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La corriente as-Sáder retorna a las instituciones colaboracionistas para desactivar el conflicto con EEUU

Bush, al-Maliki y as-Sáder: dobles parejas

Fuentes: Iraq Solidaridad

Al-Maliki y as-Sáder en rueda de prensa conjunta en la Zona Verde de Bagdad, enero de 2006. (Foto: AP) El pasado domingo, 21 de enero, portavoces de la corriente del clérigo shií Moqtadar as-Sáder anunciaban en rueda de prensa, acompañados de representante de otras formaciones de la Alianza Unida Iraquí (la coalición electoral y gubernamental […]

Al-Maliki y as-Sáder en rueda de prensa conjunta en la Zona Verde de Bagdad, enero de 2006. (Foto: AP)

El pasado domingo, 21 de enero, portavoces de la corriente del clérigo shií Moqtadar as-Sáder anunciaban en rueda de prensa, acompañados de representante de otras formaciones de la Alianza Unida Iraquí (la coalición electoral y gubernamental shií), el fin de su boicot parlamentario, iniciado tras la cita de Bush y el primer ministro al-Maliki en Amán de finales de noviembre [1]. Para retornar al Parlamento, as-Sáder y sus seguidores han dado por bueno el compromiso con sus socios de gobierno de creación de un comité parlamentario que analizará el establecimiento de un calendario para el desarrollo de fuerzas de seguridad militares iraquíes y la subsiguiente negociación de retirada de las tropas de ocupación.

La corriente de as-Sáder (que no es formalmente una organización o partido político) ostenta 30 de los 275 escaños del parlamento iraquí y seis ministerios en el gobierno de al-Maliki. Dentro del bloque confesional shií hegemónico en las instituciones colaboracionistas, ha sido el principal apoyo del actual primer ministro iraquí Nuri al-Maliki, miembro de un partido menor, también confesional shií, ad-Dawa, frente a la formación histórica del shiísmo confesional opositor a Sadam Husein y con fuertes vínculos con Irán, el Congreso Supremo de la Revolución Islámica en Iraq (CSRII), que dirige Abdul Aziz al-Hakim. La milicia de as-Sáder, el Ejército del Mahdi, con sus 60.000 efectivos, es hoy por hoy la principal formación sectaria de Iraq.

Pese a pertenecer a las instancias colaboracionistas creadas por EEUU y Reino Unido, la corriente de as-Sáder se posiciona abiertamente en contra de la permanencia indefinida de las tropas de ocupación en Iraq, recogiendo -y administrando- así el sentimiento anti-ocupación que es también mayoritario entre los shiíes iraquíes. Sin embargo, la corriente de as-Sáder no es una fuerza resistente: no ha participado en la actividad armada contra los ocupantes (al menos desde los enfrentamientos del verano de 2004 de Nayaf) y ha respetado el edicto religioso (fatua) que, inmediatamente después de ocupado el país, emitió parte de la jerarquía religiosa shií retornada del exilio iraní prohibiendo atacar a las fuerzas de ocupación, prohibición que, salvo algún incidente, han respetado el conjunto de las milicias confesionales shiíes, incluido el Ejército del Mahdi.

Momento crítico

La decisión de poner fin a la suspensión -como así se definió en noviembre- de su participación institucional se produce en un momento muy particular de la deriva interna iraquí: de colapso de la ocupación [2] y tras el anuncio de la denominada «Nueva estrategia para Iraq» por parte del presidente Bush, que contempla esencialmente intentar controlar Bagdad y someter áreas de intensa actividad guerrillera incrementando en 21.500 los efectivos estadounidenses en el país [3]. Para intentar controlar Bagdad (un área urbana -en realidad, otra provincia más del país- de 50 kilómetros de diámetro y hasta seis millones de habitantes) se destinará la mayor parte de la cifra indicada: 17.500 soldados. El argumento publicitario de Bush para seguir gastando dinero y vidas en Iraq es poner fin a la escalada de violencia sectaria que sufre el país y la capital en concreto.

Echando balones fuera, Bush acusa a fuerzas foráneas a Iraq de la catástrofe que sufre el país. Ciertamente, la retórica que prevalece en los últimos discursos de Bush es acusar de la quiebra interna que vive Iraq, por una parte, a «[…] Al-Qaeda y otros extremistas sunníes» y, por otra, a «[…] elementos radicales shiíes, algunos de los cuales reciben apoyo de Irán y han formado escuadrones de la muerte«, como ha afirmado el pasado 24 de enero en su discurso sobre el Estado de la Nación [4]. Ello le permite además recuperar de nuevo la agresividad verbal contra Irán de los debilitados neocons, en contra de lo recomendado, entre otras instancias, por el Grupo de Estudios de Iraq demócrata-republicado, que en su informe recomendó abrir un diálogo diplomático con Irán y Siria para la estabilización de Iraq, además de con la resistencia [5].

Atrapado entre una resistencia imbatible y la escalada sectaria, Bush ha optado por el contrario por cerrar toda posibilidad de negociación con la resistencia y revalidar a al-Maliki como su exclusivo interlocutor interno [6]. Ciertamente, en contra de las recomendaciones de unos y de otros, Bush ha apostado por una mayor implicación militar directa en Iraq ante la evidente falta de solvencia del nuevo ejército y de los nuevos cuerpos de seguridad iraquíes, los cuales, creados a partir de las milicias sectarias shiíes y kurdas, son más que la solución al «problema de la seguridad» en el país, parte esencial del mismo, al haberse reconvertido en mafias y escuadrones de la muerte uniformados.

Cumplir el trato

Bush ha de lograr ahora que al-Maliki cumpla su parte del trato: poner coto a los desmanes de sus propias milicias y fuerzas de seguridad, mientras EEUU reabre la guerra frontal contra la resistencia en varias provincias del país y en la propia capital. Cinismo puro el de EEUU, al pretender ahora poner orden en un país devastado: los ocupantes, cuanto menos, llevan meses mirando para otro lado mientras los paramilitares shiíes asesinan cada día a un centenar de personas en la capital y aniquilan las estructuras civiles del país. Lo cierto es que, sea cuál sea su génesis, la escalada de terror perpetrada estos meses por los paramilitares shiíes vinculados al gobierno colaboracionista y a sus nuevos aparatos de seguridad, objetivamente ha servido a EEUU, al menos en una primera fase, para aniquilar el tejido asociativo anti-ocupación, de poderoso bullir en los primeros dos años de ocupación. Cabe recordar nuevamente que según el embajador de EEUU en Iraq, Zalmay Jalilzad, el 77% de los asesinatos de civiles en Bagdad son ya obra de escuadrones de la muerte para-gubernamentales [7].

Darse por enterados

Pero tanto al-Maliki como as-Sáder, por la cuenta que les trae, se han dado bien por enterados: uno y otro son el resultado de la ocupación y han medrado a la sombra de los ocupantes.

Al-Maliki, el primer ministro, un personaje débil, miembro de un partido menor, cautivo de la compleja trama interna del confesionalismo shií, se ve forzado hoy a elegir entre llamar la atención a su principal aliado interno, as-Sáder, o perder la confianza de los ocupantes, quienes le exigen que controle la escalada de violencia sectaria que insuflan los escuadrones de la muerte de as-Sáder. Al parecer, el gobierno Bush no descartaría favorecer un golpe de Estado interno y devolver a la presidencia del gobierno a Iyad Alaui, anterior primer ministro, como reiteran medios de información árabes estos días.

El 22 de enero, el diario The Washington Post recogía la información de Associated Press relativa a que dos altos funcionarios del gobierno de al-Maliki daban ya por hecho que el primer ministro iraquí «[…] había puesto fin a su protección de la milicia de as-Sáder, el Ejército del Mahdi, después de que oficiales de inteligencia de EEUU le convencieran [sic] de que «este grupo estaba infiltrado por ‘escuadrones de la muerte'». Como confirmación o advertencia de ello, un portavoz militar de EEUU informaba el pasado martes, 23 de enero, de que más de 600 paramilitares del Ejército de as-Sáder habían sido detenidos en Bagdad en 52 operaciones llevadas a cabo en los últimos 45 días por fuerzas combinadas estadounidenses e iraquíes [8].

Eludir el enfrentamiento

Por su parte, la decisión de as-Sáder de retornar al Parlamento se debe, no al mencionado (y ridículo) acuerdo alcanzado sobre una pactada retirada de los ocupantes de Iraq, sino a su intento de desactivar el enfrentamiento con al-Maliki y el resto de las formaciones del bloque confesional shií de su gobierno, esencialmente con el Congreso Supremo de la Revolución Islámica en Iraq, que hasta la irrupción populista de as-Sáder era la principal fuerza del shiísmo confesional iraquí. Y también, claro está, de desactivarlo con los ocupantes: el diario en lengua árabe al-Hayat informaba en su edición del pasado 16 de enero que los dirigentes del Ejército del Mahdi habían recibido órdenes de eludir el enfrentamiento con las tropas de EEUU en Bagdad, incluso retirándose a zonas de menor confrontación en la capital o fuera de ella.

Como indicábamos antes, en estos días el Pentágono ha dado a conocer detenciones de paramilitares de as-Sáder llevadas a cabo en el último mes y medio. Muy significativamente, estos operativos se han llevado a cabo antes de que as-Sáder y su grupo decidiera volver a las instituciones, no después; e igualmente as-Sáder y su grupo nada han dicho sobre el incremento de tropas de EEUU en Iraq y en concreto en Bagdad, siguiendo así la consigna del gobierno al-Maliki y del propio gobierno Bush: que el envío de más soldados estadounidenses a Iraq responde a la propia estrategia del gobierno iraquí de «[…] lucha del pueblo iraquí contra los grupos terroristas, como los extremistas y los sadamistas», como declaraba el líder del CSRII, al-Hakim a al-Hayat el pasado 18 de enero.

Por todo ello, no cabe imaginar una confrontación frontal entre EEUU y el Ejército del Mahdi de as-Sáder, por lo demás una estructura nebulosa con ramificaciones mafiosas y no toda ella bajo control efectivo del llamado «clérigo radical». No ha llegado aún el tiempo de un desafío frontal contra los ocupantes por parte de as-Sáder, que de salir mal -para alegría de otros socios de la coalición shií-, malograría la preeminencia que ha logrado en el Iraq ocupado. La propia jerarquía religiosa shií no se lo toleraría. Y EEUU no puede debilitar aún más al ya de por sí débil al-Maliki, ahondando en la división del propio campo colaboracionista.

El eje esencial de la realidad de Iraq va a seguir siendo el intento de EEUU de someter la actividad armada anti-ocupación. Como demostración de ello, EEUU y fuerzas auxiliares iraquíes reanudaban este miércoles el asalto del distrito de la avenida Haifa [9], en el centro de la capital, recurriendo a un intenso bombardeo aéreo, combates en los que habrían muerto 30 defensores, según fuentes estadounidenses.

Notas:

1. Véase en IraqSolidaridad: Carlos Varea: Continuidad de la guerra. El Grupo de Estudios sobre Iraq elude un calendario de retirada de tropas y recomienda negociaciones con Siria e Irán
2. Véase en IraqSolidaridad:
Carlos Varea: EEUU cierra 2006 con una situación crítica en Iraq. Sadam Husein fue ejecutado por seguidores de as-Sáder como concesión del gobierno Bush
3. Véase en IraqSolidaridad:
Carlos Varea: «Nueva estrategia para Iraq»: Bush vuelve a equivocarse. Fuertes combates en Bagdad anticipan la aplicación del nuevo plan de Bush y Thomas E. Ricks y Ann Scott Tyson: La nueva batalla por Bagdad. El plan de Bush prefigura una intensificación de los combates en las calles de Bagdad La nueva batalla por Bagdad
4. Al-Jazeera, 24 de enero, 2007.
5. Véase en IraqSolidaridad:
Carlos Varea: Continuidad de la guerra. El Grupo de Estudios sobre Iraq elude un calendario de retirada de tropas y recomienda negociaciones con Siria e Irán
6. Véase en IraqSolidaridad:
Carlos Varea: Guerra abierta y más violencia sectaria. EEUU pierde en combate en Iraq en diciembre una media diaria de cuatro soldados – Testimonio gráfico: Ramadi, bajo control de la resistencia y Los baazistas confirman el cierre de los contactos con EEUU y su compromiso con un Iraq democrático – Comunicado del Partido Baaz Árabe Socialista (extractos): Mantener la estrategia de resistencia armada
7. Recogido por A. Cordesman en su
informe de noviembre de 2006
8. Al-Jazeera, 23 de enero, 2007.
9. Véase en IraqSolidaridad:
El distrito de Haifa, bajo asedio – La resistencia reivindica el derribo del helicóptero de combate ‘Black Hawk’ y Carlos Varea: «Nueva estrategia para Iraq»: Bush vuelve a equivocarse. Fuertes combates en Bagdad anticipan la aplicación del nuevo plan de Bushhttp://www.nodo50.org/iraq/2007/docs/ocup_12-01-07_varea.html