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Ante el ataque a Faluya

Fuentes: CSCAweb

¿Qué sentido tiene hablar sobre su ilegalidad cuando los ataques precedentes y la agresión de 2003 son ilegales? ¿De qué vale hablar del sufrimiento de miles de iraquíes cuando con las sanciones impuestas por Naciones Unidas se condenó a Iraq al genocidio?

El pasado 8 de noviembre de 2004 se recibe en Occidente la noticia del ataque estadounidense sobre Faluya. ¿Qué sentido tiene hablar sobre su ilegalidad cuando los ataques precedentes y la agresión de 2003 son ilegales? ¿De qué vale hablar del sufrimiento de miles de iraquíes cuando con las sanciones impuestas por Naciones Unidas se condenó a Irak al genocidio?

¿Para qué condenar el uso de la fuerza desproporcionada del atacante si se condenó la tortura en la prisión de Abu Ghraib, el empleo de munición cancerígena, las mentiras que justificaron la guerra, el desprecio por los derechos humanos de la población y sin embargo los estadounidenses han confirmado a Bush en su puesto, es decir han bendecido todo lo anterior?

Todo ha sido dicho. Sólo queda, por tanto, que los valientes se unan a los resistentes allí. Los demás pueden al menos apoyar la resistencia desde cualquier lugar. Cuando no hay justicia ni respeto de los derechos humanos, la gente aplaca su ira con el deseo de que la resistencia se alce finalmente con la victoria.

También cabe cantar a los héroes de Faluya y la alegría en medio del horror:

Faluya se adorna hoy con la sangre de sus mártires.
Faluya se ilumina esta noche con las caras de sus héroes.
Faluya se estremece con los movimientos de los resistentes.
Faluya se enorgullece de ser el germen de la Intifada mundial.

¡Faluya!

Cada uno de tus muertos es un símbolo para todos.
Cada uno de tus soldados un hermano mayor.
Cada una de tus balas un regalo para la humanidad doliente.
Cada día de resistencia mil años de dignidad.