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XVI Congreso de la COB

Trabajadores respaldan la reforma constitucional

Fuentes: Rebelión

El décimo sexto Congreso de la Central Obrera Boliviana (COB) realizado en Tupiza, Potosí, en enero de 2016, ha manifestado en su Declaración Política que «es necesario reivindicar que el proceso de cambio es una lucha por construir una nueva sociedad socialista» y «para profundizar dicho proceso es necesario tomar medidas drásticas y claras: la […]

El décimo sexto Congreso de la Central Obrera Boliviana (COB) realizado en Tupiza, Potosí, en enero de 2016, ha manifestado en su Declaración Política que «es necesario reivindicar que el proceso de cambio es una lucha por construir una nueva sociedad socialista» y «para profundizar dicho proceso es necesario tomar medidas drásticas y claras: la alianza de campesinos y obreros debe cumplirse y expresarse en respaldar la modificación del Art. 168 de la CPE» que habilita la candidatura del presidente Evo Morales Ayma para las elecciones de 2019.

La declaración política de la COB, considerado el documento central y guía de acción histórica y coyuntural de los trabajadores del campo y la ciudad, fue resultado del debate de diez documentos presentados por diversas organizaciones, de los cuales los de la Federación Sindical de Trabajadores Mineros de Bolivia (FSTMB) y de la Confederación General de Trabajadores Fabriles de Bolivia (CGTFB) fueron la base para elaborar y aprobar la Declaración Política. La COB es la organización sindical más importante de Bolivia con una intensa trayectoria política y social.

El documento titulado «Frente a la conspiración reaccionaria, los trabajadores en la lucha revolucionaria» destaca que actualmente «la crisis azota al capitalismo internacional y está matando más personas que las guerras mundiales y que la desigualdad entre países pobres y ricos se ha incrementado de manera alarmante» agregando que «los recursos naturales se han convertido en el objetivo principal del imperialismo», «convirtiendo la guerra en un verdadero negocio».

CONTRA LA ESTRATEGIA IMPERIALISTA

Por otras parte sostiene que «la estrategia imperialista norteamericana del siglo XXI es remplazar las colonias de las que dispone por la nueva versión de su política expansionista y parasitaria para reactivar sus negocios» y que «el imperialismo norteamericano no aceptará perder América Latina fácilmente, ya que esta región se constituye en el territorio de soporte de su hegemonía». Considera que «el imperialismo estadounidense nunca descansó para dividir a los países de América Latina y derrocar a los gobiernos progresistas, socialistas, democráticos, que han luchado por la justicia, por la defensa de la patria, por los recursos naturales y por el bienestar de nuestros pueblos»

A tiempo de denunciar que el imperialismo utiliza la estrategia mediático-«democrática», por una parte, y la militar, por otra, subraya que «la acción mediática se ha cubierto con la fachada democrática para agredir y mentir contra los gobiernos progresistas de la región, como es el caso venezolano, el argentino, el ecuatoriano, el brasileño y el boliviano».

«Hay un pensamiento en América Latina que ha conmovido al mundo. Hoy América Latina es una región que convoca a la insubordinación contra el capitalismo. Uno de los horizontes se ha denominado socialismo comunitario, que construye propuestas frente a la crisis civilizatoria. El Suma Qamaña o Vivir Bien se ha convertido en el horizonte al que todo los pueblos de América Latina quieren llegar», dice la Declaración y subraya la tesis de que «en el continente existen dos grandes proyectos que están presentes en el debate: Por un lado la construcción de la Patria Grande y por otro la continuidad y perpetuación del poder imperial estadounidense».

LA LUCHA REVOLUCIONARIA EN BOLIVIA

El documento manifiesta que «los trabajadores y el pueblo boliviano fuimos los primeros en el combate contra la política de privatizaciones» indicando que fueron protagonistas de la resistencia contra la privatización del agua en 2000 en Cochabamba, contra el impuestazo de Gonzalo Sanchez de Lozada en 2003 y de la Guerra del Gas en octubre de 2003. «La insurrección boliviana de 2003 y los sucesos de 2004 y 2005 fueron el resultado de una acumulación y politización del pueblo boliviano, los movimientos sociales y de los sindicatos que no buscaban la simple renuncia del Presidente neoliberal y pro-imperialista»

Afirma que «los recursos naturales han sido devueltos a sus legítimos dueños: el pueblo boliviano». «Por esta razón la nacionalización de los recursos naturales, la redistribución de los excedentes y la dinamización del mercado interno son el logro nuestro que no se lo daremos a nadie y su defensa será como los patriotas sabemos defender la soberanía y el derecho del pueblo trabajador».

Luego de demandar la recuperación plena de los recursos mineros de manos de las transnacionales y de impulsar un proceso productivo agrícola hacia la soberanía alimentaria y la industrialización en distintos sectores económicos, identifica «el peligro de restauración de las políticas neoliberales», como en Argentina, lo «que significa que el cerco que tiende la derecha y el imperialismo sobre los países como Bolivia, que intenta construir una patria independiente y con justicia social, será cada vez más riesgosa».

Finalmente plantea que «En esta coyuntura los trabajadores debemos tomar partido: O por el imperio, expresado en los sectores conservadores del país (política de crisis) o estar con la profundización del proceso (política de estabilidad). Por eso se justifica hoy la unidad con el Estado porque el enemigo es uno: el imperialismo estadounidense. Este proceso no es de un grupo de personas, es de los trabajadores. A otros sectores de izquierda convocamos a la unidad».

Eduardo Paz Rada. Sociólogo boliviano y docente de la UMSA. Escribe en publicaciones de Bolivia y América Latina.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.