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Reflexiones en torno a la lectura de A los pies del caballo. Narcotráfico, heroína y contrainsurgencia en Euskal Herría, de Justo Arriola

Caballo maldito ¿Memoria de una verdad incómoda o simple conjetura?

Fuentes: Rebelión

«Caballo maldito que matas a gente, a pobres y a ricos y a gente inocente» Los Travilis   Lo cierto es que, a pesar de la canción de Los travilis, la plaga de la heroína se cebó más en los barrios obreros. Afirma el sociólogo César Rendueles sobre las ciencias sociales, que éstas: «son elaboraciones […]

«Caballo maldito

que matas a gente,

a pobres y a ricos

y a gente inocente»

Los Travilis

 

Lo cierto es que, a pesar de la canción de Los travilis, la plaga de la heroína se cebó más en los barrios obreros. Afirma el sociólogo César Rendueles sobre las ciencias sociales, que éstas: «son elaboraciones refinadas de nuestras prácticas cognitivas rutinarias» (Rendueles, 2016, p. 68), es decir, saberes cotidianos. Lo que se puede traducir como una especie de confirmación o constatación de algo que ya sabíamos, o que al menos barruntábamos, pero que los datos nos confirma. En este caso: que el poder político estuvo implicado, de muy diversas formas, en la difusión y el asentamiento del mercado de sustancias estupefacientes ilegalizadas, especialmente la heroína, durante las décadas de los años setenta-ochenta del pasado siglo. Lo que queda por dilucidar ahora es si esto se trata de una simple conjetura o más bien de una verdad incómoda y hasta qué punto constituyó un plan elaborado o más bien respondió a factores más complejos, entre los que la corrupción de las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado contribuyó como factor determinante.

En mi caso, se trataba de una sospecha fundamentada en la memoria de personas cercanas que habían crecido en medio de este desastre que afectó fundamentalmente a los barrios más populares, aquellos en los que la movilización política era más susceptible de prender mecha. Sobre esta misma hipótesis se asienta el libro de Justo Arriola. Quizá los que hemos crecido en un barrio en el que el azote de la distribución de heroína afligió de manera directa a nuestras historias de vida, estemos más por la labor de aceptar su hipótesis. Azote que sufrieron especialmente nuestros padres y nuestras madres, pues: «el consumo de heroína en el Estado español adquirió una dimensión epidémica» (Arriola, 2016, p. 183). En su obra, el autor organiza una serie de datos que, puestos en conjunto, hacen que las afirmaciones que se dan sean bastante concluyentes, trazando una línea cronológica que va de las conexiones de la CIA con la mafia corsa y siciliana después de la Segunda Guerra Mundial para frenar el avance de las ideas comunistas en Europa, la conexión de la mafia con la Democracia Cristiana y grupos fascistas paramilitares en Italia, a la promoción de grupos insurgentes en Asia y Oriente Próximo conectados al cultivo de la amapola en el marco de la Guerra fría, en contextos de guerra como Vietnam o Afganistán.

Nadie estuvo a salvo, tampoco la propia población norteamericana, pues la Agencia habría utilizado estas estrategias contra sus propios ciudadanos en la introducción de heroína y otras sustancias en los barrios negros para desmovilizar movimientos político-sociales como el de las Black Panters o el movimiento contracultural hippie. Aún así, reseñas como la de Estaban Ordoñez «Heroína y Transición: ¿narcóticos de Estado o síntoma de una sociedad rota?» en Ctx. Contexto y acción (Público, 17/01/2017) siguen sin creer en esta teoría, la cual consideran mera conjetura. Lo cierto es que, si bien la cuestión puede atender, como decíamos, a factores más complejos que los de un plan perfectamente orquestado, el relato de Arriola tiene mucho de verdad e introduce un debate muy pertinente.

La cuestión parece ampliamente aceptada en otros países, en los que la industria de contenidos audiovisuales y cinematográficos, a partir de trabajos de investigación más específicos, retrata esta relación de la CIA con la contra nicaragüense y otras guerrillas paramilitares, vía cárteles de la droga colombianos. España tiene su propia ficción cinematográfica en el género Quinqui, si bien continúa siendo un relato underground o outsider (como dirían hoy algunos politólogos), insuficientemente contrastado, que el libro de Arriola estaría ahora tratando de demostrar. Muchos historiadores convencionales podrán argumentar que la hipótesis no está suficientemente probada, pues las fuentes que emplea el autor no son las habituales. Pero ¿dónde vamos a encontrar las pruebas de una actividad cuyo fin es el de no dejar rastro? En todo caso, para las personas más escépticas, en el libro también se apunta hacia grietas que permiten darnos algunas claves de esta actividad oculta; en nuestro país, desde el famoso «informe Navajas» a la detención en el aeropuerto de Barajas de la sobrina del exdirector de la Guardia Civil Luis Roldán con dos kilos de heroína y después liberada sin cargos, entre otros ejemplos que, cuanto menos, dan qué pensar.

El estudio se centra en el caso vasco, donde la situación generada en los cuarteles de la Guardia Civil en Intxaurrondo en San Sebastián o La Salve en Bilbao cobró dimensiones que rozan lo obsceno, mezclado con episodios de la guerra sucia librada por parte del Estado, a través de grupos paramilitares como los GAL, contra ETA, y los cuales, también, parecen suficientemente contrastados, quizá demasiados años después. El dinero del narcotráfico habría servido para financiar esta guerra sucia. Su trabajo es similar al que elaboró Nacho Carretero, otra lectura fundamental, respecto al mercado de la cocaína en su obra Fariña (Libros del K.O, 2015). En este otro libro se explica que diversos clanes de contrabandistas gallegos llegaron a controlar en los noventa en torno al 90% de la cocaína que se introducía en Europa, en un clima de impunidad y connivencia con las fuerzas de seguridad del Estado y los partidos políticos, quienes probablemente se habrían estado financiando también a través del narcotráfico (famosa es la foto de Feijóo, presidente de la Xunta de Galicia, con el narcotraficante Dorado). Así como el papel de los bancos en operaciones de blanqueo de dinero, tal y como después señalaremos. Comercio que, por otro lado, continúa muy activo, proyectando el problema hasta el presente, pues: «No es necesario que haya lucha armada para que el poder utilice las drogas como instrumento represivo, es suficiente que haya un movimiento de oposición, de rebeldía, de desobediencia» (Arriola, 2016, p. 345.).

Famoso es también el caso, el cual no se cita en el libro, del barro de Exharchia en Atenas, en el que en una población my combativa, de tradición mayoritariamente anarquista, esta droga está volviendo a pegar duro en los últimos años, mientras que los movimientos sociales allí presentes apuntan directamente a la acción del Gobierno, tal y como informaba El Confidencial («Anarquistas contra narcos: guerra en el barrio más ingobernable de Atenas» 15/05/2017). Puede conocer la situación de este barrio poco después de la dimisión del primer Gobierno de Alexis Tsipras en 2015 tras el fiasco que supuso el referéndum sobre la permanencia de Grecia en la Unión Europea, y la imagen era desoladora, quizá como en los peores momentos de mi infancia en Pizarrales en Salamanca, en la década de los noventa, cuando la heroína comenzaba a desaparecer de nuestros barrios.

Por tanto, la hipótesis del libro es cuanto menos plausible, a pesar de que aproximaciones superficiales como la de la reseña citada de Esteban Ordoñez sigan sin querer creerlo. En todo caso, me parece que la pregunta ha de centrarse ahora en responder hasta qué punto los políticos organizaron todo esto de forma consciente, es decir, introduciendo ellos mismos esta sustancia de manera deliberada y premeditada (idea que se sugiere a lo largo de las páginas del libro) o más bien se aprovecharon de un contexto específico, simplemente dejando hacer pero, al mismo tiempo, consolidando la propagación de las redes de narcotráfico que todavía operan en la actualidad, momento en el que el neoliberalismo tiene sus propias multinacionales del crimen, tal y como señala Misha Glenny en Mc Maffia. Seriously Organised Crime (Vintage Books, 2009).

Declaraciones como la del narcotraficante turco Osman Sabri (que operaba también bajo otras identidades como la de Vedat Çiçek) dan, cuanto menos, que pensar. Y a pesar de ello el libro sí puede resultar en algunos pasajes un tanto «conspiranoico», quizá demasiado centrado en la cuestión política y adoleciendo de cierta profundidad en el análisis del problema de la heroína en su vertiente más social. En cualquier caso, la responsabilidad política y sus consecuencias sociales se nos antojan suficientemente interesantes para ser pensadas y reflexionadas en un libro. De modo que, el asunto puede que no sea tan simple como la constatación de un hecho más o menos conocido, es decir, de la confirmación de una sospecha. Y de hecho no lo es. En la Historia intervienen también otros factores que ponen en relación a esta ciencia social con el poder. En efecto, tal y como destaca el historiador Raimundo Cuesta, en la actualidad, la historia: «se constituye en parte insustituible del aparato del Estado y de la producción de los imaginarios nacionales. La historia se pone al servicio de la construcción de una memoria social cada vez más invasiva de la esfera pública» (Cuesta, 2015, p.52.). Y, en cambio, pareciera como si esta catástrofe se hubiera evaporado de nuestra memoria colectiva, junto con todas esas personas que la heroína se llevó consigo. En efecto, es un ejercicio necesario, tras la lectura del libro, reflexionar sobre por qué no pesan sobre la memoria de la ciudadanía española esas: «entre 31.000 y 41.000 muertes, según las fuentes, oficialmente relacionadas con la jeringuilla hasta 1997» (Arriola, 2016, p. 202) desde su aparición a finales de los setenta, así como toda la problemática social a ella vinculada.

Ese es el ejercicio que, a nuestro juicio, debiera desprenderse de la lectura del mismo. Raimundo Cuesta plantea en su obra citada la necesidad de una memoria entendida como actividad/herramienta crítica, como: «un desafío intelectual y político frente a los abusos triviales, la apropiación interesada del poder estatal y el vulgar menosprecio de algunos cultivadores de las ciencias sociales» (Cuesta: 2015, p. 62). Y eso es lo que nos parece que establece el libro de este trabajador del metal. Y lo hace como se tiene que hacer, sin grandes pretensiones, invitándonos a pensar y a investigar pos nosotros y nosotras mismas, quizá en algunos pasajes de forma un tanto vehemente para el tono al que estamos acostumbrados en trabajos de este tipo. Esa misma inquietud es la que le llevó a elaborar este libro, motivado por establecer una contestación a la obra de Juan Carlos Usó, ¿Nos matan con la heroína? Sobre la intoxicación farmacológica como arma de Estado (Libros Crudos, 2015), en la que se pone de manifiesto la otra cara de Clío, esto es, la memoria del poder y se niegan las conexiones que Arriola nos muestra o se relacionan preferentemente con casos aislados de corrupción.

El libro, tal y como se indica en la introducción, sirve para establecer un interesante debate ciudadano y tratar de rebatir este otro relato. Supone, por tanto, una aportación contracultural y contrahegemónica de enorme validez, en tanto que revela una verdad incómoda, retenida en la memoria de muchas personas afectadas por la heroína de manera directa o indirecta. Finalmente, nos gustaría terminar señalando las imbricaciones entre el narcotráfico y la economía (tal y como nos recuerda el narcocorrido de Los Tucanes de Tijuana, «Operación pesada»: «Mafia suena a economía, aunque no lo quieran creer»). A menudo se nos olvida que, junto con el petróleo, el tráfico de armas y de personas, el narcotráfico continúa constituyendo uno de los negocios más lucrativos de la economía neoliberal globalizada. No es de extrañar, por tanto, que el director de la oficina de la ONU contra la Droga y el Crimen (ONUDC), Antonio María Costa, indicase que en 2008: «miles de millones de narcodólares impidieron el hundimiento del sistema en el peor momento de la crisis financiera global» (Arriola, 2016, p. 50). Toda una alianza multimillonaria que se retroalimenta y a la que tendremos que vigilar muy de cerca si queremos lograr cualquier cambio social.

Citas:

CARRETERO, Nacho. Fariña. Historias e indiscreciones del narcotráfico en Galicia. Madrid: Libros del K.O, 2005.

CUESTA, Raimundo. La venganza de la memoria y las paradojas de la historia. 1ª ed. Salamanca: Lulu.com, 2015.

GLENNY, Misha. Mc Maffia. Seriously Organised Crime. Londres: Vintage Books, 2009.

RENDUELES, César. En bruto. Una reivindicación del materialismo histórico. Madrid: La Catarata, 2016.

USÓ, Juan Carlos. ¿Nos matan con la heroína? Sobre la intoxicación farmacológica como arma de Estado. Alcalá: Libros Crudos, 20015.

 

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

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