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Entrevista a Moira Millán, activista mapuche

«Se está configurando un escenario de neocolonización sionista en Argentina»

Fuentes: CTXT - Imagen: Moira Millán. / YouTube (Jordi Batalle Lopez)

Las repúblicas coloniales se han levantado desde el genocidio, desde el negacionismo hacia los pueblos indígenas. Entonces, no han recogido en absoluto la cosmovisión, la mirada y el modo en que nosotros entendemos el arte de habitar.

El Gobierno de Javier Milei consumó, el pasado 9 de abril, el que quizá sea el movimiento legislativo más violentamente extractivista en sus casi dos años y medio de mandato. De un plumazo, arrasó con la protección de los glaciares del territorio argentino, unos 17.000 cuerpos de hielo con una extensión que multiplica por 41 la de la ciudad de Buenos Aires. Moira Millán (El Maitén, Argentina; 1970), escritora y activista mapuche, enmarca esta medida –más vinculada con el sionismo de lo que parece– en un proceso que denomina “terricidio” y que solo ha sido posible después de instalar en la población un “analfabetismo político” que la hace indolente ante este tipo de agresiones contra la vida en el planeta.

Profundamente comprometida con la visibilización de los saberes ancestrales, Millán, que donó su casa para poner en marcha la primera Pluriversidad Indígena –dedicada a recuperar esas otras formas de entender y habitar el mundo–, habla con CTXT sobre el delicado momento que atraviesa la humanidad.

¿Qué significa la desprotección de los glaciares en el contexto argentino de pugna entre el neoliberalismo más voraz y la protección del planeta?

Esta situación de vulneración de todos los derechos que estamos padeciendo configura un escenario que tiene mucho de agresión belicista. Son formas de guerra contra los pueblos que adquieren un nivel de violencia a veces apenas perceptible, y que va intensificándose en una escalada que no sabemos dónde va a terminar.

Los pueblos indígenas que vivimos en territorios periglaciares estamos sumamente angustiados y en estado de alerta frente a esta situación, porque vemos la militarización tangible de nuestros territorios, la posibilidad de que el extractivismo del Gobierno de Milei habilite la destrucción de los territorios periglaciares para que las empresas, mayoritariamente sionistas, se valgan del agua dulce y de los minerales y de cuantos recursos necesiten para seguir desarrollando su industria armamentística.

¿Hay una conexión directa con el sionismo?

Sí, sí. Milei no solamente se considera el presidente más sionista del mundo, sino que además ha firmado acuerdos multilaterales con Israel y Estados Unidos, como un decreto para recibir 300.000 “refugiados” –y lo pongo entre comillas– israelíes en la Patagonia.

Detrás de cada anuncio de este tipo, el correlato es la intensificación de la violencia, la criminalización del pueblo mapuche, el despojo de nuestros territorios… Incluso los incendios de este verano en la Patagonia, que han sido intencionales, donde absolutamente todos los testigos y los materiales audiovisuales dan cuenta de que los provocadores, los incendiarios, han sido soldados israelíes. Sin embargo, el montaje que ha construido el Gobierno de Milei es que los mapuches estamos detrás de los incendios.

A la justicia argentina le sobran materiales y pruebas para poder procesar y condenar a los soldados israelíes, pero no lo hace. Es muy claro para nosotros cómo se va configurando un escenario de neocolonización sionista en nuestros territorios.

Cuénteme más sobre esa neocolonización sionista de los territorios de Argentina.

Se evidencia en la instalación de empresariado sionista en la zona, comprando grandes extensiones de tierra y cerrándolas con seguridad privada armada que ya no deja pasar a la gente. También vemos mucha cantidad de soldados israelíes, mucha, demasiada, en zonas que no son turísticas y que, sin embargo, hacen campamento allí. Salen a recorrer los lugares y se los ha visto incluso incendiando los territorios. Estos soldados son la avanzada para que venga el asentamiento de familias israelíes, que ya está sucediendo.

Milei llegó a decir en septiembre de 2023 que “una empresa puede contaminar un río todo lo que quiera”. ¿Cómo hemos llegado a un punto en el que alguien pronuncia una frase así y unas semanas después sale elegido presidente de un país?

Esa indolencia hacia la agresión a la vida es a lo que yo le llamo terricidio. Este terricidio, y este Gobierno terricida, son el resultado de décadas y décadas de conformación de una sociedad indolente frente a la naturaleza. Hablábamos recientemente con una amiga sobre los procesos de analfabetización política. Cuando cayó la dictadura militar hubo un período corto donde la sociedad civil encaró la necesidad de construir conciencia democrática; fue muy fugaz, porque tendría que haber sido acompañado por políticas gubernamentales de conciencia y sostenimiento, y eso no sucedió.

En las cuatro décadas posteriores de democracia hemos visto una degradación de la educación sostenida en el tiempo. El resultado es una sociedad completamente analfabeta políticamente y minada de grupos religiosos fascistas, financiados por Estados Unidos, que entran a todos los territorios y comunidades llevando una prédica basada en el odio, sosteniendo el mito del pueblo elegido y mirando la espiritualidad y filosofía de los pueblos indígenas como algo esotérico, como algo demoníaco incluso.

Se ha esculpido una sociedad que está preparada para esa indolencia, esa indiferencia frente a la agresión a la vida.

Se llega a esta situación a través de lo que usted llama la “argentinización”. ¿De qué se trata?

Hay algo muy importante que debemos entender y es que las repúblicas coloniales no son la expresión del desenvolvimiento pleno de los derechos ni de la democratización del sistema de representación de los pueblos. Las repúblicas coloniales se han levantado desde el genocidio, desde el negacionismo hacia los pueblos indígenas. Entonces, no han recogido en absoluto la cosmovisión, la mirada y el modo en que nosotros entendemos el arte de habitar.

Los valores que conforman las repúblicas coloniales son el sustrato de valores con los que las familias patricias constituyeron los Estados-nación. La propiedad privada como sagrada, mientras que para los pueblos indígenas lo sagrado es la vida; la visión de que hay familias que tienen más derecho al privilegio que otras; la explotación, el antropocentrismo, el individualismo, el capitalismo… Todos esos son los valores que constituyen el espíritu de los Estados coloniales.

El devenir de la historia nos lleva a este punto. Yo siempre digo que la memoria, la verdad y la justicia no son algo que se deba aplicar solo a las víctimas de la última dictadura, sino que debería haberse aplicado en una mirada retrospectiva y crítica de la historia del nacimiento de Argentina. Desde esa mirada es absolutamente entendible el termómetro social que hoy tenemos, la subjetividad de esa argentinización europeizante y también la penetración sionista en el sentir de al menos un sector de la población.

Frente a esos Estados-nación usted propone los “pueblos telúricos”, ¿qué son?

Yo hice en mi vida personal todo un proceso para salirme del mapuchecentrismo y entender que el nacionalismo no es, en ninguna de sus formas y modos, el eje con el que vamos a construir una nueva forma de habitar. El eje transversal es la mapu, la Tierra, y nos está llamando. La Tierra nos está despertando y los pu ñgen, los pu newen, las fuerzas telúricas, las fuerzas protectoras, los espíritus protectores de la vida en la tierra no entienden de nacionalismos.

El nacionalismo es una lógica propia de la humanidad reciente y los pueblos telúricos son una nueva configuración social, un nuevo emergente político-social que está amaneciendo en este yerpún, en esta larga noche que estamos viviendo. Y en ese umbral de los tiempos, la Tierra está despertando a todos los pueblos, de todos los colores, de todos los idiomas, de todas las culturas. Y creo que ese es el punto de unidad, de volver a recuperar la conexión con el vínculo sagrado con la tierra, con la vida y en reciprocidad entre los pueblos también. Nuestra idea sería generar una revolución que pueda sustituir esta matriz civilizatoria.

Los valores que estos pueblos telúricos deberían construir son la recomposición del vínculo sagrado con la tierra, la restitución del orden cósmico –y esto implicaría la reciprocidad con la naturaleza y entre los pueblos–, la justicia sanadora, el respeto y la amorosidad, y sobre todo ser guardianes de la vida.

Los poderes que gobiernan el mundo fueron cómplices del genocidio en Palestina, mientras que los pueblos salimos a protestar

Creo que hay una parte de la población mundial que sí está entendiendo que ese es el horizonte, y son más de lo que pensamos, porque por supuesto el enemigo va a sesgar nuestra mirada y a ocultar todas las victorias que los pueblos telúricos estamos logrando.

Pero está sucediendo, está habiendo resistencia, está habiendo articulación, está habiendo capacidad de unidad. Y un claro ejemplo es el genocidio en Palestina, donde los poderes que gobiernan el mundo fueron cómplices, mientras que los pueblos no admitimos esa representación de nuestros gobiernos y salimos a las calles a protestar y a exigir que los gobiernos de cada uno de los países empezaran a asumir junto a los pueblos la denuncia contra el genocidio.

¿Qué hacen los Estados-nación? Reprimir, acallar, silenciar. Pero por más balas y presupuesto que le pongan a la industria armamentística no van a poder detener la verdad.

Se han hecho muchos análisis sobre el genocidio en Palestina que alertan sobre los riesgos de normalizar imágenes de matanzas, con niños y niñas incluidas. En cambio, usted enfoca esta cuestión de otra forma, habla de “desórdenes espirituales” que afectan al planeta.

Nosotros entendemos que hay una forma tridimensional de habitar la vida o el planeta, donde no solamente está el mundo tangible sino también un mundo perceptible, un mundo donde habitan fuerzas o energías. Le decimos fuerzas espirituales para que la gente no-mapuche pueda entender; hablamos con el idioma del colonizador y el colonizador utiliza la palabra “espiritual”, pero no sería exactamente esa la palabra correcta.

Esas energías tienen su propio ecosistema, que por supuesto da origen y vincula al ecosistema tangible. Al ser agredido, este ecosistema espiritual va destejiendo y debilitando el ecosistema tangible. Por ejemplo, hablábamos con autoridades espirituales del pueblo mapuche sobre la gran matanza de niñeces en Palestina. Voy a simplificar mucho algo que es muy profundo: las niñeces tienen un campo energético distinto al de los adultos, de mucho potencial energético. O sea, tienen muchísima, muchísima energía. Por eso pensamos que la agresión a esas vidas y el dolor que se le inflige va a tener un costo altísimo, con nuevas enfermedades que seguramente wingkalandia [la estructura colonialista occidental] llame enfermedades mentales, incluso enfermedades que van a adquirir una somatización física, pero que para nosotros son desórdenes espirituales.

Esas niñeces no solamente le están siendo arrancadas al pueblo palestino, están siendo arrancadas a toda la humanidad, y ese sufrimiento que están atravesando lo vamos a vivir la humanidad toda. Ahí hay una forma de entrelazar las vidas de la que, lamentablemente, la cultura dominante se abstrae; piensa que lo que le sucede a Palestina es allá lejos y no le afecta, pero le va a afectar directamente incluso a las niñeces europeas, a las niñeces de todo el mundo.

Por eso nos parece que es una aberración lo que está sucediendo en Palestina. Es algo que se debe detener ya. Y una vez que se detenga el genocidio, habrá que ver cómo se trabaja en esa justicia sanadora, porque entre todos vamos a tener que recomponer un vínculo de sanación con la tierra, con las generaciones que nos antecedieron y con las que vendrán, por esto que está pasando y que hoy estamos permitiendo como humanidad que suceda.

Quizá los saberes ancestrales y esas epistemologías indígenas nos pueden acercar a una explicación sobre la actual radicalización que alimenta el auge de las extremas derechas.

A mí no me gusta mucho plantearlo como radicalización porque en realidad ellos son el origen de la construcción del pensamiento colonial y de esta matriz civilizatoria. Han estado siempre. Lo que ha habido en algunos momentos, y esto es importante, es un debilitamiento en el accionar de estos pensamientos que han sostenido el poder. Nunca se les arrebató el poder, pero la fuerza organizada de los pueblos oprimidos ha provocado ese debilitamiento.

Las repúblicas coloniales han entronizado a los asesinos, a los genocidas

No es que de la nada ellos se fortalecieron y están yendo contra nosotros ahora, no. Han estado siempre, se han sostenido y perpetuado siempre en el poder y quienes hemos venido regulando la capacidad de avance de esto hemos sido los pueblos.

Ahora bien, los territorios tienen memoria y donde ha habido genocidio sin un proceso posterior de reconocimiento y sanación de los crímenes cometidos, vuelve a repetirse. Es más, las repúblicas coloniales han entronizado a los asesinos, a los genocidas. Caminas por cualquier calle de cualquier país colonial y vas a ver plazas, monumentos a los genocidas, y cuando entronizamos estamos colocando energía ahí también. Y ahí ya voy nuevamente al campo espiritual.

Lamentablemente esta matriz civilizatoria nos ha convencido a través de la educación. Yo siempre digo que en las sociedades criollas se marcha para subir el presupuesto educativo, pero no se cuestiona el modelo educativo colonial. Eso no está en discusión.

Creo que es tanto lo que hay que trabajar, tanto lo que hay que revisar y hacer una interpelación estructural, y prácticamente desarmarlo todo para armar otro modelo civilizatorio, que el análisis del momento histórico que vivimos termina siendo muy reduccionista, muy miope.

Atravesamos una época de auge de la violencia colonialista, acompañada por una furibunda reacción antifeminista. Usted propone el concepto “cuerpa-territorio” para hablar de las mujeres, ¿explica este término la combinación entre colonialismo y patriarcado?

Primero decir que el feminismo no tiene el monopolio de la lucha antipatriarcal. Las mujeres indígenas, yo diría en su mayoría, no se identifican con el feminismo, que es una herramienta de lucha antipatriarcal que corresponde a una estructura cultural. Nosotras venimos desde antes, milenariamente, y no se puede plantear una lucha antipatriarcal sin una postura anticolonial. Es decir, el patriarcado y el colonialismo son hermanas siamesas. Entonces, no se puede debilitar el patriarcado si no se debilita el colonialismo.

Creo que las mujeres y las diversidades cuestionan ese patriarcado. El cuestionamiento no tiene que ser superficial, no se puede enmarcar solo en una perspectiva de derechos civiles o derechos de género. Tenemos que ir más allá necesariamente, porque al sistema le encanta que nos pensemos de manera acotada. El sistema dice: “Bueno, vamos a reconocer determinadas demandas de las mujeres y ciertas expresiones feministas que son funcionales al sistema, pero no vamos a cuestionarlo de fondo”. Entonces creo que es un momento histórico en el que, lamentablemente, ya no tenemos tiempo, no podemos ser tibias frente a lo que está sucediendo y vamos a tener que empezar a crear espacios de debate. Hoy el consenso no es el avance de los derechos civiles o el reconocimiento de ciertos derechos de género, hoy la agenda es por la vida, a ese nivel hemos llegado. Se trata del exterminio o de continuar la vida.

Diego Delgado: Entre Guadalajara y un pueblito de la Cuenca vaciada. Estudió Periodismo y Antropología, forma parte de la redacción de CTXT y lee fantasía y ciencia ficción para entender mejor la realidad.

Fuente: https://ctxt.es/es/20260401/Politica/52972/moira-millan-mapuche-glaciares-argentina-javier-milei.htm