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Presentación de “Sobre Gerónimo” de Manuel Sacristán (El Viejo Topo, Barcelona, 2013)

Dando batallas que parecían perdidas

Fuentes: Rebelión

Tras una larga enfermedad y diversos (y muy sentidos) aldabonazos políticos (los límites no superados y las murallas levantadas en Mayo de 1968; la aniquilación infame y contrarrevolucionaria de la esperanzadora y esencial primavera democrático-comunista de Praga; el terror provocado por la implantación en la España fascista del estado de excepción en 1969 [1]; su […]

Tras una larga enfermedad y diversos (y muy sentidos) aldabonazos políticos (los límites no superados y las murallas levantadas en Mayo de 1968; la aniquilación infame y contrarrevolucionaria de la esperanzadora y esencial primavera democrático-comunista de Praga; el terror provocado por la implantación en la España fascista del estado de excepción en 1969 [1]; su propia dimisión del Comité Ejecutivo del PSUC; su prolongada, fuertemente vivida e interrumpida aproximación a la vida y obra del autor de los Quaderni,…), el traductor de Marx, Engels, Geymonat y Lukács, el profesor de Metodología de las Ciencias Sociales expulsado por razones políticas de la Universidad de Barcelona en 1965, el opositor a la cátedra de Lógica de la Universidad de Valencia en las amañadas y para él imposibles oposiciones (opusdeístas) de 1962, volvió a principios de los setenta con fuerzas restauradas, ideas renovadas, horizontes filosóficos inusuales y con propuestas editoriales cuyas finalidades político-culturales, de neto sabor y olor gramsciano, eran más que evidentes. Fueron tres las colecciones propuestas por Manuel Sacristán (1925-1985) al editor Juan Grijlabo -un importante cuadro del PSUC durante la guerra civil, Director General de Comercio en la II República española [2]-, a principios de los años setenta. Llevaban por título «Naturaleza y sociedad», «Hipótesis» y «Cuadernos de Iniciación Científica (CIC)». Los tres proyectos estaban fechados en octubre de 1972 [3].

La colección «Naturaleza y sociedad» constaba de 200 volúmenes: 20 de Ciencias Formales, 60 de Ciencias de la Naturaleza, 10 de Sociofísica, 80 de Ciencias de la Sociedad y 30 de Crítica e Interpretación (10 de filosofía y 20 de historia). El traductor de G. A. Schumpeter y R. L. Meek había previsto la distribución de cada apartado. En el primero de ellos, un volumen iba a estar dedicado a la lógica formal, 10 iban a ser de matemáticas, 2 de teoría general de sistemas (¡a principios de los años setenta!), 4 de semiótica general y 4 más de lingüística. En el apartado III de proposiciones varias, el autor Pacifismo, ecologismo y política alternativa explicaba el significado de «sociofísica»: «El concepto es propio del director de la colección. No se ha utilizado nunca. Significa los temas en que la intervención de la sociedad (principalmente de la sociedad industrial capitalista) interfiere con la naturaleza (urbanismo, contaminación, etc)». Sacristán, que quería dedicar diez ensayos a este nuevo ámbito, los mismos que al apartado de filosofía, pensó la colección como «de divulgación alta» para un público que podía estar representado por bachilleres de 6º y estudiantes de primeros cursos de Facultades o Escuelas universitarias.

La tercera colección, posteriormente me referiré a la segunda, se proyectaba sin limitación previa de volúmenes. Eran los «Cuadernos de Iniciación Científica» (CIC), una colección de divulgación elemental «compuesta por cuadernos grapados sin alzar de un máximo de 50 páginas impresas». Los textos previstos serían anónimos «resultado de un reducido equipo de redactores». Las notas y observaciones irían firmadas con las siglas «CIC». La impresión debía ser «en columnas de pocos cíceros, para facilitar la lectura en medios de transporte, doblado el cuaderno. Papel alisado barato».

En las condiciones económicas de la propuesta, el que fuera traductor de Benjamin, Marcuse y Dubcek apuntaba: «(…) b) El proyecto de la colección y el trabajo de dirección de la misma son no remunerados. c) Los redactores de cuadernos cobran la holandesa de texto de 2.100 matrices a la mitad, aproximadamente, del precio corriente hoy pagado a los redactores externos de las editoriales… 300 pesetas. d) Esta regulación económica tiende a obtener cuadernos a un precio muy bajo». Las siglas de la colección ofrecían una doble lectura complementaria: Cuadernos de Iniciación Científica (y Comunista).

Fue la segunda colección -«Hipótesis» fue el nombre elegido- la única que finalmente salió a la luz. Estaba codirigida por él y por un joven filósofo marxista, muy activo desde hacía años en el movimiento universitario antifranquista, amigo y compañero suyo, llamado Francisco Fernández Buey [4],quien, al igual que el que fuera entonces miembro del comité central del PCE, escribió -también en la práctica- páginas luminosas y deslumbrantes en el libro blanco del comunismo del siglo XX. Se trataba de una colección de ensayos «no exclusivamente de materia sociológica, pero sí predominantemente». Los textos eran ensayísticos, es decir, «ni divulgadores ni didácticos», e intentarían conseguir la mayor actualidad de los temas.

El ex redactor de Laye daba cuenta del tipo de libro que tenía en mente con una ilustración:

Ejemplificación: el primer volumen de la colección [no lo fue finalmente] sería una antología sobre el concepto de Hipótesis desde los griegos hasta hoy, preparada por el director de la colección, pero presentada así:

Aristóteles … Zubiri

EL CONCEPTO DE HIPÓTESIS

(ANTOLOGÍA HISTÓRICA)

Sugería el codirector que este primer volumen no debía aparecer sólo. De los textos que Grijalbo ya poseía, dos se prestaban para ser editados inmediatamente en la colección proyectada: «el ensayo de Àgnes Heller Hipótesis para una teoría marxista de los valores y el de György Márkus, Marxismo y «antropología».

El de Heller fue el primero, el de Márkus, el quinto5. En total, fueron diecisiete los volúmenes publicados en Hipótesis. Fue a principios de 1975 (o finales de 1974) cuando Sacristán tradujo para la colección la edición de Frederick W. Turner III (1970 y 1972) de la biografía de Gerónimo que en 1906 había sido transcrita, organizada y publicada por Stephen Melvil Barrett [5]. A la versión castellana, le acompañaron una presentación y unas cincuenta páginas de anotaciones, bastante extensas en algunos casos, que figuraban al final del volumen. Todos estos materiales se recogen en esta edición.

¿De dónde el interés de Sacristán por la figura del indio Gerónimo? Algunas de las razones fueron expuestas por él mismo poco tiempo después, en 1979, en una conversación que mantuvo con Jordi Guiu y Antoni Munné.

Su afición de joven por las culturas amerindias (nada que ver con un españolismo rancio, nostálgico e imperial como en alguna ocasión se ha insinuado), su gran interés por estudios antropológicos desde una perspectiva ecologista, sus agudas críticas al estructuralismo sociológico, su proyecto -ya en pie de realización- de renovación del ideario, los procedimientos y parte del andamiaje categorial de la tradición marxista-comunista, su apuesta por una ampliación de los ejes básicos de esa misma tradición que abrazara motivaciones básicas de los entonces llamados nuevos movimientos sociales7, su lúcida e inusual intervención en torno a la alianza de cristianos y marxistas y la militancia de los primeros en partidos comunistas, su profundización en la comprensión de los diversos y complejos mecanismos que vertebraban la civilización del capital (el proyecto OME, las obras de Marx y Engels8, se inició en esos años), sus investigaciones e intervenciones en absoluto talmúdicas en un ámbito, el de la política científica, muy poco cultivado en aquel período entre nosotros, se sumaban a un momento de incesante búsqueda política y filosófica en el que el ex dirigente del PSUC observaba críticamente y con desasosiego creciente algunas fases de la evolución y algunos nudos de la estrategia de la dirección del Partido Comunista de España y del partido hermano de los comunistas catalanes, el PSUC.

Junto con otros camaradas disidentes como Francisco Fernández Buey [6], Sacristán participó en una larga y difícil batalla política [7]- sabiendo probablemente que el resultado estaba lejos, muy lejos, de estar garantizado. No era ése un punto básico, nunca lo fue. Había que criticar abiertamente el hiperpragmatismo, supuestamente realista, de la dirección del PCE; la escasa independencia político-cultural en su política de alianzas; su papel secundario, cuando no subordinado hasta el suicidio político, en organismos como la Asamblea de Catalunya o la Junta Democrática de España; la apuesta poco informada (y con aires de suficiencia y de nueva «modernidad») de algunos sectores del PCE-PSUC por la energía e industria nucleares cubierta con sofisticados ropajes de «progresista» tecnofilia acrítica; el oportunista abandono de la dirección del Partido, con estilo y procedimientos antidemocráticos y desde lejanas e imperiales instancias, de todas las enseñanzas y aportaciones -sin distinciones mi matices- del legado leninista; los sucesivos pactos, acuerdos y concesiones durante una transición-transacción idealizada hasta el absurdo y de cuyas enormes dificultades no dejó de tener nunca consciencia un realista político como él [8]; la firma no menos ilusoria de unos Pactos de la Moncloa publicitados ante sectores de la propia militancia como prometedor, novedoso y original camino de avance hacia el socialismo; la inusitada apuesta de la dirección del PCE-PSUC por una Constitución borbónica demediada, social y democráticamente (también en derechos nacionales [9]), acompañada ocasionalmente de una persecución alocada de las posiciones republicanas de sectores de la propia organización, y, en fin, el énfasis creciente, casi exclusivo, por el combate institucional, por la política de vértice, y el abandono práctico, cuando no abierta desconsideración, de la actividad militante ciudadana, del trabajo capilar de base, de la fermentación de nuevos valores socialistas rojiverdes, del humus esencial desde que podía nutrirse una cultura alternativa de izquierdas, «la conciencia crítica del esfuerzo por crear un nuevo mundo humano», como él mismo escribiera en los años sesenta.

Por otra parte, Sacristán creía ya entonces que había que investigar y apoyar nuevas formas de construcción socialistas (el denominado socialismo real tenía mucho, casi todo de irreal [10]), que era necesaria la apuesta por sociedades menos desarrollistas, al igual que el estudio y profundización de la problemática ecologista en sus diversos, complejos y esenciales vértices, y la militancia (no manipuladora, no dirigista) en los entonces llamados «nuevos movimientos sociales» y, especialmente, en el combate antinuclear, una lucha que ponía en cuestión una de las apuestas fáusticas más irresponsables del capitalismo en aquellos años [11].

Había que depositar con mimo (y coraje) leña en el fuego de siempre y de forma renovada. En muchos de estos ámbitos, Sacristán fue un verdadero pionero -no siempre comprendido por algunos compañeros de proyecto y tradición- que estuvo a veces en fuerte minoría. Su supuesto irrealismo político, su teoricismo alejado de la realidad social, su ortodoxia inflexible y trasnochada, la ausencia de formulaciones alternativas, el carácter pequeño-burgués o no-proletario de la problemática ecologista, fueron algunas de las críticas frecuentes (y muy indocumentadas) que se esgrimieron reiteradamente contra él. El que fuera entonces secretario general del PCE, Santiago Carrillo Solares, abonó, directa o indirectamente, algunas de esas consideraciones15.

Empero, el autor de El orden y el tiempo vio -cuando pocos osaban mirar- la profundidad y novedad de muchas de esas temáticas con la lucidez que le caracterizaba. Wolfgang Harich y Barry Commorer, además de los atisbos presentes en la obra del propio Marx, fueron dos de sus referencias centrales. Como era marca de su obra y de su forma de entender la vida política, Sacristán no se quedó sólo en reflexiones filosófico-teóricas, fructíferas e importantes en sí mismas por supuesto. Como «el buen sentir chiricahua» del que él mismo habla en una de sus anotaciones, el suyo también se expresaba en el hacer. Por ello, participó activamente en el movimiento antinuclear (en el CANC especialmente), en la elaboración de críticas razonadas al deslizamiento pragmático -más bien pragmatista- de fuerzas políticas de las que había formado parte decisivamente (y con numerosos riesgos: la suya no fue una resistencia silenciosa), en la construcción de una política científica de orientación socialista cuya vigencia está lejos de estar superada [12], en las críticas a las limitaciones de la demediada «democracia» que poco a poco se iba imponiendo de manera «natural» en nuestro país de países y, en fin, en un movimiento, el antimilitarista, que alcanzaría una enorme fuerza ciudadana y conseguiría grandes movilizaciones durante los años de masiva y popular lucha antiotánica. Su amigo y compañero José María Valverde [13] también estuvo muy activo en la mayoría de estos combates.

Batallas, en muchos casos, aparentemente perdidas que ahora, con el transcurso del tiempo, adquieren nueva importancia y una valoración muy distinta, y hacen bueno aquello que él mismo comentara crítica pero afablemente del propio Gerónimo, un luchador, un guerrero, hasta el final de sus días: que es a veces necesario dar batallas que se saben o parecen perdidas. Por dignidad, por la forma no servil de ubicarse en el mundo, por el ejemplo transmitido y porque la Historia -y las historias- pueden ser a veces procesos con sujetos activos que luchan por finalidades razonables, realistas y consistentes, que algunos pragmatistas -no siempre informados y casi siempre cómodamente instalados- sostienen que son absurdas locuras idealistas, distopías irresponsables incluso. Su amigo y compañero Francisco Fernández Buey también argumentó reiteradamente contra estas indocumentadas descalificaciones [14].

*

Sacristán escribió una presentación y notas de información complementarias para la edición de la biografía de Gerónimo en una hermosísima lengua, uno de sus mejores castellanos cervantinos, a la altura de la profundidad, conocimiento y agudeza de sus comentarios históricos y poliéticos. Las notas adquirieron importancia propia y él mismo señaló que queriendo evitar un prólogo desmesurado prefería redactar unas anotaciones temáticas que pudieran leerse independientemente unas de otras, de modo que cada cual pudiera consultar el asunto que más le interesara. Amén del prólogo, en el presente volumen se recogen estas veintisiete notas junto con los fragmentos de los textos de la biografía objeto de comentario.

A estos escritos, se han añadido unos fragmentos, decisivos para la comprensión de su interés por la vida y los combates de Gerónimo (extraídos de la conversación de 1979 con Guiu y Munné para El Viejo Topo a la que anteriormente se ha hecho referencia) y sus rigurosas e interesantes observaciones de lectura a ensayos que estudió y trabajó durante la preparación de la edición castellana de la biografía. Son estos últimos, apuntes agudos, breves en su mayor parte, comentarios sugerentes, líneas a explorar, un material usado con toda probabilidad en la elaboración de sus posteriores anotaciones.

Las notas del editor de este volumen, señaladas con un asterisco, basadas en su mayor parte en documentos de trabajo del propio Sacristán que pueden consultarse en BFEEUB, se incorporan en un último apartado. Algunas notas a pie de página, muy pocas, también de este editor, pretenden ayudar a la comprensión de algunas referencias del texto principal.

Las informaciones que el traductor y anotador de la biografía de Gerónimo da en sus textos están fechadas a principios de los setenta. No he creído necesaria su actualización. Su datación no resta ningún valor a las reflexiones que les acompañan, que están, en mi opinión, en sintonía plena y consistente con lo mejor, que es mucho, de los escritos filosóficos y poliéticos del autor de Sobre Marx y marxismo, El orden y el tiempo, Intervenciones políticas y Pacifismo, ecologismo y política alternativa.

Un escrito de Francisco Fernández Buey cierra el volumen. El autor de La gran perturbación [16]- tomó pie inicial en las investigaciones e intereses de su maestro, compañero y amigo. En la presentación de su ensayo, «Testimonio y agradecimientos», junio de 1995, se expresaba en los siguientes términos:

Al hacer a un lado orgullos patrios y ver de qué forma, al apartarme de ellos, evitaba la metafísica contraria, a la que suele arrastrarnos el péndulo de la historia, pensaba yo en algunas lecciones de Manuel Sacristán. Y sobre todo en una breve pero recomendable: la que nos dejó en sus notas sobre el indio Gerónimo, escritas en 1974, en un momento de crisis y de cambio. La reflexión de Sacristán en torno al choque cultural que afectó a los indios americanos desde el siglo XVI me dio una pista sobre cómo abordar con equilibrio una historia que ha producido tantos desequilibrios en tantas personas razonables, por lo demás, en otras cosas. Me es grato volver a recordar esa lección cuando se cumple el décimo aniversario de la muerte del filósofo.

Francisco Fernández Buey, quien supo de la edición de este volumen, habló reiteradamente de la admiración que seguía sintiendo por este trabajo de su gran amigo. Si esta edición tiene algún valor que se me pueda atribuir, a él, a mi profesor, maestro, compañero y amigo, a Paco, a nuestro Paco, me gustaría dedicárselo. También a Neus Porta, su compañera, y a Pere de la Fuente, uno de los discípulos de Sacristán más generosos y políticamente tenaces que he tenido el honor de conocer.

José Luis Martín Ramos, Jordi Torrent y Mercedes Iglesias Serrano me han ayudado lo suyo a disminuir el número de mis errores e inexactitudes, y en disolver mis dudas en algunas traducciones. Han hecho mejor mi trabajo. Agradecérselo muy sinceramente es lo mínimo que debo hacer; quede aquí constancia de ello, quede aquí constancia de mi deuda. A Paco Fernández Buey le debo el título… y mil cosas esenciales de la vida.

Notas:

1 Un testimonio, Antonio Montalbán marzo de 1969 «[…] vinieron a casa varios agentes de la Brigada Política-Social a las dos de la madrugada: Ángel, Manuel Ballesteros, Benjamín Solsona… toda esa gentuza. Nos llevaron a mi hermano Antonio y a mí, nos tuvieron varios días en la comisaría dándonos palizas para ver si delatábamos a otra gente» [ http://www.rebelion.org/noticia.php?id=162196 ] Mario Amorós, El hilo rojo. Historia de dos familia obreras, PUV, Valencia, 2012.

2 Debo la información sobre este punto a José Luis Martín Ramos quien añadía en una comunicación personal de marzo de 2012: «[…] aunque también ocupó otros cargos. Tal vez el más importante fuera el de miembro del Consell d’Economia. Lo relevante, para su trayectoria editorial posterior, es que fue, ya en México, administrador de la Editorial Atlante, editorial y tapadora de las finanzas del PSUC en los primeros años del exilio».

3 Pueden consultarse entre la documentación de Sacristán actualmente depositada en la Biblioteca de la Facultad de Economía y Empresa de la Universidad de Barcelona (BFEEUB).

4 La izquierda comunista del PSUC los tenía a ambos como tenaces y lúcidos militantes, como referentes sólidos. Francisco Fernández Buey habló con comprensible nostalgia de aquella experiencia editorial. Él mismo fue traductor de las Investigaciones sobre la historia del marxismo de Valentino Gerratana, el editor italiano de los Quaderni , un autor muy admirado por él. Sacristán, por su parte, escribía al gran filósofo marxista italiano en noviembre de 1972 en estos términos: «Te ruego disculpes el retraso con el que respondo, después de un mes, a tu carta del 25 de septiembre. Mientras tanto me ha ocurrido el pequeño terremoto de tener que volver a la Universidad, con mis 46 años y después de hacer sido expulsado cuando tenía otra vitalidad. La situación ha alterado inevitablemente el empleo de mi tiempo. La traducción de Gramsci, sin embargo, está avanzada. Ayer escribí al Instituto preguntando por los escritos anteriores a la cárcel. He recibido y leído tus Investigaciones … Me han complicado y servido mucho, aunque ya conocía gran parte del texto. Te escribiré con más concreción apenas tenga un poco de tiempo. Grijalbo adquirirá los derechos para la edición española».

5 Sacristán se carteó con ambos, especialmente con Àgnes Heller. La correspondencia puede consultarse entre la documentación depositada en BFEEUB.

6 F. W. Turner suprimió el material de la edición de Barrett que consideró «manifiestamente» superfluo. A saber: «la exposición de sus negociaciones con el Ministerio de la Guerra, que se encontraba en su Introducción, y, en el cuerpo de la obra, su historia de las guerras entre los apaches y los blancos durante el siglo XIX».

7 La edición electrónica de la revista – http://www.mientrastanto.org/- que Sacristán ayudó a fundar (en papel) con otros amigos/as y compañeras -Giulia Adinolfi, Miguel Candel, M. José Aubet, Antoni Domènech, Francisco Fernández Buey, Ramon Garrabou y Rafael Argullol- ha recogido en su página inicial este significativo paso del editorial del primer número: «[…] Quienes de verdad tienen la palabra son los movimientos potencialmente transformadores, desde las franjas revolucionarias del movimiento obrero tradicional hasta las nuevas comunidades amigas de la Tierra. Sólo cuando unas y otras coincidan en una nueva alianza se abrirá una perspectiva esperanzadora. Mientras tanto, intentaremos entender lo que pasa y allanar el camino, por lo menos el que hay que recorrer con la cabeza».

8 De los ochenta volúmenes proyectados, se editaron once finalmente. Entre ellos, los libros I y II de El Capital traducidos por el propio Sacristán, quien también tradujo la mitad del libro III que permanece inédita. César Rendueles ha hecho uso de la misma en su preparación de la Antología de El Capital para Alianza editorial.

9 Entrevistado por Jaume Botey en marzo de 2011 para Iglesia viva, FFB daba un apunte sobre estos años señalando que la primera cosa que quería decir «es que a mi lo de considerarme marxista o no siempre me ha parecido una cosa secundaria». Aunque pudiera parecer otra cosa analizado desde fuera, no era ése su asunto. «También para Manolo Sacristán lo de ser marxista era tan secundario que en discusiones bastante serias que tuvimos con amigos y colegas Manolo quería considerarse fundamentalmente comunista». FFB también deseaba ser considerado así. El marxismo era una historia de la que habían salido muchas cosas. «Siempre consideré que eso del marxismo había pasado a ser uno de los elementos de la cultura superior y que, para entendernos, había marxistas de derechas y marxistas de izquierdas».

10 Nada que ver con el alejamiento de la lucha política tras su separación de la dirección del PSUC, como Gregorio López Raimundo comentó erróneamente en algún momento. La arista poliética práctica estuvo muy presente en Sacristán hasta el final de sus días, al igual que la admiración y respeto que el ex secretario general del PSUC sintió por el autor de Sobre Marx y marxismo. Pueden verse sus declaraciones en los documentales «Integral Sacristán», dirigidos por Xavier Juncosa (El Viejo Topo, Barcelona, 2006).

11 El realismo político, como oportunamente ha señalado Toni Doménech, fue una de las características del marxismo-comunismo de Sacristán. Eso sí, sobre otro tipo de «realismo» se manifestaba así de crítico en 1980 («Realismo progresista», mientras tanto, n. 5, pp. 4-5): «El realismo de los que fueron progres es la aceptación de la realidad ahora dada… El realismo de estas actitudes, que puede y suele encubrirse con ironías y desplantes populistas, es un indicio más del imperio creciente del pensamiento conservador. Es el mismo realismo de la política realista, de buen sentido y correcta administración, que ha llevado ya a cada ser humano a disponer del equivalente de tres mil kilos de explosivo convencional para que lo vuelen. En aras de un sentido nada etéreo de la realidad. En este plan de las cosas mayores, un ex-progre barcelonés presenta uno de los ejemplos mas bonitos -como diría un anátomo-patólogo- de completa inserción en el razonamiento de la insania realista. Preguntado sobre la cuestión de las centrales nucleares,… contesta que son inevitables y, moviéndose como pez en el agua en la realidad que él, hombre competente, «ha estudiado» (y, además, «en Francia») ofrece una buena solución realista para catalanes: ‘yo he estudiado el tema en Francia y he visitado centrales. Y, para los catalanes, creo que, ya que las centrales son inevitables, lo mejor sería colocarlas en Soria, o al otro lado de los Pirineos…»

12 Entrevistado por Mundo Obrero en diciembre de 1984, cuando apenas se oía voz alguna que gustara o entonase esta melodía, Sacristán sostenía a contracorriente y casi en minoría de tres o de cuatro que «sólo el paso por ese requisito aparentemente utópico de la autodeterminación plena, radical, con derecho a la separación y a la formación de Estados, nos dará una situación limpia y buena. Ya se trate de un Estado federal o de cuatro Estados. Todas las técnicas políticas y jurídicas que se quieran aplicar para hacer algo que no sea eso no darán nunca un resultado satisfactorio». Francisco Fernández Buey, neto continuador de esta perspectiva, abría con este paso un artículo imprescindible: «Ideas para una cultura federalista». El Viejo Topo, octubre de 1997, nº 111, pp. 15-25. En 1976, en su presentación de los «Poemas y canciones» de Raimon, Sacristán había señalado también: «[…]Pero por lo que hace a la cuestión de las nacionalidades, la verdad es que la actitud de Lenin me parece no ya la mejor, sino, lisamente, la buena. Ahora bien: una regla práctica importante de la actitud leninista respecto del problema de las nacionalidades aconseja subrayar unas cosas cuando se habla a las nacionalidades minoritarias en un estado y las cosas complementarias cuando se habla a la nacionalidad más titular del estado».

13 Desde la invasión de Praga, aunque existen en su obra numerosos indicios anteriores, el diagnóstico no podía ofrecer dudas.

14 La influencia del gran científico franco-barcelonés Eduard Rodríguez Farré es destacable y reconocible (y reconocida) en este ámbito. Pueden verse algunas de las interesantes colaboraciones del coautor de Ciencia en el ágora en los primeros números de mientras tanto.

15 Véanse sus declaraciones, bastante equilibradas e informadas en esta ocasión, para los documentales «Integral Sacristán» de Xavier Juncosa (El Viejo Topo, Barcelona, 2006).

16 Varias de ellas inéditas, puede verse un ejemplo de estas intervenciones en Sacristán (2005).

17 Años después del fallecimiento de Sacristán, el amigo de la Nicaragua sandinista manifestó que fue su ejemplo el que le hizo girar hacia posiciones políticas comunistas.

18 Véase, por ejemplo, Utopías e ilusiones naturales, Barcelona, El Viejo Topo, 2007.

19 El Viejo Topo, Barcelona, 1995.

Salvador López Arnal es miembro del Frente Cívico Somos Mayoría y del CEMS (Centre d’Estudis sobre els Movimients Socials de la Universitat Pompeu Fabra de Barcelona; director Jordi Mir Garcia)

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