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Anotaciones de Manuel Sacristán a La estructura de las revoluciones científicas de Thomas Samuel Kuhn (I).

Fuentes: Rebelión

La misma orientación histórica y sociológica de la mirada, que a veces hace caer a Gramsci en ilogicismos historicistas y sociologistas, le permite también formular criterios que luego han aparecido en la filosofía de la ciencia académica de la cultura capitalista (sobre todo desde el libro de Th. S. Kuhn La estructura de las revoluciones […]

La misma orientación histórica y sociológica de la mirada, que a veces hace caer a Gramsci en ilogicismos historicistas y sociologistas, le permite también formular criterios que luego han aparecido en la filosofía de la ciencia académica de la cultura capitalista (sobre todo desde el libro de Th. S. Kuhn La estructura de las revoluciones científicas). Por cierto que Gramsci no es el único ni el primer marxista que ha destacado la importancia de la evolución histórica de las ideas y de los grupos de intelectuales en la ciencia (su denostado Bujárin lo había dicho en Londres en 1931, por ejemplo) pero lo ha hecho con la concreta eficacia de su estilo y con más planos de pensamiento que el internalista «kuhnismo vulgar» gracias a la práctica «dialéctica» de relacionar unos con otros los varios campos de la cultura, en este caso la ciencia y la evolución de las ideologías sociales.
    La forma racional, lógicamente coherente, la redondez de razonamiento que no descuida ningún argumento positivo o negativo que tenga algún peso, posee su importancia, pero está muy lejos de ser decisiva: puede serlo de manera subordinada, cuando la persona en cuestión se halla ya en condiciones de crisis intelectual, oscila entre lo viejo y lo nuevo, ha perdido la fe en lo viejo y todavía no se ha decidido por lo nuevo, etc. Otro tanto se puede decir de la autoridad de los pensadores y científicos
    Kuhn no dijo mucho más (filosóficamente) en su best-seller académico, pero la Academia que fue sacudida como por un terremoto por el escrito de uno de sus respetables miembros, ignora a un pensador como Gramsci. Eso tiene, sin duda, explicaciones inocentes, por así decirlo: la costumbre de la lectura especializada… Pero con ideas de Gramsci es posible descubrir también explicaciones un poco más penetrantes.

Manuel Sacristán (1985),  «El undécimo cuaderno de Gramsci en la cárcel»  


La frase «sin medida común» se convierte en «sin lenguaje común». Afirmar que dos teorías son inconmensurables significa afirmar que no hay ningún lenguaje, neutral o de cualquier otro tipo, al que ambas teorías, concebidas como conjuntos de enunciados, puedan traducirse sin resto o pérdida. Ni en su forma metafórica ni en su forma literal inconmensurabilidad implica incomparabilidad, y precisamente por la misma razón. La mayoría de los términos comunes a las dos teorías funcionan de la misma forma en ambas; sus significados, cualesquiera que puedan ser, se preservan; su traducción es simplemente homófona. Surgen problemas de traducción únicamente con un pequeño subgrupo de términos (que usualmente se interdefinen) y con los enunciados que los contienen. La afirmación de que dos teorías son inconmensurables es más modesta de lo que la mayor parte de sus críticos y críticas ha supuesto».

  Thomas S. Kuhn (1989), «Conmensurabilidad», pp. 99-100.


    
    David A. Hollinger -«T.S.Kuhn´s Theory of Science and its Implications for History», 1973- lo señaló con probable acierto: «(…) desde la publicación de Idea de la historia de Collingwood ningún trabajo de teoría había ganado entre los historiadores una cantidad de interés tan grande como la prestada recientemente a La estructura de las revoluciones científicas de Thomas S. Kuhn». Y no sólo entre los historiadores sino entre otros científicos sociales y también entre filósofos de la ciencia con más o menos pulsión historiográfica. Es conocida, por ejemplo, la importancia de la obra y categorías de Kuhn en la concepción estructuralista de las teorías científicas.
Traducido en versión discutida el ensayo de Kuhn al castellano en 1971 por Agustín Contín, no eran infrecuentes seminarios sobre La estructura en cursos últimos de Filosofía o en seminarios de doctorado, a finales de los setenta y principios de los ochenta, en las universidades españolas. El autor de esta antología, por ejemplo, recuerda con agrado y admiración el seminario que impartió un joven Daniel Quesada en la Facultad de Filosofía de la UB a su vuelta de Stanford a un grupo de quinto en el que estaban presentes, entonces como alumnos, filósofos ahora tan reconocidos como José Romo, Ramon Cirera, Amparo Gómez, Fina Pizarro, y probablemente también Manuel García-Carpintero.
Sobre el uso, y frecuente abuso, del concepto de paradigma en filosofía, ciencias sociales, historia e incluso en el mismo lenguaje publicitario no es necesario llamar la atención. «Paradigma» en Google da actualmente más de 9.700.000 entradas.
    Cuando Sacristán se reincorporó a la Facultad de Económicas de la Universidad de Barcelona, tras la muerte del dictador golpista amigo de Pinochet, volvió a dictar cursos de Metodología de las Ciencias Sociales en 5º de Económicas y en seminarios de doctorado. En los cursos de 5º solía dividir las horas de clase de la forma siguiente: tres horas dedicadas a la discusión de un manual reciente de metodología de las ciencias sociales y una hora semanal -que solía convertirse en hora y media, más el tiempo dedicado a conversación directa con el director del curso, esto es, con el propio Sacristán- dedicada al estudio de algún clásico de la epistemología contemporánea. Entre otros, la Epistemología de Mario Bunge (autor al que tradujo y que siempre fue reconocido por Sacristán, y que ha tenido la gentileza de participar en los documentales de «Integral Sacristán» de Xavier Juncosa (El Viejo Topo, Barcelona, 2007)), La lógica de la investigación científica de Karl Popper o La estructura de Kuhn. En sus seminarios, en aquellos cursos apasionantes que contaron con la presencia de personas como Joan Benach o Félix Ovejero Lucas, que tuvieron como codirector en algunos casos a Francisco Fernández Buey y que tanto hicieron por la cultura filosófica de muchos científicos sociales, se tenía como norma discutir semanalmente un capítulo del ensayo escogido, saltándonos algunos fragmentos, pocos, especialmente difíciles o muy especializados. Se da muestra del material de trabajo de Sacristán para estos seminarios al final de esta selección.
    Fue, si no ando errado, en 1977-78 cuando Sacristán dirigió (sin dirigir) por vez primera un seminario dedicado a La estructura de las revoluciones científicas. Su opinión central, con notable y destacada arista sociológica, sobre el ensayo de Kuhn puede inferirse de la nota que encabeza esta antología, extraída de su último trabajo publicado, una presentación de una traducción de Miguel Candel de un ensayo de Antonio Gramsci, si bien no hay duda que Sacristán valoró la irrupción del punto de vista histórico en el ámbito de la filosofía de la ciencia analítica, más allá de la imprecisión y el carácter difuso, demasiado difuso, de algunas categorías centrales del ensayo, de las dificultades teóricas de la tesis de la inconmensurabilidad y del neto abuso del kuhnismo, no siempre fiel a Kuhn, que se produjo en ciencias sociales y en destacadas corrientes filosóficas.
Las siguientes anotaciones son sus observaciones de lectura, no fechadas pero acaso de 1977, de una de la carpetas de resúmenes depositadas en Reserva de la UB, en torno a este celebrado ensayo de Thomas S. Kuhn. Sacristán cita por la edición inglesa (Chicago and London, The University of Chicago Press, (1962)), aquí se hace en el Prefacio y primer capítulo por la versión castellana de Agustín Contín -las referencias dadas remiten a esta traducción (FCE, México, 1971) y a la original inglesa-, pero a partir del capítulo II se da normalmente la versión castellana -no escrita para su publicación sino como apunte de trabajo- del propio Sacristán.

                            *

    Cuando en el Preface observa que, en general, no ha «dicho nada sobre el papel desempeñado por el progreso tecnológico o por las condiciones externas, sociales, económicas e intelectuales, en el desarrollo de las ciencias» (p. 17 edición castellana; p. XII edición inglesa), y añade que «La consideración explícita de efectos como éstos no modificará, creo yo, las principales tesis desarrolladas en este ensayo» (Ibid), no es fácil de interpretar: puede estar contradiciéndose con su convicción del marco filosófico de las revoluciones científicas, y puede estar diciendo que las tesis de este ensayo son formales.
    I. Introducción: un papel para la historia.
1. «Si se considera a la historia como algo más que un depósito de anécdotas o cronología, puede producir una transformación decisiva de la imagen que [we, nosotros] tenemos actualmente de la ciencia» (p. 20; p. 1). 
El «we» está muy determinado…¡en 1962!.
    2. Continúa:
«Esa imagen fue trazada previamente, incluso por los mismos científicos, sobre todo a partir del estudio de los logros científicos llevados a cabo…» (p. 20; p. 1).
    De lo que tuvieron conciencia los mismos escolásticos, como lo muestra su concepto de scientia in status perfectionis. Por otra parte, la fecundidad de ese punto de vista metafísico, consistiría en que, despojado de metafísica, es formal, consiste en lo fácilmente que permite ver y descubrir el problema de la fundamentación (claro que dentro de un «paradigma», de una época).
    3. «En este ensayo tratamos de mostrar que hemos sido mal conducidos… Su finalidad es trazar un bosquejo del concepto absolutamente diferente de la ciencia que puede surgir de los registros históricos de la actividad de investigación misma» (Ibid).
    Directamente no es capaz de pasar a la sociedad. Porque la misma «ciencia consumada» existe también, a la vez, como elemento de la cultura superior y de la cultura en general.
    4. La crítica a la idea del «development [of science]-by-acumulation» muestra el maniqueo (para «us») contra el que combate (p. 21; p. 2).
    5. Describe el tipo de historiador no acumulativista:
«Por ejemplo, no se hacen preguntas respecto a la relación de las opiniones de Galileo con las de la ciencia moderna, sino, más bien, sobre la relación existente entre sus opiniones y las de su grupo, o sea: sus maestros, contemporáneos y sucesores inmediatos en las ciencias. Además, insisten en estudiar las opiniones de ese grupo de otros similares, desde el punto de vista -a menudo muy diferente del de la ciencia moderna- que concede a esas opiniones la máxima coherencia interna y el ajuste más estrecho posible con la naturaleza. Vista a través de las obras resultantes, que, quizá estén mejor representadas en los escritos de Alexander Koyré, la ciencia no parece en absoluto la misma empresa discutida por los escritores pertenecientes a la antigua tradición historiográfica» (p. 23; p. 3).
    Pero, aunque la anterior alusión al mito pudiera hacer temerlo, no parece que Kuhn vaya a refugiarse en una interpretación nominalista de ‘science’ como flautus vocis. Pero sigue:
    «Por implicación al menos, eso estudios históricos sugieren la posibilidad de una imagen nueva de la ciencia. En este ensayo vamos a tratar de trazar esa imagen, estableciendo explícitamente algunas de las nuevas implicaciones historiográficas» (p. 24).
¡Pero también tiene la nobleza intelectual del MEW [Marx-Engels-Werke]!.
    6. La primera tesis -la insuficiencia de los criterios metodológicos de cientificidad para alcanzar o determinar resultados unívocos y únicos-, tesis que podría haber formulado mejor como imprecisión de la metódica básica, es interpretada bastante bien:
«Un elemento aparentemente arbitrario, compuesto de incidentes personales e históricos, es siempre uno de los ingredientes de formación de las creencias sostenidas por una comunidad científica dada en un momento determinado» (p. 25; p. 4).
    Incluso la ciencia en sentido formal es un individuo histórico.
    .»Sin embargo, este elemento arbitrario no indica que cualquier grupo científico podría practicar su profesión sin un conjunto dado de creencias recibidas» (Ibid).
    .»Sin embargo, ese elemento de arbitrariedad se encuentra presente y tiene también un efecto importante en el desarrollo científico…» (p. 26; p. 5). «La ciencia normal… se predica suponiendo que la comunidad científica sabe cómo es el mundo. Gran parte del éxito de la empresa se debe a que la comunidad se encuentra dispuesta a defender esa suposición, si es necesario a un costo elevado» (p. 26; p. 5).
    Esto recoge, por una parte, el análisis formal de Quine (la máxima de la mutilación mínima). Por otra, es un conato idealista, o muestra de pobreza idealista (aunque él haya puesto ya en guardia al respecto) al no considerar la cuestión siguiente: la voluntad que tiene la comunidad científica de sostener su visión del mundo, ¿se debe sólo a la inercia -o dinámica- de la práctica científica, o, más radicalmente, a motivaciones sociales, a través de la ideología común? Lo que sigue en el texto muestra la deficiencia en cuestión. A falta de determinación de «the nature of normal research», ignora injustificadamente, por ejemplo, la supresión secular de la «novedad» del que los cuerpos no se mueven ni libremente ni arbitrariamente como dice Aristóteles:
«Por ejemplo, la ciencia normal suprime frecuentemente innovaciones fundamentales, debido a que resultan necesariamente subversivas para sus compromisos básicos. Sin embargo, en tanto esos compromisos conserven un elemento de arbitrariedad, la naturaleza misma de la investigación normal asegura que la innovación no será suprimida durante mucho tiempo» (pp. 26-27; p. 5).
    7. Su concepto de revolución científica:
«(…) las investigaciones extraordinarias que conducen por fin a la profesión a un nuevo conjunto de compromisos, una base nueva para la práctica de la ciencia. Los episodios extraordinarios en que tienen lugar esos cambios de compromisos profesionales son los que se denominan en este ensayo revoluciones científicas. Son los complementos que rompen la tradición a la que está ligada la actividad de la ciencia normal» (p. 27; p. 6) [las cursivas son de MSL].
    Al mismo tiempo que la mesura indicada por «complements», hay que observar cómo se encierra al hablar de «commitments» [constricciones] puramente «professional». Lo son, sin duda, pero muchas veces son efecto/causa de «shifts» en visiones más amplias:
    . «Cada una de ellas necesita el rechazo, por parte de la comunidad, de una teoría científica más reconocida, para adoptar otra incompatible con ella» (p. 28).
    . «Cada una de ellas producía un cambio consiguiente en los problemas disponibles para el análisis científico y en las normas por las que la profesión determinaba qué debería considerarse como problema admisible o como solución legítima de un problema» (Ibidem)…
    8. «Esta concepción amplia de la naturaleza de las revoluciones es la que delineamos en las páginas siguientes» (p. 30; p. 7).
a) Abstracción ya «estructural», formal, de interés analítico posiblemente muy alto;
b) justificación -acaso- de su prescindir del contexto histórico-social, que puede no verse cualitativamente afectado por un cambio local.
    9. «Indudablemente, algunos lectores se habrán preguntado ya si el estudio histórico puede efectuar el tipo de transformación conceptual hacia el que tendemos en esta obra […] Con demasiada frecuencia, decimos que la historia es una disciplina puramente descriptiva. Sin embargo, las tesis que hemos sugerido son, a menudo, interpretativas y, a veces, normativas. Además, muchas de mis generalizaciones se refieren a la sociología o a la psicología social de los científicos (*);sin embargo, al menos unas cuantas de mis conclusiones, corresponden tradicionalmente a la lógica o a la epistemología. En el párrafo precedente puede parecer incluso que he violado la distinción contemporánea, muy influyente, entre «el contexto de descubrimiento» y «el contexto de la justificación» […] En lugar de ser [MSL: las citadas y otras] distinciones lógicas o metodológicas que, por ello, serían anteriores al análisis del conocimiento(**) científico, parecen ser, actualmente, partes integrantes de un conjunto tradicional de respuestas substantivas a las preguntas mismas sobre las que han sido desplegadas. Esta circularidad no las invalida en absoluto(***), sino que las convierte en partes de una teoría y, al hacerlo, las sujeta al mismo escrutinio aplicado regularmente a las teorías en otros campos. Para que su contenido sea algo más que pura abstracción, ese contenido deberá descubrirse, observándolas en su aplicación a los datos que se supone que deben elucidar. ¿Cómo podrá dejar de ser la historia de la ciencia una fuente de fenómenos a los que puede pedirse legítimamente que se apliquen las teorías sobre el conocimiento » (pp. 31-32; pp. 8-9).
    (*) Esa es la limitación metódica: hace sociología de los individuos, no del producto o cosa.
    (**) Esa prioridad implica que entiende «knowledge» histórico-materialmente, concretamente.
    (***) Pero no parece -por lo que sigue-  que le remite a la cadena infinita al final de la cual no puede haber más que la intuición -y entonces no hay circularidad- o la práctica (progresividad de Hegel).
    II. El camino hacia la ciencia normal.
1. Los dos rasgos del texto clásico o del texto standard que encarna la ciencia normal, paradigmas, tradiciones de investigación:
«Su logro carecía suficientemente de precedentes como para haber podido atraer a un grupo duradero de partidarios, alejándolos de los aspectos de competencia de la actividad científica. Simultáneamente, eran lo bastante incompletos para dejar muchos problemas para ser resueltos por el redelimitado grupo de científicos» (p. 33; p. 10).
    2. Hay paradigmas más generales y más especiales (p. 34; p. 11).
    3. El logro concreto (paradigma) es previo a las nociones abstraíbles de él (p. 34; p. 11). ¿Más que en sentido psicológico?
    4. Hay investigación científica sin paradigmas en sentido estricto, no sólo con ellos (p. 35; p. 11).
Su ejemplo según el cual las concepciones cuántica, ondulatoria y corpuscular de la luz son paradigmas tiene el rasgo, o el defecto, de que, entonces, varios paradigmas son compatibles con una misma filosofía del método (Cfr. 12).
    5. La uniformidad en la aceptación de paradigmas es un fenómeno moderno. Ilustración:
«No hubo ningún período, desde la antigüedad más remota hasta fines del siglo XVII, en que existiera una opinión única generalmente aceptada sobre la naturaleza de la luz» (p. 36; p. 12).
    Esta tesis sugiere objeciones de importancia: porque al ejemplo luz se puede contraponer el ejemplo espacio (que implica geometría), a propósito del cual la situación es la inversa. Pero, además, ocurre que las nociones nuevas de espacio engloban las antiguas, mientras que las nociones nuevas de la luz no engloban sino intuitivamente las antiguas. Consecuencia: progresismo más categórico y «lineal» que el pensado por el autor.
    6. Hay comprensión transparadigmática (p. 38; p. 14).
    Kuhn es poco dogmático. Por otra parte, sin este reconocimiento se le dificultaría la explicación de la investigación extraordinaria y de la posibilidad de la historia de la ciencia.
    7. El desarrollo (cfr. hasta 15) parece implicar que paradigma supone respuesta al quid? Pero entonces ¿y los paradigmas basados en rehuir la cuestión o renunciar a ella? Habría que explicarlos como respuesta no a quid est lux? sino a quid est scientia?
    8. Adogmático reconocimiento de la posibilidad de aparición de paradigmas por el «claro hablar de los hechos» (p. 41; p. 16)
    9. Tesis general:
«Esta es la situación que produce las escuelas características de los primeros estadios del desarrollo de una ciencia. Ninguna historia natural se puede interpretar si no hay, al menos, algún cuerpo implícito de creencias teoréticas y metodológicas interconexas que permita la selección, la estimación y la crítica. Si ese cuerpo de creencias no está ya implícito en la colección de hechos -caso en el cual no se tiene más que «meros hechos»- se tiene que facilitar externamente, tal vez por alguna metafísica en uso, o por otra ciencia, o por accidente personal o histórico. No es, pues, sorprendente que en los primeros estadios del desarrollo de cualquier ciencia hombres diferentes enfrentados con el mismo ámbito de fenómenos -aunque, generalmente, no con los mismos fenómenos particulares exactamente- los describan y los interpreten de modos diferentes. Lo sorprendente y tal vez exclusivo en esta medida, de los campos que llamamos ciencia, es que esas divergencias iniciales puedan llegar a desaparecer en gran parte alguna vez» (pp. 42-43 ; pp. 16-17) [la traducción es del propio Sacristán]
    10. Requisito de la aceptación como paradigma:
«Para que se acepte como paradigma, una teoría tiene que parecer mejor que sus competidoras, pero no necesita explicar todos los hechos que se le pueden enfrentar, ni de hecho lo hace nunca» (p. 44; p. 18).
    11. Paradigma y especialización (implica división del trabajo):
«(…) a veces basta la recepción de un paradigma para transformar un grupo antes simplemente interesado por el estudio de la naturaleza en una profesión o, al menos, en una disciplina. En la ciencia (aunque no en campos como la medicina, la tecnología y el derecho, cuya principal raison d’ étre es una necesidad social externa) la formación de publicaciones especializadas, la función de sociedades de especialistas y la reivindicación de un lugar especial en el currículum han solido ir juntas con la primera recepción de un simple paradigma por un grupo. Por lo menos, así ha ocurrido desde el momento -hace un siglo y medio- en que se desarrolla por vez primera el esquema institucional de la especialización científica hasta la época, recientísima, en que los parafernalia de la especialización han adquirido prestigio por sí mismos» (pp. 46-47; p. 19).
    Quizás es un poco exagerada la primera afirmación [«a veces basta la recepción de un paradigma para transformar un grupo antes simplemente interesado por el estudio de la naturaleza en una profesión o, al menos, en una disciplina»], al menos respecto de las formulaciones más restrictivas de su noción de paradigma. Aunque es verdad que «relatividad» es una especialidad.
La alusión final [«…en que se desarrolló por vez primera el esquema institucional de la especialización científica hasta la época, recientísima, en que los parafernalia de la especialización han adquirido prestigio por sí mismos»], muy interesante.
    III. Naturaleza de la ciencia normal.
    1. Un paradigma-Kuhn no es modelo de reproducción, como los de los verbos (p. 51; p. 23).
    2. Es, por el contrario, objeto de ulterior articulación y especificación, por la parcialidad del éxito que lo hace vigente (p. 51; p. 23).
    3. Concepto de ciencia normal:
«El éxito de un paradigma […] es, al principio, en gran medida, una promesa de éxito, que se puede descubrir en ejemplos seleccionados y todavía incompletos. La ciencia normal consiste en la actualización de esa promesa, cumplimiento conseguido mediante la extensión del conocimiento de los hechos que el paradigma expone como particularmente reveladores, mediante la extensión del encaje o concordancia entre esos hechos y las predicciones del paradigma y por la ulterior articulación del paradigma mismo» (p. 52 ; pp. 23-24). 
Esto último da ya pie a la emergencia.   
    4. Procustismo de la ciencia normal (p. 53; p. 24).
    5. Dialéctica entre procustismo y profundización del conocimiento, entre restricción de la visión y posibilidad de ruptura (parcial o no) de la visión paradigmática (p. 53; p. 24).
    6. Permanencia de parte de lo logrado con cada paradigma (p. 54; p. 25).
    7. La problemática de la ciencia normal.
a)Problemática factual:
«Creo que sólo hay tres focos normales de investigación científica factual, y que no son siempre, ni permanentemente, distintos» (p. 54; p. 25):
    a’) Investigación de hechos que el paradigma muestra  reveladores (p. 54; p. 25).
    b’) Observación y experimentación de hechos contrastadores (p. 55; p. 26). 
    c’) Observación y experimentación de hechos articuladores del paradigma.
         a») Determinación de constantes (p. 57; p. 27).
         b») Determinación de leyes cuantitativas (p. 58; p. 28).
         c») Exploración de generalizaciones (p. 60; p. 29).
    b)  Teorética: 
        a») Utilización de la teoría como predicción (con varios fines, teóricos o tecnológicos) (p. 61; p. 30).
            b») Precisión (pp. 62-64; p. 31).
            c») Articulación (reformulación) (pp. 64-65; p. 32).
    Los problemas de articulación de paradigma que son aquellos en que van más juntos lo factual y lo teórico (pp. 65-66, p. 33).
    8. Resumen:
«Creo que estas tres clases de problemas -la determinación del hecho interesante, la armonización de los hechos con la teoría y articulación de la teoría- agotan la literatura de la ciencia normal, tanto la empírica cuanto la teórica. Desde luego que no agotan toda la literatura de la ciencia. Hay también problemas extraordinarios, y es muy posible que sean la solución de eso lo que hace tan valiosa la empresa científica en su conjunto. Pero los problemas extraordinarios no se presentan a voluntad. Emergen sólo en ocasiones especiales, preparadas por el avance de la investigación normal. Por lo tanto, es inevitable  que la gran mayoría de los problemas con que se enfrentan incluso los mejores científicos caigan bajo una de las tres categorías recién esquematizadas. Es imposible trabajar de otro modo bajo un paradigma, y abandonar el paradigma es dejar de practicar la ciencia que define. Pronto descubriremos que se dan esa deserciones. Son los ejes en torno de los cuales giran las revoluciones científicas» (pp. 66-67; p. 34).
Este uso de ‘ciencia’ supone que la astronomía copernicana no es la astronomía, si ésta era la ciencia de Ptolomeo. La reacción antiformalista lleva a Kuhn a formulaciones del idealismo alemán. Y lo peor es que eso le ocurre sin que se dé cuenta. Porque su adogmático contexto excluye el que niegue a la astronomía copernicana la naturaleza de investigación perteneciente a la misma ciencia que la ptolemaica.
    IV. La ciencia como resolución de enigmas.
1.En la primera exposición de la idea hace la siguiente afirmación:
«El que tiene éxito prueba que es un experto solucionador de rompecabezas y el reto lanzado por el rompecabezas mismo es una parte importante de lo que suele mover y dirigir al científico» (p. 70; p. 36).
    Se me ocurre que éste es un caso muy interesante de «producción por la producción» en el muy positivo sentido en que Marx defiende a Ricardo. Kuhn, naturalmente, ve, saludablemente para los americanos, el otro lado de la cuestión.
    2. Resumen y matización sobre rompecabezas (=proceder estricto según reglas) (pp. 78-79; p. 42) [Desde «La existencia de esta sólida red de constricciones -conceptuales, teóricas, instrumentales y metodológicas- es una fuente principal de la metáfora que relaciona la ciencia normal con la resolución de rompecabezas. Como esta red suministra reglas que dicen…» hasta «…La ciencia normal es una actividad muy determinada, pero no está dicho que lo esté enteramente por reglas. Por eso al comienzo de este ensayo he hablado de paradigmas compartidos (y no de reglas compartidos), de supuestos y de puntos de vista como fuente de coherencia de las tradiciones de la investigación normal. Quiero decir que las reglas proceden de paradigmas, pero éstos pueden guiar la investigación, incluso sin reglas»].
    V. «Prioridad de los paradigmas».
1. «Lo dicho hasta ahora se ha dicho, puede dar la impresión de que la ciencia normal es una empresa única, monolítica y unificada, que se sostiene o cae necesariamente con cualquiera de sus paradigmas igual que con el conjunto de todos ellos. Pero evidentemente, la ciencia no es casi nunca, o nunca, como esa apariencia. En realidad, la anterior exposición no debe entrar en conflicto con esa corriente impresión. Por el contrario, al hablar de paradigmas, en vez de reglas, hace más comprensible la diversidad de los campos científicos y las especialidades.
Esta precisión incidental del concepto de paradigma es de mucho interés, pero va a llevar a una debilidad del mismo dentro de poco
    Las reglas explícitas, cuando existen, suelen ser comunes a un grupo científico muy amplio, pero los paradigmas no tienen por qué serlo.
    Esta es al debilidad del concepto desde el punto de vista de la filosofía formalista de la ciencia: pues se podría argüir que lo científico es lo legaliforme o reguliforme, y lo otro génesis de la ciencia.
           Los cultivadores de campos muy separados, como por ejemplo, la astronomía y la botánica sistemática se educan por la influencia de logros muy diferentes descritos en libros muy diferentes. E incluso hombres que, por trabajar en un mismo campo o en campos muy relacionados, empiezan estudiando los mismos libros y logros [MSL: = paradigmas], pueden adquirir paradigmas muy diferentes en el curso de su especialización profesional.
    Considérese, por tomar un solo ejemplo, la amplia y varia comunidad constituida por todos los físicos. Cada miembro de ese grupo aprende hoy día las leyes, por ejemplo, de la mecánica cuántica y la mayoría de ellos utilizan esas leyes en algún momento de su enseñanza o de su investigación. Pero no todos aprenden las mismas aplicaciones de esas leyes, y, por lo tanto, no todos ellos quedan afectados del mismo modo por cambios de la práctica de la mecánica cuántica. En el camino de su especialización profesional, unos cuantos físicos encuentran sólo aplicaciones paradigmáticas de esos principios a la química, otros a la física del estado sólido, etc. Lo que la mecánica cuántica significa para cada uno de ellos depende de los cursos que ha seguido, de los textos que ha leído y de las revistas que estudia. De ello se sigue que, mientras que un cambio de las leyes de la mecánica cuántica será revolucionario para todos estos grupos, un cambio que afecte sólo a una u otra de las aplicaciones paradigmáticas de la mecánica cuántica no será revolucionario más que para los miembros de alguna subespecialidad profesional. El cambio no tiene porque ser revolucionario para el resto de la profesión ni para los que cultivan otras ciencias físicas. Dicho brevemente: aunque la mecánica cuántica (o la dinámica newtoniana, o la teoría electromagnética) es un paradigma para muchos grupos científicos, no es el mismo paradigma para todos ellos. Por lo tanto, puede determinar simultáneamente varias tradiciones de ciencia normal que se solapan sin ser coextensivas. La revolución producida en el interior de esas tradiciones no tendrá que extenderse necesariamente a todas las demás» (pp. 89-91; pp. 49-50).
    Varias cosas que observar:
    Aquí «tradiciones» parecen estar por «ciencias». O por «especialidades».
    «Paradigma» queda ahora mucho más modesto: no es visión del mundo, por ejemplo, o no lo es siempre.
    Tampoco se identifica con el tema de la génesis, mientras la ley lo haría con el del logro. En sentido literal, Kuhn diría probablemente lo contrario: que, por definición, un paradigma es un logro. Pero, desde mi punto de vista, convendría en que la función del paradigma se refiere -una vez vigente- más que nada a la génesis, puesto que determina lo que normalmente se puede percibir como problema y conseguir como logro. Pero ahora no: un cambio en las leyes del multiparadigma, por así decirlo, afectaría a la génesis de todas las especialidades.
    La cuestión de que la mecánica cuántica, etc, sea un multi-paradigma, o un metaparadigma, ¿tiene sentido epistemológico o «sólo» histórico y psicológico? Todo el tratamiento de este punto por Kuhn me parece muy flojo. En el fondo puede estar la flojera metodológica de la distinción tajante entre ley y paradigma. ¿Cómo no van a hacer paradigma leyes fundamentales de la investigación de una época? ¿El caso primero, el de los físicos que sólo estudian los principios básicos de la mecánica cuántica, no está incluido en todos los demás? Entonces, habría que admitir que eso es un proto-paradigma, no un meta-paradigma, o multiparadigma (mejor poli, que es griego). Ahora bien: este paradigma es efectivamente técnico, teórico. Por donde: la noción de paradigma es, tal cual la usa Kuhn, buena para la ciencia antigua y medieval (y para la filosofía, el arte, etc.) y mala para la ciencia moderna. Sobre todo en la medida en que ésta se desprende de intuiciones exógenas y subraya el artificio, la práctica interna. En suma, es mucho mejor la noción de ideología, de sobreestructura. Si no para sustituir a la de paradigma, sí para fundarla en lo que tiene de fecundo. Y abandonar la noción de Kuhn en sus usos más artesanales (esos paradigmas del investigador, que, efectivamente, será poco afectado por un cambio de paradigma cuántico correspondiente… porque no lo será más por un cambio de las leyes cuánticas).
    VI. La anomalía y la emergencia de los descubrimientos científicos.
1.Dialéctica entre profundización en lo estable y novedad y cambio:
     «La historia indica incluso que la empresa científica ha desarrollado una técnica de excepcional potencia para producir sorpresas [MSL: antiparadigmáticas]. Si se trata de hacer compatible esta característica de la ciencia con lo dicho hasta ahora, entonces habrá que reconocer que la investigación sometida a paradigma es un modo muy eficaz de provocar el cambio de paradigma. Esto es lo que hacen las novedades fundamentales de hecho y de teoría. Se producen inadvertidamente por un juego jugado según un determinado conjunto de reglas y su asimilación requiere la elaboración de otro conjunto de reglas» (p. 92; p. 52).
    2. Intrincación entre descubrimiento factual e invención teórica: complejidad de «descubrimiento» (p. 93; p. 52).
    . Ilustración espléndida por el caso del oxígeno (pp. 93-96; pp. 53-55).
    . Interpretación (pp. 96-97; pp. 55-56) [Desde «Es evidente que necesitamos un nuevo vocabulario y nuevos conceptos para analizar acontecimientos tales como el descubrimiento del oxígeno…» hasta «…Pero si en el descubrimiento se enlazan inseparablemente la observación y la conceptualización, el hecho y la asimilación a la teoría, entonces el descubrimiento es un proceso y ha de consumir tempo. Solo cuando todas las categorías conceptuales que importan están preparadas por anticipado -caso en el cual en fenómeno no sería de tipo nuevo- puede ocurrir sin esfuerzo y en un instante preciso el descubrimiento de qué existe y el descubrimiento de qué es»].
    3. Descubrimiento y cambio de paradigma:
    a) discusión del caso de Lavoisier; génesis: insatisfacción con la teoría reinante; efecto: cambio inmediato del paradigma teórico («revolución química») (pp. 97-99; p. 56)
    b) Discusión del caso rayos X; génesis: casual; efecto: cambio mediato del paradigma, a través de cambio que afecta a los procedimientos, aparatos y técnicas paradigmáticas (pp. 99-101, p.57)
    La admisión del descubrimiento por accidente habla contra una concepción filosófica general de la ciencia, contra la omnipotencia de los paradigmas y de las visiones. Pues no se trata aquí de la reconocida eficacia de la ciencia normal para provocar la novedad: aquí es la naturaleza la que se impone (el «azar»). Aunque cabe atribuir a acumulación normal los efectos casuales pertinentes.
c) Caso de la botella de Leyden: génesis: la misma teoría imperante; efecto: preconstitución de la teoría de la electricidad:
    «Tanto durante los períodos paradigmáticos cuanto durante las crisis que conducen a cambios de grandes dimensiones de los paradigmas, los científicos suelen desarrollar muchas teorías especulativas y sin articular que pueden indicar por si mismas el camino del descubrimiento. Pero a menudo el descubrimiento no es completamente previsto por las hipótesis especulativas y tentativas. Sólo cuando el experimento y la teoría de ensayo ya se articulan hasta llegar a concordar emerge el descubrimiento y la teoría se convierte en paradigma» (p. 61; p. 106).
    4. Reflexión-resumen de los tres ejemplos: sus características comunes son, por lo menos:
«(…) la previa percepción de la anomalía, la emergencia gradual y simultánea de reconocimiento observacional y conceptual, y el consiguiente cambio de categorías paradigmáticas y procedimientos paradigmáticos, a menudo acompañado por resistencia. Hay incluso evidencia de que esas mismas características se encuentran en la naturaleza del proceso perceptivo mismo» (p. 107; p. 62)   
Sigue la exposición de J. S. Bruner y Leo Postman, «On the Perception of Incongruity: A Paradigmn», Journal of Personanility, XVIII; 1949, 206-223, que es el experimento de las cartas deformadas.
    5. La dialéctica ciencia normal-descubrimiento:
«La anomalía no aparece más que sobre el trasfondo suministrado por el paradigma. Cuanto más preciso y general sea ese paradigma, tanto más sensible será el indicador de anomalía que procura y, por lo tanto, el indicador de ocasión de cambio paradigmático. En el modo normal de descubrimiento, la misma resistencia al cambio mantiene una utilidad que se explorará más completamente en la siguiente sección. Al asegurar que el paradigma no se abandonará demasiado fácilmente, la resistencia garantiza que los científicos no serán desviados fácilmente y que las anomalías que conduzcan al cambio de paradigma penetrarán hasta el hueso del conocimiento existente» (p.111; p. 65).
    VII. «Las crisis y la emergencia de las teorías científicas».
1. Descubrimiento factual e invención teórica en el cambio de paradigmas:
«Puesto que hemos mostrado que en las ciencias el hecho y la teoría no son categórica y permanentemente distintos, podemos prever un solapamiento entre esta sección y la anterior (…) Al tratar la emergencia de nuevas teorías ampliaremos por fuerza también nuestra comprensión del descubrimiento. Pero, de todos modos, solapamiento no es identidad. Los tipos de descubrimientos que consideramos en la sección anterior no fueron causa, al menos individualmente, de cambios de paradigmas como los provocados por las revoluciones copernicana, newtoniana, química y einsteiniana. Tampoco fueron causa de cambios de paradigma más pequeños, porque fueran más exclusivamente profesionales, como los producidos por la teoría ondulatoria de la luz, la termodinámica del calor o la teoría electromagnética de Maxwell» (pp. 112-113; p. 66).
2. La anomalía en la invención: duración y frecuente maduración en crisis:
«Como requiere una destrucción de paradigmas en gran escala y grandes cambios de los problemas y las técnicas de la ciencia normal, la emergencia de nuevas teorías suele ir precedida por un período de acusada inseguridad profesional. Como era de esperar, esa inseguridad es provocada por el constante fallo de los rompecabezas de la ciencia normal, que no salen como debieran. El fallo de las reglas existentes es el preludio de la búsqueda de leyes nuevas» (pp. 114-115; pp. 67-68)
    En cuanto que hay que precisar, se pasa de los paradigmas a las reglas. Seguramente porque en este punto está pensando en la ciencia postrenacentista. Para las edades antigua y media no harían falta fallos de reglas.
3. Caso Copérnico. A su respecto, un cuadro bastante general, aunque sólo alusivo, de las causas de una crisis:
«Desde luego que el colapso de la normal actividad de resolución de rompecabezas no es el único ingrediente de la crisis astronómica con que se encontró Copérnico. Un tratamiento amplio del tema discutiría también la presión social que reclamaba una reforma del calendario, presión que dio particular urgencia a la solución del rompecabezas de la precesión de los equinoccios. Además, una explicación completa tendría que considerar la crítica medieval de Aristóteles, el ascenso de platonismo renacentista y otros importantes elementos históricos. Pero el hundimiento técnico seguiría siendo el núcleo de la crisis. En una ciencia madura -y la astronomía había llegado a serlo ya en la Antigüedad- los factores externos, como los recién citados, son principalmente importantes para la determinación del ritmo y el momento del colapso, la facilidad con que puede ser percibido y el ámbito en el cual se produce por vez primera, a causa de que es el campo al que más se atiende. Aunque son inmensamente importantes, los temas de este tipo quedan fuera de los límites de este ensayo» (p.117; p. 69). 
    La verdad es que dice mucho para el tema de la ideología y de la ciencia: el colapso es, por así decirlo, inmanentemente posible en cualquier momento determinado por el conocimiento conseguido (este dato depende ya de la base); pero sólo es materialmente realizado cuando los individuos, empujados desde fuera (pero aún sobrestructuralmente), le echan su energía. Lo básico sería la posibilitación del empujón subjetivo.
    4. Caso Lavoisier.
«La proliferación de versiones de una teoría es un síntoma de crisis muy corriente. También Copérnico se queja de ello en su prólogo» (p. 71)
    5. Caso espacio absoluto (Newton-Leibniz-Maxwell-Einstein).
    6. Resumen:
«Esos tres ejemplos son casi enteramente típicos. En cada uno de los casos, una nueva teoría emergió sólo después de un acusado fallo en la actividad normal de resolución de problemas. Además, excepto en el caso de Copérnico, en el cual tuvieron una importancia particular factores externos a la ciencia, el colapso y la proliferación de teorías que es signo suyo concurrieron a lo sumo diez o veinte años antes de enunciado de la nueva teoría. La nueva teoría parece una respuesta directa a la crisis. Obsérvese también -aunque quizá esto no sea tan típico- que los problemas respecto de los cuales se produjo el fallo eran todos de un tipo reconocido desde mucho tiempo antes. La práctica previa de la ciencia normal había dado razones de sobra para considerarse resueltos o casi resueltos, lo cual ayuda a explicar porque fue tan agudo el sentimiento de fracaso, una vez que se presentó. El fracaso con un nuevo tipo de problema suele decepcionar , pero no sorprender. Ni problemas ni rompecabezas se resuelven a menudo al primer ataque. Por último, los tres ejemplos tienen en común otra característica más que puede contribuir a subrayar la importancia de la función de la crisis: la solución de cada uno de ellos: la solución de cada uno de ellos había sido anticipada, al menos parcialmente, en un período en el cual no se daba ninguna crisis en la ciencia correspondiente; al no haber crisis, aquellas anticipaciones habían sido ignoradas» (pp. 124-125; p. 75).
    Ilustraciones de esto: Aristarco de Samos, Rey, Hooke, Mayor; Leibniz.
    Muy notable que ahora usa ‘ciencia’ en sentido corriente.
    7. Conclusión:
«Los filósofos de la ciencia han mostrado repetidamente que siempre se puede poner más de una construcción teórica encima de una colección dada de datos. La historia de la ciencia indica que, sobre todo en los primeros estadios del desarrollo de un nuevo paradigma, no es ni siquiera muy difícil inventar esas alternativas. Pero esa invención de alternativas es precisamente una cosa que los científicos no suelen emprender si no es en el estadio pre-paradigmático del desarrollo de sus ciencias y en ocasiones muy especiales de su posterior evolución. Mientras los instrumentos suministrados por un paradigma siguen siendo capaces de resolver los problemas que el paradigma define, la ciencia se mueve más deprisa y penetra más profundamente mediante el uso confiado de esos instrumentos. La razón es clara. Igual que en la manufactura, también en la ciencia el transformar el utillaje es una extravagancia que hay que reservar para las circunstancias que lo exigen. La importancia de las crisis consiste en que indican que ha llegado el momento de renovar el utillaje» (p.127; p. 76).
    Aquí paradigma es otra vez casi ciencia, o especialidad.
         VIII. «La respuesta a la crisis».
1. Los científicos no rechazan paradigmas con sólo que aparezcan anomalías
«una vez que ha conseguido el estatuto de paradigma, una teoría científica no se considera no válida más que si se dispone de otro candidato para ocupar su lugar. Ningún proceso revelado hasta ahora por el estudio histórico del desarrollo científico se parece al estereotipo metodológico de la falsación por comparación directa con la naturaleza. Esta observación no implica que los científicos no rechacen las teorías científicas, ni que la experiencia y el experimento no sean esenciales al proceso en el cual lo hacen. Significa algo que será en última instancia un punto central, a saber, que el acto de juicio que mueve a los científicos a rechazar una teoría previamente aceptada se basa siempre en algo más que una comparación de esa teoría con el mundo» (pp. 128-129; p. 77)
Dicho así, me parece falso: pasa de la verdad del sofisma de falsación de oraciones a esta falsedad.
«La decisión de rechazar un paradigma es siempre simultáneamente la decisión de aceptar otro, y el juicio que lleva a esa decisión implica la comparación de los dos paradigmas con la naturaleza y entre ellos» (Ibidem)
Así sí que está bien dicho.
«Aunque la historia no tenderá a recordar sus nombres, no hay duda de que algunos hombres se han visto forzados a abandonar la ciencia por su incapacidad de soportar las crisis. A igual que los artistas, los científicos productivos tienen que ser capaces de vivir a veces en un mundo desquiciado (out of joint); en otro lugar he descrito esa necesidad llamándola «la tensión esencial» implícita a la investigación científica. Pero creo que ese rechazo de la ciencia a favor de la otra ocupación es el único rechazo de paradigma al que pueden conducir los contraejemplos [MSL: falsaciones] por sí mismos. Una vez hallado un primer paradigma a través del cual ver la naturaleza, no existe investigación sin paradigma. Rechazar un paradigma sin substituirlo inmediatamente por otro es rechazar la ciencia misma. Este acto afecta no al paradigma sino al hombre» (p. 79; pp. 130-131).
    2. Fundamentación analítica de la tesis principal de esta sección (pp. 131-132; pp. 79-80) [Desde «(…) no existe investigación sin contraejemplos [MSL: falsaciones]. Pues, ¿qué es lo que diferencia la ciencia normal de la ciencia en estado de crisis?…» hasta «…o bien ninguna teoría científica tropieza nunca con un contraejemplo, o bien todos las teorías tropiezan siempre con contraejemplos»].
3. Análisis crítico de la tesis contraria:
«¿Cómo es posible que la situación se haya visto de otro modo? Esta pregunta conduce inevitablemente a la dilucidación histórica y crítica de la filosofía, y esos temas están aquí excluidos. Pero, por  menos, podemos observar dos razones por las cuales la ciencia pareció suministrar una ilustración tan oportuna de la generalización según la cual la verdad y la falsedad quedan única y inequívocamente determinados por la confrontación del enunciado con el hecho. La ciencia normal tiende y tiene que tender constantemente a poner la teoría y el hecho en concordancia reciente, y es fácil entender esa actividad como una contrastación, como una búsqueda de confirmación o falsación. Pero en realidad su objeto es resolver un rompecabezas para cuya simple existencia hay que empezar por asumir la validez del paradigma. El fallo en el intento de conseguir una solución desacredita solo al científico, no a la teoría» (pp.132-133; p. 80).
    4. Habla de «the malaise that goes with crisis [el malestar que acompaña a la crisis]» (p. 135;  p. 82)
    5. Para que se provoque crisis, la anomalía tiene que ser más que anomalía
«El científico que se detenga a examinar cada anomalía que observa no conseguirá por lo común hacer un trabajo importante. Por eso nos hemos de preguntar que es lo que hace que una anomalía parezca digna de examen por todos, y es probable que no haya una respuesta general a esa pregunta. Los casos que hemos examinado son característicos, por pocos normativos. A veces una anomalía pone claramente en cuestión generalizaciones explícitas y fundamentales del paradigma, como ocurrió con el problema  del arrastre del éter para los que aceptaban la teoría de Maxwell. O, como en la revolución copernicana, una anomalía sin alcance fundamental aparente puede provocar una crisis si las aplicaciones que impide tienen particular importancia práctica, en ese caso el calendario y la astrología. O, como en la química del siglo XVIII; el desarrollo de la ciencia normal puede convertir una anomalía que antes no había sido más que una molestia en una fuente de crisis: el problema de las relaciones de pesos tenía un estatuto muy diferente después de la evolución de las técnicas químico-pneumáticas. Presumiblemente hay otras circunstancias que pueden dar particular urgencia a una anomalía, y corrientemente se combinarán varias de esas circunstancias. Ya hemos observado, por ejemplo, que una fuente de la crisis con que se enfrentó Copérnico fue simplemente el largo tiempo durante el cual los astrónomos habían combatido en vano para reducir las discrepancias que quedaban en el sistema ptolomaico» (pp.135-136; p.82).
    6. Constitución y desarrollo de la crisis, con consciencia (Copérnico, Einstein, Pauli) o sin ella.
    7. Los dos únicos efectos universales de las crisis:
 «Todas las crisis empiezan con el desdibujamiento de un paradigma y la consiguiente relajación de las reglas de la investigación normal.
 ¿No será a la inversa: primero, relajación de las leyes y reglas, y luego desdibujamiento del paradigma?
Desde este punto de vista la investigación durante las crisis se parece mucho a la que se realiza en el período pre-pardigma, excepto en que en la primera el lugar de la diferencia es más reducido y está definido con más claridad. Y todas las crisis terminan con la emergencia de un nuevo candidato o paradigma y con la subsecuente batalla por su aceptación» (pp. 138-139; p. 84) .
    8. Detalles anticipados de otras secciones acerca de la investigación extraordinaria:
no es un paso acumulativo (p. 139; p . 84).
en su determinación, hay importantes aspectos psicológicos (p. 141, p. 86);
el científico puede llevar al extremo las reglas paradigmáticas para resolver las anomalías (p. 141, p. 86);
puede construir al azar (ensayo y error) hipótesis especulativas (p. 142, p. 87);
puede recurrir al análisis filosófico (p. 142, p. 87).
«No es casual que la emergencia de la física newtoniana en el siglo XVII y la de la relatividad y la mecánica cuántica en el siglo XX hayan sido precedidas y acompañadas por análisis filosóficos fundamentales de la tradición de investigación contemporánea. Tampoco es causal que en esos dos períodos lo que se llama experimento mental tuviera una función tan crítica en el progreso de la investigación. Como he mostrad en otro lugar, la experimentación mental analítica que tanto lugar ocupa en los escritos de Galileo, Einstein, Bohr y otros es muy adecuada para exponer el viejo paradigma al conocimiento existente de modo que aíslan la raíz de la crisis con una claridad inalcanzable en el laboratorio» (p. 144, p. 88)
se facilitan descubrimientos al concentrarse la atención en la zona crítica (p. 144, p. 88);
la investigación extraordinaria, frecuente de jóvenes o novatos (pp. 144-145, pp. 88-89).
    9. Concepto de revolución científica: «La resultante transición a un nuevo paradigma es revolución científica…» (p.147; p. 90).
    10. «Enfrentados con la anomalía o con la crisis, los científicos adoptan una actitud diferente respecto de los paradigmas existentes, y consecuentemente cambia la naturaleza de su investigación. La proliferación de articulaciones alternativas, la predisposición a intentarlo todo, la expresión de descontento explícito, el recurso a la filosofía y al debate acerca de cuestiones de fundamentos son otros tantos síntomas de una transición de la investigación normal a la extraordinaria. La noción de ciencia normal depende más de la existencia de esos síntomas que de la de revoluciones» (p. 148; p. 90)
    Con esa descripción en la mano, toda la ciencia contemporánea, al menos desde los años 20, es investigación extraordinaria (y el resto es tecnología). Y se va a una ciencia sin paradigma en sentido estricto, sin paradigma autógeno, por así decirlo, sino sólo en el sentido exógeno de estar la ciencia inmersa en sobreestructura y, por lo tanto, en un conjunto determinado (infradeterminado) por la base.

   
 

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