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El escritor Jesús Aller publica el poemario Los libros muertos (Ed. KRK)

«Mi opción personal es integrar anarquismo y budismo»

Fuentes: Rebelión

Un lagarto, una mosca, un grillo, un reptil y un sapo, «asquerosos seres, para mi alma sois hermosos», porque «todo es armonía y belleza en la naturaleza». Son versos de la primera etapa de Miguel Hernández -poeta y pastor en Orihuela-, antes de su primer viaje a Madrid en 1931. La cosificación y mercantilización del […]

Un lagarto, una mosca, un grillo, un reptil y un sapo, «asquerosos seres, para mi alma sois hermosos», porque «todo es armonía y belleza en la naturaleza». Son versos de la primera etapa de Miguel Hernández -poeta y pastor en Orihuela-, antes de su primer viaje a Madrid en 1931. La cosificación y mercantilización del ser humano en el capitalismo industrial, que el filósofo freudomarxista Herbert Marcuse abordó, entre otras obras, en Eros y civilización (1955) y El hombre unidimensional (1964); y la contemplación de la propia mente -la meditación-, así como el sentimiento de compasión según el enfoque budista. Son ideas que vertebran el poemario Los libros muertos, de Jesús Aller (Gijón, 1956), editado por KRK en septiembre de 2019.

El autor sugiere estas fuentes en una entrevista realizada en el periódico La Nueva España, el pasado 24 de octubre, por el periodista Tino Pertierra. Las ideas libertarias, el poder liberador de la palabra, la razón («entendida con una formulación radical, que no rechaza el misticismo») y los textos Upanishad sagrados del hinduismo («la unidad del ser y su naturaleza consciente y bienaventurada») también han influido en el poeta, cuenta la entrevista, en la que Aller apunta el eje de Los libros muertos: «Estoy al lado de los que luchan por un arte que no sea una celebración de la impostura de los vencedores».

Jesús Aller impartió clases de Geología e investigó en la Universidad de Oviedo durante cerca de 40 años. Es colaborador habitual del periódico Rebelion.org, en el que escribe reseñas literarias y artículos. En el último apartado de Los libros muertos, titulado Cartas de navegación, detalla los orígenes del poemario, un día de diciembre de 2017 en el que pesaba el desasosiego: «La recurrente idea del mar-cementerio, caos primigenio que resuelve el destino, anhelaba una forma» (3.116 migrantes murieron en el Mar Mediterráneo durante 2017, según las estimaciones mínimas de la Organización Internacional para las Migraciones de Naciones Unidas). No había publicado poesía en los cinco años anteriores. El libro recoge 210 poemas -principalmente sonetos, en sus variantes inglesa e italiana-, de los que 194 fueron escritos en sólo cinco meses. Además introduce la rima, consecuencia de las lecturas de Baudelaire, Rubén Darío y Miguel Hernández.

El autor dedica versos al Mediterráneo (convertido en un vasto cementerio / de los planes de ajuste estructural / y las guerras salvajes del imperio»); al poeta y la ciudad; la beatitud; el colonialismo; la meditación; el miedo; la música; el borrego dorado; a la guerra social; la fiebre; el silencio del alma; el apoyo mutuo; el maltrato animal; 1789; el suicida feliz o la historia oficial. También en Los libros muertos Jesús Aller concluye sobre el imperio del capital: «Y en el lugar que el corazón tenia, / palpita una moneda dura y fría»; o escribe en torno al neoliberalismo: «En un mundo salvaje y desigual / es un crimen dejar solos a seres / indefensos, que turbios mercaderes / con engaños arrastran del ronzal». Acerca de un anarquista: «Él descifró el coro de batracios / que ampara y justifica la miseria, / y vio sus raíces en la infame feria / de la casta que habita los palacios». O en relación con el Estado: «(…) Es la lóbrega cadena / que el poderoso impone al sometido, / y que éste acepta sólo adormecido / por la ignorancia que su mente aliena».

Hace un mes el poeta presentó el texto en la librería alternativa y Centro Social Autogestionado (CSA) La Libre, de Santander; en la conferencia introdujo claves de su ideario político y literario. La opción personal de Jesús Aller consiste en la integración del anarquismo -las ideas libertarias de transformación social- y el budismo, «como elementos que suman fuerzas». En cuanto a su poesía, apunta como origen una «inquietud existencial»; pronto se apoyó en el budismo y empezó a utilizar sus métodos de higiene psicológica -la meditación-, que considera muy valiosa para «poner en evidencia las trampas que -continuamente- nos hacemos». Con el tiempo, añadió en los versos la crítica a la mentalidad y rituales que impone el capitalismo, lo que le condujo a la ideología anarquista «como alternativa más prometedora de organización social». Otro aspecto central, resalta Aller en el CSA La Libre, es la contemplación de la naturaleza, «en la que se hallan todas las respuestas».

De hecho Los libros muertos también puede leerse, según el autor, como el contrapunto entre diferentes actores: árboles, pájaros y otras «criaturas maravillosas»; y por otra parte caciques, mandarines y jefes de estado «de variados pelajes». Jesús Aller materializa en versos la esencia del poemario, de modo que libros muertos son «relatos que nadie puede escuchar, perspectivas rotas, pensamientos decapitados, luz que agoniza»; y sobre todo, «tierra desvalida de las víctimas y sus derrotas y oropel de los vencedores, ruido de mentiras». Pero la colección de poemas no es sólo «el fracaso ruidoso que nos aturde desde cada esquina que el poder conquista y controla», sino también, comparte con el auditorio de La Libre, la esperanza de construir «otro mundo necesario y posible».

El escritor asturiano publicó en 2002 el libro de viajes Asia. Alma y laberinto, una crónica de siete años de ruta estival por India, China, Nepal, Birmania, Camboya, Rusia, Jordania, Siria o Turquía (en la mochila, revela Aller en la introducción, le acompañaron dos ideas esenciales: el culto a la razón y la compasión por todos los seres vivos; además indagó en el sentido del ser, recorrió la senda de Buda, el filósofo chino Chuang Tzu «y nos encontramos cara a cara con los que encarnan hoy las esencias del Dharma y el Tao»). Después de los poemas vanguardistas de los años 80, vio la luz el poemario Recuerda, de 2004, en el que combina verso, prosa y fotografía. El lector puede adentrarse en las profundidades del Camino: «Si la vida es un viaje, no lo dudes, / mejor cuanto más lejos. / Pero al final resulta lo más hondo / el latir de un recuerdo. / Cansados del camino, descubrimos / que todo ha sido un juego, / que tras el horizonte sólo hallamos / lo que llevamos dentro. / Si todo es un regreso, / ¿por qué tenemos miedo?»; o permanecer en la prosaica Mentira: «El perímetro de la ciudad es una línea de destrucción y miseria. La codicia alimenta monstruos por todas partes, cada minuto inmola a decenas de niños».

Publicó el siguiente libro, Subhuti. Fragmentos de una vida, en 2006; al igual que los dos anteriores, fue editado por Los Llibros del Pexe. Consiste en la traducción al castellano de la autobiografía de Subhuti, monje que vivió en la India en los inicios del segundo milenio, y que, destaca Jesús Aller, «se debatió toda la vida entre la fe budista y la adhesión a los misterios de Venus». Alumbró un nuevo poemario, Los Dioses y los Hombres, en 2012, cuya impresión se cerró en el aniversario de la derrota de la Comuna de París (mayo de 1871); el autor evoca la experiencia revolucionaria en la siguiente estrofa: «En aquel raro sueño, los hombres y mujeres / amaban y vivían sin sufrir ataduras. / Todo se compartía, todo se razonaba / sin patrias ni fronteras, sin parias ni parásitos».

En Los Dioses y los Hombres (Ed. KRK), dedica un poema a la meditación del Buddha, y compone versos sobre una Venus Calipigia, Dyónisos, Shiva Nataraja, Siddharta o el amor libre; combina estas poesías con su perspectiva de la Historia de España: «Unos pechos secos y un niño que muere de hambre en brazos de su madre, y un hombre al que traen al hogar con una herida en el vientre»; los poemas CNT 1910-1920; Octubre asturiano; Soberanía del pueblo o acerca de Los perros de la guerra forman parte de la recopilación. También es un libro de contrastes. Así, la imagen de la Venus Lubentina es «impar e indescifrable, toda tú resplandeces en la llama del cuerpo que se entrega gozoso». Otra cuestión es el Siglo XX, «que rebosa todo él sangre y mierda, dolor y mentiras: el siglo del desastre tras el siglo del dolor esperanzado», escribe.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

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