Eduardo Paz Rada

Artículos

La experiencia histórica en América Latina permite advertir que los procesos electorales no son suficientes para encaminar democráticamente los procesos de liberación nacional y de integración regional.

No es casual que los obispos de la Conferencia Episcopal Boliviana (CEB), no los católicos de Bolivia, hayan sido participes directos en la conspiración y derrocamiento del presidente Evo Morales Ayma en noviembre de 2019, junto a las Embajadas de Estados Unidos, Brasil y la Unión Europea (UE) y los opositores conservadores y neoliberales internos Carlos Mesa, Jorge Quiroga, Fernando Camacho y Samuel Doria, puesto que su oposición política al gobierno del Movimiento Al Socialismo (MAS) fue continua y sistemática desde el año 2006.

En un momento histórico altamente complejo para la humanidad y cruzado por diversas crisis globales, la recuperación del proyecto emancipador bolivariano de integración y unidad de América Latina y el Caribe, iniciado a inicios de siglo, se hace prioritario, necesario e imprescindible y el gobierno boliviano tiene una alta responsabilidad de retomar un papel protagónico con iniciativas que se orienten a la acción coordinada con los gobiernos de Argentina, Venezuela, México, Nicaragua, Cuba y otros que forman parte de la Comunidad del Caribe (CARICOM).

Cuando se cumplen cien días del gobierno del Movimiento Al Socialismo (MAS) en Bolivia presidido por Luis Arce y David Choquehuanca, otra vez la articulación de medios de comunicación de la oligarquía empresarial, compuesto por Agencias de Noticias, Canales de Televisión y Radioemisoras, coadyuvada por las redes de internet, está desarrollando una campaña de conspiración mediática que, junto a la oposición conservadora neoliberal, pretenden debilitar y condicionar las políticas gubernamentales relacionadas especialmente a superar las crisis sanitaria y económica e impedir acciones estratégicas que profundicen el proceso nacional-popular.

En el contexto de la crisis económica y sanitaria al gobierno boliviano del MAS, encabezado por Luis Arce y David Choquehuanca que asumió el pasado 8 de noviembre, se le presenta el desafío de profundizar el proceso nacionalista y antiimperialista de los años 2006-2019 frenado y golpeado durante un año por el Golpe de Estado, en un panorama incierto respecto a la puesta en vigencia plena de la Agenda Patriótica 2025 establecida durante el último gobierno de Evo Morales Ayma y en un momento de crisis en el des-orden internacional.

Desde Bolivia

El proceso democrático y de liberación nacional en Bolivia ha dado, en los últimos cuatro meses, grandes saltos y avances con las movilizaciones populares de agosto, las elecciones de octubre y la asunción de Luis Arce y David Choquehuanca a los cargos más altos del Estado en noviembre, en condiciones de grave crisis económica, sanitaria e institucional y con desafíos de envergadura para conseguir revertir la herencia dejada por el gobierno de facto que en doce meses dejó al país en ruinas.

¿Por qué la amplia divulgación mediática de discursos políticos, comentarios de radio y televisión, notas de prensa, análisis y opiniones en redes sociales, todos ellos procedentes de los sectores dominados por el colonialismo mental y la dependencia de intereses de las oligarquías y el imperialismo, se ensañan contra Evo Morales Ayma?

La lucha por la recuperación de la democracia en Bolivia tendrá en las elecciones del próximo domingo 18 de octubre un momento trascendental porque se pondrán en juego el destino de la patria, la dignidad y la soberanía nacionales frente al proyecto geopolítico e intervencionista de Estados Unidos que ha impulsado el Golpe de Estado de noviembre de 2019 y busca ahora afianzar su control en América Latina y el Caribe ante su pérdida de hegemonía en el contexto mundial debido al avance de la multipolaridad política, militar, diplomática y económica.

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