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Entre drogas y el viaje presidencial a Rusia y China, ¡qué días!

Fuentes: Rebelión / CLAE

Están transcurriendo unos días donde los argentinos sentimos que, para bien y para mal, estamos rozando cuestiones de fondo sobre nuestra inserción mundial y con el tema a droga llegamos a un núcleo de nuestro deterioro económico-social y moral.

El viaje del presidente a China y Rusia, junto algunas de sus declaraciones en medio de la negociación con el FMI, revela que estamos jugando con fuego. Ello puede ser necesario, pero merece algunas consideraciones porque da la impresión que no llegamos a plantear la raíz de nuestros problemas.

La inmensa mayoría de la dirigencia se resiste a mirar de frente el fenómeno de la droga y el narcotráfico. Se quedan debatiendo sobre cuestiones reales pero claramente subordinadas a la gravedad de situaciones ante las cuales se mira  para otro lado.

Cuando hablamos del viaje presidencial colocamos los ejes en los temas comerciales y de ayuda financiera pero –en general- no opinamos sobre las características de nuestra economía y el nefasto rol del sistema financiero internacional, que hoy lo podemos verificar con nuestras negociaciones para pagar una deuda fraudulenta que –con este pago- aspiran que legitimemos.

“Mi marido se droga cuando no tiene trabajo”

El reciente envenenamiento con droga, que dejó un saldo de 24 fallecidos y un número muy superior de personas afectadas, también nos permitió acercarnos a realidades de las cuales poco se habla.

Es mucha la información sobre carteles, jefes mafiosos, distribuidores y soldaditos. Pero se sabe mucho menos sobre algunas razones que explican el crecimiento de la demanda y los efectos sociales de tales hechos, como así también del descalabro que producen esa actividad en el territorio.

Sobre los efectos sociales de este mal, una de las claves la proporciona la esposa de uno de los afectados, que dijo: “Mi marido se droga cuando no tiene trabajo”.

Esa falta de trabajo, originada en un errado modelo económico-social y equivocadas políticas estatales, es la primera y principal manifestación de la crisis social que padecemos, que tiene en el consumo masivo de drogas una de sus exteriorizaciones.

Es sabido que el fenómeno del narcotráfico forma parte de los instrumentos que tiene el poder imperial para corromper y controlar a determinadas sociedades. Ya lo hizo cuando el comercio con China perjudicaba a sus intereses y desató las “Guerras del Opio” (1839/42 y 1856/60), hasta terminar con las ventajas que Chinas sacaba de los intercambios existentes.

No es casual que en 1865 los británicos crearan el The Hong Kong and Shanghai Banking Corporación Limited. (luego conocido como HSBC), cuyo primer presidente fue quien controlaba los lugares de distribución del opio.

Más cercano en el tiempo, en el año 2012 el Departamento del Tesoro de EEUU, por esas contradicciones entre los dueños del poder, le impuso –al HSBC- una multa. Ésta, sumada a la indemnización, fue de 1.900 millones de dólares por haber operado con dinero de los narcos mexicanos por varios miles de millones de dólares.

Está suficientemente documentado que el actual narcotráfico tiene un doble objetivo. Debilitar las rebeldías de las nuevas generaciones, adormeciendo sus conciencias y practicando este genocidio por goteo. Pero también llegar recursos financieros a algunos bancos que son el corazón del sistema financiero y dominan la economía global.

En cada país, fracciones del sistema político, judicial y policial actúan como terminales de las bandas operativas o le ofrecen coberturas. Obviamente reciben algunos “beneficios” por esa tarea. Salvador Baratta, que formó parte de la cúpula policial bonaerense entre 2009 y 20011, lo puso en palabras estremecedoras: “Todos los políticos en algún momento pasan a buscar el sobre de la droga (…) Ese dinero les sirve para la campaña”.

En cuanto al territorio poblado por sectores populares, además de considerarlo como su “mercado natural”, lo fragmentan o controlan, según sus intereses. Avanzan agrediendo o intentando cooptar a dirigentes que no entran en su juego. El poder estatal –en más de una oportunidad- “deja hacer” estas acciones, aunque, hipócritamente, simula combatirlas.

En lo que respecta al crecimiento del consumo éste está directamente vinculado deterioro económico, la falta de trabajo, caída salarial y la ausencia de futuro para las nuevas generaciones. Lo que, en otras culturas y momentos, significó la adicción al alcohol -aquí y ahora- le da sustento a esta adicción.

Su consumo se ha ido extendiendo en la medida que es asumido por franjas etarias cada vez más jóvenes. La profundización de las causales señaladas ha contribuido a masificar ese consumo, transformando ese deseo en necesidad.  

Nuestra dirigencia, incapaz de comprender este fenómeno, en algunos casos por ingenuidad y en otros por complicidad, osciló entre una represión o permisividad generalizadas.

Ninguna de esas miradas puede ofrecer resultados sin dar cuenta de los hechos y políticas que la generan y adecuadas campañas preventivas o de tratamiento compartido con la sociedad.

Es por eso que este fatídico y criminal suceso sorprende a los funcionarios. Se echan mutuas culpas y chicanas, pero transcurridos más de 15 días aún no se sabe exactamente qué pasó. Mejor dicho, da la impresión que ellos no saben qué decir o no quieren decir lo que saben. Nunca falta un “perejil” que alcanza para cerrar la “investigación”.

Rusia y China: Grandes perspectivas o nuevos riesgos

El paso dado por Alberto Fernández en su recorrida por China y Rusia puede ser muy significativo si no corre la suerte de un papel mojado.

En el lenguaje usado en varios países y muy popularizado en la Argentina, se trata de algo que se quiere asemejar a la famosa “tercera posición”.  En este caso no es presentado como una cuestión que pretende emerger entre las posiciones ideológicas dominantes en la esfera internacional, como lo fuera desde la década de los 50’ del siglo pasado y por varias décadas.

En aquel entonces intentó ser algo diferenciado del comunismo y capitalismo, hoy prácticamente no quedan países que defiendan la concepción comunista y la mayoría dice aspirar a un capitalismo “bueno”.

Ahora la disputa aparece el occidente capitalista (EEUU y Europa) y una perspectiva más oriental de la economía de mercado, encabezados por China y Rusia. Los demás somos casi convidados de piedra y territorios útiles para sus enfrentamientos y pretensiones hegemónicas.

En aquellas décadas nuestras economías no transitaban la situación terminal que tienen hoy en día. Europa estaba ávida de los alimentos que nosotros producíamos. Muchos de los países de Nuestra América eran acreedores de Europa.

La Argentina de Perón, el Brasil de Getulio Vargas, Chile gobernado por González Videla e Ibáñez del Campo y la Bolivia del intento transformador del Movimiento Nacional Revolucionario (MNR), son algunas contradictorias expresiones de esos tiempos.

Sucedidos por gobiernos conservadores o golpes de Estado apañados por los EEUU, volvió a cambiarse la cara de la región que pasó a confirmarse -en el reparto mundial- como un “área de influencia de EEUU”.

Esta perspectiva no se pudo consolidar. Su fracaso abre, cierra y reabre las puertas a gobiernos progresistas que proclaman construir alguna forma de mayor autonomía. Lamentablemente no son los pueblos organizados los grandes protagonistas de estas necesidades, lo que debilita aún más sus precarios planteos. El paso del tiempo agudiza este proceso.

Esta gira presidencial y los acuerdos celebrados constituyen un aspecto positivo en la medida que dan al país posibilidades de mejoras en temas vitales como las comunicaciones, el transporte, la provisión de energía y la búsqueda de un mayor equilibrio geopolítico. La incorporación argentina a la Ruta de la Seda, promovida por China, no es una cuestión menor.

Ella ofrece –en caso de concretarse nuestra participación- la posibilidad de incorporar tecnología, infraestructura e inversiones para proyectos muy importantes para el futuro. Ese proyecto, planeado y conducido por China, está hecho a la medida de su estrategia de constituirse en la primera potencia mundial. En los últimos ocho años recibió inversiones por 770 mil millones de dólares.

Hoy forman parte del mismo 144 países, 20 de ellos son latinoamericanos, nuestra economía es la más grande de la región que se incorpora al mismo. Algo más de 23 mil millones de dólares integran los compromisos de inversión china en Argentina. El aspecto peligroso es que dichas inversiones son parte del interés de China, que pueden o no corresponder con los intereses propios.

El caso más significativo lo encontramos en las inversiones en materia de transportes y servicios portuarios, destinadas a mejorar las exportaciones a ese país, donde van los productos primarios y vuelven los contenedores cargados de mercaderías, muchas veces de baja calidad y regularmente ajenas a las necesidades vitales de nuestra sociedad, pero que destruyen sectores del mercado interno del país y consumen parte de los pocos dólares que tenemos..

Pero no es problema de los chinos que nosotros sigamos con el mismo modelo agroexportador que hizo al país al gusto de las oligarquías nativas y –en aquel entonces- del mercado británico. Ante este panorama resulta obvio que los argentinos no tenemos destino si solo aspiramos a cambiar las manos del amo que sostiene la correa que nos tiene acogotados.

 Contando dólar por dólar y esperando la cosecha

Desde hace un tiempo desde distintos lugares se viene advirtiendo que los fondos líquidos (disponibles) del Banco Central están cada día más flacos. Las últimas noticias dicen que están prácticamente en cero. Las respuestas surgen de articular algunas cuestiones complementarias: limitar las compras, diferir los  pagos y… esperar los ingresos de la cosecha gruesa a partir de la segunda mitad de marzo.

Este cuello de botella, trae varias consecuencias para los próximos 45 días.

Los principales afectados son las 900 empresas importadoras cuya operatividad se ha reducido. No todas ellas pueden dejar para abril los pagos de las importaciones pendientes, algunas de la cuales están en buques que no ingresan al puerto esperando el correspondiente compromiso de pago.

Algunas firmas industriales de primera línea padecen, más allá de la explícita voluntad del gobierno, demoras en la llegada y desembarco de insumos imprescindibles.

El pendiente acuerdo con el FMI actúa como una dificultad más para atravesar este período.

Estos problemas se agravan por el hecho que no han sido preparados para situaciones como ésta y el campo ha demostrado –una vez más- que este modelo agroexportador le ha dado un poder gigantesco que, para colmo, está en manos de la oligarquía y los exportadores más concentrados.

Juan Guahán. Analista político y dirigente social argentino, asociado al Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico (CLAE)

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.