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Software libre y la escritura Braille

Empoderamiento, Andamiaje y Libertad

Fuentes: Rebelión

Luis Molina es instructor, asistente de la Biblioteca Simón Bolívar, del Instituto de Bibliotecas de Mérida, en Venezuela, y profesor de las misiones Róbinson y Ribas, proyectos de educación popular de la Revolución Bolivariana. El profesor Luis es invidente total. Un accidente le quitó la vista a los treinta y dos años de edad y […]


Luis Molina es instructor, asistente de la Biblioteca Simón Bolívar, del Instituto de Bibliotecas de Mérida, en Venezuela, y profesor de las misiones Róbinson y Ribas, proyectos de educación popular de la Revolución Bolivariana.

El profesor Luis es invidente total. Un accidente le quitó la vista a los treinta y dos años de edad y nos cuenta que pasó por un periodo de negación hasta que otro invidente, esta vez uno de nacimiento, le enseñó leer en Braille. Y no es que no recibiera ayuda antes. Es que en el primer tratamiento que se le ofreció se le trataba como un niño y a él le parecía que todo lo que había aprendido en su vida como vidente estaba perdido.

El profesor Luis nos dio una demostración de escritura y lectura Braille en el nuevo laboratorio de Tiflotecnología, un espacio de la misma biblioteca, acondicionado por el proyecto Accesibilidad para Todos, del Distrito Socialista Tecnológico de Petróleos de Venezuela, PDVSA, en Mérida. La tiflotecnología es una innovadora colección de herramientas computacionales para ayudar, a quienes no tienen buena vista, a usar los computadores, dispositivos que parecen haber sido diseñados únicamente para los que tenemos vista regular.

Sin embargo, la mayor parte de la demostración del profesor Luis giró en torno a la tablilla Braille, una regleta con pequeñas ventanas que podemos usar para guiar nuestros dedos mientras repujamos (o performamos) una hoja de papel con una especie de punzón que sirve para crear las marcas con relieve que caracterizan a la escritura Braille. Esos papeles repujados (o perforados) pueden entonces ser leídos por cualquiera que tenga el entrenamiento adecuado, es decir, una especie de sensibilidad especial en la punta de los dedos. Los ciegos leen con los dedos, aunque imagino que otras partes del cuerpo también servirían. Según el profesor Luis, unos pocos meses de entrenamiento son suficientes para aprender a leer (y a escribir) Braille, siempre que uno cuente con la motivación necesaria y la atención apropiada de quienes le enseñen. Uno esperaría, por ejemplo, que una persona que no haya cuidado mucho de la sensibilidad de su piel, tenga más problemas con ese tipo de lectura.

Pero superados esos escollos, el mundo vuelve a brillar para quienes no tienen vista. El profesor Luis nos mostró la biblioteca de textos Braille que tienen en su laboratorio. Decenas de textos en áreas diversas y que seguramente podrán captar la atención de cualquier persona interesada en aprender. De hecho, el profesor Luis nos cuenta que él pudo continuar sus estudios y graduarse como técnico superior en informática, gracias a los escritos Braille y a otras ayudas, como los audio libros que también tienen en la biblioteca.

La regleta Braille no es un dispositivo demasiado sofisticado. Normalmente es cómo un regla que se dobla sobre sí misma para prensar el papel. Se escribe de derecha a izquierda y luego, para leer, el papel se retira y se voltea. Tiene marcas para ubicar la hoja y, por ejemplo, retomar la escritura desde el punto (o puntos) donde se le dejó. Viene en un tamaño estandar, tanto de la regleta como de las ventanas para cada letra. Sin embargo, hay versiones de bolsillo y en diversos materiales para quienes escriben mientras se desplazan.

Nos cuenta el profesor que, a pesar de su simplicidad y de la inmensa diferencia que causa en la vida de un invidente, esas regletas no se hacen en el país. Yo sentí una profunda vergüenza de ingeniero, porque he visto piezas mucho más complejas hechas por acá.

El profesor Luis se paseó luego, a petición, por todos los otros dispositivos que le acompañan en el trabajo diario. Una calculadora con corneta que lee los números y las operaciones cuando uno los pulsa y que tiene una pantalla LCD convencional para los videntes convencionales. Tampoco se fabrica en el país, por ahora. También nos mostró un dispositivo sencillo semejante a un dado con caras que giran y

que sirve para ensamblar el código que corresponde a cada letra Braille, un arreglo de 6 puntos dispuestos en dos columnas y tres filas. Puede ser muy útil a un aprendiz para practicar y memorizar los códigos. También nos mostró algunos objetos de madera que son útiles para la práctica Braille. Pero ninguno de esos se hace en el país. Nuestros hermanos colombianos se encargan.

Luego nos mostró su reloj de pulsera, con tapa móvil, lo que le permite leer las agujas para saber la hora. Y, no podía faltar la máquina más común para la persona moderna: el teléfono celular. El profesor tuvo la gentileza de enviarme un mensaje de texto a mi número telefónico. Curiosamente el celular no tiene mayor ayuda especial. Él ha memorizado las teclas y aprovecha el común recurso de frases pre-escritas para acelerar el tecleo. Tristemente tiene, todavía, que recurrir a un vidente convencional para que le lea los mensajes de texto que recibe.

Digo tristemente porque acá comienza un listado de oportunidades perdidas. De herramientas que son potencialmente útiles, pero que no son realmente útiles porque no hemos recorrido la última milla. No hemos completado la adecuación de los dispositivos. No hemos completado la preparación de la documentación. No tenemos suficientes procesos instruccionales marchando para formar a los usuarios de esos dispositivos.

El celular del profesor Molina podría leer los mensajes de texto. De hecho, la demostración del profesor terminó en una computadora de su laboratorio en la que nos mostró su dominio de ese otro dispositivo que ha sido dispuesto para ser un poco más amigable que su celular.

Todas las computadoras del laboratorio de tiflotecnología han sido dispuestas con software libre, que cualquiera puede tener. Nuestro Gnu/Linux tradicional, además de un programa sumamente importante para quienes no pueden ver bien una pantalla de computadora. Se llama Orca [1] y se encarga de leer todo lo que aparezca en la pantalla del computador mientras el usuario desplaza la atención con su ratón o, mejor, con su teclado.

De hecho, Orca hace algo más que eso. Para quienes podemos ver, es «natural» que la pantalla sirva como el foco de atención y control de lo que estamos haciendo con el computador. Pero para quienes no pueden ver ese servicio lo provee la salida de audio. Así ha sido dispuesto en el andamiaje del laboratorio. Cada computador tiene audífonos para su usuario. No hay cornetas porque eso sería el equivalente a servir a los usuarios videntes en varios computadores con una sola pantalla. Así como no hay cables desperdigados por el lugar, porque eso podría constituir un serio obstáculo para quien no puede ver. Es decir, la estructura del mundo debe cambiar para adecuarse a tus capacidades físicas. Eso es andamiaje.

Comenzamos a entender cómo la vida puede tan rica para los invidentes (y, supongo también, para otro tipo de discapacidades) como para quienes no sufren alguna discapacidad (¿existirán tales personas?). Todo es cuestión de disponer del andamiaje apropiado para empoderar al usuario. Todos necesitamos algún tipo de andamiaje.

El profesor Luis nos cuenta de sus problemas de usuario: «no he alcanzado a ‘ver’ cómo funciona todo en esta máquina». No tiene los manuales. Y claro, necesita que alguien se los lea o los traduzca a Braille. Nos cuenta que hay otro servicio en la ciudad que también tiene un laboratorio al que él puede asistir. Allí tienen computadores con otro software. El de Windows (que no es software libre) y un programa (JAWS [2], que tampoco es software libre, es decir, no se lo puede copiar sin pagar por cada copia, entre otras cosas) que hace lo mismo que Orca y, aparentemente, más. Por ejemplo, tomar un texto y leerlo a través de un scanner.

Existe tecnología libre que da para eso último [3]. Pero aún no llega a donde debe. Es más, hay indicios de que está «pasando de moda». ¿Quedará pendiente el compromiso de dar suficiente poder a cualquiera para forjar una vida libre y feliz?. Me temo, además, que esto puede deberse a que los videntes convencionales no vemos las raíces del problema: la investidura de ese poder no puede provenir de un líder o de una institución particular. Sólo es posible con un esfuerzo articulado entre todos.

[1] http://wiki.tiflolinux.org/mediawiki/index.php/Orca

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Otros enlaces reunidos gentilmente por Liliana Andrade:

  1. Información General: http://wiki.tiflolinux.org/wiki/Orca

  2. Libro y Doc: http://wiki.tiflolinux.org/index.php?title=Orca/libro

  3. Página del Proyecto: http://projects.gnome.org/orca/

  4. Algunos comentarios:

    http://www.educared.net/softwarelibre/reportajes/orca.html http://jarvega.wordpress.com/2008/05/16/orca-ambiente-ubuntu-gnulinux-para-invidentes/

[2] http://www.dancingdots.com/prodesc/jaws.htm

[3] http://groundstate.ca/ocr, http://www.fbakan.de/gocr-os2.htm

 

Copyright © 2009. Jacinto Dávila. El autor se reserva el derecho llamarse autor de este texto y asume la responsabilidad por sus opiniones. El texto puede ser distribuido sin ninguna otra restricción implícita o explícita.