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Reacciones, ambigüedades, movilizaciones

Fuentes: Rebelión

En una semana agitada se destacaron las distintas actitudes frente al Fondo Monetario Internacional (FMI) y a los padecimientos de las mayorías populares.

“Nos sacaron la soga del cuello y empezamos a caminar. Ahora nos dan cuatro años para hacer las cosas bien.” Este pasaje pertenece a declaraciones del presidente Alberto Fernández al diario La Nación, a propósito de la aprobación del acuerdo de “facilidades extendidas” por el directorio del Fondo.

Pareciera que las argentinas y argentinos debiéramos anoticiarnos de que comienza un período afortunado para nuestra sociedad. Y de que de nuestro comportamiento depende la consumación de esa buena suerte, ya que nos queda tiempo para portarnos bien.

¿Querrá esto insinuar que fue el conjunto de la sociedad argentina la que se “portó mal” con anterioridad? ¿Qué fue esa mala conducta colectiva la que atrajo sobre nosotros la “maldición” de la deuda?

Pagar a como dé lugar

De un modo oblicuo, los dichos presidenciales eximen o atenúan la culpa del gran capital, cuyos personeros en el gobierno contrajeron la deuda y les permitieron una gigantesca fuga de divisas.

Lo que sí está claro es el camino a seguir, que el primer mandatario intenta cubrir por una retórica optimista: Pagar la deuda. Aunque eso acarree aumento de tarifas del gas y la electricidad. Y continuidad de la pérdida de poder adquisitivo de los ingresos de jubilados, receptores de prestaciones sociales y empleados del sector público. Entre otras imposiciones perjudiciales para las mayorías populares.

Todo bajo la severa vigilancia de las “misiones” que harán el monitoreo del cumplimiento del acuerdo y es muy factible que agreguen nuevas exigencias.

Las personalidades y agrupaciones cercanas a la vicepresidenta han hecho en las últimas semanas una retahíla de gestos críticos. Pero éstos no han incluido la actitud decisiva: El repudio de la enorme deuda, ilegítima y odiosa.

Sus rechazos de la negociación con el Fondo Monetario Internacional (FMI) navegan sobre el sustrato de que no quedaba otro remedio que pagar. Y que para ello se requería de algún acuerdo con el organismo internacional. Se supone que con plazos de pago más extensos y tasas de interés más bajas.

La aceptación de la enorme deuda contraída durante el mandato de Mauricio Macri queda allí.

Dos senadoras a las que se identifica con el “kirchnerismo duro” han realizado declaraciones que ponen de manifiesto los estrechos límites políticos del voto en contra al acuerdo con el Fondo.

La senadora Juliana Di Tullio manifestó: “Nuestra propuesta nunca fue no pagar. Mi jefa política, que es Cristina, es una pagadora serial Jamás estuvo eso en nuestros cálculos. Ni defaultear la deuda, que es imposible hacerlo con el FMI»,

Su par de la “cámara alta”, María Inés Pilatti Vergara, que también votó en contra del acuerdo, se ocupó de aclarar que lo hizo sólo porque sabía que la postura afirmativa ganaba. Manifestó que no lo hubiera hecho si su sufragio hubiera podido contribuir a que se cayera el entendimiento con el organismo.

Nadie en el kirchnerismo salió a rechazar estos dichos. Lo que hace pensar que comparten que el voto en contra fue un gesto simbólico, una suerte de declaración de principios, no una acción política congruente.

Por lo pronto, lo que los medios han bautizado “cristicamporismo” se mantiene en el seno de la coalición oficialista, y retiene los cargos públicos que detenta. Algunos de decisiva importancia, tanto en términos de peso en la toma de decisiones como de manejo de recursos.

Entre las marchas convocadas para el 24 de marzo, multitudinarias, hubo una diferencia clara. La llamada por el Encuentro Memoria, Verdad y Justicia tuvo la oposición radical al pacto con el Fondo entre sus consignas fundamentales. La liderada por La Cámpora prefirió no emitir mensajes críticos que tuvieran un sentido tan inequívoco.

Los dirigentes y agrupaciones del Frente de Todos críticas con el gobierno parecen complacerse en una política de ambigüedades, desenvuelta entre “camarillas”. En la dicotomía planteada por sectores cercanos a ellos, entre “moderación o pueblo” parecen por momentos optar por la primera.

Las especulaciones sobre el curso de evolución que tendrá la abierta disidencia entre las alas consideradas “albertista” y “cristinista” dentro del gobierno y la coalición oficialista resultan agotadoras. Los observadores de la política tan pronto prevén una ruptura definitiva como anotician de la inminente apertura de un período de negociaciones. Para “recomponer” la relación en la medida de lo posible.

Todo en un ambiente saturado por las previsiones acerca de las futuras elecciones presidenciales, pese a que reste bastante más de un año para la apertura de esa instancia electoral.

Una perspectiva oscura

Pareciera que la dirigencia política se esfuerza en esparcir la impresión de que los problemas de la sociedad no son su prioridad: Tiene la mirada siempre puesta en las elecciones y en la “construcción de poder”. No a modo de instrumentos para alcanzar objetivos más trascendentales sino como fines en sí mismos.

Mientras tanto la oscura perspectiva para las clases populares sigue ocupando el horizonte. En estos días hubo anuncios de INDEC acerca de que el porcentaje de desempleo había descendido al 7% (había llegado a un pico de 11%).

Pero la mayor parte del empleo creado es “trabajo no registrado”, un espacio social en el que predominan los bajos salarios y la privación de derechos. La “precarización” es un problema estructural que tiende a acentuarse.

En medio de la inflación creciente, otros indicadores de recuperación económica, como en la actividad industrial y las exportaciones, aparecen muy relativizados a la hora de recomponer ingresos y nivel de vida populares, golpeados desde al menos 2018. Y todas las previsiones coinciden que el alza de los precios al consumidor (IPC) para el mes de marzo seguirá en ascenso, por encima del 5%.

Estos son problemas que el gobierno no parece orientado a resolver. Salvo que se considere a las escasas medidas de la predicada “guerra contra la inflación” traerán soluciones.

Por supuesto que nada puede esperarse desde la oposición de derecha, en la que incluso se incrementa la presencia de los sectores más reaccionarios. El expresidente Mauricio Macri hace cada vez más incursiones públicas. En la más cercana se permitió un amplio elogio de la gestión presidencial de Carlos Menem. No se trata de negarle sinceridad a sus declaraciones.

La escena política representada por las coaliciones predominantes tiende a degradarse. En estos días se difunden encuestas en las que figuras como Patricia Bullrich o Javier Milei reciben niveles de adhesión muy elevados. La antipolítica “por derecha” se halla en ascenso.

No se pida lógica estricta. Que alguien “nacida y criada” en la actividad política, que ha detentado los cargos públicos más diversos, como Bullrich, pueda posar de outsider es un signo elocuente de que se navega en mares confusos.

A la izquierda ya no está la pared…

Mientras tanto, la muy numerosa convocatoria de la izquierda en el acto del 24 de marzo no hace más que ratificar el crecimiento de la presencia callejera de las agrupaciones de ese sector.

No sólo de las nucleadas en el FIT-U, sino de una multiplicidad, en buena medida comprendidas en la Autoconvocatoria por la suspensión del pago y la investigación de la deuda. Este último nucleamiento tiene la virtud de haber facilitado un espacio de convergencia en torno a un tema decisivo.

Un detalle no desdeñable es que hasta los medios de comunicación predominantes no pueden sino reconocer la incidencia creciente de la izquierda en el espacio público. Lo numeroso de las columnas del Polo Obrero es una constatación cotidiana. La habilidad discursiva y la buena resonancia popular de Myriam Bregman, otro aspecto que nadie niega.

Se hace evidente que vastos sectores son impulsados por el desgaste del “bicoalicionismo” dominante a buscar otros caminos. Y una parte los encuentra “por izquierda”. La perspectiva es de crecimiento de las organizaciones que se pronuncian en contra del pacto con el FMI y tienden a articular una perspectiva anticapitalista.

Para seguir incrementando su incidencia y visibilidad los sectores de izquierda deberán afrontar variopintos hostigamientos. Sin excluir el de la extrema derecha que, es lamentable, también crece.

Las fuerzas anticapitalistas necesitan prepararse para un muy probable incremento de las luchas. Resulta previsible una colisión de frente entre los sostenedores de las políticas de ajuste y amplios sectores populares no dispuestos a soportar más desposesiones e injusticias.

Proponer alternativas, dar un cauce a esa movilización, contrarrestar los intentos de capitalizarlas en un sentido retrógrado, serán tareas tan arduas como indispensables.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.