Recomiendo:
0

¿Un Amazon a la española?

Fuentes: El abogado del Navegante

 Soplan vientos de cambio en el sector editorial español. Vientos que en breve pueden convertirse en huracán: el pasado 27 de enero, la Asociación Colegial de Escritores de España hizo pública una serie de recomendaciones relativas a la cesión de derechos digitales sobre sus obras.   La lectura de la circular es muy ilustrativa sobre el […]

 Soplan vientos de cambio en el sector editorial español. Vientos que en breve pueden convertirse en huracán: el pasado 27 de enero, la Asociación Colegial de Escritores de España hizo pública una serie de recomendaciones relativas a la cesión de derechos digitales sobre sus obras.   La lectura de la circular es muy ilustrativa sobre el estado actual de la edición electrónica, y anuncia los cambios que se avecinan.

A nivel empresarial se está terminando de constituir una plataforma formada por las editoriales Random House Mondadori, Planeta y Santillana que se convertirá en una nueva empresa para compra de licencias de derechos digitales a los autores y la subsiguiente venta de sus libros en formato de libro digital o e-book. A esta plataforma (que todavía no tiene nombre) se incorporarán en breve, previsiblemente, otras muchas editoriales españolas que también han sido invitadas, como Anagrama y Tusquets.  La Feria del Libro de Madrid, en junio, representará la puesta de largo de la nueva propuesta editorial.

Pero hay un problema legal.  La vigente Ley de Propiedad Intelectual, donde se regula el contrato de edición, y particularmente el contrato de edición en forma de libro, es insuficiente para regular las nuevas relaciones jurídicas derivadas de la edición electrónica.  De la simple lectura de los artículos 58 y siguientes de la LPI se desprende que el contrato de edición clásico sólo regula la reproducción y distribución, no la comunicación pública de las obras mediante puesta a disposición interactiva.

En el ámbito del derecho privado, la autonomía de la voluntad acostumbra a suplir las lagunas legales.  Donde no llega la ley, llegan los contratos, y los abogados -en la medida de nuestras posibilidades- intentamos adecuar las relaciones jurídicas a los cambios tecnológicos.  Precisamente por ello, en los últimos meses se está registrando una inusitada actividad en la redacción de contratos de cesión de derechos digitales.  Que no son propiamente un contrato de edición, ante la imprevisión legal, sino licencias de explotación en el marco digital.

En este sentido, cabe reconocer el esfuerzo de editoriales como Planeta, que además de apostar por la edición electrónica, han abierto la vía a la publicación de contenidos con licencia Creative Commons.  El próximo libro del profesor Enrique Dans, «Todo va a cambiar«, representa sin duda el espaldarazo a las nuevas formas de distribución de la cultura.  Aunque ya se habían impreso libros en castellano con licencia copyleft, de autores tan significativos como Lawrence Lessig y David Bravo, el libro de Dans va a ser el primer gran lanzamiento editorial donde la C mayúscula del copyright restrictivo va a ser sustituida por la doble C de Creative Commons.

Como ya hemos comentado en otras ocasiones, es muy necesario que la industria editorial española apueste fuerte por el nuevo formato, si queremos resistir el acoso cultural del gigante anglosajón.  Es necesario actuar rápido: una referencia internacional como es la Agencia Balcells, ya advirtió hace tiempo que una demanda sin oferta lleva necesariamente al lector a la búsqueda de canales alternativos.

La controversia legal sobre las páginas de enlaces ha llegado también al terreno del libro electrónico.  Es un hecho preocupante, porque intentar luchar contra la copia privada o contra el préstamo de libros entre particulares -sean en papel o en bytes- es una guerra perdida de antemano.  Pienso que las editoriales españolas harían mejor en centrarse en la promoción de los nuevos lanzamientos, antes que embarcarse en batallas legales de resultado incierto.

En un mundo digitalizado, el papel del editor, y más aún el de agente literario, seguirá siendo crucial.  De su eficacia depende que se sigan traduciendo las grandes obras, y que las nuevas promesas literarias encuentren su lugar bajo el sol.  En la economía de la atención, otorgar visibilidad a las obras y a los autores requiere editores valientes y esforzados, con la mano izquierda que hasta ahora sólo exhibían los managers del fútbol, la música o los toros.

Durante mucho, mucho tiempo, hemos identificado la Biblioteca con un lugar poco ventilado.  Todo va a cambiar para siempre tras este huracán: miles, millones de libros dormidos estaban esperando este momento. Que los multiplique el viento.

http://www.elmundo.es/blogs/elmundo/abogado_navegante/2010/02/19/un-amazon-a-la-espanola.html