Entrevista (de urgencia) a Miquel Porta sobre el COVID-19 y los manifiestos

«Tras las consideraciones científicas, los políticos deben atender a otras sensibilidades»

Fuentes: Rebelión

Miquel Porta Serra es doctor en medicina y máster en salud pública. Trabaja en el Instituto Hospital del Mar de Investigaciones Médicas (IMIM) de Barcelona, es catedrático de Medicina Preventiva y Salud Pública de la UAB y catedrático adjunto en la Universidad de Carolina del Norte en Chapel Hill y en la Universidad de Nueva York (EEUU). Ha impartido clases en numerosas universidades del mundo; entre ellas las de Harvard, Nueva York y McGill (Canadá), Imperial College (Londres), Kuwait, y otras en Brasil, México y Noruega. Como investigador, ha publicado varios centenares de trabajos de investigación en revistas de primer nivel. También es director de A dictionary of epidemiology (2008, 2014), una obra cuyas definiciones sobre epidemias y pandemias son en estos momentos de referencia en todo el mundo.

Miquel Porta es asimismo un profesional con una notable proyección pública, que interviene regularmente en los medios de comunicación, comprometido con el diálogo social y con las organizaciones que trabajan a favor de la justicia, el medio ambiente y la ciencia.

En 2018 publicó su primer libro de divulgación dirigido al público general sobre la contaminación interna de las personas y las maneras de reducirla: Vive más y mejor reduciendo tóxicos y contaminantes ambientales (ed. Grijalbo). En 2019 publicó como editor, en Los Libros de la Catarata, la obra colectiva Los imaginarios colectivos, la salud pública y la vida. Para conversar desde las artes sobre nuestro bienestar en sociedad.

Cinco, seis preguntas, no le robo mucho tiempo. Sé que estos días, aunque confinado estrictamente,  también está trabajando intensamente.

En algunos de sus comentarios que circulan en la red le he notado algo crítico respecto al que llaman “Manifiesto de los 70” (https://elpais.com/sociedad/2020-03-21/un-grupo-de-cientificos-reclaman-el-confinamiento-total-de-la-poblacion.html), ¿por qué?

Porque un “manifiesto”, como todo el mundo sabe o debería saber, no prioriza explicar un trabajo científico. No es un vehículo de comunicación científica. Lo que un científico hace en estos casos es enviar el trabajo a una revista para que se haga ‘revisión por pares’ (colegas) y luego se publique, cosas que en esta pandemia ya se han hecho con celeridad, por ejemplo por el grupo de Imperial College y The Lancet.

¿Un “manifiesto” no es un canal para la comunicación científica?

No, no lo es. El manifiesto en cuestión busca adhesiones y busca jugar un papel (que puede estar justificado en otras ocasiones y para determinadas finalidades) en el juego mediático-político. Cuando se buscan adhesiones, se priorizan otras cosas, no la comunicación científica ni el pensamiento crítico. Nadie puede engañarse. Estos temas son esenciales para la calidad democrática de una sociedad y para la efectividad de nuestra respuesta social, sanitaria y científica a la pandemia.

Pues además, conviene no olvidarlo, está el peligro de que el investigador ingenuo y de buena fe (y conozco algunos entre los firmantes) sea usado en beneficio de determinadas opciones políticas o ideológicas. En el caso que comentamos, por el secesionismo o el independentismo, que son opciones legítimas pero cuyos intentos de aprovecharse de la pandemia son indecentes y muy dañinos.

Esa utilización de los contenidos científicos del manifiesto –que los hay y merecerían un análisis riguroso– ha ocurrido efectivamente, con el apoyo de los medios habituales.

¿Los profesionales que se han adherido al manifiesto no tienen libertad para difundir el texto como les plazca?

Para quienes sabemos algo de epidemiología y salud pública es inconcebible, es una falta de respeto y de profesionalidad increíbles, que en el contexto actual no se utilicen los canales técnicos y políticos habituales, que los hay y funcionan (imperfectamente, por supuesto, como casi todo en la vida). Hay centenares de profesionales que son despreciados, objetivamente, por estos aficionados al “activismo pandémico”, y lo digo con pesar.

Que digan que lo han enviado a Moncloa sería de un infantilismo o de un egocentrismo lamentables si así fuese. ¿Tan importantes se creen, a tanta obsequiosidad están acostumbrados algunos de los líderes del manifiesto? Pero me temo que las actitudes son otras.

En salud pública existen canales que funcionan, instituciones, procedimientos de análisis epidemiológico, y su respeto y utilización es esencial en una sociedad democrática.

Lo que han hecho los promotores del manifiesto ya sería poco profesional en una epidemia de las habituales, pero en el caso de la actual pandemia es de una extrema gravedad. Cualquier experto en epidemiología lo sabe y muchos ciudadanos también lo ven.

Y además es imprescindible reconocer la autonomía de lo político: una vez consideran con rigor los conocimientos científicos, los políticos deben atender a otras sensibilidades, factores objetivos y tempos. No verlo es de una bisoñez más bien triste.

De hecho, me ha parecido entender que usted también señala una diferencia básica, esencial, entre especialistas en un área determinada y gestores de salud pública.

Es evidente. No descubro nada nuevo. En una epidemia, y también en otras circunstancias, cualquier profesional tiene que tener en cuenta lo que él sabe sobre su ámbito de investigación y lo que no sabe; por ejemplo, sobre cómo se gestiona una epidemia. No es lo mismo, en absoluto. Es enojoso que un investigador actúe como si no tuviese conciencia de la diferencia entre el conocimiento en su limitada parcela de trabajo y el conocimiento necesario para gestionar una pandemia. Permíteme un ejemplo…

Adelante con él

Una cosa es ser un buen albañil o una buena arquitecta, un buen trabajador o trabajadora de la construcción, y otra cosa distinta es gestionar el urbanismo de una ciudad, asunto en el que, por supuesto y en condiciones normales, puede aportar sus ideas como cualquier ciudadano/a. Además, y subrayo de nuevo este punto pues es muy importante, si alguien tiene algo que aportar usa los cauces establecidos entre todos, democráticamente. No de cualquier forma y de cualquier modo. En el caso de un profesional de la ciencia y/o de la salud pública, por los cauces establecidos que todo el mundo conoce y practica.

Pero se podía apelar, si me permite, a la libertad de cada uno, a la responsabilidad…

En una pandemia como la que estamos sufriendo no se obra así, no se hacen estas cosas. No es propio de profesionales, de científicos responsables que mantienen a raya sus intereses.

En una pandemia como esta, las aportaciones científicas (que sean realmente tales), libres de sesgos personales o políticos, pueden y deben hacerse llegar fácilmente a los compañeros y compañeras que están trabajando razonablemente, muy intensamente, aunque puedan equivocarse en tal o cual decisión, como nos podemos equivocar todos.

No había otra pueden decir…

Había otras opciones: Como he dicho, publicar con celeridad un artículo tras peer-review y luego explicarlo en los medios, y en cualquier momento enviarlo a los expertos y autoridades del Ministerio de Sanidad. Una revista seria no habría puesto problemas a que el trabajo se compartiese con las autoridades. Diálogo científico y respeto democrático.

¿Cuál es su mayor inquietud?

Me vuelve a preocupar que personas expertas en un área muy limitada de conocimiento (más o menos relacionada con las epidemia, entre los adheridos al manifiesto hay de todo), personas sin experiencia en gestión de la salud pública, opinen sobre temas muy complejos, y que lo hagan, aparentemente cuanto menos, sin conciencia de sus limitaciones… o incluso de sus propios intereses. Personas que han sido jefes de alguno de los promotores están claramente preocupadas por la búsqueda de notoriedad, la búsqueda de recursos para las propias investigaciones (que deben buscarse, sí, pero de otros modos) y por la supeditación a agendas políticas en detrimento de los procedimientos científicos.

Otras adhesiones son de buena fe, conozco a esas personas y son gente respetable.

Entiendo sus objeciones y, sin menoscabo de su valor, me pregunto si ello influirá en la pandemia.

Ya está influyendo. Primero, “nos va muy mal”, me decía esta mañana una responsable de gestionar la pandemia, en referencia a como dificulta su trabajo tanta opinión de experto en los espacios públicos. Segundo, nos estamos jugando miles de vidas y millones de euros en decisiones sobre el tipo de confinamiento. Decisiones sanitarias y económicas con un impacto brutal en la vida de la gente. A pesar de todo ello, no quiero olvidar el comportamiento espectacular, ejemplar, de millones de personas y de tantísimos profesionales. Tenemos un capital social y humano extraordinario y en ellos confío para atenuar los efectos devastadores que ya está teniendo esta pandemia.

Nada más. Muchas gracias por su tiempo y por sus reflexiones.

Muchas gracias a vosotras y a las lectoras. Salud y serenidad.