¿Es el viento lo que mueve la bandera?

Fuentes: Rebelión

«Si tienes un biblia y no la lees, eres buen católico, si lees solo lo que te conviene, buen protestante, pero si la lees y analizas minuciosamente, serás un buen incrédulo». Escribo este texto, sentado en uno de los rincones favoritos de mi hogar; mientras lo hago, en la radio se escucha una versión bastante […]

«Si tienes un biblia y no la lees, eres buen católico, si lees solo lo que te conviene, buen protestante, pero si la lees y analizas minuciosamente, serás un buen incrédulo».

Escribo este texto, sentado en uno de los rincones favoritos de mi hogar; mientras lo hago, en la radio se escucha una versión bastante rara de la infaltable en esta época, «Feliz navidad», del cieguito de Lares, saben a quien me refiero, ¿verdad?

Levantando un poco la vista, puedo divisar el horizonte a través de la amplia ventana, un día nuboso y soleado, con una temperatura, según el Canal del Tiempo, de 17 grados. Bastante caliente para Oruro. Pero lo trascendental de todo esto, a pesar del tiempo casi tropical en esta mi querida ciudad altiplánica, es que puedo divisar una extraña tristeza en el horizonte. Dicen que madre tierra no se equivoca.

En ésta época -como todos los años- llegaron a la ciudad muchos niños acompañados por sus padres de lejanas provincias del departamento. Las calles del casco viejo se llenaron de abundantes hermanos campesinos, quienes con la esperanza de recibir juguetes y algo de dinero de la gente generosa que aun queda en en las ciudades, arribaron con sus tradiciones latentes, alegría y mucha esperanza. Les fue mucho mejor que a los saludables venezolanos que andan pidiendo «una ayuda» a cambio de un dulce.

Por supuesto que la sonrisa en los rostros de la mayoría de estos hermanos campesinos me causó un gran regocijo, pero simultáneamente, adelantándome al tiempo, una rara melancolía. Será porque soy consciente del oscurantismo que estamos atravesando en el país, y que de seguir así, son los pobres y los campesinos, los que más sufrirán las consecuencias de este nefasto golpe de estado planificado y financiado por el imperialismo más salvaje conocido en la historia de la humanidad. Claro, con ayuda de la oligarquía de siempre y otros idiotas útiles, de cuyos nombres no quiero ni acordarme. Con las masacres, persecuciones, amenazas, nepotismo, mentiras y descarado desfalco de la economía, hemos retrocedido fatalmente medio siglo. A tiempos de dictaduras militares de los años 70.

Sin embargo, a pesar de la nostalgia, mi espíritu revolucionario no claudica ni lo hará nunca. No importa que hoy los genios malévolos del pentágono, hayan «entornillado» con premeditada perversidad en la silla presidencial, a una persona con un preocupante desclase y abismal ignorancia, así como en ciertos ministerios a personajes con trastornos de psicopatía, conocidos cleptómanos y a bolivianos, hijos de extranjeros, que nunca pudieron entender ni percatarse de la semilla yacente en estas tierras que se llama bolivianidad. A pesar de que sus progenitores fueron acogidos con los brazos abiertos por la hermosa Bolivia, éstos desarrollaron un odio visceral contra nuestra cultura ancestral y nuestros pueblos originarios. La presencia de éstos en altas esferas del actual gobierno de facto, es una verdadera tragedia para la existencia de nuestros pueblos indígena originario campesinos y las comunidades interculturales y afrobolivianas, amenaza que podría arrastrarnos nuevamente a prácticas coloniales y mirada eurocentrica, que tanto daño le hicieron a Bolivia.

A pesar de esta coyuntura calamitosa, habemos bolivianos y bolivianas que no claudicaremos nunca ante estas adversidades. Siempre de pie, jamás de rodillas.

Así transcurrieron estos días navideños, con el gordo vestido de rojo que engaña a los niños haciéndoles pensar que viene del polo norte, que no es otra cosa que una propaganda subliminal de esa multinacional que produce una bebida contaminante y dañina para la humanidad, singular personaje que apareció hasta en la la sopa, en detrimento de nuestros cánticos y villancicos de antaño, que tristemente se van perdiendo cada vez más. A esperar el nuevo año. ¿Próspero Año Nuevo?

Antes de ayer, pasando por la gobernación orureña, pude divisar un gran letrero con la inscripción de: Feria del Doble Aguinaldo. Muchos trabajadores ingresaban sonrientes con sus familias al recinto, seguramente a adquirir algún producto; ropa, enseres domésticos u alimentos que en esta feria ofrecían a aquellos que no pudieron reclamar durante el año, el doble aguinaldo 2018 que Evo les regaló. No se si habrán otros dobles aguinaldos en el futuro. Lo que si sé, es que todas las hojas son del viento, menos la luz del sol.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

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