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El agro mexicano necesita una revolución hídrica

Fuentes: IPS

Sin financiamiento, muchos agricultores no pueden mejorar sus antiguos sistemas de riego, clave para que el agro de México soporte los efectos del cambio climático y reduzca su aporte de gases de efecto invernadero. Irrigar por goteo o por presión son dos opciones modernas y de menor consumo de agua y electricidad, lo que a […]

Sin financiamiento, muchos agricultores no pueden mejorar sus antiguos sistemas de riego, clave para que el agro de México soporte los efectos del cambio climático y reduzca su aporte de gases de efecto invernadero. Irrigar por goteo o por presión son dos opciones modernas y de menor consumo de agua y electricidad, lo que a su vez reduce la quema de combustibles fósiles y la emisión de gases de efecto invernadero.

Pero estos «nuevos sistemas son caros. Con ellos podríamos sembrar todo el año y tener más empleos y más ingresos», dijo a Tierramérica el agricultor Oseas Espino, que planta sorgo en unas 30 hectáreas del municipio de Yecapixtla, en el sudoccidental estado de Morelos.

Espino ilustra miles de casos de pequeños y medianos productores agrícolas que no pueden modernizar el riego.

El sistema más recurrido es por gravedad, mediante equipos electromecánicos, pero que «genera ineficiencia en el uso de agua y electricidad», indicó a Tierramérica el asesor del Instituto Nacional de Investigaciones Forestales, Agrícolas y Pecuarias, Nemecio Castillo.

Setenta y siete por ciento del agua entubada se destina a usos agrícolas. Para la agropecuaria funcionan 118.000 pozos, pero las autoridades han rehabilitado sólo 6.000 de ellos.

Un pozo ineficiente consume por año unos 200.000 metros cúbicos de agua y genera 350 toneladas de dióxido de carbono (CO2), uno de los gases responsables del calentamiento.

Uno operado con técnicas modernas requiere la mitad de agua y reduce la contaminación climática a 98 toneladas anuales de CO2, estiman las organizaciones no gubernamentales El Barzón y Oxfam México, que impulsan un plan para modernizar el riego agrícola.

Según estas organizaciones, el desperdicio de agua en la agricultura determina que más de 80 por ciento de los 180 mayores acuíferos mexicanos estén sobreexplotados y que ya resulte difícil sostener el riego donde éste existe.

La superficie sembrada mexicana supera los 20 millones de hectáreas, pero sólo entre 5,3 y 5,5 millones están irrigadas, según el Instituto Nacional de Estadística y Geografía. Las cosechas más abundantes son de maíz, fríjol y sorgo, que consumen mucha agua.

El maíz –base de la tortilla, el alimento nacional– requiere 1.700 metros cúbicos de agua por tonelada producida, de acuerdo con la Secretaría (ministerio) de Agricultura, Ganadería, Desarrollo Rural, Pesca y Alimentación. Y una tonelada de sorgo, 1.200 metros cúbicos.

De las 630.000 unidades de producción agrícola registradas, sólo 16 por ciento tienen riego y apenas 12 por ciento aplican técnicas no convencionales, indican El Barzón y Oxfam.

Existen 85 distritos de riego que ocupan 3,5 millones de hectáreas en manos de 583.000 usuarios, sobre todo en el centro y el norte, según la Comisión Nacional del Agua.

Esos distritos demandan por año 30.000 millones de metros cúbicos de agua, 90 por ciento de ella procedente de presas y 10 por ciento de fuentes subterráneas.

Entre 2000 y 2009 el consumo eléctrico agrícola aumentó 17 por ciento. El subsidio estatal a la compra de energía con este fin, de casi 50 centavos de dólar por kilovatio, costó este año unos 640 millones de dólares de fondos públicos.

Mediante gravedad «se riega una hectárea en 24 horas, mientras que por goteo se hace en tres o cuatro horas», dijo a Tierramérica el ingeniero en irrigación José de Santos, egresado de la estatal Universidad Autónoma Chapingo.

Según Oxfam y El Barzón, la combinación de un pozo eficiente y riego modernizado equivaldría a reducir en 36 por ciento en emisiones de CO2 y a ahorrar 40 por ciento del consumo de energía y 50 por ciento del de agua.

México es responsable de una contaminación climática de 715,3 millones de toneladas de CO2, seis por ciento de ellas procedentes de la agropecuaria.

Los métodos alternativos al de gravedad son el riego por goteo, que hace llegar el agua directamente a las raíces por una red de tuberías y goteros, y a presión, que hace fluir el líquido por conductos cerrados que bañan el terreno plantado, como si se tratase de lluvia direccionada por aspersores.

Pero los costos son casi prohibitivos para los productores pequeños y medianos: entre 2.250 y 2.500 dólares, calcula la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO).

La estrategia del gobierno es lenta. La Secretaría de Agricultura puso en marcha el Proyecto Estratégico de Tecnificación de Riego, con un presupuesto de 52 millones de dólares para este año y la meta de tecnificar 22.000 hectáreas y beneficiar a 1.500 agricultores. Pero éstos deben aportar otros cuatro millones de dólares para adquirir los equipos.

«El costo es muy alto. El problema es que muchos productores rentan la tierra y a los propietarios no les interesa meter tecnología», dijo De Santos.

Desde 2006, la Comisión Nacional del Agua modernizó la irrigación de 599.000 hectáreas, con un financiamiento de 240 millones de dólares. El objetivo es llegar a 2012 con 1,2 millones de hectáreas cubiertas.

Además, «hay que pasar a cultivos que requieran menos agua», como garbanzo, hortalizas, frutas y oleaginosas. «Los productores tienen que estar conscientes de que es un recurso finito», dijo Castillo.

En todo caso, no hay alternativa a la modernización: una hectárea rinde cosechas de 27,3 toneladas si es regada, contra sólo 7,8 toneladas en la siembra de secano. Y el cambio climático, advirtió el Instituto Nacional de Ecología, acentuará las sequías que ya afectan a la agricultura mexicana.

– Fuente: http://ipsnoticias.net/nota.asp?idnews=96897