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Buscar una ciencia revolucionaria para la rebelión indígena es prepararse para la decepción

Fuentes: Rebelión

En septiembre del 2025, en menos de 35 horas, los jóvenes y las clases bajas nepalíes en venganza por los 21 manifestantes asesinados por el gobierno, incendiaron el tribunal supremo, el parlamento, las residencias del primer ministro y del presidente, quemaron decenas de comisarías, supermercados, un medio de comunicación, y derrocaron al gobierno. En las elecciones de marzo 2026, el partido pro juventud RSP, obtuvo una victoria aplastante desplazando a las elites tradicionales. Este ejemplo debe ser pensado, organizado y llevado a cabo estratégicamente hacia una ruptura irreversible.

Hoy en Bolivia no se sabe el número de encarcelados, se conoce de varios muertos, los puntos de bloqueo superan los cincuenta, y después de casi tres semanas la rebelión popular-indígena está en pie de lucha.  El catalizador de esta rebelión fue el gobierno de Paz Pereira, que impuso un gasolinazo (suspendió la subvención a la gasolina) que incrementó en un 40% el costo de vida; pretendió con una ley concentrar la tierra en manos de los latifundistas (por el momento anulada); además de plantear la desnacionalización de la economía (leyes de hidrocarburos, minería, electricidad, inversiones) para favorecer al capital extranjero; pretender reformar la constitución, y aprobar leyes que reformen la justicia, la seguridad nacional y la de los electores. Todo ello en perjuicio del campo popular indígena. Y, por si todo lo anterior fuera poco, ha reanudado relaciones con los sionistas y yanquis; sin olvidarnos del destino de 14 mil millones de dólares, producto de deuda externa asumida en solo seis meses, y más de 3 mil millones de dólares, de la suspensión de la subvención a la gasolina, que nadie sabe adónde irán a parar.

Todo esto ha configurado una realidad de austeridad y de privación en millones de familias, en particular en las áreas rurales; así, si el gobierno toma decisiones políticas y económicas, el pueblo se siente obligado a responder, generando una crisis económica, política y social, que en este momento es inmanejable. Ante esta crítica situación, el presidente en una comparecencia, trivializó la realidad y terminó ofreciendo losetas y luminarias para El Alto, un concejo económico social y el cambio de ministros, develando que está incapacitado para ejercer el rol de presidente.

La lucha se originó con la marcha de los indígenas del Oriente que pedían la anulación de la ley 1720, que favorecía a los latifundistas e iba en contra de la pequeña propiedad; una vez anulada la ley, el gobierno respondió con un encuentro elitista de 500 personas sin tomar en cuenta a los movimientos indígena y popular, conjurándose entre ellos para llevar a cabo la reforma de la constitución y aprobar diez leyes estructurales. Ahí comenzó a plantearse las demandas: que los legisladores se reduzcan sus sueldos en 50% y asuman la crisis que se vive, además de que el gobierno se comprometa a no aprobar esas diez leyes estructurales, con impronta de desnacionalizar la economía. Esto en el contexto también de un sujeto político indígena popular que había sido ignorado y anulado.

El mapa de la rebelión popular indígena obedece a un patrón fijo, todo comenzó en la periferia rural, antes de extenderse por todo el país y llegar finalmente a la ciudad de La Paz, que ahora se convierte en el centro de gravedad del levantamiento, marcando el tono y el ritmo para el resto del país. Para bien o para mal, este levantamiento tiene poco parecido a una fuerza revolucionaria organizada, y todo lo que se ha escrito sobre el significado de la revolución no se sirve de mucho; aunque también, lo que se escribirá o teorizará a posteriori, poco tendrá que ver con lo azaroso y el carácter caótico de esta rebelión si triunfa.

Últimamente las oleadas de levantamientos chocan invariablemente contra muros de dogmatismo, porque el lenguaje ideológico, con el que se intenta traducir lo que está sucediendo, ese lenguaje de los y las analistas y personas con una identidad política indianista, marxista, tupackatarista, etc., ya está superado porque ya no ayuda a entender la realidad que estamos viviendo ni a sus protagonistas. Así, critican que esta rebelión indígena carece de liderazgos, estrategia o al menos objetivos claros y censuran el “maximalismo” (que sería pedir la renuncia de Paz), y lo peor, exigen la presencia de un partido.

Desde el siglo pasado la izquierda y la derecha nos presenta el mundo como un tablero de ajedrez: dos partidos, con sus jefes y sus estrategias que se disputan el poder mediante su lucha; es la guerra en espejo, donde ambos partidos piensan del mismo modo. En este tablero-teatro, los liderazgos pretenden que todos hagamos de este tablero nuestro escenario, y nos definamos en una lógica de partidos en disputa por el poder, pero nunca desde la autonomía de una voz propia. En otras palabras, todos los partidos bolivianos (zurdos o derechosos) desean que, en esta crisis política, los miles de mujeres y hombres de raíz indígena y popular, no partan desde ellos mismos, desde lo que sienten y piensan, sino desde los términos predeterminados del bando que tendrían que elegir las personas que están día y noche en los bloqueos y las marchas. 

Ya lo dijo alguien “todo lo que compite en el fondo colabora”, y esto lo vimos en la asamblea constituyente y en agosto del 2020 con los más de 200 puntos de bloqueo, al final son los partidos que negocian un consenso marcado por concesiones; entonces, el movimiento indígena popular al salirse de este juego, produce uno nuevo, y las preguntas radicales sobre la vida en común, sobre la vida colectiva, que se hicieron en estos 21 días de rebelión quedan fuera de ese tablero entre dos partidos y se plantea el “no hay más que hablar, renuncia de Paz”: no se discute la solución a la rebelión, sino a partir de ella; en otras palabras, que esta rebelión está abriendo posibilidades que ahora no existen o están cerradas, he aquí el mérito de esta rebelión indígena popular.

Es en este contexto la oligarquía y su gobierno piensan y responden, pero lo hacen en un marco de guerra: Paz  Pereira llama vándalos a la gente que está en pie de lucha; el yanqui Rubio declara que no permitirán que narcotraficantes derroquen a líderes elegidos democráticamente; se reactiva el plan cóndor con envíos de pertrechos militares por parte de Milei y Kast; anulación de la ley 1341 que abre las puertas a los estados de sitio y violación de derechos humanos; se ejecuta la vulneración del fuero sindical; hay asesinatos extrajudiciales en el área rural; además de cientos de detenciones indiscriminadas.

Desde hace 150 años la revolución era una cuestión de poder obrero, que se afirmaba mediante la dictadura del proletariado, los soviets o, como en el caso boliviano, la asamblea popular. La revolución era un programa a realizar, que terminaría con la afirmación del proletariado y la superación de las contradicciones de la sociedad de clases. Pero esta estrategia ya no existe, el obrero ha desaparecido y ya no constituye un punto de partida para la resistencia colectiva y organizada.

Esta rebelión indígena popular no ve a la revolución como un objetivo a realizar sino una verdad a habitar aquí y ahora, es lo que el Comité invisible llama “insurrección destituyente”; donde lo importante son las prácticas del movimiento, sin ningún liderazgo que exprese una “identidad política” (en esta coyuntura nadie recuerda a Evo Morales o a cualquier dirigente del MAS), más bien lo que importa es el contagio y la ramificación de los gestos. No existe una brújula única para navegar por estos mares turbulentos, ni una llave maestra ni una fórmula mágica que pueda enderezar el rumbo y encaminarnos inequívocamente hacia la revolución.

UN MILLÓN DE IDEAS CORRECTAS DE UNA IZQUIERDA DOGMÁTICA SON BARRIDAS POR UNA REBELIÓN INDÍGENA

El partido como má­quina, aparato u artefacto es antidialéctico, porque no puede acercarse al punto de vista de las organizaciones de base, demostrando que él mismo (partido de izquierda en su formato tradicional) es el problema, porque es un terreno de la antipraxis, es decir,  de praxis de elites y un supuesto camino de superación de lo dado hacia objetivos siempre rígidos, en el que se presenta: condiciones de inercia, cuadros aptos sólo para el micro clima de aparato e identidades burocráticas.

Entonces el partido no es sus fines, sino sus gestos, por esto podemos comprender que durante veintiún días el movimiento indígena popular esté movilizado (marchas, bloqueos y asambleas), pero el partido, su líder y su estrategia no existen ni tienen ninguna influencia; solo son los gestos de cada hombre y mujer de tez morena, lo que vale y cuenta, esto es, lo que hace.

Cuando uno “pertenece” a un partido existe como un “militante triste”, al que se le baja la línea de cómo el mundo debe ser, una idea de cómo deben ser las cosas, así, para esa clase de militante, la realidad concreta, las situaciones concretas, nunca alcanzan el ideal. Pero en esta rebelión popular indígena la unidad se consigue mediante los gestos, los afectos, las emociones, los haceres; marcando así una gran diferencia entre quién y cómo se “pertenece”, y también “cómo se lucha”.

La marca de un gesto (afecto, emoción, hacer) se convierte en un recipiente donde un enorme conglomerado de personas están invitados a verter su rabia, su agresión y su feroz alegría. Comenzó por el costo de vida y la reducción de los sueldos de los legisladores y terminó en la renuncia de Paz Pereira; así, se demuestra que no hay una separación entre la “política” y la “vida”, y que la experiencia, la vida cotidiana, articuladas en diversas formas de sufrimiento, humillación y explotación, alcanzan un umbral de intensidad que produce un acontecimiento, una rebelión. Esa intensidad fue subiendo de grado a medida que prácticas antipolíticas y antiéticas, como son los adjetivos vertidos (vándalos, delincuentes, narcotraficantes, etc.), la animalización (bestias, llamas, asnos), y la criminalización de la gente movilizada, dio lugar a que otra gente que estaba distante de la crisis política se viera atraída por el conflicto. Es una rebelión sin revolucionarios, donde la explosividad del acontecimiento no está anclado en visiones estratégicas o programas concretos.  

Esta rebelión de hombres y mujeres de tez morena nos enseña y nos demuestra que nunca olvidaron su odio y su espíritu de sacrificio, características que también poseía la clase obrera, ya que ambos se alimentan de la imagen de ancestros esclavizados más que del ideal de hijos liberados; porque la liberación concierne más al «pasado oprimido», que al futuro radiante. 

LA HISTORIA DEMUESTRA QUE ES MEJOR REVOLUCIONARIO AQUEL QUE CON SU EJEMPLO DEFIENDE SU IDEA

Comparto estos apuntes producto de haber participado en las marchas y contramarchas que el movimiento indígena popular realiza cada día, donde miles de hombres y mujeres armados de su rabia, whipalas, emoción, palos y afectos, se enfrentan a los gases y balines de la policía, esperando que sus gestos contagien a las zonas populares de la hoyada paceña.

Más allá de la renuncia o no de Paz Pereira, lo que se necesita es un “salto para salir de la situación”, y esto se siente en todas partes, a veces de forma incipiente, otras veces de forma consciente. Es este salto el que ya se está preparando e iniciando caóticamente a nuestro alrededor, y que explica la sorprendente audacia e imprudencia de cada uno/a de los/as bloqueadores y marchistas. Se quede o se vaya Paz Pereira, la crisis general que vivimos se agravará, y la solución mediante la mano invisible del mercado, no es la solución, además que la oligarquía cruceña quiere resolver la crisis mediante el racismo, la concentración de la tierra, la desnacionalización de la economía, la desregulación a las inversiones privadas, la división del país mediante el 50/50, en otras palabras, mediante el saqueo de la Patria.

Todo esto provocará con Paz Pereira o con otro, que los de abajo vivirán las medidas  económicas y políticas que tomará cualquier gobierno derechista con mayor dolor y sufrimiento, y lo transformarán directamente en disturbios, revueltas y rebeliones; todo porque vivimos un período de ruptura, donde las contradicciones de nuestro presente no pueden resolverse mediante los instrumentos y procedimientos de las instituciones que nos trajeron hasta aquí, me refiero al sistema de partidos, de representaciones, de formas y contenidos democráticos, liderazgos, etc.

Jhonny Peralta Espinoza. Exmilitante de las Fuerzas Armadas de Liberación Zárate Willka

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.