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Entrevista con Laurence Whitehead

«Si no existiera petróleo, el problema Malvinas no sería tan agudo»

Fuentes: Debate

Apenas se le consulta, Laurence Whitehead aclara que prefiere evitar hablar de la situación argentina. Sin embargo, a medida que transcurre la charla, plantea cuestiones vinculadas a la coyuntura local con la misma naturalidad con la que maneja el español. Y es así como el politólogo, profesor de Oxford y uno de los más reconocidos […]

Apenas se le consulta, Laurence Whitehead aclara que prefiere evitar hablar de la situación argentina. Sin embargo, a medida que transcurre la charla, plantea cuestiones vinculadas a la coyuntura local con la misma naturalidad con la que maneja el español. Y es así como el politólogo, profesor de Oxford y uno de los más reconocidos estudiosos sobre procesos democráticos y sobre América Latina, de visita en Buenos Aires para participar del homenaje a Guillermo O’Donnell, ofrece su visión sobre el tema de Malvinas sin perder de vista los asuntos internos que hoy signan la política de su país y el grave contexto que enfrenta Europa. Al respecto, considera ante Debate que Gran Bretaña debería tomar nota de la situación, incluyendo la posición que hasta ahora mantuvo Washington, y buscar otra respuesta frente al conflicto.

¿Qué evaluación hace sobre la situación argentina?
Es evidente que después de la elección, el Gobierno quedó fortalecido. Fue una victoria electoral fuerte y legítima. En este sentido, es una democracia más segura que antes, con una dirección y liderazgo. No obstante, en el exterior estamos viendo otras cuestiones. Tú sabes lo que pasa con las Malvinas, con Repsol y el comercio con Brasil. Estamos viendo que esta nueva gestión está sintiéndose incómoda en sus relaciones con sus vecinos y una impresión es que esto sea un reflejo, en realidad, de asuntos internos no resueltos.

Con respecto al caso de Malvinas, hay quienes sostienen que dentro del Partido Laborista evalúan que Inglaterra debería tener otra posición sobre el tema.
Primero, el Partido Laborista no tiene posibilidades de llegar al poder antes de 2015 y de ninguna manera va a pagar un precio electoral tan alto defendiendo el tema. En las islas viven unas tres mil personas que no son exactamente ciudadanos británicos sino connacionales que, según la visión instalada, necesitan de nuestra protección. El laborismo no puede pagar un precio alto dejándolos indefensos. Pero hay que ver el escenario en su conjunto. El asunto Malvinas no trata sólo del derecho de esas personas.

¿A qué se refiere?
Es posible que, en un mediano plazo, haya un descubrimiento de grandes yacimientos de petróleo en esas aguas. Entonces, según el derecho internacional, habría que definir la soberanía de las islas para definir quién es el dueño de esos recursos. Desde el punto de vista británico no hay nada que discutir: las islas son inglesas y la guerra de 1982 confirmó eso y, por eso, tenemos derechos ilimitados para exportar ese petróleo. Pero lo cierto es que si no existiera el petróleo el problema no sería tan agudo. Ahora, si resulta que hay mucho petróleo, nadie fuera de Gran Bretaña va a creer que lo que estamos haciendo es simplemente defender los derechos de esos tres mil connacionales de la isla. Todos van a decir que estamos haciendo la política británica de hace siglos, como en otras partes del mundo, y que estamos robando recursos naturales de otros.

¿Y cuál es la opinión que puede escucharse en el pueblo inglés? Una encuesta publicada recientemente en Londres arrojaba que el sesenta por ciento de los ingleses estaba de acuerdo con devolver las islas.
No es un tema que está muy presente en la opinión pública. Entonces, que se le esté preguntando a la población sobre algo que no está pensando o sobre lo cual no está muy informada, no trae respuestas muy confiables. Entre los que sí piensan la cuestión, hay una mayoría que está de acuerdo, sobre todo porque no hay que olvidar que Margaret Thatcher se fortaleció muchísimo con la guerra y sigue habiendo una porción importante en Gran Bretaña que aún es pro Thatcher y que, automáticamente, mantiene una posición antiargentina en el tema. Ellos realmente piensan que «hemos ganado contra los malos». Es verdad que hay otras posiciones y, en lo personal, no comparto esa posición mayoritaria, pero quienes pensamos así somos mayoritariamente especialistas o intelectuales, sin gran espacio en la opinión pública.

¿Cuál, en su opinión, podría ser una salida?
Es una situación mucho más complicada de la que se suele plantear. Habría que buscar una salida democráticamente. Si hay recursos allí, importantes, tal vez una opción sería compartirlos. Seguramente, las empresas británicas podrían aportar la tecnología para explotarlos, pero sería mucho más racional buscar una política compartida con la cooperación de los argentinos. Creo que se puede llegar a encontrar muchísimas maneras antes de evitar un choque frontal entre ambos. Los británicos piensan que la Argentina no va a atacar de nuevo  y que no va a haber otra guerra, entonces su política es: «Nos van a criticar así que tenemos que aguantar la crítica». Pero creo que así están subestimando el costo que Inglaterra puede terminar pagando.

¿Cuál sería ese costo?
Y hay que tomar en cuenta, por ejemplo, que el gobierno norteamericano no está tomando posición ni a favor ni en contra. Es decir, lo que nos está diciendo es: «Ustedes tienen que solucionar esto por su propia parte». Entonces, ¿quién podría ser un aliado, la Unión Europea? Los españoles tienen su propia pelea con nosotros en relación a Gibraltar así que por qué nos irían a apoyar en este tema. Y en relación con los otros países de América Latina creo que no se ha evaluado bien cuán negativo podría ser para Inglaterra mantener tan poca flexibilidad.

Frente a este contexto, ¿se puede observar aunque sea un intento por revisar la posición histórica?
No, William Hague, que es el titular de Asuntos Exteriores, es el niño mimado del thatcherismo y no creo que, de ninguna manera, vaya a cambiar de posición. Hay que ver qué pasa en la política interna. Tenemos una elección a principios de mayo y vamos a ver quién gana la alcaldía de Londres. Si el Partido Laborista logra volver a la alcaldía, que es posible pero no garantizado, podría llegar a ser una señal. También hay que estar atentos a lo que pasa en el resto de Europa. Si François Hollande gana la presidencia en Francia sería una señal importante. En las últimas elecciones en España, más concretamente las elecciones de Andalucía, el Partido Socialista logró salvar su bastión. Así que hay algunos indicios de que en esta crisis la izquierda europea no está en estado terminal. Pero habría que esperar un tiempo considerable para ver el nacimiento de una izquierda fuerte en Europa, y más en el contexto de crisis tan intensa. Y aun así no se puede afirmar que eso signifique un giro en las relaciones con la Argentina.

http://www.revistadebate.com.ar//2012/03/30/5248.php