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Pandemia, huelga, elecciones y golpismo

Fuentes: Rebelión

“El objetivo de este diálogo es confirmar la fecha electoral y suspender los bloqueos que están impidiendo el paso de oxígeno para los pacientes con COVID-19. Y por eso, este diálogo es por la vida”, declaró la mandataria del gobierno de facto Jeanine Añez (La Razón, 08/08/20).

Y no es para menos. La pandemia ha producido la muerte de más de 3000 personas y el contagio de más de 90,000 alcanzado a altos funcionarios del gobierno, con hospitales colapsados y el ex Ministro de Salud, Marcelo Navajas, preso por un escándalo de corrupción.

Esta cuestión ha repercutido en la popularidad de la presidenta Añez ya que el 59.8% de los bolivianos rechaza su gestión para enfrentar la pandemia mientras que el 65.2% desaprueba su gestión económica (Celag, 08/08/20). Y frente a las elecciones, la misma encuesta le da al candidato del MAS y ex Ministro de Economía de Evo Morales, Luis Arce, un 41.9% de intención de voto, mientras que Carlos Mesa y Jeanine Añez, tendrían el 26.8% y 13.3%, respectivamente.

Si Mesa no se posiciona seriamente en un segundo lugar, pues, podría perder en primera vuelta. Por tanto, necesita algún tipo de acuerdo con Añez. Según la misma encuestadora, Mesa podría ganar en el ballotage, pero necesita ubicarse máximo 10 puntos detrás del ganador.

Esta crítica situación es la que se presume motivó a la presidenta de facto a postergar por segunda vez la fecha de elecciones a través del Tribunal Supremo Electoral (TSE) para el 18 de octubre. Y así parece entenderlo una buena parte de la población que a través de la huelga indefinida convocada por la Central Obrera Boliviana (COB), desde el lunes 3/8, está apoyando el paro que tendría, según la CSUTCB, 128 puntos de bloqueo en seis departamentos: Cochabamba, La Paz, Oruro, Potosí, Santa Cruz y Beni, demandando adelantar la fecha de elecciones, la continuación del año escolar (cancelado por Añez), entre otros temas.

Es así como Bolivia vuelve a poralizarse entre el gobierno golpista y un sector de las masas plebeyas. Los primeros acusan al MAS y Evo Morales de estar detrás de un complot para “profundizar la crisis sanitaria” a la vez que denuncian a los dirigentes (la denuncia acusa que dichos bloqueos habrían ocasionado 34 muertos, porque no recibieron oxígeno), y amenazan con reprimir los bloqueos. No obstante, Evo y el MAS, están convocado al diálogo. “Por lo tanto, nosotros queremos acompañar una fecha que sea determinada a través del mecanismo del diálogo”, dijo Luis Arce (La Razón, 08/08/20).

“Los organizadores de la protesta dijeron que estaban permitiendo que los trabajadores y proveedores médicos y el combustible pasaran a través de los bloqueos. Pero los funcionarios de salud del gobierno dijeron que los bloqueos han reducido el suministro de oxígeno”, redactaron María Silvia Trigo y Anatoly Kurmanaev (NYT, 07/08/20).

Para el analista Pablo Stefanoni, “los bloqueos de organizaciones sociales, mucha de ellas parte o afines al MAS, muestran fuerza en las calles, pero debilitan la capacidad de irradiación de este partido hacia las ciudades y los electores dubitativos, -que podrían decidir darle una nueva oportunidad al MAS dada la enorme ineficiencia del Gobierno de Añez. Un mes y algo de postergación electoral no parece una razón suficiente para bloqueos radicales y, justo cuando el MAS necesita recomponer apoyo urbano, estos lo muestran insensible a la emergencia de la covid-19” (El País, 05/08/20). Según el analista Diego Von Vacano,” los bloqueos de carreteras son una forma común de protesta en Bolivia, pero durante la pandemia esto es un arma de doble filo que muchos van a ver como una amenaza a su salud”.

Por su lado, Orlando Gutiérrez, dirigente de la Federación Sindical de Trabajadores Mineros de Bolivia (FSTMB), señaló que “desde abril el pueblo cumplió la cuarentena rígida pero el Gobierno no hizo nada para atender la crisis sanitaria y que eso no es responsabilidad de los dirigentes. En ese sentido, planteó que tomarán nuevas medidas de lucha de manera más organizada ya que hasta ahora los trabajadores mineros no salieron a movilizarse”.

El gobierno golpista está asustado. Es consiente que su popularidad está en picada y que, si reprime, pues, puede producir la “chispa que encienda la pradera”. En su desesperación acaba de nombrar al “polarizante” y “separatista”, Branko Marinkovic, como Ministro de Planificación. En las rebeliones populares anteriores como las del 2003/2005, la intervención del proletariado minero, a punta de dinamitazos, fue determinante para la caída de los gobiernos de entonces, desarrollando un escenario insurreccional y de ascenso de Evo Morales al poder político.

Es cierto que los bloqueos le pueden restar votos de los electores en las ciudades al MAS. No obstante, lo que parece que no están valorando algunos analistas es que, si no se le arrincona al golpismo, pues, éste no va a convocar nunca a elecciones. Es más, con el golpismo en el poder político es una ilusión pensar en elecciones realmente democráticas y transparentes.

Para el NYT, “los disturbios en Bolivia podrían ser un presagio de lo que vendrá en otras partes de América Latina, donde los ciudadanos están perdiendo la fe en la capacidad de sus gobiernos para contener la pandemia y mitigar la crisis económica causada por las medidas de combate al virus”, (07/08/20). Y justamente, en su vecino, Perú, se están desarrollando estallidos sociales en la sierra (Espinar, Cusco), y la selva (Loreto), con el saldo de varios heridos y 3 muertos, respectivamente.

César Zelada. Director de la revista La Abeja (teoría, análisis y debate).

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