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En el Alto Valle del río Negro la historia mapuche también es futuro

Fuentes: Desinformémonos - Imagen: Obra de Diana Costa, integrante de Ñimitun Quimun, que representa el acompañamiento del colectivo tras hallar los restos de los ancestros mapuches.

El autor cita a Nick Estes quien plantea: «Según la noción indígena del tiempo, el presente es una estructura conformada, toda ella, por nuestro pasado y nuestros ancestros. No existe una separación entre pasado y presente, de manera que cualquier futuro alternativo también está determinado por cómo comprendemos nuestro pasado».

Admito que cuando recibí la convocatoria tuve que fijarme en el mapa. Sabía que la localidad de Cervantes estaba en el Alto Valle del río Negro, pero no podía precisar dónde. No hacía mucho había leído que su fundación resultó de la inmigración española que obviamente, quiso homenajear con su nombre al escritor insigne, aunque no retuve su localización. Tampoco recordaba que en un escrito que había finalizado días antes la había mencionado: por el lugar donde se erigió había pasado la Primera División del Ejército Argentino en 1879, aquella que integraba el mismísimo Julio Roca durante la operación propagandística y genocida que significó la Campaña al Desierto.

Entre la isla de Choele Choel y la confluencia de los ríos Neuquén y Limay, la columna encontró los restos de cinco poblaciones mapuches que probablemente fueran abandonadas en el verano anterior, ante los primeros embates de los uniformados. Las tropas recorrieron la margen norte del río Negro entre mayo y julio de aquel año fatídico para el pueblo mapuche. Pleno invierno en el sur. Los termómetros que portaban los militares acusaban hasta 8 grados bajo cero durante las noches. Imagínense el frío de la cordillera, donde lxs fugitivos buscaban refugio lejos de los fusiles de retrocarga y los sables de caballería… Si bien no habían consolidado su conquista hasta entonces, no era la primera vez que soldados huincas recorrían los senderos que mapuches y tehuelches transitaron durante cientos de años en libertad.

Se puede precisar el hallazgo: el 4 de septiembre de 1994, mientras llevaban a cabo tareas frutícolas, trabajadores encontraron restos humanos. Las portadas de los diarios regionales amplificaron la conmoción que vivió la pequeña localidad y las especulaciones proliferaron, pero el runrún cesó ante la precisión del peritaje forense. En el expediente judicial puede leerse que “por sus características, por su morfología, por la arquitectura ósea, por el desgaste y deterioro, son muy viejos, de comienzos del Siglo XIX o del Siglo XVIII” o más antiguos todavía. “Los restos de cráneos y maxilares con sus respectivas piezas dentarias, corresponden a un grupo de aborígenes patagónicos”. Líneas más abajo, el especialista determinó que se trataba de araucanos, es decir, el término colonialista que se utilizó durante mucho tiempo para designar a lxs mapuche. De a poco el revuelo se atenuó, el hallazgo perdió importancia y el olvido se apoderó de aquellos ancestros que incomodaban el relato oficial. El renovado manto de silencio estuvo a punto de ganar la partida, pero perdió. En 2025 Rosalía Palermiti encontró los huesos en un rincón de la Municipalidad de Cervantes y lejos de callarse, puso en marcha un capítulo de la historia que culminará el próximo 16 de mayo, cuando lxs seis futrakecheyem (ancestros) vuelvan al mapu, o sea, al territorio.

El río por antonomasia

De origen inglés, el jesuita Tomás Falkner nunca estuvo en la región, pero a partir de los testimonios que recogió pacientemente en la misión donde se desempeñó a mediados del siglo XVIII elaboró su célebre “Descripción de la Patagonia”. El libro se publicó en Londres después de la expulsión de su orden por parte de la corona española y provocó inquietud en Madrid y Lima. Es que, sin disimulo alguno, el sacerdote confiaba que la soberanía española se agotaba a unos pocos días de cabalgata de Buenos Aires, sobre la margen sur del Salado. Más allá del río que operó como límite de las posesiones de Su Majestad, se levantaba una miríada de poblaciones que el religioso atribuyó a distintas etnias, la mayoría participantes de la gran cultura mapuche. Y mencionó concretamente al gran curso de agua que transcurre a pocos minutos de Cervantes y su zona urbana.

El británico lo calificó “como el mayor de la Patagonia” y aunque erróneamente puntualizó que desembocaba en el Pacífico, apuntó que “los españoles le llaman el gran Río de los Sauces” y “algunos indios Choelechel”. También señaló que para los puelches era “Leubu-comó, o el río por antonomasia, y Curúleubu quiere decir río Negro, que es el nombre que le dan los guilliches y pehuenches”. No nos vamos a extender demasiado con las traducciones, pero señalemos que leufu significa río en lengua mapuche y que precisamente, kuru es negro. En tanto, la voz williche quiere decir gente del sur y pewenche, designa a los grupos mapuches que vivían y viven donde el pehuén o araucaria se dispersa sobre las montañas y cañadones. Podríamos extender las especulaciones considerablemente, pero nos vamos a limitar: casi 300 años antes del presente, el río Negro y en consecuencia su Alto Valle de la actualidad, formaban parte del territorio que usualmente utilizaban puelche (gente del este), williche pewenche. Como contrapartida, hacia 1750 la Argentina no estaba en los planes de nadie.

Tanta preocupación generó la publicación de Falkner en la corte española que a fines de 1782 partió de la recién fundada Carmen de Patagones una expedición naval. Tenía como objetivo llegar a Valdivia (Chile) a través de algún cajón cordillerano, meta que evidencia el desconocimiento que el andamiaje colonial tenía sobre los territorios que pretendía controlar. De nuevo, detenernos en las vicisitudes que atravesaron el piloto real Basilio Villarino y sus 62 marinos se tornaría extenso, simplemente mencionaremos que antes de llegar a la emblemática isla de Choele Choel ya encontraron poblaciones indígenas. En su diario de navegación anotó el español: “todos o casi todos los indios que habitan o residen en las sierras del Volcán (zona actual de Balcarce) y pampas de Buenos Aires, son de este río (el Negro) arriba, y que el motivo de pasar tanto tiempo en aquellos parajes es por la abundancia que hay de ganados, y por la facilidad de mantenimiento; y que algunos pasan dos años, otros más y menos, según les acomode”.

De los seis loncos (autoridades políticas mapuches) con que trató Villarino antes de abandonar el río Negro para remontar el Limay, cuatro tenían nombre en mapuzungunWechunpulkiReumanLlangkapi Kuruanka. La gente del primero estaba en movimiento en dirección a la cordillera: 300 jinetes que conducían alrededor de 8.000 cabezas de ganado. Vaya si hubo vida en el Alto Valle antes de que llegaran lxs inmigrantes que quedaron en la historia institucional como pioneros… A estas cuestiones me referí al responder aquella convocatoria.

La lonko Fermina Pichumil guiará la ceremonia de restitución. Foto: Gentileza de la Municipalidad de Cervantes.

Los restos que encontraron aquellos peones rurales pertenecen a dos hombres que contaban entre 35 y 45 años, y dos mujeres algo más jóvenes: entre 25 y 35 años. También afloraron durante aquel otoño en retirada los huesos de una joven mujer (entre 14 y 20 años). Del restante, no se pudo precisar el sexo, aunque tendría la misma edad. ¿Dos familias? ¿Por qué estaban enterrados juntos? ¿Habrán visto pasar por el río a las chalupas de Villarino? ¿Encontraron la muerte durante la expedición de Juan Manuel de Rosas? La columna que comandó Ángel Pacheco también pasó en cercanías del actual emplazamiento de Cervantes en dirección a la Confluencia, luego de provocar una inmensa mortandad en Choele Choel. Pero la existencia de lxs antiguos mapuche no puede reducirse al drama que se abatió sobre ellxs: muy probablemente lxs seis saludaran al Sol cada mañana, seguramente sahumaran lawen (medicinas) en el interior de sus viviendas, rieran al escuchar el canto de pájaros sobre los inmensos sauces o agradecieran cuando consiguieran carne para alimentarse. Vivieron y en libertad.

Hecho poco corriente en tiempos de negacionismo y persistente racismo en la Argentina, ante el renovado hallazgo de 2025 la Municipalidad convocó a la comunidad mapuche tehuelche Calfu Cume Mongen (Buena vida azul) para discutir en conjunto qué hacer. Como consecuencia, surgió el espacio intercultural Ñimitun Kimun (Recuperar el conocimiento), al que se sumaron otras comunidades de localidades cercanas, además de vecinos de Cervantes que se conmovieron ante el acontecimiento y el propósito que se asumió: restituir “conforme las pautas culturales originarias”. Durante el último año, la gente que se sumó se acercó a la lengua mapuche, a la cerámica, a los cantos que se entonarán durante la ceremonia de restitución, a los instrumentos musicales y a otros aspectos de la cultura de la que participaron lxs seis futrakecheyem. No están solos.

En la práctica, Cervantes avanza hacia la interculturalidad. Foto: Gentileza de la Municipalidad de Cervantes.

A riesgo de aburrir a lxs habituales lectorxs de esta columna de Desinformémonos, vuelvo a decir junto con el peñi oceti sakowin (sioux brule) Nick Estes: “¿Cómo nos relacionamos con el pasado? En sus relatos, los colonos usan una concepción lineal del tiempo para distanciarse de los espantosos crímenes que cometieron contra los pueblos indígenas y contra la tierra”. Sin embargo, “según la noción indígena del tiempo, el presente es una estructura conformada, toda ella, por nuestro pasado y nuestros ancestros. No existe una separación entre pasado y presente, de manera que cualquier futuro alternativo también está determinado por cómo comprendemos nuestro pasado. Nuestra historia es el futuro”. En Cervantes, pequeñísima localidad del Alto Valle del río Negro, demuestran con creces que efectivamente, así es. Ahora tengo muy en claro dónde queda.

Fuente: https://desinformemonos.org/en-el-alto-valle-del-rio-negro-la-historia-mapuche-tambien-es-futuro/