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La Esfera de los Libros reedita el volumen, de 700 páginas, sobre las peripecias de uno de los personajes más fascinantes del siglo XX

«Durruti», o la memoria de un hombre de acción

Fuentes: El Mundo

UNA VIDA DE LEYENDA / Abel Paz detalla las vicisitudes del anarquista por París, México, La Habana y Chile / El autor de la frase «llevamos un mundo nuevo en nuestros corazones» murió en 1936 atravesado por una bala misteriosa

Demasiado olvidado, como todo lo referido al anarquismo, Buenaventura Durruti es uno de los grandes mitos de la guerra civil (aunque murió en sus comienzos, en noviembre del 36) y del siglo XX español. Abel Paz le dedicó una monumental biografía, Durruti en la revolución española, que desborda sus aspectos personales para analizar los avatares políticos de las primeras décadas del siglo. Constantemente reeditada y traducida a diversas lenguas, la obra sale ahora en La Esfera de los Libros.

Buenaventura Durruti es, quizá, el ejemplo más acabado y radical del anarquismo español. Apolítico e incansable hombre de acción, no fue un revolucionario profesional en el sentido de liberado, de vivir pagado por la organización, ya que trabajó toda su vida.Pero sí lo fue en cuanto a que dedicó todas sus energías a la revolución y al ideal de la anarquía, meta en la que siempre se mostró intransigente.

Abel Paz sostiene lo que él mismo considera una teoría muy especial: que «el anarquismo español es la síntesis de Bakunin, Kropotkin y Malatesta; y Durruti es un representante de esa síntesis, por su ideario y por su forma de actuar». En todo caso, en Durruti predomina la acción.

Nacido en León en 1896, entra a trabajar en un taller mecánico a los 14 años, participando de las ideas socialistas y de las actividades del movimiento obrero. El socialismo «activo, revolucionario y finalista» que defendía lo identificó pronto con el anarquismo.Se integra en diversos grupos -Los Justicieros, Los Solidarios- con los que participa en atracos para proveerse de fondos. Estando él detenido, sus compañeros asesinan al gobernador de Bilbao, José Regueral, y al cardenal arzobispo de Zaragoza, Juan Soldevila.La policía habla ya, en los primeros años 20, de la banda de Durruti.

En 1924 está en París, y allí el grupo planea una acción guerrillera desde los Pirineos que acabará en fracaso. A finales de año, Durruti y su ya inseparable Francisco Ascaso embarcan hacia América.En Cuba, trabajando en una plantación de caña, matan al propietario como represalia y escarmiento por el apaleamiento de tres huelguistas.Firman su acción como Los Errantes, nombre que les hace plena justicia en ese tiempo. Asaltan bancos en México, La Habana y Valparaíso; participan del agitado movimiento anarquista argentino de la época.

De vuelta en París, Durruti y Ascaso preparan un atentado contra el rey Alfonso XIII, pero son detenidos; pasarán un año en la cárcel. Al siguiente, 1928, pasarán seis meses más. Con la llegada de la República, Durruti entra en una nueva etapa, encaminada directamente a la revolución. El período 1931-36 es de hiperactividad y de constantes entradas y salidas de la cárcel. Todos los años del período republicano pasa algunos meses en prisión, hasta un total de 33.

Se trataba de mantener una constante situación prerrevolucionaria, practicando lo que el grupo de Durruti -Nosotros es el nombre en ese momento- llamaba «gimnasia revolucionaria». Así, participa en un levantamiento anarquista en enero del 32 y, un año más tarde, en una nueva insurrección. El sindicalismo le parecía sólo un instrumento de lucha «en defensa de la peseta más y la hora menos», pero la meta final rebasaba esas reivindicaciones coyunturales. Por eso le parecía difícil que se entendieran «los sindicalistas a secas y los anarquistas». Le parecía que cualquier programa ponía límites a la revolución.

A esas alturas, Durruti es un prototipo anarquista, cuyas peripecias mejoran las ficciones de Chesterton o Conrad. ¿O no parecen sacados de sus páginas hechos como el que dos anarquistas fueran detenidos en la víspera del levantamiento y llevados a la jefatura que sus compañeros iban a volar al día siguiente? ¿O que un jefe de policía hubiera pertenecido a las filas anarquistas años antes y persiguiera a sus antiguos compañeros con especial saña?

Durruti vive entonces entregado a la causa; durante meses, duerme en una cama sin colchón, hace las tareas domésticas cuando no tiene trabajo y espera una hija. Por fin, la victoria del Frente Popular en febrero del 36. Durruti interviene activamente en la lucha por abortar el golpe militar en Barcelona. Si su nombre ya es famoso, ahora se agiganta con la creación de su Columna.En esos días, en una entrevista, pronuncia una frase que se hizo célebre: «Llevamos un mundo nuevo en nuestros corazones». La Columna Durruti cruza Aragón, camino de Zaragoza, y se va engrosando como se engrosaron las fuerzas de Espartaco cuando se dirigía a Brindisi.

En noviembre, la Columna se incorpora a la defensa de Madrid.Allí, una bala misteriosa acaba con su vida. Su muerte sigue siendo aún un enigma, aunque Abel Paz no tiene dudas. «Murió porque estorbaba a la gente, y más a Stalin; y Stalin se lo cargó».

«Fue pueblo de nacimiento/ y fue pueblo hasta el final,/ sin sombras, como el cristal,/ sin grietas, como el cemento./ Y no fue su esfuerzo vano,/ ni su ejemplo, ni su lucha;/ queda en esta tierra mucha/ siembra que sembró su mano». Son versos de un poeta, entonces comunista (Jesús Munárriz), escritos en 1966.


Abel Paz: una biografía de novela

Abel Paz (seudónimo de Diego Camacho) le ha dedicado a Buenaventura Durruti muchos años de investigación, los cuales han cuajado en las más de 700 páginas de su libro. Un trabajo riguroso y, sin embargo, poco académico desde otros puntos de vista.

Abel Paz no peca de la imparcialidad que se espera de un historiador.Escribe, por ejemplo: «Estaba visto que Alfonso XIII no podía dar un paso sin que algún español sintiera el deseo de suprimirlo de la lista de los vivos», frase impensable en historiadores como Javier Tusell o Carlos Seco, por citar a dos especialistas en Alfonso XIII. O que «los hechos más importantes en materia de expropiación que conocemos de Durruti se relacionan con entidades bancarias y, en todos ellos, se evidenció cierta maestría». O, en fin, que «por desgracia» un anarquista falló en un atentado.

Nacido en 1921, Abel Paz comparte plenamente las ideas de Durruti.Incluso, sin llegar a la altura de éste, su vida es también la de un revolucionario. Relacionado con círculos anarquistas desde la adolescencia, vive la efervescencia revolucionaria de la Barcelona del 36 y, entre 1937 y 1938, la nueva vida en una colectividad agraria.

Sufre la derrota, el exilio y los campos de concentración franceses.Vive a salto de mata en la Francia ocupada por los nazis hasta que es detenido. Se escapa, y en junio del 42 entra en España con identidad falsa. Detenido en diciembre de ese año, pasará más de nueve años en la cárcel, de los 21 a los 31 de su vida, con apenas 114 días de libertad entre medias.

Siguió trabajando con la CNT y, más tarde, escribiendo libros como éste, que se ha convertido casi en un clásico, todo lo clásico que puede ser un libro dedicado a Durruti.