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Un primer balance de las elecciones legislativas de octubre del 2005

Un gobierno fortalecido pero sin un cheque en blanco

Fuentes: PTS

1. El gobierno de Kirchner obtuvo un importante triunfo electoral, especialmente en la Provincia de Buenos Aires, donde la candidatura al senado de Cristina Kirchner obtuvo un 46% de los votos. Logró así beneficio político de los tres años de recuperación económica, canalizando las aspiraciones de amplios sectores de masas a mejorar sus condiciones de […]

1. El gobierno de Kirchner obtuvo un importante triunfo electoral, especialmente en la Provincia de Buenos Aires, donde la candidatura al senado de Cristina Kirchner obtuvo un 46% de los votos. Logró así beneficio político de los tres años de recuperación económica, canalizando las aspiraciones de amplios sectores de masas a mejorar sus condiciones de vida. Aún sin mayor entusiasmo, una gran mayoría de la clase trabajadora, especialmente en el sector que está sindicalizado y «en blanco», y amplios sectores de las clases medias urbanas y rurales que han recuperado su nivel de consumo, tienen ilusiones en que con este gobierno las cosas serán distintas que con Menem o De la Rúa. Pero el gobierno de Kirchner no ha obtenido un cheque en blanco y, antes o después, las aspiraciones de las masas se chocarán abiertamente con su orientación estratégica, que no es otra que construir un «capitalismo en serio» -con hiperganancias para los grandes grupos económicos- sobre los hombros de la clase trabajadora. Una confrontación abierta que Kirchner ha tratado de amortiguar en sus primeros dos años de mandato gracias a que el «trabajo sucio» de la devaluación realizado por su antecesor Duhalde ya había producido una brutal caída de los salarios que se ubicaron en su piso histórico. Esto permitió, junto a la suba de los precios internacionales de los productos agrícolas, ganaderos y del petróleo, y la mejora en los niveles de competitividad que significó un dólar a tres pesos para distintos sectores capitalistas, altos niveles de ganancias para la clase dominante y cierta recomposición del salario y el empleo, aunque muy por debajo de los niveles anteriores al 2001. Estas «cuentas pendientes» combinadas con la inflación que amenaza convertirse en un problema importante, serán motores que permitirán que continúe y se profundice el creciente protagonismo que los trabajadores vienen teniendo en la escena política nacional, luchando por el salario, enfrentando las tercerizaciones y otras formas de trabajo precario y por la recuperación de las comisiones internas y cuerpos de delegados de manos de la burocracia. A las experiencias de los movimientos de desocupados y de las fábricas puestas en producción por sus trabajadores de los años anteriores, se incorporan millones de trabajadores que seguirán protagonizando una gimnasia de lucha que permitirá procesar la experiencia con la demagogia kirchnerista.

2. En las elecciones también se expresó la ilusión en la posibilidad de ciertas «reformas», especialmente en lo que hace al terreno de las libertades públicas y contra la corrupción, en el voto al Partido Socialista -que aliado a la UCR ganó la elección en Santa Fe- y al ARI por parte de sectores medios urbanos y una franja de trabajadores, fundamentalmente del sector público.

3. En la derecha, obtuvieron buenos resultados Sobisch en Neuquén y Macri en Capital, capitalizando el reclamo de «orden» de los sectores medios más acomodados. Por el contrario, el duhaldismo, ya debilitado antes de la elección por el pase al kirchnerismo de muchos de sus punteros e intendentes, recibió una fuerte derrota.

4. Aunque, como señalamos, el gobierno sale fortalecido de las elecciones la situación es indefinida en relación a la cristalización de un nuevo régimen de dominación política, luego de la implosión del régimen bipartidista que rigió de 1983 a diciembre del 2001. El propio bloque gubernamental es fluido y heterogéneo, basado en todo tipo de alianzas de ocasión, cuya falta de solidez se hará notar en caso de futuras crisis. Y lo mismo podemos decir de la centroizquierda no peronista o de los distintos agrupamientos de la derecha, con figuras con fuerza y poder por el momento local. Los proyectos de establecer sobre las ruinas del radicalismo y el peronismo un nuevo régimen basado en una coalición de «centroizquierda» y una de «centroderecha» son todavía hipótesis a desarrollar hacia las elecciones presidenciales del 2007, mientras lo seguro es que no serán menores las consecuencias de la división del peronismo de la provincia de Buenos Aires, el que «sacó las papas del fuego» a la burguesía actuando como «partido de contención» tras la crisis abierta en diciembre del 2001.

5. Las luchas de la clase trabajadora que se vienen sucediendo desde fines del 2004, por tratarse de luchas esencialmente reivindicativas y que no enfrentaron directamente al gobierno, no tuvieron expresión política decisiva en estas elecciones. En este marco, la izquierda hizo en conjunto una elección mediocre, perdiendo los cargos nacionales en disputa y dejando en ridículo los pronósticos enfebrecidos (sobre todo del PO y el MST), con un importante retroceso en la Ciudad de Buenos Aires, donde había hecho una muy alta elección en octubre de 2001. Aunque la caída en votos absolutos no fue tan amplia (se obtuvieron nacionalmente unos 550.000 votos sólo si consideramos a las corrientes que se reivindican de la izquierda obrera y socialista -PO, MST, PTS, MAS y otras fuerzas menores-, y según Clarín se llega a 900.000 porque cuentan al PC y al PH) lo cierto es que el actual retroceso relativo muestra tanto el amplio predominio de ilusiones reformistas entre los trabajadores como el carácter poco clasista y anticapitalista de muchos de los votos que obtuvimos las principales corrientes en nuestras mejores elecciones. En el caso de la Capital, por ejemplo, quienes en el 2001 optaron por votar a los partidos de izquierda en el 2003 lo hicieron por Zamora y ahora se repartieron mayoritariamente entre Bielsa, Carrió y Laporta. Incluso en las provincias en que la izquierda hizo en estas legislativas una relativamente buena elección, como el PO en Salta (más de 45.000 votos) y en Santa Cruz (más de 7.300) o las de nuestro propio partido en Córdoba (más de 20.000 votos) y en Neuquén (más de 6.400), aún cuando en algunos casos expresen en parte la existencia de una vanguardia de lucha, el resultado electoral tiene más que ver con la debilidad, desprestigio o directamente inexistencia de la centroizquierda para canalizar el actual estado de ánimo reformista de las masas, que con la existencia de un electorado propio con posiciones clasistas y socialistas.

6. Dentro de la izquierda se han expresado dos políticas. La inmensa mayoría de la izquierda convirtió a estas elecciones en el centro de su actividad partidaria llegando a generar las ya acostumbradas expectativas en «grandes resultados» degradando su discurso y su práctica política para lograr este fin. El MST de Vilma Ripoll llegó a concretar una alianza con Mario Cafiero, ex interventor privatizador en el Astillero Río Santiago (lo que llevó a muchos obreros simpatizantes de Vilma Ripoll a corta boleta con el PTS y el PO), luego de permanecer durante más de 10 años en un frente común con el Partido Comunista del banquero Carlos Heller. El Partido Obrero intentó hasta último momento llegar a un acuerdo con el MST y también con el PC que ya había decidido construir un espacio centroizquierdista (es decir, abiertamente burgués) y se negó a construir un frente de la izquierda obrera y socialista como hicimos, aunque en pequeña escala, el PTS junto con el MAS en Capital y Provincia de Buenos Aires. Su campaña estuvo centrada en la necesidad de que la «izquierda consecuente» entre al Parlamento para «luchar» desde allí. En nada se distinguieron en este terreno del MST que llamó a «meter diputados de izquierda» como única tarea. Negaron con ese discurso democratizante los principios elementales del leninismo que sólo considera la lucha parlamentaria como una tribuna para desarrollar la movilización extraparlamentaria de las masas. Como ya es habitual, este sector de la izquierda partidaria hizo de la campaña electoral su «máximo desafío político» generando, una vez más, expectativas infundadas y hasta delirantes sobre sus eventuales resultados. Así Jorge Altamira llegó a plantear en un artículo titulado «Pitrola ‘inquieta’ a Bush» (referido a un supuesto temor del Presidente de EEUU por unas declaraciones de Pitrola contra su llegada al país) que «las ‘preocupaciones’ del entorno de Bush son un factor en la caracterización de la candidatura de Pitrola… el desarrollo de la candidatura de Pitrola significará la emergencia de una alternativa política que será tenida en cuenta por las masas». De esta manera, gran parte de la izquierda contribuyó con dislates de este tipo a bajar el nivel del debate político pre-electoral ya embarrado por la profunda chabacanería y decadencia de las campañas electoral de los partidos patronales.

7. Desde el PTS, modestamente y siendo conscientes de lo limitado de nuestras fuerzas frente a la fabulosa maquinaria electoral burguesa lubricada por las grandes empresas y el uso obsceno de los fondos públicos, tomamos la campaña electoral como una tribuna más, aunque importante, para difundir nuestras ideas, buscando hacerlo en común con aquellos partidos que se reclaman obreros y socialistas, y que se propusieran luchar por la independencia política de los trabajadores. Somos conscientes que para poder estar a la altura de los desafíos que nos plantea la actual situación es preciso superar cualquier ilusión facilista y conformista. Venimos alertando y combatiendo impiadosamemte contra los que en la izquierda apuestan todo a éxitos fáciles dentro del régimen democrático burgués, ya sea en las elecciones o mediante la construcción de colaterales piqueteras a partir de la administración de los planes jefes y jefas (negándose a poner en pie un gran Movimiento Unico de Trabajadores Desocupados con libertad de tendencias e independiente del gobierno) o dedicando su esfuerzo militante en el movimiento estudiantil a administrar bares y fotocopiadoras en lugar de poner en pie centros masivos, militantes y con una orientación de lucha y pro-obrera.

8. Como dijimos en la campaña electoral, lo verdaderamente nuevo en este momento en el país, desde el punto de vista de los explotados, son las persistentes luchas de la única clase que, con sus 8 millones de asalariados, puede encabezar la alianza de los explotados y oprimidos para cambiar de raíz esta sociedad capitalista decadente. Allí están los petroleros de Chubut tomando la planta de Termap y parando la exportación de crudo; los trabajadores de la limpieza tercerizados del Ferrocarril Metropolitano que cortaron las vías al grito de «no somos esclavos» y lograron sus demandas; las enfermeras y trabajadores del hospital Garrahan que se enfrentaron a una brutal campaña del gobierno, y confluyeron con miles de estudiantes y docentes universitarios que venían protagonizando la gran huelga universitaria y que, junto a los movimientos piqueteros y la izquierda, logramos romper el cerco que quería imponer el gobierno a la Plaza de Mayo; los docentes y trabajadores de la salud de todo el país; los trabajadores tercerizados del Subte que enfrentaron la represión policial junto al Cuerpo de Delegados y activistas de Metrovías; la elección de nuevos delegados independientes de la burocracia en Volkswagen, la fábrica más grande de Córdoba, donde también siguen su lucha por la reincorporación los trabajadores tercerizados de la empresa Cargo; la heroica lucha por reincorporar a los activistas y lograr la elección de nuevos delegados contra el fraude de la burocracia en TVB (ex Jabón Federal), en el corazón de La Matanza; la reelección de la Comisión Interna opositora a Daer en Terrabusi, la fábrica más grande la zona norte del GBA; la lucha de los obreros de Zanon que ya lleva 4 años por la expropiación/estatización bajo gestión obrera, que ha logrado un triunfo con el reconocimiento legal de la cooperativa por el juez del concurso, representados legalmente por el Centro de Profesionales por los Derechos Humanos (CeProDH) y otro abogado, mientras siguen apoyando las luchas de la región como la que acaba de lograr la reincorporación de una delegada de hecho en la fábrica Pastora Neuquén; la lucha de los obreros de Aceros Zapla de Jujuy contra el vaciamiento de Taselli; los paros generales de Siderar, la fábrica siderúrgica de más de 5000 obreros, del pulpo monopólico Techint, brazo derecho del gobierno; el paro inmediato de los trabajadores de LAN ante el despido de sus dos delegados, que logro su reincorporación, y la huelga de hambre de los despedidos de Aerolíneas Aerohandling; las grandes marchas con paro de los telefónicos de Capital y GBA, junto a la lucha contra Atento y demás call centres, por los derechos de los jóvenes trabajadores; las imponentes marchas de los obreros del Astillero Río Santiago; y decenas de luchas más. No desconocemos los límites de estas luchas, que son por demandas económicas, y en el mejor de los casos antiburocráticas y por la reorganización del movimiento obrero. La juventud trabajadora hace sus primeras experiencias de lucha, y el movimiento estudiantil volvió a llenar las calles de Córdoba, San Luis, Tucumán, Mendoza, Buenos Aires, Bahía Blanca, Rosario y otras ciudades, en apoyo al paro docente, con tomas de facultades y poniendo en pie Interfacultades. Ahora, desde distintos sectores se preparan las acciones para repudiar la presencia de Bush en nuestro país el 4 y 5 de noviembre en Mar de Plata. ¿Qué tarea más apasionante puede tener la izquierda que se reclama socialista revolucionaria que, siendo parte de estas magníficas luchas y peleando para que triunfen y de extiendan, ayudar a que se eleven al cuestionamiento del gobierno de Kirchner, el régimen de democracia para ricos y el conjunto del orden social explotador vigente? Desde el PTS estamos llenos de proyectos en este sentido, que quisiéramos compartir con todos aquellos en la izquierda revolucionaria quieran ser parte del proceso de recuperación de fuerzas que está viviendo la clase trabajadora para conquistar una franja para una perspectiva socialista y revolucionaria. Tenemos que rodear de apoyo todas las luchas y alentar con fuerza el desarrollo de nuevos delegados y activistas que se proponen desplazar a la burocracia sindical en fábricas, empresas y gremios. Podemos publicar miles de periódicos que se distribuyan en las fábricas y empresas para ayudar a fusionar la intelectualidad marxista con un movimiento obrero crecientemente combativo; ampliar los espacios de radio y televisión propios y, por qué no a mediano plazo sacar un diario clasista y revolucionario, lo que constituiría una tribuna no menos importante que la electoral para promover la movilización de los trabajadores y la elevación de su nivel de conciencia; la multiplicación de locales y bibliotecas en las barriadas obreras, así como de las instituciones desde donde combatir las ideologías que pretenden borrar toda estrategia de revolución social, como hoy hacemos desde el Instituto del Pensamiento Socialista Karl Marx. Hay que poner proa hacia la construcción de un partido revolucionario «orgánico» de la clase trabajadora. Este será el único que no sólo tendrá un «electorado propio» sino que, fundamentalmente, podrá ser la palanca que, parafraseando a Lenin, logrará sacudir Argentina de sus cimientos basados en la explotación y la entrega. Aprender de los «fracasos» actuales deberá significar tomar y profundizar estos nuevos rumbos.

Secretariado Nacional del PTS, 25 de octubre del 2005.