Alejandro Carpio (San Juan, Puerto Rico, 1980) es actor, dramaturgo y narrador. También es hispanista y docente-investigador en la Universidad de Puerto Rico, Recinto de Cayey. Realizó estudios de Bachillerato en Literatura Comparada en la Universidad de Puerto Rico, Recinto de Río Piedras. En dicha entidad universitaria completó su doctorado en Estudios Hispánicos. Su novela El papel de la lija (2012) fue reconocida con el Premio Latinoamericano de Novela Alba Narrativa 2011, otorgado en la XX Feria Internacional del Libro de Cuba. Por años, ha formado parte del grupo Teatro Breve y ha sido crítico literario de El Nuevo Día. Carpio ha contestado todas nuestras preguntas. Todas sus respuestas son para ser compartidas con todos vosotros.
– Wilkins Román Samot (WRS, en adelante) – ¿Es hora de exigir el fin del colonialismo y comenzar una conversación sobre reparaciones económicas en Puerto Rico y Estados Unidos? ¿Por qué?
– Alejandro Carpio (AC, en adelante) – Quizás siempre ha sido hora. De otra parte, no veo que exigir el fin del colonialismo conduzca a ningún lado, en la medida en que cualquier cambio en el estatus político de Puerto Rico es prerrogativa imperial, no asunto nuestro. Tampoco sé si convendría que estas discusiones se llevaran a cabo bajo la presidencia de Trump, quien ni ofrecería reparaciones ni procuraría dejar amparada a la isla en caso de que los gringos decidan deshacerse de nosotros. Con Gaza y Ucrania vemos que los “deals” que agencia Trump no dejan bien paradas a las partes.
– WRS – ¿Qué relación si alguna ves entre la migración de los puertorriqueños a los Estados Unidos y las innumerables oportunidades desarrolladas por el Congreso de los Estados Unidos para que las corporaciones estadounidenses exploten a Puerto Rico?
– AC – La tradicional: la explotación colonial que resulta de los experimentos económicos que se llevan a cabo en la isla redunda en mínimos beneficios a corto plazo, pero la dependencia provoca el brote de parásitos sociales, como el exilio. En la medida en que las corporaciones estadounidenses desplazan a pequeños y medianos comerciantes locales, se acelera el empobrecimiento de la sociedad, lo que activa la necesidad de migrar a los “estéis” con el sueño (americano o no) de subir la escala social. Obviamente no es la única explicación del exilio, pero encabeza la lista.
– WRS – ¿Cuál debería ser el rol de la academia y la sociedad civil puertorriqueña dentro de los Estados Unidos y Puerto Rico en la descolonización de Puerto Rico, si alguno? ¿Qué deberían hacer?
– AC – En un mundo ideal, los académicos prestarían sus talentos al servicio de la creación de una patria nueva y toda la vaina, pero no veo que puedan (podamos) tener voz o voto en la hipotética negociación de un proceso descolonizador. Ciertamente no tendrían voz y voto mis panas profesores de la APPU, aunque imagino la posibilidad de que las autoridades identifiquen a algún profesor pitiyanqui con corbata de lacito, de esos que hablan del progreso y usan espejuelos de pasta, dispuesto a colaborar con el “deal”; algún farsante cara-de-queso con función de “token” aparecerá, pero dudo que Trump (o su negociador Witkoff) contacte a algún intelectual serio de la isla para que cumpla un “rol” en ninguna decisión relacionada con un proceso de expulsión-descolonización.
– WRS – ¿Cómo el Comisionado Residente de Puerto Rico en el Congreso de los Estados Unidos y los congresistas de origen puertorriqueño podrían ayudar a resolver los problemas económico-sociales creados por la explotación de los Estados Unidos en Puerto Rico?
– AC – El puesto de comisionado residente no compone absolutamente nada y es una vergüenza nacional. Se trata de una beca de cuatro años para que elementos de la clase política boricua llenen su resumé antes de apostar por la gobernación. Tiene cero valor o función política y, bien mirado, es una desgracia que alguien se someta a colaborar con tal fiasco. Si Trump propone eliminar el puesto por consideraciones fiscales, yo lo apoyaría vocalmente y sin ambages. Eso, con respecto al comisionado residente. Los congresistas de origen puertorriqueño, a su vez, tienen ante sí otras prioridades, como financiar la guerra contra Rusia, dejar clara su ambivalencia con respecto al genocidio palestino y adelantar su “standing” dentro del partido, aunque eso implique hacer el ridículo frente al mundo. Me imagino, eso sí, que si en el hemiciclo federal se presenta alguna medida que pudiese ayudar económicamente a Puerto Rico, Nydia Velázquez, Darren Soto, Nellie Pou y AOC votarían por ella; incluso una persona como Ritchie Torres votaría por beneficios para la isla si sus donantes le dan permiso.
– WRS – ¿Por qué los movimientos de estadidad no han sido capaces de confrontar al imperialismo estadounidense en Puerto Rico y los Estados Unidos? ¿Qué deberían hacer?
– AC – El único movimiento de estadidad que reconozco es la tímida sugerencia de algunos demócratas de otorgarnos la estadidad a DC primero y luego a nosotros para ensanchar el margen electoral frente a los republicanos. Esa es la única conversación sobre estadidad que tiene sentido, y es ajena a las opiniones que puedan albergar los boricuas. No existe movimiento de estadidad real bajo la dirección de puertorriqueños por dos razones: en primer lugar, el PNP es una pandilla de títeres que se enriquecen del despojo y el truco, no un partido político con una visión de país o algo que se le asemeje; más importante aún es que como sujetos coloniales tenemos cero vela en este entierro (aunque sea el nuestro) y no puede haber “movimiento” hacia la estadidad porque it’s actually not our business. Siempre han provocado risa las expresiones inflamadas de “vamos a ir a reclamar nuestro derecho a ser parte de la nación americana”, puestas en boca de jíbaros enajenados por sus cadenas coloniales y absortos por el pitiyanquismo.
– WRS – ¿Qué ha hecho, si algo, la presidencia de los Estados Unidos, y los dos partidos políticos dominantes dentro de los Estados Unidos, el demócrata y el republicano, para mitigar el desastre que ellos y los estadounidenses ayudaron a crear dentro de Puerto Rico?
– AC – Consideremos los últimos cuatro turnos… Obama nos envió de vuelta al 1951 con un plumazo, años después de pisar brevemente la isla y gritar “poro-ricouuuu” delante de las cámaras mientras ensayaba un pasito de salsa, cosa que provocó múltiples orgasmos en la concurrencia de idiotas que fue a recibirlo. The Deporter in Chief, más elegante y sofisticado que los otros presidentes de mi vida, nos deportó en el tiempo y ahora, gracias a él, volvimos a ser colonia en todas las de la ley. Luego ocurrió la primera venida de la Bestia; Trump dejó evidente el desprecio imperial por esta islita caribeña trililí, que se rompe cuando pasa el viento. La crueldad republicana coincidió con la de la corrupción penepé bajo el sayo de María y se juntaron el hambre con las ganas de comer, y el resto es historia. So that’s that. Luego vino Biden, cuyo cerebro estaba en un grado avanzado de descomposición incluso antes de inaugurar, pero el cual fue degradándose diariamente de manera precipitada hasta que las funciones motoras del presidente, con todo y su inyección diaria de Adderall, se atolondraban de forma épica hasta en las entrevistas más chupamedias que los sistemas de propaganda demócrata le dedicaban. El Emperador Senil estuvo demasiado ocupado tratando de provocar una guerra termonuclear y financiando el genocidio como para prestarle atención a la isla. Y he aquí, lo and behold, que se cumplen las profecías bíblicas y regresa Trump. En su Segunda Venida, la Bestia se ha comparado a sí misma con McKinley (cosa que no le conviene hacer, considerando el fin violento que tuvo este). Puerto Rico pasa a manos gringas bajo la presidencia del primer McKinley en el 98, lo cual le otorgaría redondez y coherencia a la historia de la isla que el segundo McKinley, la Bestia apocalíptica en su segundo término, nos devuelva al mar.
– WRS – ¿Cuál sería la forma de que los puertorriqueños rompan con este ciclo de abuso del colonialismo estadounidense dentro de Puerto Rico? ¿Debería Puerto Rico y los puertorriqueños ser reparados económicamente por Estados Unidos?
– AC – Los puertorriqueños podrían organizarse y colocar administradores que pongan el desarrollo de una economía sostenible por encima del mantengo corporativo que tradicionalmente ha distinguido a nuestro gobierno, pero por el momento no vislumbro que esto vaya a suceder. Sobre las reparaciones: creo que fue en Race Matters que Cornel West se preguntó quién debería recibir reparaciones históricas primero, si los nativos americanos o los negros, aunque el Dr. West reconoce el elemento quimérico de este reclamo, por lo demás justo. Los nativos y los negros fueron objeto de genocidio y esclavitud; ningún nacionalista boricua, a menos que padezca de mentecatería y enajenación, ubicaría la situación puertorriqueña en medio de ese contexto, y Washington ha dejado claro que no le interesa considerar reparaciones a nativos y negros. ¿Deberían Puerto Rico y los puertorriqueños recibir reparaciones económicas? Sí, claro, pero yo no me sentaría a esperarlas.
– WRS – El economista francés Thomas Piketty considera que Francia debería reparar en más de 28 mil millones de dólares americanos a Haití. ¿En cuánto debería Estados Unidos reparar económicamente a Puerto Rico y a los puertorriqueños?
– AC – Su Majestad Imperial la Bestia Anaranjada se desternillaría ante la idea, pero si se me diera la oportunidad de escoger una cifra justa, diría que Washington me debe 15 millones de dólares por haber tenido que estar explicando nuestra relación colonial cada vez que viajo a otras partes del mundo a lo largo de las cuatro décadas y media que he estado vivo.
– WRS – Muchos puertorriqueños viven en la diáspora, bien en Estados Unidos como fuera de los Estados Unidos. Otros puertorriqueños han sido y son partícipes del saqueo estadounidense dentro de Puerto Rico. Todos, los primeros y los segundos son estadounidenses. ¿Por qué deben ser o no ser recompensados? ¿Son todos los puertorriqueños sujetos coloniales a los que se les ha robado su futuro en su propia tierra? ¿Se les debe devolver su futuro estén donde estén, sean quienes sean?
– AC – No creo que USA haya oprimido a los puertorriqueños ni les haya robado su futuro. Colonizado y sumido en una relación de dependencia, sí; oprimido como pueblo y quitado recursos, no. Puerto Rico, como famosamente explicó CLR James, “is just another West Indian island”, pobre y anegada en sargazos, y nuestra penuria no se hubiera esquivado de haber sido independientes desde 1898. La situación es complicada, porque los boricuas contamos con un privilegio que siempre deberíamos reconocer: el privilegio imperial, que pesa más que el privilegio blanco, el masculino, el heterosexual, etc. A la fecha de hoy, por ejemplo, un boricua no teme que ICE lo arreste y deporte a los gulags salvadoreños. Y así, otros beneficios de nuestro privilegio. Por ejemplo, nuestra música ha tenido éxito en el mundo entero no porque seamos mejores ni más talentosos que dominicanos, panameños, guatemaltecos o guyaneses, sino porque contamos con acceso directo a los mercados gringos. Esto el nacionalismo aguado tipo GFR Media, que depende económicamente de la ignorancia de nuestro pueblo y apela al bochornoso pecado del orgullo, jamás lo defenderá: el Boricuazo, Eduardo Lalo, Molusco y su estirpe viven de hacernos creer que somos excepcionales y “bendecidos”, pero yo prefiero acudir al llamado woke-católico de “reconocer el privilegio”, en este caso imperial, e identificar en nuestra turbulenta relación con Estados Unidos una negociación mediante la cual hemos salido bien parados en términos relativos (esto es, comparados con nuestros vecinos).
– WRS – Recientemente ha estado moviéndose un proyecto de Orden Ejecutiva para el reconocimiento de la soberanía de Puerto Rico por parte del Presidente de los Estados Unidos. ¿Qué le falta a ese proyecto de Orden Ejecutiva? ¿Qué defectos le ves a ese proyecto de Orden Ejecutiva? ¿Por qué los Estados Unidos merecen algo mejor? ¿Por qué Puerto Rico merece algo mejor?
– AC – En la orden se deja claro que los republicanos ven a Puerto Rico como una carga económica incómoda, algo que explicitó Trump luego del desastre de María, con una mezcla de asco y hartazgo. Ese es un defecto; otro, que por el momento nadie sabe a ciencia cierta si hay planes de tomarse en serio ese documento. Ya veremos.
Wilkins Román Samot, Doctor de la Universidad de Salamanca, donde realizó estudios avanzados en Antropología Social y Derecho Constitucional.
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