En la madrugada del 25 de febrero, con un notable ausentismo de los legisladores durante el debate, la Cámara de Diputados aprobó por unanimidad en lo general y con 411 votos a favor y 58 en contra en lo particular (del PRI y Movimiento Ciudadano), la reforma constitucional que establecerá paulatinamente entre 2027 y 2030 la jornada laboral de 40 horas, y que ahora está siendo votada a toda prisa en las legislaturas locales para su aprobación definitiva. En el debate se presentaron 306 reservas en lo particular, que no procedieron ante la mayoría oficialista de Morena, el Partido Verde y el Partido del Trabajo. El siempre a favor de la clase empresarial PAN, que presentó parte de esas reservas, terminó votando a favor de la iniciativa presidencial. La bancada del PT, que el 7 de octubre pasado había presentado una iniciativa de reforma a Ley Federal del Trabajo que contemplaba los dos días de descanso obligatorio, también votó a favor la iniciativa de la presidenta Sheinbaum, desechando la propia.
Desde luego, la reforma propuesta no satisface la demanda de sindicatos y actores sociales como el Frente Nacional por las 40 Horas, de una reducción que implique obligatoriamente dos días de descanso a la semana y sea de aplicación inmediata y no gradual. Se trata, en cambio, de una modificación legal que favorece a la clase patronal y no garantiza la reducción efectiva de la jornada laboral, al ampliar de nueve a 12 las horas de trabajo extraordinario semanal, con pago doble por hora, y cuatro más con triple retribución. Si hasta ahora se paga triple cada hora después de la tercera extraordinaria, con la reforma el pago será doble hasta la cuarta y triple después de ésta.
Esto es, al entrar en vigor, serán legales las jornadas de trabajo de hasta 64 horas semanales, 16 de ellas como tiempo extraordinario; y a partir de 2027 se reducirá la jornada ordinaria actual de 48 horas a 46, a 44 en 2028, 42 en 2029 y 40 en el 2030. Pero con las horas extraordinarias el tiempo real de trabajo podrá ser de hasta 56 horas. Las horas extraordinarias podrán distribuirse en hasta cuatro horas diarias, en un máximo de cuatro días de la semana. Eso sí, se prohibirá a los menores de 18 años, y no de 16, como hasta ahora, trabajar tiempo extraordinario.
A pesar de ese posible alargamiento de los tiempos de trabajo, el secretario de Trabajo y Previsión Social Marath Bolaños afirma, falazmente, que habrá “mejores condiciones para elevar la productividad con bienestar, disminuir riesgos laborales, erradicar jornadas abusivas y fortalecer la calidad de vida”.
El gobierno mexicano reconoce que los trabajadores mexicanos son los que más horas trabajan, 2 mil 207 al año, mucho más que los de los demás países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico. En Canadá el promedio es de 1 865 horas, y en los Estados Unidos de 1 799. En Alemania, de sólo 1 343 horas al año https://n9.cl/kjyx5. Por lo demás, es sabido que muchas veces la jornada se alarga arbitrariamente en nuestro país, incluso sin pago de las horas extraordinarias conforme a la ley.
Como se sabe, los salarios en México son los más bajos de la OCDE, con un promedio de 20 mil a 25 mil dólares al año, en tanto que el promedio en los países miembros de esa organización es de 58 mil dólares. En los Estados Unidos el salario promedio es de 80 mil dólares al año.
Si bien es cierto que los salarios mínimos han recibido incrementos considerables desde la llegada de Andrés Manuel López Obrador al gobierno del país en 2019, y han pasado de 88 pesos diarios a 315.04 por jornada en 2026, es decir, elevándose 3.5 veces, también lo es que los salarios contractuales no han registrado aumentos semejantes, y que a los trabajadores del gobierno, tanto en la administración centralizada como en las empresas descentralizadas, se les sigue aplicando incrementos (topes salariales) que muchas veces no alcanzan siquiera la tasa de inflación. Las excepciones han sido las fuerzas armadas y el magisterio, que sí han recibido incrementos mayores.
Es un hecho que, en muchas ramas de producción, quizá la mayoría, la productividad del capital depende más del uso de la mano de obra que de la innovación tecnológica y la capacitación de los obreros. Prevalece una modalidad de extracción de plusvalor absoluto, como ocurre en la agricultura, los servicios comerciales y el sector informal, que ocupa por sí mismo el 55% de la población económicamente activa (PEA). La economía del país, en general, está estancada y el empleo en una tendencia descendente, como lo muestra la pérdida de más de 705 mil puestos de trabajo en el mes de enero, según la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo del INEGI https://n9.cl/yipp1n. Por eso, al tiempo que se reduce con gradualidad la jornada obligatoria, se compensa al empresariado con la posibilidad de ampliar las horas extraordinarias, incluso abaratándolas.
A partir de 2023 una reforma laboral amplió a 12 días al año el periodo de vacaciones pagadas, que se incrementan en dos días más por cada cinco años de servicio a partir del sexto, hasta llegar a 20. Se esperaba que la reducción de la jornada complementara positivamente ese beneficio; pero tal como quedó, el provecho real para la clase trabajadora es casi inexistente y puede ser nulificado en la práctica sin mucha dificultad.
Hace pocos días la organización no gubernamental Oxfam México publicó su informe Oligarquía o democracia. Nueve propuestas contra la acumulación extrema del poder en México, donde evidencia la manera como la riqueza se ha concentrado aceleradamente durante el periodo más reciente. “Los ultrarricos mexicanos nunca habían sido tantos ni tan ricos como hoy. Hay 22 milmillonarios con una fortuna conjunta de 219 mil millones de dólares, equivalentes a 3.9 billones de pesos o al tamaño de las economías de Jalisco y Guanajuato juntas”, se asevera ahí. Esos megarricos poseedores de más de mil millones de dólares que hay en México duplicaron sus fortunas en los últimos cinco años, a contar desde la pandemia de Covid-19 de 2020, un periodo en que la economía tuvo una crisis con una reducción de -8.5% del PIB en ese año, o tasas de crecimiento mediocres e insuficientes (1.2% en 2024 y 0.8% en 2025). Y eso da cuenta de un extraordinario aumento en la desigualdad económica y social, a pesar de la mejoría en los salarios y de los subsidios al consumo por los programas de Bienestar.
Son las empresas más grandes y poderosas, más que las pequeñas, las que pueden aprovechar la ampliación de la jornada laboral y elevación de la tasa de explotación pagando 12 horas extraordinarias al doble y cuatro más al triple. De esa manera, la reforma aprobada tiende a fortalecer la acumulación en las capas más altas del capital y a ampliar las brechas de desigualdad. Pero, sobre todo, lejos de incrementar el tiempo de descanso, recreación o cultura de los trabajadores, incrementará la presión para la flexibilización y ampliación de la jornada. Parafraseando el título de la famosa película de Elio Petri de los años setenta del siglo pasado, podemos decir que, así, en México la clase obrera no va al paraíso.
Eduardo Nava Hernández. Politólogo – UMSNH
X: @ednava7
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