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América Latina y la guerra de Ucrania

Fuentes: Rebelión

Las guerras en las que las grandes potencias son partícipes directas para establecer sus orientaciones estratégicas y su poder, como la Guerra de Ucrania de hoy, impulsa y obliga a la toma de posición de los países y de las regiones más diversas y alejadas del centro del conflicto y define perspectivas históricas globales y particulares en momentos de incertidumbre y crisis en diversos escenarios de la vida de la estupefacta humanidad.

En el caso de los países de América Latina y el Caribe, los gobiernos de los distintos países han asumido posiciones muy diversas.

Se presentan las opciones de sumarse plenamente a uno de los polos del conflicto, como partícipes directos o como socios indirectos, con alcances relacionados a la demanda y necesidades de medios materiales, materias primas, alimentos, recursos, equipos, armamento, conocimiento, tecnología e información o de asumir una posición que priorice las necesidades, estrategias y potenciamiento propios de la región y de sus miembros.

Este dilema se presenta en las regiones periféricas del mundo y en particular en los países de América Latina presionados por el imperialismo estadounidense y europeo.

TOMA DE POSICIÓN

En la primera guerra mundial interimperialista prácticamente todos los países de nuestra región se alinearon con las potencias de occidente frente a las acciones alemanas. En la segunda guerra mundial existieron posiciones diversas entre apoyar al bloque de los Aliados o al de los del Eje o, contrariamente, adoptar una tercera posición o lugar de neutralidad; esta última fue asumida por varios países lo que permitió importantes resultados políticos, económicos, sociales y la posibilidad de impulsar el desarrollo integral con políticas de industrialización y de articulación y vertebración nacional.

En la guerra actual las votaciones realizadas en la Organización de las Naciones Unidas (ONU) y en su Consejo de Seguridad en torno a las posiciones adoptadas por Estados Unidos y sus aliados de la Unión Europea, por una parte, y las asumidas por la Federación Rusa con el sutil apoyo de China, por otra, han marcado las tendencias y alineamientos al respecto.

Brasil, Cuba, Venezuela, Nicaragua, Bolivia, Salvador se abstuvieron frente a las propuestas norteamericanas, en tanto que los gobernantes de Argentina y México realizaron declaraciones contradictorias y Colombia, como país cercano a la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) se alineó totalmente con Estados Unidos y la Unión Europea (UE). En Bolivia los embajadores de la UE intentaron reducir la posición del gobierno y se recordó que esos mismos representantes fueron impulsores del Golpe de Estado de 2019 en el país.

COSAS DE LA GEOPOLÍTICA

La mayor parte de los estudios sobre geopolítica, desde sus primeras formulaciones hace más de un siglo hasta la actualidad, coinciden en que el nudo clave del control mundial o al menos el que corresponde a la gigantesca isla tricontinental formada por Asia, África y Europa se encuentra en la región euroasiática desde el Mar Báltico hasta el este de Mar Mediterráneo, cruzando el Mar Negro y países como Bielorrusia, Ucrania, Turquía o Siria e Israel.

La guerra actual desatada en Ucrania como centro de combate y control estratégico entre la Unión Europea (UE) aliada a Estados Unidos frente a la Federación Rusa obedece a la premisa de que quien controla este país tiene predominio en una zona fundamental en aspectos económicos, comerciales, transporte, políticos, militares y de recursos naturales. EEUU y la UE impulsaron desde los años noventa del pasado siglo y con mayor fuerza desde el Golpe de Estado de 2014 contra el presidente Viktor Yanukovich, con la OTAN a la cabeza, el control de Ucrania, amenazando directamente el espacio vital y zona de influencia de Moscú.

Este choque se produce cuando el unipolarismo estadounidense, vigente los últimos treinta años, ha terminado y cuando la multipolaridad se impone velozmente tanto por la fuerza que aún tiene la UE, como por el ascenso vertiginoso de China, que en los últimos veinte años se ha convertido en la primera potencia comercial y económica, el ascenso económico de la India y el músculo militar, de recursos naturales y económico de Rusia. Asimismo, no es desconocido el poder internacional conseguido por Irán, Israel y Corea del Norte, éste último realizando pruebas balísticas de armas potencialmente nucleares.

BIPOLARIDAD, UNIPOLARIDAD Y MULTIPOLARIDAD

Los antecedentes históricos del siglo XX llevan a hacer referencia a las dos Guerras Mundiales (1914-1918 y 1939-1945), la Revolución Rusa (1917) y la Guerra Fría (1947-1989) como procesos que ordenaron y reordenaron las relaciones internacionales contemporáneas. La Guerra Fría implicó, desde 1947, el enfrentamiento multidimensional entre las dos potencias triunfantes: Estados Unidos impulsando el proyecto económico del Plan Marshal supeditando a los países de Europa Occidental y encabezando el pacto militar de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) y la Unión Soviética con el Consejo de Ayuda Económica (COMECON) controlando a los países de Europa Oriental y el Pacto de Varsovia, el acuerdo militar para enfrentar a la OTAN.

El fin de la Guerra Fría se produjo entre 1989 y 1990 con la catástrofe de la Unión Soviética (URSS) que fue sacudida por aspectos internos, como la burocracia con un poder concentrado, la corrupción en las cúpulas y las reformas capitalistas, y por aspectos externos, como las campañas por los derechos humanos y la vigencia de la democracia liberal.

En ese nuevo contexto Estados Unidos, liderizando la OTAN, destruyó y balcanizó Yugoeslavia en diez países, invadió Irak, Siria, Libia, Palestina (apoyando a Israel), Afganistán y continúa el asedio sobre Irán y Corea del Norte, considerando la posibilidad de que se conviertan en potencias nucleares. Sin embargo, durante las últimas dos décadas Rusia fortaleció su poder atómico y económico y equilibró fuerzas bélicas con Estados Unidos.

Varios países de América Latina y el Caribe aprovecharon las coyunturas de las guerras mundiales inter imperialistas para impulsar procesos nacionalistas y populares y su desarrollo industrial sobre la base de la neutralidad y la “tercera posición”. En los primeros años del siglo XXI nuestra región consiguió, en la multipolaridad internacional, la mejor performance al tener un peso propio a nivel mundial con los procesos de integración emancipadora con UNASUR, ALBA, MERCOSUR y CELAC. Ahora el desafío de la integración liberadora de la Patria Grande está presente.

Eduardo Paz Rada. Sociólogo boliviano y docente de la UMSA

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.