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Reseña de La quimera de la creatividad. La deriva ideológica de la neurociencia, de Daniel Inglada, Manuel Villar y Oriol Leira.

Neurociencias y neoliberalismo, el paradigma de la creatividad

Fuentes: Rebelión

Michel Foucault propuso una manera interesante de entender la filosofía: como una ontología de la actualidad. El libro que nos ocupa hay que situarlo en esta dimensión. Los tres autores, que forman parte de la Asociación Filòsofs de la Gleva, nos ofrecen un análisis coral de lo que significa hoy el imperativo de la creatividad. […]

Michel Foucault propuso una manera interesante de entender la filosofía: como una ontología de la actualidad. El libro que nos ocupa hay que situarlo en esta dimensión. Los tres autores, que forman parte de la Asociación Filòsofs de la Gleva, nos ofrecen un análisis coral de lo que significa hoy el imperativo de la creatividad. ¿Por qué nos presionan tanto por ser creativos y nos culpabilizan por no serlo? O mejor dicho, por no creernos creativos. Porque, como bien señala el ensayo, la creatividad es una cortina ideológica detrás de la cual puede haber únicamente una cortina de humo, un semblante, una apariencia detrás de la cual se esconde una sociedad efímera, precaria y conformista. Todo ello conformando una ideología, y aquí seguiremos a Marx, que lo que pretende es legitimar el capitalismo tal como lo define el neoliberalismo. 

El otro gran tema del libro es, como dice el subtítulo, «la deriva de la neurociencia». Siguiendo lo que plantea el sociólogo anglofoucaultiano Nikolas Rose, estamos pasando de una sociedad obsesionada por la mente (la del poder de los psicólogos) a otra obsesionada por el cerebro (la del poder de los neurocientíficos). Desde una opción fuerte que identifica la mente con el cerebro se está proponiendo que podremos ir modelando nuestro cerebro a la carta. La paradoja es si esto nos llevará, como dicen los autores siguiendo al filósofo Markus Gabriel, a un determinismo que niegue la libertad y la responsabilidad, o bien (como sugiere Nikolas Rose) a una idea en que cada cual (el que se lo pueda pagar, claro) podrá diseñar un cerebro según sus deseos. Es decir, que aparentemente seremos libres de tener el cerebro que se conforme a nuestros deseos. Lo cual significa (en la medida en que identificamos la identitad personal con nuestro cerebro) que podemos decidir nuestra identidad. La pregunta es, entonces, quién decide quienes queremos ser. Como sugieren los autores siguiendo una sugerencia de Nietzsche, igual la creatividad («inventémonos a nosotros mismos») va ligada a la credulidad. Y es el Otro social el que está decidiendo por nosotros. También aquí recojo su sospecha de bajo la retórica de la máxima libertad podemos encontrar la máxima manipulación, porque es la misma idea de verdad la que puede sacrificarse.

En cualquier caso, y en esto coincido totalmente con el sentido del libro, esta ideología tiene como consecuencia la reducción de nuestra mente a un puro entramado neuronal en el que no cabe el pensamiento crítico.

El libro está estructurado en cuatro capítulos. Se intuye que los tres primeros están escritos por cada uno de los autores, pero está bien que no los firmen individualmente para insistir en su carácter coral. Democratización, paradojas y dispositivos de la creatividad son tratados de una manera ágil y sugerente. Se señalan los tres ámbitos donde se aplica esta ideología de la creatividad: familia, escuela y empresa y los efectos que tienen en ellos y en la sociedad en general.

El cuarto si parece más la puesta en común de una conversación a tres e incluye unas reflexiones finales que incluye un epílogo (a modo de conclusión) y unos matices sobre el tema de las neurociencias, para el que aplican muy certeramente el término «nudo gorgiano».

El libro está bien escrito, es claro y riguroso. Tiene un valor básicamente introductorio, la de abrir un horizonte para abordar una serie de problemas ético-políticos contemporáneos que en España están poco trabajados, como la cuestión del impacto de las neurociencias desde la perspectiva ideológica en que se las sitúa. Al mismo tiempo me parece muy novedoso y original el tratamiento de la creatividad.

Mi crítica es que hay demasiadas citas, muchas de ellas de autores menores. Veo a faltar, en cambio, muchas más referencias a Nikolas Rose, que ha trabajado en profundidad el tema del impacto ideológico de las neurociencias y del paso de la sociedad de la mente a la sociedad del cerebro. También me hubiera parecido interesante recoger los trabajos de Catherine Malibou, filósofa francesa que ha tratado el tema de la plasticidad neuronal en una línea parecida. Y a Michel Foucault, que no deja de ser el inspirador de mucha de las reflexiones sobre el paso de las sociedades disciplinarias a las sociedades de control y el creador del término de la «biopolítica» como administración de la vida. Esto no deja de ser, por supuesto, una opinión y no invalida en absoluto la consistencia del ensayo.

En todo caso me parece un libro muy aconsejable y esperemos que dé paso a otros que nos permitan profundizar más en muchos de los temas apuntados.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.