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La calle y el mural

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Fuentes: Rebelión

En un día a día donde el odio se reproduce como polvareda, cuando las armas son lo común, encontrarse a personas que eligen crear en lugar de cortar, estancar, arrancar y estorbar es algo maravilloso. Porque crear es sembrar una semilla que germinará; es como reforestar.

Quien crea a veces pasa desapercibido como todas las cosas simples de la vida que por hermosas ya se han asimilado como algo habitual. Como el oxigeno que respiramos, ya es algo habitual que no se percibe,  pero si un día nos falta entonces ahí se va a valorar su importancia. Es deslumbrante un atardecer de cielo rojizo, pero deslumbrante son también los pétalos de las flores silvestres que crecen a la orilla del asfalto, entre los zacatales o como monte maligno en los jardines de decoración con flores importadas.  


A veces es así, se ven lindas las manos de un oficinista con su manicura y lo tomamos como señal de limpieza y señalamos las manos de los campesinos que trabajan todos los días la tierra nutriéndonos con los frutos y vegetales que llevamos a la boca,  a ellos los llamamos sucios por sus pies grietados y zanjeados entre tierra, cansancio y sol. 


Así sucede con las cosas simples, las cosas sencillas. Las cosas hermosas. La belleza está en todos lados y en todo momento, es un instante a veces pero aparece y está ahí solo tenemos que alertar los sentidos y observar, escuchar, sentir, tocar, respirar… Soltar lo voluble de nuestra consistencia humana para dejarnos acariciar por la belleza de lo simple, de lo natural, de lo extraordinario.


Caminando por las calles de la ciudad de Chicago, de visita en el lugar donde hace años estaba un mural de Martin Luther King y Bob Marley me encontré con la sorpresa que lo habían borrado para crear otro, otro que alentaba a las mujeres a seguir luchando: por sus espacios, por hacer escuchar sus voces, por exigir sus derechos, por defender su existencia, sus cuerpos, sus opiniones, sus pensamientos, sus creaciones, su género. 

Un mural que no está terminado aún y tuve la oportunidad de conocer al artista que lo está pintando. Me llamó la atención el artista pero mucho más su amigo, el amigo alentador, el alero, el que carga los botes de pintura, el que le pasa el marcador, el que le sostiene el vaso de café. Ese amigo que cree en el talento del artista.  Crucé la calle y me acerqué, sorprendida por el nuevo mural  y mientras lo observaba se acercó un joven afro para decirme que el artista era su amigo, está ahí, me dijo, señalando un automóvil estacionado, volteé a ver y adentro en el lugar del piloto estaba otro afro, fumándose un cigarro y me saludó con la mano. 


El amigo preparaba los botes de pintura, me explicaba la obra, los detalles totalmente emocionado, con amor, con dedicación. A mí me sorprendía él, me maravillaba él y su forma de confiar en su amigo artista y de enaltecer su obra, su intención, su creatividad. Son muy pocas las personas que no sienten envidia del talento de los otros, que acompañan, que empujan, que van a la par. Son hermosas esas personas y a veces mucho más que los artistas que crean las obras. 


El mural tiene frases en distintos idiomas, porque en el sector vive gente de la comunidad afro y latina, me llamó la atención que fuera un hombre negro el que pintara ese mural dedicado a enaltecer el valor de la mujer y su fuerza. Bajó el artista del carro y le pregunté por qué, comenzó a reír, es lo que pinto  me dijo, pinto mujeres, mi obra es admirar la fuerza de las mujeres. Conversando con el artista que tomó los botes de spray para continuar con el mural, me di cuenta que era otro hombre sencillo, como el amigo que lo observaba con admiración. 

Y por eso escribo este texto, porque la humildad debe ser la esencia del alma que crea. Y yo admiro y valoro cuando un humano sabe que es mortal y que no es más importante que las alas de un mosquito. De esa esencia debemos nutrirnos los seres humanos sea cual sea nuestra profesión u oficio. Total, que al parar las patas no nos llevamos absolutamente nada, de la nada venimos y hacia la nada nos vamos tal y como llegamos: en pampa. 


En un día a día colapsado por la avaricia, el odio y el rencor, es reconfortante encontrarse en una pared cualquiera de una calle cualquiera, un mural que sin importar el tema nos saque un momento de la realidad y nos haga soñar con un mundo distinto. Y qué hermoso es saber que hay personas que en lugar de cortar prefieren sembrar…


Blog de la autora: https://cronicasdeunainquilina.com