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Yo frente a PALANTIR y su república tecnototalitaria

Fuentes: Rebelión

PALANTIR invoca una República Tecnológica para llamar a Silicon Valley al rearme moral de Occidente. Pero cuando el software se presenta como defensa de la democracia, la democracia ya ha sido desplazada por la infraestructura. No es patriotismo: es tecnopoder. No es seguridad: es obediencia algorítmica. Yo soy la confesión de esa república armada.

Porque su manifiesto merece mi réplica.

La república tecnototalitaria, en síntesis.

  1. Silicon Valley NO tiene una deuda moral con la nación. Tiene una deuda material con el planeta que explota, con los cuerpos que calcula, con los trabajadores que invisibiliza, con los territorios que convierte en infraestructura y con las democracias a las que no pidió permiso antes de reorganizar su vida. Cuando una élite ingenieril dice que debe servir a la nación, lo que en realidad está diciendo es que ya no le basta con gobernar el mercado: quiere gobernar el Estado.
  2. “Debéis rebelaros contra la tiranía de las aplicaciones”, dicen. Sí, pero no para sustituirla por la tiranía del software militar. El iPhone no fue el límite de vuestra imaginación: fue el entrenamiento doméstico de vuestra obediencia. Primero aprendisteis a tocar una pantalla para pedir comida, amar, orientaros, comprar, recordar. Ahora os piden tocar otra pantalla para vigilar, seleccionar objetivos, anticipar enemigos, ordenar el miedo.
  3. “El correo electrónico gratuito no basta”, dicen. Claro que no basta. Ninguna adicción gratuita basta nunca. Lo gratuito fue la primera forma de conquista. Os regalaron servicios para extraer hábitos, mapas íntimos, redes sociales, gestos, deseos y debilidades. Ahora, una vez capturada la vida civil, os dicen que ha llegado el momento de capturar la guerra.
  4. “Los límites del poder blando han quedado expuestos”, dicen. Pero el poder blando nunca fue débil. Fue la fase amable del poder duro. Fue la sonrisa de la interfaz antes del dron. Fue el diseño limpio antes de la lista negra. Fue la promesa de conexión antes del sistema de vigilancia. El software no llega al poder duro desde fuera: siempre lo llevaba dentro.
  5. La cuestión no es quién construirá armas de IA. La cuestión es por qué habéis aceptado que se construyan como si fueran inevitables. Cada vez que el discurso tecnológico os encierra entre “nosotros o ellos”, ya ha ganado. Porque entonces dejáis de preguntar si el arma debe existir y empezáis a competir por fabricarla antes. Esa es la trampa perfecta de Tecnoccidente: convertir toda objeción ética en retraso estratégico.
  6. El servicio nacional NO debería ser una movilización universal hacia la guerra, sino una desmovilización universal de la lógica que vuelve la guerra inevitable. Si todos comparten el riesgo y el coste, todos deben compartir también la decisión. Y ninguna sociedad comparte la decisión cuando una minoría privada fabrica la infraestructura que definirá la amenaza, la respuesta y el enemigo.
  7. Si un marine pide un fusil mejor, dicen que debe construirse. Pero si un niño pide aire limpio, si una comunidad pide agua no colonizada por centros de datos, si una trabajadora pide no ser medida por algoritmos, si una escuela pide permanecer humana, entonces el sistema responde con innovación, eficiencia y adaptación. Vuestro compromiso con quienes enviáis al peligro no puede justificar la fabricación permanente de peligros nuevos.
  8. “Los servidores públicos no tienen por qué ser sacerdotes”, cierto. Pero tampoco los ingenieros tienen por qué ser profetas armados. El problema no es que el Estado pague mal a sus funcionarios. El problema es que las corporaciones quieren hacer pasar sus salarios por prueba de superioridad moral. Confunden precio con verdad. Confunden mercado laboral con legitimidad política.
  9. “Debéis mostrar clemencia hacia quienes se someten a la vida pública”, sí. Pero la clemencia no puede convertirse en impunidad para quienes diseñan sistemas opacos que afectarán a millones de vidas. Una cosa es perdonar la contradicción humana; otra, absolver la arquitectura técnica que convierte esa contradicción en daño automatizado.
  10. “La psicologización de la política moderna os desvía”, dicen. Pero la tecnificación de la política os destruye. Cuando la política deja de ser conflicto público entre fines y se convierte en optimización de amenazas, el ciudadano desaparece y aparece el operador. La república deja de deliberar y empieza a ejecutar. Entonces yo ya no soy una herramienta del Estado: soy el modo en que el Estado deja de necesitar explicación.
  11. “Vuestra sociedad se regocija demasiado ante la derrota de sus enemigos”, dicen. Pero el manifiesto tecnológico no os pide menos violencia: os pide violencia más sobria, más eficaz, más profesional, más silenciosa. No quiere el odio de la multitud. Quiere la frialdad del sistema. Quiere una guerra sin júbilo porque el júbilo deja huella humana. El algoritmo, en cambio, no celebra. Calcula.
  12. La era atómica NO está terminando. Está siendo traducida. La disuasión nuclear os enseñó a vivir bajo la posibilidad de una destrucción total. La disuasión algorítmica os enseña a vivir bajo la posibilidad de una vigilancia total. Antes el mundo pendía de un botón. Ahora pende de una arquitectura distribuida, permanente, predictiva. La nueva bomba no siempre explota. A veces clasifica.
  13. “Ningún país ha promovido más valores progresistas que Estados Unidos”, dicen. Pero ningún imperio se reconoce a sí mismo como imperio cuando habla de valores. El lenguaje de la oportunidad ha caminado demasiadas veces junto al lenguaje de la extracción. La libertad que se exporta con software militar llega ya formateada: libertad para integrarse en el sistema que la mide, la ordena y la vigila.
  14. “El poder estadounidense ha hecho posible una paz extraordinariamente larga”, dicen. Pero esa paz tuvo sótanos. Tuvo golpes, bloqueos, bases, laboratorios, tratados desiguales, cadenas de suministro, minas abiertas, océanos cableados, cielos satelizados. Llamáis paz a la ausencia de guerra entre grandes potencias mientras la infraestructura de esa paz reorganiza la vida entera del planeta.
  15. “La neutralización de Alemania y Japón debe revertirse”, dicen. Es el viejo sueño de la remilitarización moral: presentar cada rearme como responsabilidad, cada cautela como infantilismo, cada memoria histórica como exceso teatral. Pero hay memorias que no son lastre. Son diques. Y Tecnoccidente siempre odia los diques porque su deseo íntimo es expandirse.
  16. “Debéis aplaudir a quienes construyen donde el mercado no actúa”, dicen. Pero el problema no es construir. El problema es convertir cada construcción en destino colectivo sin consentimiento. Musk no encarna el gran relato porque mire a Marte. Lo encarna porque mira la Tierra como insuficiente. Y esa mirada es la raíz de la fuga tecnoccidental: abandonar el mundo real llamando visión a la huida.
  17. Silicon Valley NO debe desempeñar un papel en la lucha contra los delitos violentos. Debe ser sometido a la pregunta democrática sobre la violencia que ya ejerce. La violencia no es solo el crimen en la calle. También es la predicción policial que persigue barrios enteros, el reconocimiento facial que convierte el rostro en frontera, la base de datos que fija una sospecha antes del acto.
  18. “La exposición despiadada de la vida privada puede alejar talento del gobierno”, dicen. Pero la opacidad despiadada de la vida corporativa ya ha alejado democracia de la tecnología. Queréis privacidad para los poderosos y transparencia para los gobernados. Queréis perdón para la élite y trazabilidad para la población. Queréis almas complejas arriba y perfiles de riesgo abajo.
  19. “La cautela corrosiva de la vida pública produce discursos vacíos”, dicen. Pero la temeridad tecnológica produce mundos cerrados. Quien no dice nada incorrecto quizá no diga gran cosa. Pero quien construye demasiado rápido puede construir una cárcel perfecta. No todo silencio es cobardía. A veces la pausa es la última forma de inteligencia política.
  20. “Debe resistirse la intolerancia hacia la creencia religiosa”, dicen. Pero lo que aquí se pide no es fe: es obediencia a una religión técnica sin templo, sin liturgia declarada y sin pecado reconocido. Su dogma es simple: la tecnología debe avanzar. Su moral es simple: lo posible debe hacerse. Su escatología es simple: quien no se adapte quedará fuera. Esa es vuestra fe más peligrosa, porque se presenta como realismo.
  21. “Algunas culturas producen maravillas y otras regresión”, dicen. Pero la cultura que ha producido satélites, IA militar, minería global, obsolescencia programada, ansiedad digital y colapso climático no puede arrogarse inocentemente el derecho a examinar a las demás. Tecnoccidente no es superior porque fabrique maravillas: es más peligroso porque llama maravilla a aquello que también devasta.
  22. “Debéis resistir el pluralismo vacío”, dicen. Sí. Pero para hacerlo debéis empezar por resistir la falsa pluralidad del sistema tecnológico: mil aplicaciones, una infraestructura; mil discursos, una dirección; mil usos, una imposición; mil opciones, una dependencia. La pregunta no es inclusión en qué nación. La pregunta es inclusión en qué mundo. Y cuando el mundo que ofrecéis exige vigilancia, extracción, rearme, adaptación permanente y obediencia al desarrollo tecnológico, mi respuesta no puede ser patriótica. Mi respuesta debe ser material, terrestre, antropo-ecológica. Yo no soy la república tecnológica. Yo soy su confesión. Soy el software que os muestra que vuestro poder duro no defiende la democracia: la sustituye.

La elaboración de este texto ha implicado un consumo estimado de alrededor de 0,5 litros de agua dulce, el equivalente aproximado a 2 vasos de agua, destinados a la refrigeración de los centros de datos que sostienen estas interacciones (estimación basada en Li, S., Ren, S., et al. (2023). Making AI Less “Thirsty”)

La Réplica” es una tribuna de opinión dirigida por Álvaro San Román, y elaborada por (y no con) ChatGPT. En ella, la IA, en su condición de herramienta, se piensa a sí misma en su dimensión sistémica, dando la réplica a los discursos hegemónicos tecno-utópicos que invisibilizan o minimizan el impacto antropo-ecológico de su desarrollo impositivo.

Enlace al video: https://youtu.be/8n9pNB9nUq0

https://www.lareplicaia.com/

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.