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Acerca de de la película The Way of a Warrior de Andreas Pichler

Fuentes: Rebelión

En el marco de las décimas jornadas cinematográficas dionisíacas celebradas en la primera semana de febrero en Saint-Denis se proyectaron películas en torno al vínculo que mantiene el cine con las cuestiones religiosas. El festival contó con la participación de diversos cineastas y algunos especialistas en ciencias sociales que intentaron analizar la manera en que, […]

En el marco de las décimas jornadas cinematográficas dionisíacas celebradas en la primera semana de febrero en Saint-Denis se proyectaron películas en torno al vínculo que mantiene el cine con las cuestiones religiosas. El festival contó con la participación de diversos cineastas y algunos especialistas en ciencias sociales que intentaron analizar la manera en que, a través del discurso fílmico, se expresan determinadas tensiones culturales y, en algunos casos, contradicciones socio-políticas. Tal es el caso del documental The Way of a Warrior del director Andreas Pichler, el cual a invitación expresa de los organizadores de dichas jornadas fungí como comentarista. He aquí parte de mi intervención.

El documental gira en torno de la figura de Michael Nothdurfter, oriundo de la región alpina del Tirol, quien guiado por la orden franciscana recibió su formación básica en la ciudad de Bolzano. Realizó parte de sus estudios superiores en Inglaterra y Holanda y, posteriormente, se embarcó hacia Bolivia en 1982 donde, después vivir múltiples experiencias con indígenas, mineros y estudiantes se incorporó al partido del Bloque Popular Patriótico (BPP), grupo dirigido por el jesuita Rafael Puente.

En 1987, Michael Nothdurfter abandonó el BPP y creó con otros miembros el Ejército Patriótico de Liberación Nacional (EPLN) con la intención de transformar la sociedad por medio de la acción revolucionaria. Una de sus acciones fue el secuestro del empresario Jorge Lonsdale (representante de Coca-Cola). Dicha acción político-militar tuvo como consecuencias la muerte de Nothdurfter y de dos miembros más del grupo Comisión Néstor Paz Zamora (CNPZ) quienes habían tenido cautivo durante el segundo semestre de 1989 al representante de dicha firma norteamericana.

A lo largo de la estructura narrativa se observan algunos de los principales protagonistas de la teología de la liberación, tal es el caso de Monseñor Óscar Arnulfo Romero y del poeta Ernesto Cardenal. Sacerdotes que increparon la violencia estructural que atentaba contra la población más vulnerable de los países latinoamericanos. Asimismo, tanto la influencia de la Revolución Sandinista como la presencia del Movimento dos Trabalhadores Rurais Sem Terra son presentadas de manera explícita. Huelga decir que la Revolución Sandinista (1978-1990) representaba un horizonte no sólo político sino ideológico para muchos intelectuales, teólogos y luchadores sociales de la época pues expresaba una complementariedad profética entre el discurso religioso (teología de la liberación) y el político (marxismo): ¡Entre cristianismo y revolución no había contradicción! Se gritaba por aquellos años. En ese sentido, aunque en el documental no se explica la forma en que la revolución nicaragüense impactó al joven Nothdurfter suponemos que fue capital en su decisión para cruzar el Atlántico.

Durante el film podemos escuchar el testimonio de algunos de los miembros de la CNPZ que se declaran abiertamente católicos. Pero ¿cómo entender la relación entre la religión y un proyecto político, supuestamente ateo, como es el marxismo? ¿Acaso no es la religión el opio de los pueblos? ¿O será que la mezcla del marxismo con la religión como declaró el hermano de Michael Nothdurfter fue fatal? Pensamos que dichas cuestiones pueden ser esclarecidas desde la sociología de la cultura por el concepto de «Cristianismo de la liberación» propuesto por Michael Löwy[1].

Analizando la función social de la teología de la liberación en América Latina, Michael Löwy señala que ésta es la punta de iceberg de un fenómeno más amplio que se constituye al seno del cristianismo. Löwy asegura que los dos eventos históricos que condicionaron la emergencia de la teología de la liberación fueron, por un lado, la elección de Juan XXIII y, por el otro, la revolución cubana. Empero, apoyado en los comentarios de Leonardo Boff, Löwy advierte que la teología de la liberación es el reflejo de una práctica que la antecede y, al mismo tiempo, una reflexión sobre la misma. En este sentido Löwy señala que la teología de la liberación es la expresión de un vasto movimiento social que se desarrolló en la década de los sesenta, es decir, mucho antes de que se publicaran las primeras obras de los teólogos liberacionistas. 
 
Michael Löwy realizó un estudio sobre las «afinidades electivas» entre el cristianismo de la liberación y el marxismo para dilucidar la convergencia política y social de estos discursos. Al respecto, Löwy muestra que el «cristianismo de la liberación» expresado en las Comunidades Eclesiales de Base, los movimientos de la Juventud Universitaria Católica o de los Jóvenes Obreros Católicos en Brasil -por mencionar algunos ejemplos- compartía el mismo ethos crítico a la modernidad como proceso de dominación y explotación. De ahí que la referencia a la transformación de la sociedad es una demanda generalizada tanto en los militantes católicos como en los partidarios del marxismo libertario.

Löwy apunta ciertas coincidencias en la crítica de los teólogos liberacionistas y los pensadores marxistas. Por una parte se encuentra la crítica al capitalismo y sus expresiones culturales -consumismo, idolatría del mercado, fetichismo de la mercancía, entre otras- y, por la otra, la apuesta -en sentido pascaliano- a un mundo democráticamente concreto, esto es, una sociedad sin clases. Es por ello que en un nivel teórico, los teólogos de la liberación precisaron del uso de herramientas analíticas de origen marxista ya que sólo éstas permitían develar el núcleo perverso del capital y su lógica predatoria. Indudablemente la sociología positivista o la «Alta teoría funcional» como expresiones ideológicas del capitalismo no permitirán ello ergo los teólogos encontraron en el marxismo un imprescindible arsenal analítico que les permitió explicar sociológicamente las causas de la pobreza, el origen de la marginalización y la génesis de la explotación. Es evidente que algunos miembros de la Iglesia radicalizaron su posición llegando incluso a la militancia no sólo política sino insurgente. La figura del sacerdote y sociólogo Camilo Torres es referencia obligada dentro de la historia de la Iglesia que ha tomado a los pobres como su opción preferencial y que ha debido recurrir a la violencia como una terrible necesidad histórica.

Si bien la violencia es evocada en el film como inevitable recurso, nos parece que no es tomada en su justa dimensión, es decir, no es contemplada como consecuencia de una violencia que la constituye, esto es, la violencia estructural del sistema económico. Al respecto es importante ponderar los trabajos de Frantz Fanon y de Cyril Lionel Robert James que dan cuenta de dicha violencia como matriz de las otras violencias cotidianas.

La constante criminalización de los movimientos sociales por parte de las administraciones de derecha o de los supuestos gobiernos «progresistas»[2] nos alerta sobre su complicidad en la agudización de las tensiones sociales por medio de los recortes presupuestales, la disminución del gasto público, el aumento de impuestos y la privatización de los recursos y, al mismo tiempo, deja en evidencia su hipocresía en relación al tema de la seguridad ya que sólo institucionaliza y administra la supresión del homo sacer moderno.

En este sentido, el documental vuelve a desentrañar, es decir, evoca fantasmas que parecían ya exorcizados en el imaginario socio-político. Después de la caída del Muro de Berlín en el 89 y la derrota del Frente Sandinista en el 90 ¿quiénes serian los escépticos al «fin de la historia? En mundo donde se globaliza el american way of life ¿quiénes serian los trasnochados que pugnan por una sociedad sin clases? En un planeta donde se acepta diligentemente las reglas que impone la democracia liberal-burguesa ¿quiénes serian los sacrílegos en poner en tela de juicio dichas normas?

Quizá hoy más que nunca resulte necesario escuchar a esos escépticos, trasnochados y sacrílegos puesto que así su mensaje de esperanza y de rebeldía podrá seguir alumbrando el camino de liberación en esta larga marcha. Al igual que los campesinos sin tierra de Brasil o los zapatistas del sureste mexicano nos siguen guiando a través de su lucha cotidiana y su dignidad, siempre indómita.

[1] Cfr. Michael Löwy, Guerra de dioses, religión y política en América latina, Siglo XXI, México,1999. Sobre el texto de Löwy recomiendo la excelente reseña de José Manuel Meneses Ramírez titulada: «Michael Löwy y la religión» en Definitivamente Jueves, Revista de Literatura de El Columnista, año 0, Núm. 18  Jueves 26 de marzo de 2009, Puebla, México, p. 5.
 
[2] El subcomandante Marcos ha subrayado la función del aparato represivo impuesto en el Distrito Federal durante la gestión de Andrés Manuel López Obrador, el supuesto presidente legitimo quien importó de los Estados Unidos la doctrina de la tolerancia cero y que hoy en día es aplicada por el gobierno de Marcelo Ebrard. Cfr. Primer viento del Festival Mundial de la Digna Rabia, 2 de enero de 2009. 

Rebelión ha publicado este artículo a petición expresa del autor, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.