Recomiendo:
0

Dejamos atrás la guerra de Iraq, pero los iraquíes no tienen esa opción

Fuentes: The Guardian

Traducido del inglés para Rebelión por Sinfo Fernández.

Como personajes de «El Gran Gatsby», Gran Bretaña y Estados han vuelto arrogantemente sus espaldas y abandonado un país en ruinas.

El polvo se va arrastrando por las largas carreteras que semejan dedos del desierto. Se te mete por los ojos, por la nariz y la garganta; se arremolina en los mercados y en los patios de las escuelas, devorando a los niños que juegan al balón; y va extendiendo, según el Dr. Jawad Al-Ali , «las semillas de nuestra muerte». El Dr. Ali, un especialista en oncología internacionalmente reconocido del hospital universitario Sadr, me dijo esas palabras en 1999, y hoy en día su advertencia resulta ya irrefutable. «Antes de la Guerra del Golfo», me contaba, «teníamos dos o tres pacientes de cáncer al mes. Ahora, cada mes se nos mueren de cáncer entre 30 y 35. Nuestros estudios indican que entre el 40 y el 48% de la población de esta zona padecerá cáncer. Esa estimación es para un primer período de cinco años, después será peor. Esa cifra representa casi la mitad de la población. La mayor parte de mi propia familia lo padece, y no teníamos antecedentes de esa enfermedad. Aquí ocurre como en Chernobyl, los efectos genéticos son nuevos para nosotros; los champiñones crecen enormes, incluso las uvas de mi jardín han mutado y no podemos comerlas».

A lo largo del pasillo, la Dra. Ginan Ghalib Hassen, pediatra, sostenía un álbum de fotos de los niños que está intentando salvar. Muchos de ellos padecían neuroblastoma. «Antes de la guerra, sólo vimos un caso en dos años de ese raro tumor», dijo. «Ahora tenemos muchos casos, y la mayoría sin antecedentes en la historia familiar. He estudiado lo que sucedió en Hiroshima . El incremento repentino de ese tipo de malformaciones genéticas es el mismo».

Entre los doctores que entrevisté había pocas dudas de que la causa era el armamento de uranio empobrecido utilizado por los estadounidenses y británicos en la Guerra del Golfo. Un físico militar estadounidense de los destinados a limpiar el campo de batalla de la Guerra del Golfo en la frontera con Kuwait dijo: «Cada ronda lanzada por un avión de combate A-10 Warhog tenía 4.500 gramos de uranio sólido. Se utilizaron más de 300 toneladas de uranio empobrecido. Eso supone una modalidad de guerra nuclear».

Aunque el vínculo con el cáncer resulta siempre difícil de probar de forma absoluta, los doctores iraquíes sostienen que «la epidemia habla por sí sola». El oncólogo británico Karol Sikora, director del programa para el cáncer de la Organización Mundial de la Salud durante los años de la década de 1990, escribió en el British Medical Journal: «Los asesores británicos y estadounidenses [en el comité de sanciones a Iraq] bloquean constantemente las peticiones de equipamiento para radioterapia, las medicinas de quimioterapia y los analgésicos». Y me dijo: «La OMS nos advirtió específicamente que no mencionáramos siquiera el tema de Iraq. La OMS no es una organización que le guste implicarse en política».

Recientemente, Hans von Sponeck, ex asistente del secretario general de las Naciones Unidas y alto responsable para asuntos humanitarios de la Organización en Iraq, me escribía: «El gobierno estadounidense intentó impedir que la OMS investigara las áreas del sur de Iraq donde se había utilizado uranio empobrecido y originado graves riesgos de salud y medioambientales». No hay forma de que se publique un informe de la OMS que contiene los resultados de un estudio de referencia realizado conjuntamente con el ministerio iraquí de sanidad. El estudio abarcó 10.800 hogares y contiene «pruebas irrefutables», ha declarado un funcionario del ministerio y, según uno de sus investigadores, se mantiene como «alto secreto». El informe dice que las malformaciones congénitas han aumentado hasta conformar una «crisis» que afecta a toda la sociedad iraquí en los lugares donde las fuerzas británicas y estadounidenses utilizaron uranio empobrecido y otros metales pesados tóxicos. Catorce años después de que sonara la alarma, el Dr. Yawad Al-Ali informa de múltiples casos fenoménicos de cáncer en familias enteras.

Iraq ya no es noticia. La pasada semana, la matanza de 57 iraquíes en un solo día pasó prácticamente desapercibida comparada con el asesinato de un soldado británico en Londres. Sin embargo, las dos atrocidades están conectadas. Su emblema podría ser la lujosa nueva versión de El Gran Gastby, basada en la novela de F. Scott Fitzgerald. «Dos de los principales personajes», escribió Fitzgerald, «se dedicaron a destrozar cuanto encontraban, regresando después a su riqueza o a su inmensa indiferencia… dejando que otra gente limpiara el desastre».

El «desastre» dejado por George Bush y Tony Blair en Iraq es una guerra sectaria, las bombas de 7/7 y, hace unos días, un hombre agitando un ensangrentado cuchillo de carnicero en Woolwich. Bush se ha retirado a su » biblioteca y museo presidenciales» de Micky Mouse y Tony Blair a sus viajes de grajo y a su dinero.

Su «desastre» es un crimen de proporciones épicas, escribió Von Sponeck, refiriéndose a la estimación hecha por el ministerio iraquí de asuntos sociales de 4,5 millones de niños que han perdido a uno o a dos de sus progenitores. «Esto significa que el 14% de la población de Iraq está integrada por huérfanos», escribió. «Se estima que un millón de familias tienen como cabeza de familia a una mujer, la mayoría de ellas viudas». La violencia doméstica y los abusos a los niños son, con toda justicia, cuestiones urgentes en Gran Bretaña; en Iraq, la catástrofe encendida por Gran Bretaña ha llevado violencia y abusos a millones de hogares.

En su libro Dispatches from the Dark Side, Gareth Peirce, la destacada defensora británica de los derechos humanos, aplica el imperio de la ley a Blair, a su propagandista Alastair Campbell y a su confabulado gabinete. «Para Blair», escribe, «había que desactivar por todos los medios posibles, y de forma permanente, a los seres humanos de los que se supone mantienen puntos de vista islamistas…. en palabras de Blair, un ‘virus’ a ‘eliminar’ que requiere ‘toda una miríada de intervenciones profundas en los asuntos de otras naciones’. El concepto mismo de guerra se ha transformado en ‘nuestros valores frente a los suyos’ «. Y, no obstante, dice Pierce, «los hilos de emails, de comunicados internos del gobierno, no revelan ninguna discrepancia». Para el secretario de exteriores, Jack Straw, enviar ciudadanos inocentes a Guantánamo era «la mejor forma de conseguir nuestros objetivos de contraterrorismo».

Esos crímenes, su iniquidad a la par de Woolwich, esperan juicio. Pero, ¿quién lo exigirá? En el teatro kabuki de la política de Westminster, la alejada violencia de «nuestros valores» no interesa. ¿Vamos también nosotros a volverles la espalda?

 John Pilger es corresponsal de guerra, cineasta y escritor.

Fuente: http://www.guardian.co.uk/commentisfree/2013/may/26/iraqis-cant-turn-backs-on-deadly-legacy