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Farenheit 9/11

Patada al sueño americano

Fuentes: Estrella Digital

Cuando uno termina de ver una película de Michael Moore se ve invadido por dos sentimientos. Por un lado, la incredulidad ante lo que acaba de presenciar, ante los despropósitos de los que son capaces algunos ciudadanos de los Estados Unidos de América. Por otro, la culpabilidad de haberse reído a gusto ante la visión […]

Cuando uno termina de ver una película de Michael Moore se ve invadido por dos sentimientos. Por un lado, la incredulidad ante lo que acaba de presenciar, ante los despropósitos de los que son capaces algunos ciudadanos de los Estados Unidos de América. Por otro, la culpabilidad de haberse reído a gusto ante la visión de dichos disparates. Y es que Moore aúna en sus películas una asombrosa capacidad para retratar la situación que quiere denunciar con un insuperable sentido del espectáculo que convierte en entretenida la situación más prosaica y en humorística la más trágica y preocupante. Moore, que por no ocultar no oculta siquiera sus propias intenciones y tendencias, es un genio cinematográfico en estado puro, tanto por su maestría técnica como por su mordaz sentido de la denuncia.

Y no sólo eso. Michael Moore ha sido capaz de ganar la Palma de Oro de Cannes con una película divertida. Fahrenheit 9/11 llega por fin a nuestras pantallas, convertida ya en película de culto tanto por sus virtudes técnicas y artísticas como por su capacidad de mostrarnos la otra cara de Bush, la más patética y retorcida. Como puro documental, Fahrenheit 9/11 es una pieza maestra de la cinematografía actual. A través de un cuidado guión y un excelente montaje, Moore cuenta con imágenes una historia que atrapa al espectador desde al primer al último fotograma. Moore es magnífico cineasta que consigue plasmar en una pantalla de cine ideas y situaciones del modo más brillante posible.

Pero sus documentales van mucho más allá de la perfección técnica. En sus películas, con imágenes reales y verdaderas, Moore demuestra lo que sugiere en sus libros. Y la realidad que nos muestra en tan aterradora que a uno le cuesta creer que lo que esté viendo sea cierto. Pero Moore no intenta agrandar la herida, sino que sabe recurrir al sentido del humor para que el impacto de sus documentales no sea irreparable. En Fahrenheit 9/11 asistimos a la historia de la Administración de George W. Bush desde un punto de vista que a veces parece surrealista, pero que trágicamente no lo es. Al ver la película, uno se pregunta en manos de quién demonios estamos. Y lo más terrible es que el muchacho puede volver a ganar.

Por muy cruda y terrorífica que sea, Fahrenheit 9/11 es una película indispensable, tanto por su calidad técnica y artística como por la cruzada que representa, esa cruzada que intenta evitar que la vida real se acerque lo más mínimo a esas películas como Alien o Blade Runner, donde unas compañías se hacen con el control del planeta. Sólo alguien como Moore puede plantear una película tan salvaje y brutal y dejarnos con la impresión de haber visto una comedia.

También con retraso llega hoy a nuestras pantallas Kill Bill 2, la segunda parte que completa el último proyecto del megalómano sin obra Quentin Tarantino. Ya dije en su día que me parecía desmesurado el metraje de este filme, que después de todo no trata más que de una simple venganza. Pero la segunda parte me gustó bastante más que la primera, por lo que supongo tendrá menos éxito en taquilla. En Kill Bill 2 hay menos peleas, menos acción, menos sangre, menos efectismo barato… elementos que casi desaparecen por completo para dar paso a unos personajes y situaciones más trabajados, e incluso a unos diálogos que sí son dramáticos, y no simples chácharas intrascendentes con aires de graciosas.

Lo mejor de la película vuelve a ser Uma Thurman, que es más actriz de lo que Tarantino muestra en sus imágenes. Y Michael Madsen y David Carradine son mejores rivales para una protagonista que por fin, cuatro horas después, lleva a cabo su venganza. Es una pena que un director con tamaña capacidad para rodar escenas violentas se pierda en tantos vericuetos y fuegos de artificio que sólo sirven para alargar innecesariamente lo que podría ser un clásico del cine de humor negro. Porque, hay que reconocerlo, con Tarantino por lo menos te ríes a gusto cinco o seis veces por filme.

Las mismas veces que en Isi&Disi, el que se supone estreno salvador de la cuota de pantalla del cine español en el 2004. La promoción de esta película ha sido una pequeña obra maestra del marketing, y son muchos los espectadores que quieren asistir a ese tipo de españolada que tanto se demanda y tan poco se ofrece. Isi&Disi cuenta la historia de un par de heavys de Leganés que hacen todo lo que se les ocurre para conquistar el corazón de una niña pija.

Los primeros diez minutos de película son realmente buenos, pero el problema es que la idea se agota en seguida. A partir del minuto 11 los chistes se repiten una y otra vez hasta ser totalmente previsibles. Además el humor se trata de una forma en exceso zafia y grosera. En lugar de trabajar los chistes se ha confiado en exceso en la vis cómica de Santiago Segura y Florentino Fernández, que se muestran incapaces de hacer reír con un material tan burdo, escatológico y excesivo incluso para los más osados hermanos Farrelli. Una pena de proyecto, que sin embargo apunta a convertirse en la película española más vista de la temporada.

De todas maneras, el gran estreno de la semana es Fahrenheit 9/11, una película que desde el amor más profundo a Estados Unidos denuncia y ridiculiza a su actual presidente, un magnifico filme que, junto a Spiderman 2, conseguirá reconciliar con el cine hasta a los más escépticos.

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