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Madero, por pacifista, se negó a desarmar el ejército de la dictadura; a los dos años fue derrocado y asesinado

Fuentes: Rebelión

1. López Obrador, que parece hoy que al fin obtendrá la Presidencia de México por las elecciones de julio de 2018, ha repetido mil veces que no es vengativo y perdonará a todo mundo de la política, los militares y hasta a los narcotraficantes. Quizá se podría decir que los militares fueron simples obedientes y […]

1. López Obrador, que parece hoy que al fin obtendrá la Presidencia de México por las elecciones de julio de 2018, ha repetido mil veces que no es vengativo y perdonará a todo mundo de la política, los militares y hasta a los narcotraficantes. Quizá se podría decir que los militares fueron simples obedientes y los narcos aprovecharon y ayudaron a descomponer más al país; pero políticos como Salinas, Zedillo, Fox, Calderón, Peña y muchos más, ¿por qué perdonarles si ellos programaron y pusieron en práctica las políticas que hicieron cada año más miserable al pueblo causando la muerte de más de 500 mil mexicanos? Todas las cárceles del país están llenas de gente pobre que se robó unos pesos para comer, pero los políticos que ordenan, mandan, roban y asesinan, se les perdona porque, después de todo, pertenecen a la misma clase dominante.

2. Madero, el máximo dirigente de la revolución burguesa mexicana de 1910-11, no tuvo tiempo para arrepentirse de querer gobernar con el mismo aparato porfirista de dominación; más aún, para que los zapatistas y orozquistas (campesinos revolucionarios) se rindan exigió que entreguen sus armas al gobierno para pacificar al país. ¿Se había visto acaso a un revolucionario tan imbécil que ordene desarmar a sus compañeros para beneficiar a sus enemigos? Obviamente, al perdonar López Obrador a los asesinos, ladrones de los desgobiernos, no es exactamente lo que Madero hizo, pero hay que tener muy en cuenta que en el capitalismo el dinero y el individualismo mandan. El tonto Madero fue calumniado y apresado en 1913, encarcelado y después asesinado conforme a «la ley fuga» ideada por los yanquis a partir del Pacto de la Embajada.

3. Nunca he dudado que el famosísimo Chapo Guzmán es menos hijo de puta que cualquier político de los altos mandos. Mientras el Chapo debe andar «a salto de mata», escondiéndose, disfrazándose y cuidándose de traiciones, los altos gobernantes dedican todo su tiempo a realizar negocios en lujosas salas, a acumular gigantescos capitales en paraísos fiscales y a dar órdenes para que se haga todo según sus deseos. A todos los expresidentes debe juzgárseles para aplicarles la ley que seguramente los llevará a la cárcel. ¿Qué tonto pensaría o diría que es por venganza cuando casi todos en México saben que es por justicia contra los cinco fantásticos, los ex del PRI y el PAN? Me los imagino con su uniforme de rayas blancas y negras queriendo dar órdenes a sus antiguos subordinados.

4. El jefe de esa hamponería, o como dicen: el jefe de capos durante 30 años, sigue siendo Salinas. No solo por lo mucho que desfalcó en el país él, sus hermanos y amigos que alcanzaron acumular cientos o miles de millones de pesos, sino esencialmente por la política privatizadora, el neoliberalismo, que impuso desde el sexenio anterior de Miguel de la Madrid (1982-88). Salinas -con la participación directa de los dirigentes del PAN (Fernández de Cevallos, Carlos Castillo y Luis H. Álvarez) ordenó la privatización y reprivatización de: tierras, bancos, paraestatales, estrechó relaciones con el Vaticano, etcétera. Salinas le llamó «liberalismo social» y el PAN declaró: «al fin el presidente Salinas del PRI está aplicando nuestro programa histórico privatizador, como si quisiera robárnoslo». Salinas resucitó al PAN y lo colocó por el camino de los cargos.

5. La realidad es que el presidente Zedillo (1994/2000) -que surgió como suplente de la candidatura presidencial al ser asesinado el candidato Colosio y, por lo tanto, no había sido preparado por el PRI para el ejercicio presidencial- parece opacar ante la «viveza» de sus colegas del PRI y el PAN. Zedillo -el que nunca traía «cash»- se destapó con la llamada crisis de diciembre, preparó el gigantesco fraude de Fobaproa, fue quien buscó atrapar mediante un traición al líder Marcos del EZLN; fue Zedillo quien vendió ferrocarriles a los yanquis y entregó el gobierno del PRI al panista Fox. A pesar de su larga lista, fue ampliamente superado en latrocinios y asesinatos por Fox, Calderón y Peña. Ninguno de esos políticos merecen perdón alguno si se contabilizan con justicia todas sus fechorías.

6. Por ello me preocupa que AMLO perdone al «jefe de capos», Carlos Salinas y sucesores en la Presidencia: Escribe mi amigo Jenaro Villamil: «De los 19 gobernadores priistas que acompañaron a Enrique Peña Nieto en su toma de posesión en diciembre del 2012, 11 se enfrentan a cargos por corrupción. Tan sólo en el caso de Javier Duarte, ex mandatario de Veracruz, la Auditoría Superior de la Federación ha calculado irregularidades en 36 mil millones de pesos del presupuesto. En Chihuahua, el ex mandatario prófugo César Duarte dejó al menos 1, 200 millones de pesos de desvío de fondos. Y el ex gobernador de Quintana Roo, Roberto Borge, es acusado por presunto quebranto que asciende a 900 millones de pesos, sólo por la compra-venta ilegal de terrenos, sin incorporar los 2,700 millones de pesos de desvíos de recursos que documentó el Congreso» ¿También estos deben ser perdonados?

Blog del autor: http://pedroecheverriav.wordpress.com

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.