Argentina se encuentra ante un presente de profundización de la agresión antipopular de parte del Estado y el poder real. Bajo el manto de un gobierno desequilibrado y con síntomas de extravío bulle una estrategia de dominación que pretende un afianzamiento definitivo. El conjunto de los explotados y excluidos necesita volverse sujeto de su liberación.
La semana que pasó tuvo la marca de la gran marcha universitaria en espacios públicos de todo el país. Es cierto que no alcanzó el nivel de masividad de la inolvidable manifestación por el mismo tema de abril de 1924. Alcanzó sí con creces para dar el presente de una vasta fuerza movilizada. Contra el intento de hundir al sistema universitario público y a la educación a cargo del Estado en general.
Las marchas de la lucha
La semana entrante puede estar signada a su vez por la movilización al ministerio del ramo de trabajadoras y trabajadores de la salud. Allí se sufre el flamante recorte presupuestario en los tratamientos contra el cáncer, los planes de vacunación, la prevención de enfermedades de trasmisión sexual, la provisión de medicamentos para sectores sin recursos.
Esa situación se agrega a desfinanciaciones anteriores. El deterioro del PAMI, la crisis de las obras sociales, la asfixia presupuestaria de los hospitales universitarios.Y la sobrecarga de los hospitales públicos en general por la afluencia de pacientes que se “caen” de otros sistemas de salud.
Todo en un cuadro de padecimiento salarial. Con médicos, enfermeras, paramédicos y la gran mayoría de trabajadores de los establecimientos con sueldos por debajo de la línea de pobreza o que apenas la alcanzan.
El proceso de “proletarización” generalizada del personal sanitario es un revulsivo. Incide a la hora del paso del descontento rumiado en salas de internación y consultorios a la presencia en el espacio público para un grito de indignación que señale un ¡ya basta!
Hace tiempo que ya no hay margen para que los médicos se autoperciban como profesionales “prósperos” con necesidades diferentes al heterogéneo conjunto “laburante” que va de las enfermeras a las empleadas de limpieza. La previsión predominante es que será una nueva muestra de descontento masivo y activo.
Las provincias sometidas a creciente privación presupuestaria, interrupción de obras públicas y corte de transferencias son otro campo de potencial activación del descontento. Chubut es hoy escenario de protestas generalizadas. Las protagonizan docentes de todos los niveles, trabajadores estatales y otros sectores afectados por los recortes de los gastos provinciales.
Podríamos estar en un momento indicativo de que la desazón, la incertidumbre, las dificultades para cubrir los gastos de las familias, la precarización y el multiempleo rebasan la cota. Y pasan del orden del padecer al de la irrupción con fuerza en el reclamo público a los máximos responsables.
El festín de los milmillonarios
Mientras tanto, el capital local e internacional hace su fiesta en nuestro país. En particular en torno a las explotaciones extractivas y al negocio financiero. El R.IG.I con sus exenciones impositivas y aduaneras es un verdadero regalo. Ya que la mayoría son inversiones que iban a hacerse de cualquier manera, estaban planificadas y en avance.
Situación que se agudizó con la inclusión de la muy rentable producción petrolera y gasífera, al principio excluida de ese régimen.
Al trato privilegiado al capital se le suma el propósito explícito de hacerlo irreversible. Así lo explicó el canciller y economista del equipo del ministro Luis Caputo, Pablo Quirno. Lo hizo ante más de 200 empresarios en el Consejo Interamericano del Comercio y la Producción:
“A medida que el RIGI sea exitoso, se genera una base de capital que está protegida contra el control de capitales. Entonces, cualquier delincuente que, a futuro, trate de poner control de capitales en Argentina, no va a poder porque va a tener un stock de capital que tendrá derecho a irse. Los futuros gobiernos van a estar, de alguna manera, encorsetados, las herramientas que utilizaron en el pasado en contra de los argentinos no van a poder ser utilizadas”.
Se facilitaría así que el capital pueda “votar con los pies”. Y así poner en riesgo el ciclo económico y la estabilidad de cualquier gobierno. Siempre que pretenda imponer alguna restricción en el desmedido trato benévolo impuesto por el actual gobierno y sus cómplices en el poder legislativo. El trato de “delincuente” resulta característico de la descalificación y hasta criminalización de sus críticos que es habitual en los “libertarios”.
Ahora se ampliarían las prebendas de la mano del llamado “Súper-R.I.G.I”, hoy en proyecto. Con ventajas todavía mayores para las empresas e inclusión de ramas de “nuevas producciones”.
Crece la hipótesis de que entre éstas últimas estarían las centrales de datos. Rubro que puede ser confeccionado a la medida de magnates tecnológicos como el “huésped” en Argentina Peter Thiele, metido hasta el hueso en negocios militares, de “seguridad” e inteligencia.
Las privatizaciones avanzan. Ya se adjudicó Transener. Avanza Aysa. Y la concesión de la Hidrovía. El resto de las que están contempladas en la “Ley Bases” estarán en marcha más temprano que tarde.
También en este terreno los funcionarios al servicio de la gran empresa preparan “reaseguros”. Han anunciado que impondrán severos “castigos” ante cualquier intento de reestatización de las empresas privatizadas.
Estará “loco” pero es “nuestro” loco
Esta línea de amplios beneficios para la gran empresa es una gran carta que conservan Javier Milei y su elenco de gobierno para seguir adelante con sus planes. Incluso a pesar de los crecientes efectos dañinos que su realización produce sobre el resto de la sociedad.
Este es un período de grandes negocios en varias ramas de la economía. Y lo que es tanto o más gravitante para los intereses y objetivos de la clase dominante, va acompañado de la instauración de un rumbo estratégico. El de elevación del neoliberalismo, incluidos sus avances más radicales, al rango de “política de Estado” inmodificable más allá de cambios de gobierno.
Este comentarista lo ha escrito varias veces: es por eso que continúan dándole apoyo a su gestión. Por más que algunos acaudalados ya comienzan a mover fichas hacia otros nombres para las presidenciales de 2027. Dentro del propio espacio de la derecha. Está claro que toman sus recaudos para el caso de que la baja del consenso hacia el gobierno de La Libertad Avanza (LLA) se profundice y consolide.
Lo que no empaña el que “logros históricos” como la reforma laboral favorecen al conjunto de la clase. Otros están puestos al servicio de sectores concentrados y en auge. Tal la minería a través de la reciente aprobación de la ley de glaciares.
Está en la agenda cercana el proyecto de ley llamado de “defensa de la propiedad privada”, pensada como antídoto a la toma de tierras, ya que facilita su desalojo.
Ésta también apunta al levantamiento de restricciones que atañen a la propiedad inmobiliaria en manos de extranjeros. Y a la venta de propiedades que han sufrido incendios. Otras limitaciones se incrementan, claro que en beneficio de los dueños. El proyecto pone cortapisas a la expropiación de inmuebles por parte del Estado.
Todo un programa a favor de los negocios con la tierra, tanto rural como urbana.
Es sabido que Milei no fue la primera opción de los grandes grupos económicos y magnates de nuestro país. Antes del proceso electoral de 2023 sólo explicitaban su entusiasmo algunos exponentes aislados de ese campo, como Cristiano Rattazzi, histórico de Fiat. Y Sebastián Braun, de la familia propietaria de supermercados “La Anónima”.
En el establishment abundaban más bien las preferencias por Patricia Bullrich u Horacio Rodríguez Larreta. Incluso no eran raros los que se inclinaban por Sergio Massa. El “león” no fue la inclinación prioritaria de los capitalistas.
Una parte en el poder económico lo rodeó en cuanto mostró su peso electoral. Como hizo Marcos Galperín. Y el grueso fue enfático en su sostén a las “reformas indispensables”, antes y después de iniciado el gobierno. Las que le prometían una brusca transferencia de riqueza de abajo hacia arriba. Y la apertura de cambios estructurales anhelados durante décadas por la clase patronal en nuestro país.
Muchos de ellos hasta lo acompañaron en los grandes rubros de la “batalla cultural”. Quizás no todos o ni siquiera la mayoría son fervorosos partidarios de poner coto a la llamada “agenda woke”. Lo que no quita que en general no les disgusta un giro ultraconservador que tiene aspectos como el antiambientalismo o la oposición a la lucha de los pueblos originarios. Ambos pueden contribuir de modo directo al engrosarse de sus “oportunidades de negocios”.
Además está su beneplácito con todo lo que genere un ambiente de disciplinamiento social. Que suponen aplacaría las conciencias críticas, debilitaría la organización popular y el estímulo a la protesta en el espacio público y la conflictividad laboral. Acotemos que eso está por verse, basta informarse del día a día de las protestas.
Demasiados beneficios como para que se apresuren a su paso pleno a la oposición. Claro que prescindirán de Milei cuando lo juzguen necesario y estimen que hay condiciones favorables para hacerlo. O en caso de que el propio desquicio presidencial termine volviéndolo más peligroso de lo soportable.
Por el momento, ni siquiera los sonoros choques con el grupo Techint se traducen en una crítica despiadada por parte de los ofendidos. En cuanto a los emporios mediáticos, practican cierto ejercicio de equilibrio. Entre las críticas a la implementación y el mantenimiento del visto bueno en general al rumbo económico-social y hasta cultural de la actual gestión.
Enojos, insulto, obstinación
El ex panelista televisivo se ha mostrado en estos últimos días aún más desequilibrado y fuera de sí que lo que ya es costumbre. Las ofensas a las y los periodistas superaron todo límite.
En un solo día pasó cinco horas entre dos canales de streaming en los que se le prodiga apoyo incondicional. Las utilizó en gran parte para la estigmatización de cualquiera que lance objeciones a las políticas en curso en general o apenas a algunas decisiones en particular.
Todo en medio de una exaltación constante y un discurso lleno de vacilaciones y repeticiones. Lo que pone de manifiesto su enfado irreprimible con la situación desfavorable que atraviesa el oficialismo. Sin que se vislumbre aún su vía de reversión.
Ahora el presidente trasluce que buena parte de la población está pasándola muy mal. Ocurre que ese reconocimiento va acompañado por las categóricas manifestaciones de que no hay otro camino que proseguir con la “motosierra infinita”. No sólo son palabras en un reportaje.
Se corporizaron en los recortes presupuestarios por decreto que abrieron la semana. Con sustanciales disminuciones de gastos en varias áreas vitales para las mayorías, que ya mencionamos más arriba.
Va en la misma dirección un apabullante cronograma de aumento a los distintos modos del transporte público, que se concretaría mes a mes hasta fin de año, con porcentajes significativos.
Decisiones de este tipo, y la prevención hacia sus consecuencias, producen signos de alarma incluso en el “arriba” de la sociedad y en el seno de las fuerzas de derecha. Ya se tornó habitual que columnistas “estrella” de La Nación y Clarín esbocen objeciones serias incluso a aspectos de la orientación de la política económica.
Desde PRO, el exministro de Economía Hernán Lacunza ha hecho de la crítica al plan vigente un hábito, sin que la conducción partidaria lo desautorice en público.
La apariencia errática de las presentaciones públicas del jefe de Estado no entraña que desande en lo más mínimo su camino de campeón de la gran empresa. Ni el de valedor de la política del Imperio a derechas y a torcidas. Las perturbaciones que pueda experimentar no le quitan la sustancial coherencia de sus orientaciones principales.
Sí hay crecientes indicios de que privilegia sobre todo su rol al frente de un experimento anarcocapitalista de escala mundial. Parece ponerlo por encima de su salud política en el plano local. Tal vez hasta se imagina para sí un futuro de asesor y conferencista entre los agasajos de parte de los dueños del planeta.
En particular en los ámbitos que motorizan los proyectos más ominosos de sometimiento de la especie humana a la hipertecnologización. Manipulada ésta por los grandes monopolios a los que tanto reverencia. Quienes aspiran, como él, a borrar de la faz de la tierra hasta el último resabio de elecciones populares y “gobierno del pueblo”.
Ha dicho que en caso de que los argentinos prefieran la “esclavitud del socialismo” al goce del “paraíso libertario”, se retirará sin problemas a la vida privada. Hasta parece complacido con la perspectiva de quejarse con gesto arrogante desde los cónclaves de New York, Tel Aviv o Madrid de la incomprensión y la ignorancia de sus compatriotas.
La cuestión, vista desde abajo, es que de sostenerse en su deletéreo camino hasta el recambio presidencial del año próximo igual le alcanza para la acentuación de males sociales cuya corrección posterior será muy ardua. Para eso no necesita reelección.
Máxime cuando los “dueños del país” parecen contar con el predominio en el seno del peronismo del voluntario sometimiento a los dictados políticos e ideológicos de los poderosos. Se habla allí de adoptar la valoración del equilibrio fiscal a cómo dé lugar y el “respeto” a los grandes inversores. Hasta la revisión de conceptos “superados” sobre justicia social y rol regulador y mediador del Estado.
El problema sustancial no radica en Milei ni en el resultado de las elecciones de 2027. Se encuentra en el sentido general de sus políticas. Y no sólo en ellas, sino en la firme voluntad del poder real de darles continuidad más allá de su persona. Y a la vez ponerle un cerco infranqueable a cualquier intento de dar vuelta los cambios regresivos ya producidos.
El cuadro se agrava por los apoyos crecientes a estas continuidades, abiertos o vergonzantes, que anidan en la que debería ser la oposición más poderosa y activa. Y con ella el conjunto de la dirigencia política convencional.
Alcanza progresiva claridad la certidumbre de que es imperiosa la conjunción de las luchas desde abajo con la confianza extendida y la apuesta activa a un proyecto de sociedad radicalmente diferente. Allí está una clave principal del futuro cercano de nuestro país y del mundo.
Que requiere a su vez articulación insoslayable con un movimiento internacional que enfrente con decisión a las depredaciones de la acumulación capitalista y las crecientes agresiones del imperialismo.
Los “progresismos” que miran hacia el piso cuando se extermina al pueblo palestino o se anuncia en voz alta una próxima invasión a Cuba deberían desacreditarse. Y perder para siempre el aval de quienes se consideran partidarios de la democracia, los derechos humanos y la justicia universal.
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