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Los legisladores del PRD tienen que obedecer la lucha social

Fuentes: Rebelión

1. El PRD no es un partido de izquierda, mucho menos anticapitalista; sin embargo sus luchas contra las formas de dominación política y económica de los gobiernos del PRI, del PAN y de los empresarios, así como su posición ante asuntos internacionales y acerca del monopolio que ejercen los medios masivos de información, lo hacen […]

1. El PRD no es un partido de izquierda, mucho menos anticapitalista; sin embargo sus luchas contra las formas de dominación política y económica de los gobiernos del PRI, del PAN y de los empresarios, así como su posición ante asuntos internacionales y acerca del monopolio que ejercen los medios masivos de información, lo hacen aparecer como un partido de centroizquierda que coincide con los intereses populares en estos momentos. Pero lo más importante es que el PRD y su líder, Andrés Manuel López Obrador (AMLO), es el que mayor presencia de masas ha logrado en los últimos cuatro años. Sin los masivos movimientos encabezados por AMLO, los legisladores serían casi nada: sólo el 16 por ciento de los votos. ¿Pueden «olímpicamente» deslindarse éstos del movimiento social para poner énfasis en las negociaciones y los acuerdos?

2. Carlos Navarrete, el coordinador de la bancada del PRD en el Senado mexicano, acaba de declarar a La Jornada que al asumir el 20 de noviembre Andrés Manuel López Obrador (AMLO) como presidente legítimo se presentarán algunos problemas. Acepta que «presidente y legisladores son partes fundamentales de un movimiento de resistencia y que hay corresponsabilidad en las decisiones políticas». Pero pregunta: ¿qué hacer frente a las ternas para integrar el tribunal electoral? Legalmente nos corresponde resolverlo en el Senado; políticamente le corresponde al movimiento, junto con nosotros, tomar la decisión. Navarrete está preocupadísimo por las negociaciones y los acuerdos que deben tomarse en la legislatura y olvida que su misión es transformar el parlamento extirpando las prácticas corruptas y sumisas tradicionales.
3. ¡Cuidado! En cualquier negociación o acuerdo lo que cuenta más es la fuerza, nunca la razón. El PAN y el PRI no tienen fuerza de masas, pero sí de pesos, de muchos miles de millones. La fuerza del PAN y del PRI se las da el empresariado, los medios de información, el alto clero. ¿Creen insulsamente los legisladores perredistas y del Frente Amplio Democrático (FAP) que las negociaciones son un asunto de habilidad política, de argumentos coherentes y que la lucha en las calles es secundaria? Quizá haya uno o dos legisladores con «personalidad avasalladora», que no hayan necesitado el apoyo de su partido o de su empresa, pero el 99 por ciento llegó al cargo por la selección, la presencia y los dineros de su partido. Los «mayoriteos» en las Cámaras se dan por no existir un movimiento de masas fuerte y consecuente, no por maldad de los enemigos.

4. En el «parlamentarismo» burgués todo se negocia y se acuerda a espaldas de la población. Si la propuesta, por ejemplo, es privatizar la electricidad, cambiar la ley del trabajo o imponer el IVA a medicinas y alimentos, basta con que el partido mayoritario haga la propuesta y compre a legisladores de partidos cercanos para que ésta se apruebe. Los partidos minoritarios salen llorando su derrota como si antes no supieran el papel de legitimadores que cumplen. ¿En «Otro parlamento» qué sucedería? En primer lugar todos los legisladores estarían comprometido en serio con el movimiento de masas, sus partidos emplazarían al gobierno y cumplirían; las masas al conocer el camino estarían siempre apoyando. ¿Qué harán los medios de información comerciales? Desprestigiar y calumniar al movimiento social. Ante ello: crear los medios alternativos de masas.

5. ¿Qué acuerdos van negociar los señores legisladores o gobernadores perredistas que no sea los que les corresponde de acuerdo a la ley? El gobierno de Felipe Calderón (FECAL) no podrá autorizar un presupuesto económico inferior al que a una entidad o institución corresponde ni negar que éste aumente si se fundamenta y se moviliza a la población para exigirlo. Tampoco podrá otorgar privilegios a los panistas si se denuncia y se demanda. No olvidar que en México ha sido vergonzosa la posición reptil o sumisa de los funcionarios ante sus superiores. Los legisladores no tienen que negociar ni llegar a acuerdos para que se aprueben presupuestos o gastos fuera de la ley. Si los gobierno de la ciudad de México, de Zacatecas o de Michoacán son fuertes, porque la población los apoya, ningún FECAL o legislador podrá actuar contra ellos, … al contrario.

6. Aunque las leyes y las Constituciones las hacen las clases dominantes ninguna puede decir que el presidente de la República debe favorecer a su partido y perjudicar a los que no piensen como él, o que las instituciones deben estar a su servicio. El PRD, al desconocer al presidente de la República y las instituciones que manejan a su antojo, no comete delito alguno. FECAL será reconocido como presidente por las instituciones mexicanas y por gobiernos extranjeros, pero nadie más tiene la obligación de reconocerlo o desconocerlo, a no ser por una posición política. Si ha una persona le otorgan un trabajo o nombramiento será porque lo necesita o se lo merece, no se lo debe a nadie. Los legisladores sólo tienen la obligación de analizar, convencer, propagar sus puntos de vista, denunciar, lograr que la población se movilice y ganar si pueden.

7. En el viejo parlamento corrupto, que siempre ha perseguido beneficios para partidos, grupos y personales, se realizan alianzas sin principios, se organizan negociaciones inconfesables y se firman acuerdos tras bambalinas. En el nuevo parlamento deben ponerse en primer lugar los principios, esto es, los intereses de los pobres y explotados: defensa de la producción, del empleo, de los salarios, de la soberanía, de la solidaridad, de la participación democrática, de la paz con justicia, de la igualdad de derechos, etcétera. Los legisladores deben ser muy capaces e inteligentes para argumentar y realizar propuestas, también hábiles para negociar y llegar a acuerdos en problemas muy prácticos, pero no pueden tocar problemas básicos como la ley indígenas, la ley Televisa, la privatización de los servicios de salud o alguna medida sobre seguridad.

8. En conclusión: no debe haber ningún conflicto o contradicción para que legisladores, gobernadores y autoridades municipales del PRD desempeñen su función frente a instituciones y una Presidencia de la República desconocidas por la Convención Nacional Democrática (CND) La lucha del PRD debe ser por cambiar radicalmente las tradicionales formas de dominación y gestión -como las negociaciones y los acuerdos- con la participación de la lucha popular. En la medida que esta lucha se fortalezca la fuerza de los legisladores del FAP en el parlamento será más respetada. Ningún legislador debe permanecer al margen de las movilizaciones, al contrario deben ser ellos quienes las encabecen. ¿Podrán el PRD y el FAP cambiar sus formas de hacer política y resistir los cañonazos millonarios del poder? Entre tanto, hay que seguir observando.