Katu Arkonada

Artículos

Un nuevo impulso a la integración latinoamericana debe pasar por recuperar y consolidar la CELAC.

Morena es un instrumento que ha cumplido el principal objetivo para el que fue diseñado, llevar a Andrés Manuel López Obrador a la Presidencia de la República.

Tras la pandemia, el mundo cambia ante nuestros ojos a velocidades aceleradas. La guerra entre Rusia por un lado, y Estados Unidos y la OTAN por otro, con Ucrania como teatro de operaciones, y expresada de manera distorsionada en los medios tradicionales, pero sobre todo, en las redes sociales, anuncia la consolidación de un nuevo orden geopolítico global.

Durante los últimos meses, Andrés Manuel López Obrador ha venido criticando a Estados Unidos por intromisión en los asuntos internos del país, debido al financiamiento que otorga a varias agrupaciones de la “sociedad civil”, pero con una activa participación en el golpeteo político y mediático contra el gobierno de López Obrador.

Se acerca la segunda vuelta de la elección ecuatoriana entre el candidato de la revolución ciudadana correísta Arauz y el banquero Lasso, y se aceleran las cosas en el eje conformado por Lenín Moreno y Estados Unidos, con sus servicios de inteligencia a la cabeza.

Al igual que sucedió en Bolivia, comienza a aflorar en la derecha ecuatoriana el discurso de un supuesto fraude electoral. Para ello han creado un “Observatorio para el control electoral” a cargo del exjefe de la Policía Nacional Mario Pazmiño, vinculado a los servicios de inteligencia estadounidenses.

Miércoles 6 de enero, una turba alentada por Trump y compuesta por diferentes sectores de la alt-right estadounidense asalta por la fuerza el Capitolio y realiza una performance que mostraba la descomposición de un régimen incapaz de cohesionar la comunidad política de un imperio en decadencia.

Se termina un 2020 que nos deja como legado más de 82 millones de personas contagiadas de Covid-19, y casi 2 millones de personas muertas por la pandemia.

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