean o someten a sus afanes autoritarios, facciosos y a sus corruptelas”. El giro político es lo que llama la atención, pues el que suscribe no desempeña cargo alguno en el gobierno del país ni tiene responsabilidad que le pueda atribuir relevancia política, si bien fue en el pasado reciente secretario de Organización en el Comité Nacional de su partido, el Morena, del cual se retiró anunciando que buscaría una diputación por el Estado de Tabasco. Si alguna interpretación de tipo político cabría sería, según lo declaró José Ramiro López Obrador, hermano del ex presidente Andrés Manuel, tío del redactor de la carta y actual secretario de Gobierno en Tabasco, porque los mencionados funcionarios estadounidenses “realmente al que quieren no es al chico, sino al grande”. A Andrés Manuel López Obrador, podemos entender.
La que podríamos llamar Epístola de San Andrés (puesto que el firmante se presenta a sí mismo como impoluto y libre de pecado) va en loa misma línea que la que su padre dio a conocer hace algunas semanas, cuando pidió “que regrese el otro Trump”, en la que, al igual que su hijo, acusaba a otros funcionarios estadounidenses, no al presidente de tratar de “debilitar a Morena y fortalecer a la oposición de derecha en México con la idea de volver a disponer de un gobierno entreguista, corrupto, mafioso y cruel y, por lo mismo, vulnerable, subordinado y fiel a sus designios intervencionistas”. Aunque al final de su documento AMLO lamentaba que, según él, Trump ha cambiado y ya es “distinto al que traté”. Nunca se entendió bien a qué Donald Trump se refería, pues desde su campaña de 2016, éste acusaba a los mexicanos todos de ser traficantes de drogas, delincuentes violadores y otras cosas, y como presidente en 2017 había iniciado la política de deportaciones y expulsiones indiscriminadas. Pero quedó para la historia que nuestro gobernante tabasqueño se hizo de su homólogo estadounidense una imagen idílica difícil de explicar.
El vástago ha ido más lejos, sugiriendo a Trump que “¿por qué no destituye a Rubio y a Landau, así como a quienes son iguales a ellos y le están haciendo daño por estar llenos de resentimientos y de actitudes sectarias?”. Pero también es rudo compatibilizar sus posiciones cuando se duele, por una parte, del retiro de su documento migratorio y, por la otra manifiesta que “no me causa ningún problema el no visitar Estados Unidos en estos tiempos decadentes y lamentables de odio, racismo, drogadicción, desintegración familiar, inconformidad social y tristeza, y puedo esperar a que las cosas cambien y existan circunstancias favorables [sic]”. Es decir, considera a la sociedad estadounidense decadente y lamentable, pero espera que en otro tiempo, quién sabe cuándo, las cosas sean distintas y él pueda ir a ese país y disfrutarlo.
En realidad, ni el retiro de la visa a un individuo ni su desahogo epistolar son importantes. Lo es el que esos hechos han producido que actores políticos sí relevantes como la presidenta Claudia Sheinbaum y la dirigente del Morena, Ariadna Montiel, han tenido que tomar posición y hacer pronunciamientos, además de haber acaparado titulares y planas en los medios de difusión.
La presidenta se solidarizó en un primer momento con Andi y criticó que Washington use la revocación de los permisos de internamiento en su territorio contra “políticos mexicanos” y, al igual que el ofendido, interpretó que el acto de marras, “tiene un sentido político”; y agregó “No veo yo otra razón”. Y fue más allá, cuando lo atribuyó a una “injerencia en la política mexicana”, aun cuando, como queda dicho, el afectado no tiene ningún cargo en el gobierno ni en la política mexicana.
Pero no seamos cándidos. La suspensión del visado sí es un signo de una política más amplia dictada por el Departamento de Estado, una forma de declarar indeseables a ciertas personas, en este caso por ser el hijo del ex presidente y por ser miembro (¿destacado?) del partido oficial. Son investigaciones periodísticas, basadas en testimonios y en declaraciones que obran en carpetas de investigación, las que señalan que Andrés Manuel López Beltrán ha sido participante activo en las operaciones del conocido huachicol fiscal, el contrabando de combustibles en gran escala revelado públicamente hace aproximadamente un año. Es seguro que sobre eso hay investigaciones en el Departamento de Justicia estadounidense. No hay (por ahora) una acusación formal contra él, como la hecha contra Rubén Rocha Moya y otros nueve políticos sinaloenses. Pero la presidenta Sheinbaum ha salido al paso, en conjunción con la Fiscalía General de la República, declarando que no hay elementos para abrir una investigación. Mienten, pues, como se señala, sí hay testimonios en las indagatorias realizadas que involucran a López Beltrán, y también al senador Adán Augusto López Hernández (en https://n9.cl/91i58).
La posición de la presidencia, entonces, es la misma que con el licenciado gobernador Rocha y sus coacusados: exculparlo sin abrir siquiera una investigación de los hechos. En la práctica, protegerlo con un manto presidencial de impunidad. Matizó su postura al reconocer que la revocación por el Departamento de Estado es un “asunto personal” por el cual el gobierno de México no solicitará información ni explicaciones. Pero, negando hacer cualquier investigación, porque no encuentra motivos para hacerla, sí clasificó a López Beltrán como una persona “políticamente expuesta” e insistió en que el asunto de la visa tiene carácter político. Y soltó que “hay otros presuntos delincuentes donde no hay problema […], donde al revés, les abren las puertas”.
Pero, desde la carta de Andrés Manuel II, la maquinaria se echó a andar. La presidenta del Morena, Montiel Reyes, ha insistido en que se trata de una inaceptable injerencia política que su partido va a rechazar. Un desplegado del 14 de agosto fue titulado “Ante la cancelación de la a Andrés Manuel López Beltrán, Morena reafirma la defensa de la soberanía nacional”. Y el partido convocó a sus prosélitos a realizar más de 200 asambleas de información y “defensa” de la soberanía nacional en las 32 entidades del país. Los gobernadores miembros del Morena y el Partido Verde salieron al paso con un desplegado en el que declaran defender siempre la soberanía nacional y no permitir “la injerencia extranjera en asuntos que corresponden exclusivamente al pueblo de México y sus instituciones”.
No obstante, el 17 de agosto, los coordinadores de las bancadas del PT y el Partido Verde Ecologista declararon que no defenderían a AMLB. Reginaldo Sandoval Flores dijo que “No podemos meter las manos al fuego por nadie. Nosotros no solapamos a nadie” https://n9.cl/3rtklm. Luego, el PT, en un desplegado, reiteró su “total solidaridad y respaldo incondicional” a la presidenta Sheinbaum “en la defensa de la independencia, soberanía y no intervención extranjera en los asuntos internos de México”, sin precisar cuáles serían las formas de intervención o amenazas a la soberanía a las que se refieren. Acto seguido, señalaron que a Andrés Manuel López Beltrán “no se le puede acusar de actos indebidos sin tener las pruebas que lo sostengan”, cosa que nadie, que se sepa, ha hecho; aunque agregan que “voces de la derecha en nuestro país”, no identificadas, “buscan inculparlo sin tener base legal, sin sustento y violando el principio de presunción de inocencia”. Es decir, además de hacer rounds de sombra, sí metieron las manos al fuego por Andi.
El senador Gerardo Fernández Noroña fue más allá y espetó que “no se metan con el compañero” ex presidente, porque “todo México lo va a defender”, como si el del problema fuese López Obrador y no López Beltrán. Y el propio Andi López Beltrán, en un video en el que agradeció los apoyos recibidos, llamó a “organizarnos ante la inminente embestida a la soberanía nacional por parte de gobiernos extranjeros,en particular de los Estados Unidos”. Sigue, pues, echando gasolina al fueguito que él mismo encendió y que sin duda enturbia más las ya complicadas relaciones de nuestro país con la potencia del norte.
Está por verse, entonces, hasta dónde llega esta escalada verbal del Morena y Andi contra el gobierno de Trump. Y también qué hará éste y en qué momento con la información que ha venido recabando de las relaciones del “orgullo del nepotismo” de su papá, y de otros políticos mexicanos, con la delincuencia organizada. Lo deslizó el subsecretario Landau en un mensaje en sus redes sociales: “¿Están disfrutando el espectáculo? Vuelvan a llenar sus palomitas… amarán la siguiente parte”.
Eduardo Nava Hernández. Politólogo – UMSNH
X: @ednava7
Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.


