Juan J. Paz-y-Miño Cepeda

Artículos

Desde un enfoque histórico-cultural, América Central debería comprender México, Guatemala, Belice, Honduras, El Salvador, Nicaragua, Costa Rica y Panamá.

En la sociedad contemporánea los millonarios ya no pueden engañar con impunidad. A pesar de ello, todavía falta tiempo para que la misma sociedad cuestione el origen de la riqueza.

Esta verdadera privatización del tiempo laboral, nueva e inédita en la historia latinoamericana contemporánea, seguramente convertirá a Ecuador en el primer país de la región que arrasa con la conquista mundial de 8 horas de jornada diaria máxima.

En un artículo anterior (https://bit.ly/39i9uR7) me referí a la reinterpretación histórica de la ultraderecha española (VOX), según la cual los conquistadores del siglo XVI fueron verdaderos “libertadores” de pueblos sometidos por los aztecas. No es una opinión aislada.

Después de concluidos los procesos de independencia, empezó la construcción de los nuevos Estados latinoamericanos bajo un doble signo: la idea de unidad, para constituir grandes países e incluso lograr una sola Hispanoamérica, cuyo mayor representante fue Simón Bolívar; y la presencia de las fuerzas desintegradoras de las oligarquías regionales, que pretendieron construir republiquitas bajo su dominio.

A diferencia de la vía armada, que durante la década de 1960 estalló en distintos países a través de guerrillas que creyeron posible la reedición de la Revolución Cubana, Allende y la Unidad Popular que encabezó su triunfo en las elecciones de 1970, confiaron en la “vía pacífica y democrática al socialismo».

En América Latina, la herencia, como institución que permite la transferencia de bienes de una generación a otra, ha merecido estudios desde el campo jurídico más que desde la sociología política o la historia económica.

En la actualidad, no existe una visión de conjunto, ni un proyecto educativo nacional.

El trasfondo histórico del coloniaje es una marca distintiva de la historia latinoamericana.

La cuestión social en Ecuador (la problemática de los trabajadores bajo el capitalismo) no fue un tema tratado exclusivamente por los partidos marxistas, sino, mucho antes, por liberales y conservadores, que fueron, hasta bien entrado el siglo XX, las fuerzas políticas hegemónicas en la vida nacional.

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