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Entrevista a Olimpio Galicia Gómez, ingeniero civil, especializado en Gerencia de Obras Civiles, poeta, narrador, decimista, pintor, actor de teatro y cuentacuentos

«El arte debe ser un componente natural y permanente de los programas de formación»

Fuentes: Rebelión

Olimpio Galicia Gómez (Paraguaná, 1955), es ingeniero civil, con una especialización en Gerencia de Obras Civiles, poeta, narrador, decimista, pintor, actor de teatro y cuentacuentos. Durante 30 años fue docente del Instituto Universitario de Tecnología Alonso Gamero, hoy Universidad Politécnica Territorial de Falcón. Militante de izquierda desde su juventud, perteneció al PRV-RUPTURA y a la agrupación cultural “Arte en Escena”. Fundó la Hoja Literaria “Andrómeda”, que dio paso a una editorial del mismo nombre. Ha ganado diversos concursos regionales de literatura y publicado los poemarios: “Inmisericordias” (1991), “Segunda semana del segundo mes” (1997), “Virtualidades”, en coautoría con José Laya; “Mi península” (2008), “Pájaras”, “Valdría la pena una canción” (estos dos últimos son libros artesanales elaborados por él) y “Palabra mansa” (2017). En el 2001 publicó “Personajes”, un libro de cuentos. Ha exhibido parte de su obra pictórica en bienales internacionales, galerías y museos de la región.

Cuando se pinta,

se escribe,

cuando tocas,

cuando cantas,

cuando el amor te levanta,

se siente que uno vive.

No es que se sobrevive:

es que la vida te crece,

el espíritu enriquece,

nada puede dominarte,

por esa razón el arte

nos une y nos fortalece.

              Olimpio Ramón

   Cada mañana, usa la tecnología para regalar a sus contactos telefónicos el arte que lo inspira. Desde temprano, sus décimas y crónicas circulan por las redes sociales alegrando el día de los usuarios. Olimpio Ramón Galicia Gómez es falconiano, originario del pueblo de La Pitahaya, en la península de Paraguaná (08 de diciembre de 1955). De profesión ingeniero civil y jubilado de la docencia luego de 30 años de servicio en la Universidad Politécnica Territorial Alonso Gamero, desde muy joven sucumbió a la magia de la pintura y la literatura, convirtiendo estas manifestaciones artísticas en sus aliadas permanentes.

   En el espíritu de Olimpio se conjuga la sencilla acuciosidad del hombre del campo, con el ingenio y creatividad propia de los profesionales de su área. El colorido y la precisión que refleja en los trazos, se hacen presentes en su verbo  elocuente. En tiempos de cuarentena y demostrando que su fuerza creadora no conoce el encierro voluntario, nos concedió una entrevista para hablar de arte, de cultura, de educación y de su postura ante la vida.

Ana (A): Es un destacado artista plástico de la región, poeta, narrador y decimista, ¿pero con cuál de estas manifestaciones artísticas se identifica más y por qué?

Olimpio (O): Cuando uno es “utility” en la creación, no hay preferencias. Porque resulta que si le doy más calor a la poesía o a los cuentos, el dibujo y la pintura se ponen celosos, por lo que tengo que darles un mismo  trato. Yo soy hijo arrimado del arte. A él llegué con una orfandad en el alma, con una necesidad de amparo inmensurable. Poco a poco me fue reconociendo y, aún con muchas reservas, hoy siento que me ha aceptado. Con todo esto, no me atrevo a decir que “soy pintor” o “soy poeta”, no, porque a pesar de mi edad, considero que me falta mucho todavía para lograr ser uno u otro.

A: ¿De qué manera se  autodefine dentro del área creativa?

O: Soy un creador de ganas o porque me da la gana. Y como todos los días las ganas me asaltan, entonces la creación anda conmigo a cada momento. Eso sí, he aprendido a tener disciplina en este trabajo, porque no es solo pintar por pintar, o escribir, o rayar por pasar el rato, no, es estudiar, leer, investigar y creer en lo que uno está haciendo. Decía anteriormente que me cuesta definirme como pintor, porque yo nunca fui a una Escuela de Artes, ni tuve maestros que me enseñaran, ni he viajado a encontrarme con el arte del mundo. Entonces, lo mío es más osadía que otra cosa. Por eso es que a muchos artistas les cuesta aceptarme como colega, y tienen razón. Imagínate, ellos que sí han estudiado, que han tenido eminentes maestros de las artes que los han tutorado y se han graduado en esta profesión, llego yo, que no he estudiado nada, a competir en su área, es lógico que me rechacen. Otro tanto haría yo si alguien que no sabe nada de ingeniería se pone a calcular un edificio, inmediatamente lo denuncio por ejercicio ilegal, porque de eso sí sé yo.

Su inicio en las artes: instinto y decisión

   Dotado de un talento natural para las artes, Olimpio no solo escribe, pinta, es cuentacuentos y actor de teatro, también posee un destacado gusto musical que supo transmitir a sus cuatro hijos, quienes dominan varios instrumentos. Su nieto mayor es un pequeño maestro del dibujo, de las manualidades y toca el clarinete. Sin duda, la melodía de las aves que inundaba el monte recién florecido de su niñez, la ha dejado de herencia a sus descendientes. Legado que plasmó en el texto: “De cómo el chuchube aprendió a cantar”, publicado en el libro “Narradores de Paraguaná” (1993), de Víctor Hugo Bolívar.

  Su cachube (ombligo), como símbolo del arraigo a la tierra que lo vio nacer, revive en muchas de sus creaciones literarias, mientras recuerda a su madre Epifania, a quien perdió inesperadamente cuando él solo contaba con 14 años de edad.

La mujer madre que anduvo viviéndome en su vientre

que alimentó mi sangre con su sustancia

que creció conmigo inflada en globos de colores

no tuvo tiempo para saber del mundo

por andar conduciendo mis huellas de la mañana

y apartándome de todo mal y peligro.

La mujer que me vestía de marinero dispuesto a zarpar

supo entender que yo no solo era su hijo

sino una prolongación de sus sentimientos

por lo cual aseguró mi futuro en una caja de acuarelas

para que siguiera dibujando los caminos que a ella le faltaron por recorrer.

La mujer madre que inauguró mi vida abrazándome en la ternura

se levanta con mis pasos

vuelve a ser celestial y se va entre las nubes vistiéndose de cielo.

                                                                                                     Olimpio Galicia

A: ¿Cuándo se inició en la pintura y por qué decidió hacerlo?

O: ¿Cuándo? No sé. Eso se fue dando desde el vientre materno, creo yo. Yo siempre, desde que tengo uso de razón (nunca he tenido mucha), he querido pintar. Pero en el campo donde vivía no había  ninguna posibilidad para ello. Tomé la cosa en serio después de mis veinte años y así seguiré hasta que me lleve la parca. ¿Por qué pinto?: pudiera decirte que tampoco sé, y usted dirá: “pero bueno, usted es un indefinido en sus cosas”, y tiene razón, porque imagínese, para poder pintar necesitas de un espacio acondicionado para esta tarea, tienes que comprar tela y prepararla para que cumpla el objetivo, debes contar con un carpintero que te provea de los bastidores, hay que comprar pinturas, brochas, pinceles, espátulas, solventes, fijadores y posteriormente enmarcar tu obra. Todo esto es sumamente costoso, y hoy mucho más. Por otra parte hay que plantearse temas originales, creativos, impactantes, fuera del lugar común y que tengan tu sello personal. Todo esto es un trabajo descomunal para cualquiera, una locura, para que después venga un bicho de esos que se autodenominan “críticos de arte” a patearte tu obra.

   Pese a la anterior afirmación, a lo largo del tiempo Galicia Gómez ha demostrado su tenacidad a la hora de pintar, y en los últimos años -emulando a los niños en edad escolar- se armó de su caja de creyones y ha salido adelante aun con los altos precios y escasez de materiales.

A: ¿Cómo cultivó el arte de la décima y de la escritura en general?

O: Yo siento que el compromiso de escribir es amplio y casi  sin límites, por lo tanto, su ejercicio es una posición ante la vida. Asumir esa responsabilidad implica un trabajo consecuente, constante y de mucha seriedad, aun cuando sea el humor su protagonista. Muchos poetas que conozco ven a la décima como un “arte menor”, algo así como poesía de segunda categoría, y le huyen, y hasta la desprecian. Me acuerdo ahora de nuestro querido poeta “sabanero” Juan Felino, cuando afirmaba que él respetaba mucho a los  poetas, pero aquellos que eran incapaces de hacer una décima, no los respetaba tanto. Por mi parte creo que la universalidad de la poesía permite comunicar en la forma más sublime del lenguaje y alcanzar la plenitud en esa comunicación. Por ello escribo tratando de ayudarme con la poesía, sin descartar nunca a la décima  por su forma, por su característica, por su estructura, por su sonoridad musical, por su cadencia, por su capacidad de comunicar grandes sentimientos de los pueblos.

Yo quiere ser consecuente

con mi verso cotidiano

el que saluda al hermano

de una forma diferente.

Quiero desearle a mi gente

un día de felicidad

con paz y tranquilidad:

no estamos equivocados,

es mejor aquí encerrados,

que con una enfermedad.

                                                                    Olimpio Ramón

Su  musa: la península de paraguaná

A: En su poesía y pintura, el monte –como usted dice- las anécdotas de su niñez, los juegos tradicionales, el follaje y las imágenes de un colorido verdor se hacen presentes de manera continua, ¿por qué?, ¿qué importancia tienen esos elementos en su quehacer artístico?

O: Soy ancestralmente campesino y a pesar de tener más de cincuenta años que salí del monte, esa condición montaraz no se me quita, ni quiero que se me quite. Soy de una península que la dominan largos veranos, lo que la hace árida y reseca; sin embargo, apenas cae una agüita de lluvia, reverdece como por arte de magia, florece el abrojal, paren los semerucos y la gente desforesta y prazolea el conuco para la siembra, es decir, la península se viste de hermosura con pocas pringas. En esta razón, en mis pinturas nace espontáneamente el verdor y otros colores  que la inundan toda. Yo me digo que deben ser las ganas que siempre uno como paraguanero, tiene por ver a la tierra cubierta de la esperanza que viene con la lluvia.

A: ¿Qué representa la península de Paraguaná para usted?

O: Yo hice un libro de poesía que se llama “Mi Península” (Fondo Editorial IPASME, 2008) como homenaje a Paraguaná, la tierra donde nací y con la que me identificaré siempre. Paraguaná es el viento que se lo lleva todo. Es el mar que canta y te regala  el fruto de sus entrañas como forma definitiva de sustento, tanto del cuerpo como del espíritu. Es el paisaje colosal con sus cujíes inclinados al paso de la brisa, y un horizonte que confunde mar y cielo en una blancura infinita. Es la gente con una mirada de siglos que te abraza y te cuenta sus querencias y delirios. Es una península en donde la poesía anda a la deriva dispuesta a desbordarse desde cualquier corazón.

Ingeniería, docencia y arte: pasiones compartidas

A: ¿Cómo ha logrado conjugar a lo largo de su vida la ingeniería, la docencia y las artes?

O: Esas son tres de mis pasiones. La ingeniería la ejercí en la  docencia y fue una de las grandes experiencias de mi vida. Yo soy ingeniero civil, números y cálculos hicieron de mi cerebro una maquinita que se fue adaptando a otras dimensiones y facultades del organismo, específicamente a las manos. Es apasionante ver lo que la ingeniería civil ha hecho para el bienestar de la humanidad, eso no se puede medir. Tuve la suerte de trabajar enseñando ingeniería y eso me ha dado grandes satisfacciones: como ver a muchos de esos muchachos que fueron mis estudiantes, brillando hoy con luz propia en el ejercicio de esta hermosa profesión. Y el arte ocupa lo material y lo inmaterial de mí. Me jubilaron de la docencia universitaria pero del arte no me separará ni la muerte.

A: Como docente en el área de ingeniería, ¿propiciaba entre sus estudiantes el desarrollo de la sensibilidad artística, ese componente estético lúdico en el ámbito formativo? ¿De qué manera lo hacía?

O: Siempre he sostenido que el arte debe ser un componente natural y permanente de los programas de formación de los individuos, tanto horizontal, transversal y verticalmente. El niño aprende a desenvolverse en la escolaridad en el kínder pintando, haciendo en forma espontánea lo que le dicta su creatividad, así aprende, incluso, las primeras letras; es decir, en su pueril ingenuidad es el arte el aliado del niño. Pero después viene el cambio al aula de clases y el kínder  queda atrás con el arte mutilado. Después no hay contenido programático que contemple al arte, hasta bachillerato en una asignatura banal y decadente. Pero resulta que si enseñamos arte estamos abriendo otras posibilidades al cerebro. Le estás dando herramientas al muchacho para ser creativo y original. Yo tuve tres décadas en la docencia universitaria, pero atado a una camisa de fuerza: el programa. Sin embargo, traté de  hacer otras cosas y participé en la creación de un grupo de cuenta cuentos, hicimos también una página literaria que después se convirtió en una editorial, organizamos eventos culturales y anduve con mis muchachos inventando cosas con el arte.

Arte que milita, transforma y salva

A: Desde los primeros años de juventud ha estado ligado al movimiento político de izquierda en la región, ¿cómo contribuyó eso a la conformación de su identidad cultural revolucionaria?

O: Así es. Desde muy joven he estado enfrentado a las injusticias en el mundo, a la explotación, a la miseria. Esto me llevó a leer bastante y, poco a poco, me fui formando ideas que me llevaron a tener una posición política y a ser un luchador social por la causa de los más desposeídos. Milité en el PRV – RUPTURA, partido político liderado por Douglas Bravo, y considero que ese partido fue una escuela en mi formación. Éramos catalogados de ultra izquierda por la derecha que nos perseguía, nos hostigaba y quería matarnos, así como por la izquierda tradicional que nos aborrecía. Da qué pensar que algunos de los esbirros de la derecha, hoy son paladines de la izquierda y de la revolución enquistados en el gobierno, y varios de esos izquierdistas que vivían hablando mal de la oligarquía y de la burguesía, de la noche a la mañana se convirtieron en millonarios y hoy están al mismo nivel de los Mendoza y de los Zuloaga. Con estas gentes no me identifico. Y no es que me considere inmaculado, pero mis convicciones políticas son parte de mis pocas virtudes y nunca renunciaré a ellas, ni nadie podrá quitármelas.

A: ¿Considera que desde las artes y la educación puede fomentarse el desarrollo del pensamiento crítico y la transformación social? ¿Cómo?

O: Sin educación no puede haber posibilidades para que una sociedad avance hacia niveles superiores de cultura y civilización. Sin educación no hay arte y, en consecuencia, no habrá pensamiento crítico ni mentes cultivadas para la transformación y la independencia. Bolívar ya lo dijo una vez: “Hemos sido dominados más por la ignorancia que por la fuerza”. En los pueblos del mundo que han alcanzado prosperidad económica, ésta va a la par del avance de su cultura, de su identidad como nación, de su educación. Ese es el reto.

Se vinieron desde la cumbre

envueltos en nube incendiaria

de talones abiertos en fauces

quién sabe cuántos en azules

farallones de abismales rosas

entregaron negritud rebelde

para izar alas manumisas.

Se vinieron persiguiendo costas

y alumbres masticados en odio

para arrebatarle los insomnios

a la hueste bendecida

sembrando miedos en la soberbia

y despertando crisoles de amanecida.

La fuerza enemiga fue superior

la rabia se confinó en alcanfor

las cadenas doblaron eslabones

en quebradizo horizonte quedó el grito

pero las huellas continúan andando.

                                                              Olimpio Galicia, del poemario inédito “Filigranas”.

A: Por último, ¿qué función cumple la cultura en sus distintas manifestaciones, frente a la crisis económica, política y social que atraviesa el mundo?

O: Ya se lo decía anteriormente, los pueblos cultos son los que tienen mayores posibilidades de prosperidad y progreso, no sólo en lo material sino en lo espiritual, en lo intangible, en esa característica que tenemos los humanos para ser sensibles y cultivar la música, la poesía, la pintura; y, sobre todo, ser capaces de luchar por defender nuestro planeta ante la depredación y explotación que hoy vive. 

El cielo aún

no ha florecido

para recortar

la rosa

que merecemos.

                                          Olimpio Galicia (Inmisericordias, 1991)

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