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México: autonomías de norte a sur en escenarios violentos

Fuentes: La Jornada

El libro México: autonomías de norte a sur en escenarios violentos (IWGIA-El Colegio de Michoacán, 2026), coordinado por Araceli Burguete Cal y Mayor y María del Carmen Ventura Patiño, es muy pertinente para la academia y las luchas y resistencias de los pueblos originarios. 

La obra cubre procesos en 16 estados de la República de norte a sur y 29 pueblos indígenas, a partir de un acucioso trabajo de campo y la revisión de archivos históricos, agrarios, hemerográficos y documentales, en un contexto de múltiples violencias, ocasionadas por la recolonización de los territorios por parte de las corporaciones del crimen organizado, la militarización, el paramilitarismo, la contrainsurgencia y sus impactos en la vida autonómica de base comunitaria. Esta problemática ha sido analizada desde lo que se ha considerado como acumulación militarizada-delincuencial, necropolítica, necrocapitalismo, neoextractivismo, dispositivos de miedo y pedagogías del terror, capitalismo caníbal, entre otros sugerentes términos y conceptos. 

Se trata de un trabajo colectivo de 332 páginas, con 14 capítulos y una introducción. Las autoras y autores cubren un perfil doctoral en las ramas de la sociología, antropología, ciencias políticas y sociales, historia, educación, desarrollo rural, estudios regionales, conformando un colectivo de investigación con visible compromiso ético, inmerso en las temáticas de los pueblos indígenas y sus territorios asediados por la violencia sistémica y multidimensional, marcada por el despojo y la apropiación de la propiedad social, el saqueo de sus bienes naturales, la imposición de megaproyectos, la militarización y la economía criminal propia de la actual fase de acumulación capitalista. El libro desarrolla las respuestas de los pueblos desde los procesos autonómicos aplicados a los autogobiernos y los sistemas de seguridad, en defensa de sus derechos, bienes y territorios. 

La obra en comento nos ofrece un panorama actualizado de la compleja y difícil realidad por la que atraviesan los pueblos originarios que, como se asienta en la introducción, son propietarios y poseedores de poco más de 12 por ciento del territorio nacional, principales asientos de la biodiversidad y donde se ubican la mayoría de las presas hidroeléctricas, cabezas de cuencas hidrológicas, minerales, distintos tipos de bosques y selvas y, en consecuencia, “son el centro de las disputas con distintos actores de economías legales e ilegales, que explican la existencia de más de 500 conflictos denominados socioambientales o socioterritoriales del país.” 

Una característica del libro es el manejo del concepto de autonomía como instrumento de resistencia de los pueblos frente a una ofensiva de violencia exacerbada, más allá de otras formas de autogobierno. En ese sentido, la construcción del sujeto autonómico en los pueblos originarios del continente americano ha tenido flujos y reflujos, y se ha enfrentado permanentemente a la oposición y represión de los gobiernos y los poderes fácticos; no obstante, estos procesos se acumularon en la memoria histórica de los pueblos indígenas. En esa memoria están la resistencia, muchas veces heroica, a la dominación y explotación y la lucha constante por el respeto a sus formas tradicionales de organización política, a sus manifestaciones culturales y religiosas, que atraviesan los capítulos. Una a una, estas historias contribuyeron a la consolidación de las demandas, hasta arribar a los actuales gobiernos autónomos. 

Sin embargo, si quisiéramos situar en una fecha determinada la aparición de la gesta histórica por los autogobiernos indígenas, hay que remontarse al movimiento aymara y pachacuti que sacudió las formas de organización política en Bolivia en el año de 1952. Asimismo, el establecimiento constitucional de un régimen de autonomía regional en la costa Caribe de Nicaragua, en 1987, tuvo impacto a nivel continental en la medida en que mostró que las autonomías constituyen una alternativa viable para que los Estados nacionales respondan a las demandas históricas de los pueblos y puedan remontar situaciones de conflicto, incluso armado, que ocurren en naciones con población pluriétnica. 

Las coordinadoras y autores destacan por su compromiso con los sujetos investigados, su entereza en el cada vez más riesgoso trabajo de campo, su rigor analítico y su claridad en la escritura de cada capítulo. Sin duda, esta obra será de consulta obligada en las instituciones superiores de enseñanza de las ciencias sociales. Asimismo, su lectura sustenta los diagnósticos críticos de los gobiernos autoconsiderados progresistas que, como el actual, se han apropiado de los reclamos de los pueblos y aplican “políticas de apoyo social que constituyen la nueva cara de las relaciones clientelares y alimentan una cultura asistencial que despolitiza, desmoviliza y descentra la mirada de las contradicciones estructurales”. Enhorabuena, colegas.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.