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Evo Morales renueva las propuestas de integración regional orientándolas al «buen vivir»

Fuentes: Peripecias

Uno de los aportes más importantes para la próxima cumbre de la Comunidad Sudamericana de Naciones ha sido una carta abierta del presidente de Bolivia, Evo Morales. Esta carta está dirigida tanto a los presidentes sudamericanos como a los pueblos de la región, y presenta ideas sobre el proceso de integración. Bajo la invocación al […]

Uno de los aportes más importantes para la próxima cumbre de la Comunidad Sudamericana de Naciones ha sido una carta abierta del presidente de Bolivia, Evo Morales. Esta carta está dirigida tanto a los presidentes sudamericanos como a los pueblos de la región, y presenta ideas sobre el proceso de integración.

Bajo la invocación al «buen vivir», en la carta se indica que la integración debe ser de los pueblos, y para los pueblos, donde no se puede reducir a la Comunidad Sudamericana «a una asociación para hacer proyectos de autopistas o créditos que acaban favoreciendo esencialmente a los sectores vinculados al mercado mundial». Este énfasis marca una particularidad importante de la carta y que la diferencia de buena parte de otros documentos presidenciales, e incluso de las resoluciones de los anteriores encuentros presidenciales sudamericanos. Esto se debe a que hasta ahora la integración regional era vista sobre todo como un medio para insertar a las economías nacionales en la economía global.

El asociar las nuevas metas a la idea del «buen vivir» invoca una idea muy conocida de la cosmovisión andina, y que nos aleja de las perspectivas que entienden el desarrollo como un progreso constante a partir de la explotación de otras personas y de la Naturaleza. Por el contrario, el «buen vivir» apela a otra identidad cultural que defiende la armonía entre las personas y su ambiente.

La carta del presidente boliviano presenta un conjunto de propuestas en los planos social, cultural, económico, ambiental e institucional. Algunas son ideas generales, pero en otros casos se hacen sugerencias específicas. Todas estas propuestas están orientadas hacia la necesidad de lograr un «tratado», y con ese fin propone una «Comisión de Convergencia Permanente». Esto es otro énfasis que se debe valorar, ya que hasta ahora en las cumbres sudamericanas se aprobaban apenas «declaraciones».

En el campo cultural se hacen llamados a la coordinación y cooperación en salud, educación, empleo, migración y lucha contra la corrupción y el narcotráfico. Estas y otras ideas se orientan hacia una «ciudadanía sudamericana».

En el campo económico, se parte de la idea de «complementaridad» en lugar de la competencia. Invoca la idea del «comercio justo» en beneficio de las personas, y da un paso más donde la convergencia entre la CAN y el Mercosur debe hacerse bajo «nuevos principios de solidaridad y complementariedad que superen los preceptos de liberalismo comercial». Posiblemente estos conceptos también aparecen por primera vez en un documento presidencial en las discusiones sobre la integración regional. Las asimetrías entre las grandes y pequeñas economías sudamericanas es uno de los temas más delicados en la región, y frente a esta problemática Morales plantea incorporar medidas concretas para amortiguar esas diferencias. Propone la creación de un banco de desarrollo sudamericano que funcione por otros criterios además de la mera rentabilidad y que cumpla con fines sociales. También postula crear un «fondo de compensación para la deuda social y las asimetrías».

Otro punto clave destacable en la propuesta boliviana es el llamado a reconsiderar los cometidos de la Iniciativa en Infraestructura Regional Suramericana (IIRSA), un enorme programa de inversiones y obras como carreteras y puentes. Esta iniciativa se lanzó en la primera cumbre sudamericana en el año 2000, y desde entonces ha venido despertando recelos y oposiciones por su énfasis en obras de comunicación que antes que fomentar la integración regional y el desarrollo local, son vías de exportación hacia otras regiones.

Morales sostiene que la integración física debe ser para los pueblos y no sólo para exportar, y por lo tanto la infraestructura debe respetar el ambiente, debe servir a para la comunicación regional, y no puede ser apenas una red de vías de exportación sino que debe generar polos de desarrollo locales. Si esta idea prospera se debería esperar un cambio importante en la forma bajo la cual opera el IIRSA.

También Morales ataca otro tema regional de gran relevancia: la integración energética. Propone crear una Comisión Energética Sudamericana con una agenda ambiciosa que va desde la asignación de precios justos a garantizar el abastecimiento a todos los países. La meta es encomiable, pero la tarea será muy dura ya que hasta ahora han prevalecido las interconexiones energéticas y los contratos tradicionales de compra-venta de hidrocarburos. El paso hacia una verdadera integración energética requerirá poner en común esos recursos y establecer una política regional vinculante, lo que necesariamente exige pasar de los acuerdos intergubernamentales a algún tipo de supranacionalidad.

Morales también le dio una gran jerarquía al tema ambiental, mientras que los anteriores documentos gubernamentales le prestaban poca atención. Sus propuestas se centran en crear una «Junta Sudamericana del Medioambiente» que genere normas comunes de calidad ambiental y pueda sancionar a las empresas que no las respetan, una «convención» para el agua, que garantice la preservación del agua, y finalmente un sistema de protección de la biodiversidad contra la biopiratería y que asegure el dominio sobre los recursos genéticos del continente.

Finalmente, en el campo político e institucional, se apela a una mayor participación social, se apoya la Cumbre Social para «construir de manera mancomunada una verdadera integración con participación social».

La carta abierta de Evo Morales renueva los debates sobre la integración regional, y es un aporte sustancial al proceso de la Cumbre de Cochabamba. Es cierto que otros gobiernos invocan a renovar la integración regional, pero casi todas ellas se expresan en discursos y ruedas de prensa, y por lo tanto hay una aguda falta de documentos oficiales con propuestas concretas que permitan el análisis y la negociación. Por lo tanto, contar con esta carta por escrito y con anticipación, es más que bienvenido.

Sabemos que algunas de esas ideas han sido consideradas en la reciente reunión de cancilleres preparatoria a la Cumbre de Cochabamba, pero habrá que esperar a la cita presidencial para observar cuáles son las ideas que se plasmarán en la declaración final. Pero más allá del documento final que firmen los presidentes, lo más importante radica en que Bolivia está promoviendo un debate donde la integración regional debe dejar de ser un fenómeno dependiente de la globalización, para ser un instrumento de desarrollo nacional y regional. Siguiendo esa postura, la integración regional es en estos momentos indispensable para buscar un desarrollo alternativo. Habrá que ver si los demás presidentes reunidos en Cochabamba asumen el desafío de pensar el continente de esta manera.