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Notas para una nueva agenda del proceso de cambio

Fuentes: Rebelión

Para debatir los elementos necesarios de una nueva agenda del proceso de cambio, es necesario tomar en cuenta el momento de crisis que vive el proceso en el Estado Plurinacional de Bolivia, así como la situación de los movimientos sociales y pueblos indígenas que, tras haber sido el actor histórico que ha posibilitado el actual […]

Para debatir los elementos necesarios de una nueva agenda del proceso de cambio, es necesario tomar en cuenta el momento de crisis que vive el proceso en el Estado Plurinacional de Bolivia, así como la situación de los movimientos sociales y pueblos indígenas que, tras haber sido el actor histórico que ha posibilitado el actual momento de transición entre lo constituyente y constitutivo y una vez llegado al gobierno y tras la Asamblea Constituyente, se han replegado a sus propios territorios y sectores. Los sectores populares en Bolivia generan propuestas sí, pero sin la capacidad o posibilidad de lograr articular propuestas globales para una transformación real del modelo de Estado y del modelo económico en Bolivia.

 

El aun no cerrado aunque si encauzado conflicto en torno al TIPNIS no contiene elementos novedosos no presentes en anteriores conflictos, pero si ha tenido la potencialidad de mostrarnos los límites y contradicciones principales del proceso de cambio.

 

Quizás la principal consecuencia del conflicto haya sido el desgaste sufrido por el Pacto de Unidad, manteniéndose un apoyo firme al proceso por parte de las tres centrales sindicales indígenas, CSUTCB, CNMCIOB «Bartolina Sisa» y la Confederación de Comunidades Interculturales de Bolivia, mientras que se ha dado un distanciamiento de la CIDOB y una parte del CONAMAQ. En ese sentido es urgente una rearticulación del Pacto de Unidad que no esté mediada por plataformas varias ni asesores blancos de clase media, con el objetivo de fortalecer un Pacto que tenga una interlocución directa y política con el ejecutivo y la Asamblea Plurinacional.

 

El conflicto nos ha demostrado como todos los actores están atravesados por lógicas del capitalismo y la modernidad, por lo tanto, y asumiendo que esos son los actores protagonistas del proceso de cambio en Bolivia, no debemos caer en la trampa de tratar de compatibilizar agendas sectoriales, pues si bien eso no es algo erróneo de por sí, solo lograríamos pequeños avances y precarios equilibrios. Debemos facilitar espacios de encuentro y de articulación política que logren consolidar una propuesta de agenda común, una agenda plurinacional para el proceso de cambio, los mínimos imprescindibles, pero también las líneas rojas que no se debieran traspasar en la Revolución Democrática y Cultural en Bolivia.

 

En ese sentido debemos recuperar no solo la Constitución, sino la propuesta del Pacto de Unidad a la Asamblea Constituyente, propuesta en la que además de una crítica radical al modelo capitalista, se proponía un Estado Plurinacional como modelo de organización política para la descolonización defendiendo un pluralismo democrático y jurídico, además de una defensa de las autonomías indígenas originarias y campesinas y del derecho a la tierra. Todo ello en el marco de un modelo participativo y plurinacional de toma de decisiones.

 

Necesitamos por tanto desarrollar desde esta propuesta un nuevo modelo de Estado, plurinacional, donde se complementen las distintas formas de democracia en una construcción participativa, y bajo un pluralismo jurídico en el marco de la profundización y el avance en el respeto a los Derechos Económicos, Sociales y Culturales, así como los colectivos.

 

Asimismo, necesitamos de una vez un cambio de modelo económico y de desarrollo, y esto pasa por profundizar en la nacionalización de los hidrocarburos y la redistribución del excedente, todo ello en el marco de un desarrollo de la Ley de la Madre Tierra, y bajo un nuevo Plan de Desarrollo Económico y Social plurinacional y del Vivir Bien, que nos permita pensar en una transición que provoque rupturas con el modelo extractivista y donde se refuerce la economía social y comunitaria bajo un modelo de soberanía alimentaria.

 

Todo lo anterior es urgente y necesario. No podemos perder la oportunidad histórica pues hacerlo sería dar paso a la derecha, aunque la misma se nos presente bajo amables caras reconductistas. Mientras los movimientos sociales y pueblos indígenas de Bolivia sigan asumiendo como suyo el gobierno boliviano, nuestra tarea es dar un apoyo crítico, pero firme, ante cualquier agresión al proceso de cambio. Nuestras posiciones deben ser claramente críticas con el capitalismo, el colonialismo y por supuesto anti imperialistas, pues solo desde estas posiciones será posible profundizar y radicalizar el proceso de cambio en el Estado Plurinacional de Bolivia.

 

Katu Arkonada es militante del proceso de cambio, ex asesor del Viceministerio de Planificación Estratégica del Estado