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La “contraofensiva” montonera, un frustrado regreso

Fuentes: Rebelión

Acaba de publicarse un pormenorizado estudio del último ciclo de acciones armadas conducidas por la organización Montoneros. En un tema polémico, el autor busca la “distancia crítica” que caracteriza al género académico y maneja una amplia documentación.

Hernán Confino

La contraofensiva: el final de Montoneros.

Buenos Aires: Fondo de Cultura Económica, 2021.

363 páginas.

La obra de Confino no es la primera historia integral del retorno de miembros de la organización al país en 1979 y 1980 para realizar acciones tanto militares como propagandísticas. Quizás es sí novedoso que esta se haga desde la investigación académica y no en el registro periodístico o el de las memorias de protagonistas y testigos.

Tal vez la primera observación que cabe es acerca del subtítulo. Las que terminaron después de la contraofensiva fueron las acciones armadas. Es bien sabido que la organización tuvo todo que ver con experiencias bastante posteriores, como la agrupación «Intransigencia y movilización peronista» y el diario «La Voz». De hecho esa continuidad se menciona en la obra.

Más allá de objeciones, el autor ha hecho un amplio trabajo de investigación. Realizó una veintena de entrevistas a participantes de la contraofensiva, revisó archivos policiales y militares, recorrió documentos montoneros y la prensa de la organización, etc.

¿Hay una explicación única?

El libro hace eje en el propósito de complejizar los motivos de la contraofensiva y las características de su desarrollo. Trata de alejarse de la mirada que la entiende como la conjunción de una dirección fanatizada en su militarismo con una militancia de base engañada, que en una gran proporción perdió la vida en la operación. O la contraria, celebratoria, que sólo percibe una heroica lucha contra la dictadura con todos los medios al alcance.

Otra veta que cultiva es la de negarse a la dicotomización absoluta entre “lo político” y “lo militar”. Y el consiguiente cuestionamiento de la interpretación de las derrotas finales de la organización armada como resultado de una opción puramente militar que obturó cualquier consideración política.

Lo que no quita que las evaluaciones de la cúpula montonera hayan sobreestimado en mucho las manifestaciones de resistencia a la dictadura. Y minusvalorado el potencial represor de las fuerzas armadas y policiales, capaces de desarticular por completo las acciones de un par de centenares de militantes. Que aparte de su escaso número estaban aquejados por un aislamiento social que los privaba de respaldos externos. El resultado fue un tendal de secuestros y desapariciones.

Balancea también las distintas formas de vivir el exilio y las perspectivas de la lucha antidictatorial desde el exterior como antecedentes necesarios de la decisión de retornar. Y del compromiso, tanto afectivo como de perspectiva política, que llevó a los militantes de regreso al país.

Su mirada está centrada en el grupo más grande de la expatriación, el de México. Y destaca a quienes asumen su lugar de exiliados y se vinculan sobre todo a actividades “de superficie”, orientadas a la denuncia de los crímenes de la dictadura. En cierta medida los contrapone a los que siguen en la clandestinidad, con la mente puesta en un regreso a la lucha armada en Argentina.

Parte de su atención está dedicada a los modos de reorganizarse de Montoneros una vez que su máxima conducción sale del país.

En este punto dedica unas páginas a la ambivalencia de los emprendimientos políticos: La conformación de una iniciativa de pretensión amplia, como el Movimiento Peronista Montonero, coexiste con la iniciativa de fundar un partido sujeto a principios leninistas.

Confino brega asimismo contra lo que percibe como una memoria simplificada, que identifica toda la operación con los atentados contra funcionarios del área económica de la dictadura. Las acciones propagandísticas merecen también su atención. En ellas se desempeñó buena parte de los entrevistados.

Y en ambos campos percibe una mentalidad de entrega total y sacrificio que orientó a la militancia, sin que predominara del todo. Asimismo da una mirada a los temores e incluso deserciones que tuvieron lugar poco antes o durante las acciones. No descarta torpezas en la conducción de las operaciones que fueron en detrimento de la seguridad de los guerrilleros implicados. No por eso se suma al canal explicativo que atribuye a la dirección un alto nivel de infiltración o una directa connivencia con la dictadura.

Un aporte para una búsqueda que continúa.

Vinculado a la complejidad en el abordaje, destina amplio espacio al relato y el análisis de las dos disidencias que se produjeron en relación con las decisiones de la contraofensiva. La primera encabezada por Rodolfo Galimberti y Juan Gelman y la segunda dirigida por Miguel Bonasso y Jaime Dri. Toma nota de sus críticas por la falta de democracia interna y la carencia de disposición de la conducción para cualquier debate.

En el lapso posterior a las últimas acciones de la contraofensiva da también lugar a las reflexiones de quienes en México se habían alejado de Montoneros después de mantener posiciones afines. Allí arranca la corriente que confluye en la condena a cualquier manifestación de violencia política y toma a la democracia, sin ningún adjetivo, como el horizonte excluyen de la lucha política.

Confino parece inclinarse por esa interpretación de la historia, en línea con la “corriente principal” de la indagación sobre el período desde las ciencias sociales y la historiografía.

El estudioso intenta una interpretación integradora, de modo de relacionar esas operaciones con todo el devenir de la organización, a partir de su retorno a la clandestinidad, ya en 1974. Destaca como causas de su fracaso la convergencia de la despiadada y eficaz represión dictatorial con el rechazo, o a lo sumo la indiferencia, con que la sociedad argentina recibió esas acciones.

Más allá de acuerdos y discrepancias, este libro constituye una contribución al conocimiento y al debate en torno a la actuación de las organizaciones armadas durante la dictadura.

Y más en general, al estudio de las orientaciones políticas y la repercusión en el conjunto social de las organizaciones de izquierda durante esos años terribles. No reemplaza a los testimonios, la memoria militante y las investigaciones periodísticas. Habrá que seguir por todos esos caminos para mejor comprender grandes hitos de nuestra historia reciente.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.