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Un libro imprescindible para entender la represión franquista: Matilde Landa. De la Institución libre de enseñanza a las prisiones franquista de David Ginard i Féron

Dos Cartas de Matilde Landa a Carmen López Landa

Fuentes: Rebelión

Matilde Landa fue una destacada militante comunista que murió en la cárcel de Palma de Mallorca, donde estaba recluida. Educada en el Instituto Libre de Enseñanza, fue fuertemente presionada por las «autoridades» nacional-católico–franquistas de la isla para que abandonara sus ideas laicas y abrazara la fe católica. Se quitó la vida una tarde de 1942. […]

Matilde Landa fue una destacada militante comunista que murió en la cárcel de Palma de Mallorca, donde estaba recluida. Educada en el Instituto Libre de Enseñanza, fue fuertemente presionada por las «autoridades» nacional-católico–franquistas de la isla para que abandonara sus ideas laicas y abrazara la fe católica. Se quitó la vida una tarde de 1942.

Había sido trasladada a la cárcel de Palma, después de que le fuera conmutada por 30 años su inicial condena a muerte. No era piedad. Las autoridades franquistas pretendían desactivar su influencia en la cárcel de las Ventas y la recluyeron en la cárcel insular donde la desnutrición y el hambre eran fieles compañeros de las presas.

Durante la Guerra Civil colaboró con la actriz y fotógrafa Tina Modotti en la organización de los hospitales y en la ayuda a los refugiados. Tras la derrota de la República, la dirección del PCE le encargó que reconstruyera el partido en Madrid. Fue detenida y encarcelada, y su papel fue decisivo en la organización de las primeras actividades de resistencia en las prisiones franquistas.

El historiador David Ginard i Ferón le ha dedicado un libro extraordinario, absolutamente recomendable: Matilde Landa. De la Institución libre de enseñanza a las prisiones franquistas. Flor del viento, Barcelona, 2005. De lectura obligada -«Nadie ose hablar de la historia de la resistencia comunista antifranquista sin haberlo leído»-, Ginard ha recogido 29 cartas dirigidas por Matilde a Carmen López Landa, escritas entre el 6 de junio de 1937, en plena guerra civil, y abril de 1941.

Curiosamente, o no tan curiosamente, en 2005, en otra hazaña democrática de la institución monárquica, se concedió el premio Príncipe de Asturias de la Concordia, en su 25ª edición, a la orden católica de las Hijas de la Caridad de San Vicente de Paúl por «su excepcional labor social y humanitaria en apoyo de los desfavorecidos». Fundada en París por Vicente de Paúl y Luisa de Mérillac en 1633, la orden se instauró en España, en Reus concretamente, con seis hermanas en 1792. Las Hijas caritativas gobernaron con mano de hierro las galeras o antiguas cárceles de mujeres del Estado español durante el siglo XIX y comienzos del XX, explotando laboralmente a las reclusas. Fueron expulsadas por Victoria Kent, la primera mujer directora general de prisiones, quien en 1931 sustituyó a las monjas por un cuerpo de funcionarias especializadas, la Sección Femenina Auxiliar del Cuerpo de Prisiones.

Acabada la guerra, las religiosas regresan a los centros penitenciarios de mujeres para intensificar los «valores morales» en los mismos, según orden de agosto de 1938 por la que el nuevo Estado fascista derogaba el decreto de 23/X/1931. El dictador golpista volvió a recurrir a ellas como carceleras en lugares de infausta memoria como la prisión barcelonesa de Les Corts, Palma, Málaga, Valencia, Saturrarán, Donostia, Durango, Amorebieta. Las Hijas de la Caridad de Palma vendían, en el economato de la prisión, a 1 peseta el kilo de pescado que la gente pobre entregaba a las presas, que se morían de hambre

No fue la única orden religiosa femenina que se puso al servicio de Franco, fueron más de quince en 50 cárceles. Las Hijas del Buen Pastor llegaron a administrar la cárcel madrileña de Ventas, la más poblada de la historia de España, de las que salieron para ser fusiladas las Trece Rosas en agosto de 1939. Las monjas católicas colaboraron en el secuestro de niños y niñas, rojos, separatistas y republicanos, de madres presas y en su entrega a falangistas y gentes triunfantes de la Victoria. En el caso de otras niñas, las raptaron y las hicieron monjas

El lenguaje de las cárceles era muy español-franquista. Recuerda Solé i Sabaté que el director de la cárcel Modelo de Barcelona, Isidro Castrillón López, se dirigía así, con precisión matemática, a los presos en abril de 1941: «Hablo a la población reclusa: tenéis que saber que un preso es la diezmillonésima parte de una mierda».

La destinataria de las cartas, Carmen López Landa, niña de la guerra y miembro de la Asociación Archivo Guerra y Exilio (AGE) falleció en Madrid, tras una larga enfermedad, el 20 de enero de 2006, a los 75 años.

Ignoro si alguna calle o plaza de Palma está dedicada a Matilde Landa. Pero me temo lo peor. Creo que en Barcelona, donde estuvo durante la guerra, ninguna calle lleva su nombre.

*

 

  1. Febrero de 1941.

 

Carmencilla querida, chiquinina de mi corazón:

Estoy rabiosa porque te escribo una carta larga felicitándote a ti y a todas el nuevo año y… el papelito debe estar a estas horas en el estómago de un tiburón latino2. Claro que esto es una suposición, pero de lo que sí estoy segura es que no llegado a ti y como te contaba muchas cosas, no me ha hecho gracia.

Hace dos días he recibido la carta de Casi [Casimiro Mahou Olmedo]3 de 21 de diciembre con las fotos. ¡Qué alegría! Lo que me ha impresionado más es ver a tío Rubén [Lanza Vaz]. De Chachita [Jacinta Lanza Vaz] y de ti había visto otras fotos recientes. Casi: si me vieses leer y releer tu carta te reirías. A Chachita y a tío Rubén no les extrañaría porque pensarían que era herencia: mi madre hacía lo mismo. Pero ¡cuánto me gusta todo lo que dices en ella! Si yo estuviese buena y pudiese corresponderte haciéndote llegar retazos tan vivos y tan claros de la vida de los dos peques!. Yo también tengo muchas ganas de abrazarte. Será pronto, estoy segura.

Ahora Carmencilla te seguiré hablando a ti porque te veo fruncir el ceño y decir: «Pero ¿esta carta para quien es?». No te impacientes, señora gruñona.

En la carta que se perdió te hablaba de una niña que vivía en la misma casa donde estaba antes. Era algo más pequeña que tú. Se llamaba Carmen y se parecía a ti de tal modo que sólo yo que podía apreciar hasta los menores detalles me daba cuenta de lo extraordinario del parecido. En aquella casa tenía menos tiempo libe; pero siempre que podía jugaba con ella y me hacía la ilusión de que era contigo. Me embobaba mirándola. Ella también me tomo mucho cariño. Pero…un día , de repente, se abrió la puerta y entró corriendo como loca. Se abrazó a mi muy fuerte y lloraba con tanto desconsuelo que no podía hablar. Algo muy grave tenía que pasarle, porque era un chica todo alegría y a la que no había visto llorar nunca. En seguida vino su madre. También lloraba. Yo ya impaciente pregunté: «¿qué pasa?». Entonces la niña se abrazo a mí aún más fuerte y me dijo. «Que me llevan ahora mismo a un colegio y yo no quiero separarme de vosotras». Efectivamente, la llevaron a los pocos minutos y créete que yo me quedé destrozada., Quizá te parezca exagerado, pero es de las escenas que me han hecho sufrir más. He soportado bien cuantos disgustos y contrariedades me ha tocado sufrir, pero es curioso lo que me pasa con los niños. Sin duda porque comprendo que no tienen las defensas con que contamos las personas mayores. Y no puedo verles destrozarse sus corazoncitos, tan sensibles y tan a merced del capricho de los mayores4.

Señora colegiala: entre el diploma.. sin orla y saber que ya empiezas a hablar inglés voy a tener que tratarte con muchísimo más respeto. ¡Cuánto me alegra saber que estás tan bien, tan contenta! Pero que el hecho de que tú hayas tenido la suerte de que te rodeen personas que te quieren tanto y se ocupan tantísimo de ti, no te haga ser egoísta y olvidar a los niños que han tenido menos suerte que tú. Piensa en ellos y no olvides sobre todo a los que.. el destino ha dejado sin padres. Estos son los más desgraciados y los que merecen nuestra mayor atención. Creo que no los olvidarás y quisiera que todos los días hicieses algo por ellos. Esto no es sentimentalismo ni caridad, sino sencillamente tu obligación.

Bueno, chiquinina mía. Ahora me doy cuenta de que en esta carta te cuento lo mismo que en mi anterior, así que buen provecho le haya hecho al tiburón5.

Que el año 41 traiga para todos mucha alegría. En este «todos» van también incluidos los Ortiz, Cintia, etc. Muchos besos y muchos abrazos de

Tu madre

 

Hice para vosotros una señales de libro que creo habréis recibido ya.

 

  1. Marzo 1941.

 

Querida chiquitina mía:

No sé si habéis recibido mi carta del mes pasado. Yo he tenido una tuya y otra de Carmen la grande que ha traído una alegría nueva: las letras del «susodicho». Por cierto que no le veo tan modesto porque se conforme con las novelas de Dickens y tomar chocolate. Con rebañar las tazas que él dejase y recitar algunas trozos de Calderón (el de las hierbas precisamente) me consideraría feliz. Pero hago lo que Segismundo: pensar que esto es un sueño y que voy a despertarme, pronto quizá, rodeado de todos vosotros y… nadando en un mar de patatas fritas. Porque eso sí que me gusta; mucho más que el chocolate con bizcochos que es cosa de golosos y de… Pepe el de Astorga (No te enfades, «susodicho»; pero ¿verdad que a mis amos debería ser ya más formalita?)6

He sabido de Elvira. Ahora vive en la calle Salas, en un edificio que creo fue asilo de ancianos. Según dice ella, muy viejo y destartalado, que iban a derruir ya; pero las circunstancias han hecho que el dueño cambie de opinión, alquilándolo. Cuenta que tiene dos patios. Que en uno hay una espléndida palmera y en el otro un pino preciso que, según dice, es lo más bonito de la casa. Que desde las ventanas del piso alto, donde está su cuarto, se ve la hermosa catedral gótica destacándose por encima de todos los tejados. Creo que se pasa los grandes ratos mirándola pero que se va cansando un poco de ver siempre el mismo paisaje7.

Ya sé que vas mucho al campo. Yo ahora lo añoro más que nunca. Es ya una verdadera necesidad; pero con tanto frío.. ¡quién sale! Y en cuanto a la música, mi otra gran debilidad, tuve anoche la alegría de que llegase a mis oídos, cuando en la cama ya me estaba durmiendo, la obertura del Tannhauser bastante bien ejecutada por una orquesta pequeña pero no demasiado mala, que tocaba en un edificio cerca de esta casa [la cárcel]. Ya comprenderás cómo me espabilé y con cuánta atención la oí. Y eso que aunque Wagner me gusta mucho, no es mi predilecto. Cuánto daría por oír algo de Bach, de Beethoven… de tantos otros! Pero bueno, ya iré a conciertos. Con paciencia y una caña se arreglarán el tiempo y el reuma.

A todos muchos abrazos. Para ti otro muy fuerte y con muchos besos de

Tu madre

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1 Fuente: David Ginard i Féron, Matilde Landa. De la Institución libre de enseñanza a las prisiones franquistas, op. cit, pp. 241-243.

2 Naturalmente alude a la retención de su comunicación anterior por parte de las monjas encargadas de la censura postal en la cárcel, las autodenominadas «Hijas de la Caridad» (sic).

3 Segundo marido de Jacinta Landa Vaz, hermana de Matilde Landa.

4 Ginard i Féron conjetura que es una alusión al traslado forzoso de la hija de una reclusa de Ventas a una institución tutelada por el Estado. Da como fuente: R.Vinyes, Irredentas. Las presas políticas y sus hijos en las cárceles franquistas, págs. 79-89.

5 Como era previsible, el tiburón de las monjas encargadas de la censura postal de la cárcel se engulló la cara.

6 Según Ginard i Féron, Landa se está refiriendo a su hermano Rubén Landa

7 Ginard i Féron señala en nota que, naturalmente, Landa se refiere a ella misma. Está describiendo el edificio de Palma que servía como prisión

 

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