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La larga marcha

Fuentes: Rebelión

Los desaguisados cometidos desde el gobierno macrista encendió el alerta en amplios sectores de la sociedad argentina y que frente al panorama preocupante y desolador en lo económico y social, comenzaron a encontrarse y actuar en legítima defensa en contra de un modelo que los empuja al abismo.

Estamos llegando al final de un camino, que muchos empezaron a transitar el 9 de Diciembre de 2015, cuando cientos de miles de personas llenaron la plaza de Mayo, para darle una justa despedida a la presidenta Cristina Fernández, después de 8 años de gestión.

El pueblo que muchas veces se equivoca, había entronizado en la Casa Rosada a uno de los gobiernos más nefastos de la historia nacional, que en vez de la alegría prometida, sumiría a la mayoría de los argentinos en sangre, sudor y lágrimas.

Mientras el complejo mediático anunciaba con letras de molde el destierro definitivo del populismo del país y comenzaba la conocida saga de las persecuciones judiciales del elenco gubernamental, recientemente derrotado.

La diatriba, las fake news, los procesos amañados, la violación del estado de derecho y los negociados de amigos, se enseñoreaban sobre el horizonte político.

La desorientación del peronismo era evidente y el paso de muchos dirigentes a las huestes del vencedor eran más que palpable y muchos de los que habían bebido de las mieles del kirchnerismo, como por arte de magia se transformaron en críticos de su gestión.

A poco de transcurrido el tiempo, y en medio de ese marasmo, en 2017, la oposición vuelve a recibir un cachetazo que lo pone al borde del nockaut, que aparentemente preanunciaba el ostracismo definitivo de la ex presidenta.

Pero como en política y sobre todo en la Argentina, nada es definitivo, los desaguisados cometidos desde el gobierno macrista, encendió el alerta en amplios sectores de la sociedad argentina y que frente al panorama preocupante y desolador en lo económico y social, comenzaron a encontrarse y actuar en legítima defensa en contra de un modelo que los agredía a diario y los empujaba al abismo.

A los ponchazos primero, con tozudez en muchos casos y luego con madurez, el campo popular entendió que «si los hermanos se pelean, los devoran los de afuera» (Martín Fierro) y de a poco con la sumatoria de amplios sectores sociales y políticos, muchas veces críticos y enfrentados al peronismo, comenzaron a tejer la trama necesaria para recuperar para los intereses nacionales, el gobierno.

Pese a las diferencias, paso a paso, los consensos fueron superando a los disensos y el aporte de las organizaciones gremiales fue definitorio para encauzar el compromiso de avanzar en conjunto, en defensa de la Patria.

En tal sentido justo es recordar las palabras de Cristina, que a modo de despedida le decía a la sociedad, en el acto referido: «Tenemos que tener la claridad de poner los intereses del país por delante de todo alineamiento internacional«.

«La tarea sigue, no hay que confundirse, el lugar natural de un militante no es en el gobierno, sino junto al pueblo«, dijo.

Y concluyó: «Sólo le pido a Dios que quienes nos sucedan por imperio de la voluntad popular dentro de cuatro años puedan, frente a una plaza como esta, decirle a todos los argentinos que también puede mirarlos a los ojos«.

Esto último es difícil que lo puedan cumplir de manera alguna, la salida de este gobierno, será más parecida a la huida de Hernán Cortez de México en la famosa «Noche Triste«, que a otra cosa más decorosa.

Pero cuidado, todavía no hemos llegado a la meta, tenemos por delante un adversario poderoso, que pese a la declinación notoria, y que pierde el pelo todos los días, sigue teniendo todas las mañas y una coalición poderosa pocas veces vista en el país, como sostén y que se han erigidos en los beneficiarios de sus políticas.

Esa enorme entente, compuesta por el partido judicial, políticos decadentes, empresarios a los que «les interesa el país» para comérselo, y medios de comunicación, entre otros, nos legarán una pesada herencia en serio, que ha transformado todo nuestro patrimonio en una deuda desproporcionada y única en la historia por estos lares.

Además, quienes mayoritariamente conducen a la oposición, deben entender como en la vieja canción, que «en el campo del pueblo hay gente de su partido, pero del otro también» y tener la generosidad y apertura para dar cabida a todos esos sectores.

Desde lo personal, digo: que los que somos o nos sentimos radicales por convicción, somos conscientes que la grieta o la contradicción histórica entre pueblo – antipueblo, sigue más vigente que nunca y se expresa en Patria o Corporaciones.

Sabemos que Cambiemos representa a los herederos de los que atentaron contra los gobiernos de Yrigoyen, Perón, Illia, y Alfonsín, por lo que aliarse con ellos o votarlos, es una defección histórica y una claudicación ética.

Y decimos que los que en la Convención de la U.C.R. ratificaron la nefasta alianza con Macri y la derecha, son los que toleran todos los atropellos a los derechos ciudadanos y que se quieren perpetuar en unos pocos cargos, colgados de Macri-Pichetto, como única tabla de salvación.

Pero no alcanza con que los radicales no votemos a Macri, es necesario hacer un esfuerzo patriótico para caminar juntos con todos aquellos que quieren una Argentina soberana, en libertad, igualdad y con justicia social y por ello, sin renunciar a nuestras convicciones radicales, en la difícil etapa que atraviesa el país, debemos comprometernos a participar y acompañar el Frente de Todos, nacional, popular y patriótico.

Ricardo Luis Mascheroni  es docente universitario y escritor

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.