El sábado pasado tuve la oportunidad de pisar por primera vez un sitio que quería conocer hace tiempo: El local de la Federación Libertaria Argentina (FLA). En Finochietto y Anchoris, a dos cuadras de Entre Ríos y Caseros.
La FLA supo ser en sus comienzos la Federación Anarco Comunista Argentina (FACA). Denominación que sostuvo por dos décadas, hasta 1955. A la hora de las versiones sobre las razones del cambio de nombre, la que más hemos visto circular es que la palabra «comunista» se les volvía un a ancla pesado en aquellos tiempos de auge de la «guerra fría». Y sobre todo llamaba a confusión respecto a las convicciones de sus integrantes. Firmes opositores de las políticas soviéticas, a más tardar desde la represión en Kronstadt, en 1921.
Buscaron asimismo con la modificación una interlocución más amplia, no obstaculizada por fervores y rechazos que no sentían como propios.
Vale la pena ver por un momento cómo se presenta la Federación al día de hoy.
La FLA se mira a sí misma
En el sitio web de la Federación puede leerse una caracterización que parece unir el optimismo de la voluntad y el pesimismo de la inteligencia, como querría Antonio Gramsci:
“Actualmente la FLA se ve revitalizada por un recambio generacional y cierto auge de las ideas ácratas que se constata en todo el mundo. Es imposible, sin embargo, asimilar su funcionamiento a etapas anteriores. Su larga historia, que arranca a principios de la década de 1930 atravesó momentos diferentes, adaptándose a coyunturas cambiantes y cometiendo errores y aciertos.”
“La revitalización actual no puede compararse con su estructuración originaria, en la cual más de 50 grupos cubrían la militancia de todo el país. Ahora vivimos un resurgir incipiente de nuevas generaciones, que tendrán que generar su propia experiencia, y salvar el desconocimiento de vivencias anteriores, dejado por la muerte de viejos y valiosos compañeros.»
Está claro que se sostiene la apuesta al resurgimiento de la corriente ácrata en Argentina y en el mundo. Y se recibe con esperanza la afluencia de jóvenes a las agrupaciones que elevan la llama de la anarquía. No quieren caer en el abandono de la cautela. En la sobreestimación de signos positivos que no revierten por ahora lo que en líneas generales es una época aciaga.
El reconocimiento de la grandeza del pasado ayuda a una percepción rigurosa. Se ha iniciado una recuperación, es vasto el trecho aún por recorrer.
Un animado encuentro desde el barrio al mundo
Vayamos a nuestra si se quiere pequeña pero también rica experiencia del sábado 18 de julio. 90 aniversario de lo que el lenguaje más arraigado llama «Guerra Civil española»
Los verdaderos libertarios (recuperemos esa palabra de las manos del enemigo, por favor) siempre la han llamado «revolución» en lugar de «guerra». Y no los atrae lo de «civil».
Llegamos con mi compañera a una pequeña esquina. Que parece más reducida aún por el espacio abrumador que ocupan allí los libros. En mesas los destinados a la venta. O colocados allí para el aprecio de su antigüedad o su rareza por les visitantes. En anaqueles de biblioteca los que esperan la lectura de los concurrentes al saloncito. Que, cómo no, también oficia de sala de lectura.
Ya nos contarán un rato después que sirve también de mercadito agroecológico; sede de un bachillerato popular, merendero, espacio de apoyo escolar. Además de lugar de intercambio entre diversas agrupaciones, no todas ácratas. Hasta de pequeña feria americana, como atestiguan las perchas con ropa colgadas del lado de afuera frente a la vidriera.
Allí alienta también la histórica editorial Reconstruirque cuenta con un catálogo de ediciones que arrancó en 1946. La que está operativa hasta hoy a través de libros sencillos y muy baratos en torno a la historia y perspectivas del anarquismo. La presentación de uno de ellos es la que nos llevó a su sede.
Queda claro que diversos planos se articulan y superponen: El local, con algunas actividades características de centro cultural barrial. También el alcance nacional de la Federación, que sostiene sedes en otros puntos del país. Como Rosario, San Pedro y La Pampa.
Está también la nunca desmentida vocación internacionalista de la tradición ácrata. La Fla está incorporada a la Internacional de Federaciones Anarquistas, desde la fundación de ésta en 1968.
Ese nucleamiento internacional propicia el “anarquismo de síntesis”. Es el que busca la coordinación de las diversas corrientes libertarias. En dirección al común objetivo de lucha contra el poder del capital y del Estado. Allí se agrupan organizaciones de diversas partes del mundo. Desde la brasileña hasta el Foro Anarquista Kurdo (KAF). Sin olvidarnos de la histórica FAI de la península ibérica.
Estamos allá para la escucha de la presentación de un libro de dos jóvenes historiadoras. Reconocidas expertas ambas en la historia de la militancia femenina, y anarquista en particular. En y desde Argentina. Se llaman Nadia Ledesma Prietto y Gisela Manzoni.
Y en el «desde» estaremos ese día. Porque exponen acerca de un breve libro suyo que compila dos artículos. El primero centrado en Ana Piacenza (también conocida como Nita Nahuel). Quien viajó a España durante el conflicto. Se titula “Una hebra en la urdimbre trasnacional. Trayectoria ácrata de Ana Piacenza. Nita Nahuel entre Argentina y España.”
Piacenza fue partícipe de las experiencias periodísticas más destacadas del anarquismo hispano, Tierra y Libertad y Solidaridad Obrera. Y de la pionera organización, Mujeres Libres. La que luchó por la vida y los derechos de las mujeres, sin identificarse como feministas (y peleándose con las que sí se denominaban de ese modo). Con una prioritaria vocación internacionalista. De vuelta a Argentina militó por décadas en forma ininterrumpida.
Justamente a la agrupación femenina se dedica el artículo restante. “En un mundo de Mujeres Libres ¿por qué no anarquizar el feminismo?”
Ya podremos en próxima oportunidad explayarnos un poco sobre el más que meritorio trabajo de Manzoni y González Prietto. En sus intervenciones ellas trasuntan apostura y práctica militante. Una rápida visita a sitios de Internet permite el aprecio de sus nutridas trayectorias académicas. Desenvueltas con base en la Universidad Nacional de La Plata.
Valió la pena dar una mirada atenta a les participantes. No suena acertado tratarlos de «público». No son espectadores sino implicados militantes, con disposición de protagonistas, no de testigos. Se les nota y mucho.
El arco etario es variado. Hacia arriba no se detiene en la barrera de los 80. Hacia abajo, no escasean quienes aparentan transitar la cuarta e incluso la tercera década de sus existencias. La renovación generacional en tránsito es evidente. El sitio está repleto, incluidos algunos parados en la vereda, desafiantes del frío anochecer.
Sin embargo se mueve. Hace 90 años que “no existen”
La escena resulta gratificante para quien escribe estas líneas. Allí, como se subraya un par de veces en las exposiciones, se encuentran integrantes o afines de una corriente que fue declarada «extinguida» por la cultura política hegemónica. Y décadas más tarde por los primeros historiadores que se centraron en ella. Quienes recortaban su objeto de estudio no mucho más acá de 1910.
Sentencias emitidas aún antes de que casi todos los que están ahí siquiera hubieran nacido, incluidos los más veteranos. Mucha gente, joven, madura y vieja. Un espacio cuyos cimientos parecen vacilar bajo el peso de los libros. Lecturas, aprendizajes colectivos, asambleas plurales, deportes.
La labor con libros y publicaciones diversas prosigue hoy en el espacio digital. Nos referimos a la BAEL (Biblioteca-Archivo de Estudios Libertarios). Surgida en 1995 en el marco de la FLA, organización anarquista con más de 70 años de persistencia. Según la propia Federación “… se plantea como actividad especifica el desocultamiento y la socialización del pensamiento y la memoria militante allí acumulada.
El archivo comprende la catalogación de El Libertario, órgano periodístico de la FLA que no ha eludido la situación crítica del periodismo en soporte de papel y sin embargo marca presencia todavía hoy.
Todo transcurre allí mismo, en el local de la esquina fronteriza entre Constitución, Barracas y Parque Patricios. Como los guisos de lentejas y los vasos de vino tinto que emergen más tarde desde alguna trastienda que no es visible para los que somos «forasteros». Y la música, de raigambre hispana acorde a la ocasión. Primero la gaita que ejecuta «muñeiras». Luego el baile flamenco, claro.
Bastante bien para un colectivo del cual el sistema de poder dictaminó que ya no existían desde la década de 1930. Toda la historia de la FACA (conformada en 1935) y de su sucesora la FLA constituye un desmentido a esa falsedad deliberada. Refutación viviente que se ha proyectado hasta nuestros días y muestra vocación por el porvenir.
Quede claro que no forman sólo «un núcleo de entrañables idealistas teñido de nostalgia». Ni su asiento físico es un espacio «donde el tiempo parece haberse detenido». Esos lugares comunes de “nota de color” no son aplicables a este caso.
Las tres horas que estuvimos allí nos bastaron para la percepción, el sentimiento, la comprobación de que forman y habitan un ámbito lleno de vida. Portador privilegiado de una de las variadas tradiciones que son componentes insoslayables de la izquierda argentina.
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Diversidad que debería incitarnos a dejar de percibirla como falencia. Incluso como fuente de divisiones a las que mal se supone “sin sentido” o “artificiales”. Para verla como lo que es. Y sobre todo puede llegar a ser: Una riqueza que potencie al movimiento obrero y popular de nuestro país.
!VIVA LA ANARQUÍA! ¿por qué no poder gritarlo, aunque nunca hayamos sido libertarios? ¿por qué no cantaríamos a voz en grito Hijo del pueblo o A las barricadas? Amamos el pasado y el presente de los verdaderos, de los de siempre. De los heroicos luchadores por la asociación libre de los productores libres. En el mundo y aquí.
Hacerlo hasta puede retrotraernos a la juventud lejana. Cuando entre lágrimas, vítores y repudios a la represión, nuestros 14 años se cruzaron con «La Patagonia Rebelde».
Caramba, pasaron 53 años. Acá estamos. «Nosotres» y «Nosotres». Entre la militancia popular y revolucionaria, hay primeras personas del plural diferentes, sí. No utilicemos ninguna tercera de las que excluyen. «Ellos» son los otros, los de enfrente. Nunca los del lado Norita de la vida…
SEGUIMOS PRONTO
NOTA: El felino que se ve, como al acecho de un enemigo que no vemos en el afiche de la FLA que encabeza esta nota es el «gato salvaje». Puede leerse en el portal digital Alasbarricadas:
«El símbolo del gato salvaje fue diseñado por Ralph Chaplin, una importante figura en los IWW (Trabajadores Industriales del Mundo) de Estados Unidos, y es utilizado en el plano internacional como símbolo del sindicalismo radical.
Se lo dibuja con la espalda arqueada, garras afuera y dientes al descubierto en actitud de ataque o defensa activa.
La figura del gato salvaje sugiere -no debe extrañar- la huelga salvaje (wild cat strike, en inglés). También simboliza la lucha por locales contra los deseos o las ordenes de la burocracia sindical y la patronal.»
Esta última información proviene del sitio Alacant Obrera.
Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.


