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Carta de un ciudadano árabe a una madre estadounidense

Fuentes: Albasrah.net

Traducido del inglés para Rebelión por Sinfo Fernández

Bush y otros criminales no paran de opinar sobre nuestra civilización iraquí, por eso es importante que nosotros, como árabes, mostremos al pueblo estadounidense nuestro amor y humanidad. Por esta razón confío en que cualquiera que tenga capacidad para escribir en inglés informe a las madres estadounidenses, a los soldados estadounidenses y a todos los estadounidenses sobre el contenido de las palabras justicia y verdad. Decid entonces que somos inocentes, que morimos con orgullo y que apoyamos todos los actos que están llevando a cabo las resistencias iraquí y palestina. Nos encantaría escuchar que nuestras cartas se convierten en canciones en lengua inglesa internacionalmente conocidas. A continuación de estas líneas hay una sencilla carta escrita por mí a una madre estadounidense, no es un poema, por la sencilla razón de que yo no soy poeta. ¡Larga vida a la valiente resistencia iraquí; sólo ella nos representa como sociedad iraquí!

La carta

Señora, escúcheme…

Le voy a hablar de humanidad.

Le hablo desde el alma.

¿Sabe, señora mía?

¿Sabe por qué trato de acercarme específicamente a Vd. y no a todos los estadounidenses?

¿Sabe, señora, que nosotros creemos que el paraíso está situado a los pies de las madres?

¿Puede sentir lo que como árabes sentimos?

Amamos a nuestro prójimo de la misma manera que Vd. lo hace, sentimos dolor como Vd., soñamos como Vd., y tenemos nuestras cosillas…

Entre nosotros hay gente apasionada, y hay gente anciana… y hay jóvenes, que vociferan, lo mismo que sus jóvenes.

Entre nosotros hay madres, cuyos corazones están llenos de amor y dedicación,

Y se sienten felices y desgraciadas, como todo el mundo.

Y a veces lloran en épocas de privaciones… hasta que las lágrimas las ahogan,

Ellas recuerdan, de la misma manera que Vd. recuerda, y olvidan por los mismos motivos que Vd. lo hace.

Con mucha frecuencia, la gente de mi país muere sin saber por qué.

Morimos porque somos inocentes y somos iraquíes.

Porque somos iraquíes nos hacinan en prisiones y nos torturan. Tan sólo porque somos iraquíes.

En Abu Ghraib amontonan nuestros cuerpos en pirámides.

¿Acaso no se pregunta Vd., señora, quién nos está haciendo eso?

Nos lo están haciendo, sencillamente, aquellos a quienes Vd. votó para la Casa Blanca.

Señora, Vd. es una madre amorosa, que siente los sufrimientos de la gente.

Y comprende el lenguaje de los niños y la risa de los inocentes tras el llanto

Señora, los muertos y heridos están en el corazón de EEUU.

Aquéllos a los que Vds. votaron para la Casa Blanca son quienes nos matan y quienes nos hieren.

Los que Vd. votó, Señora.

Y no se olvide nunca de esto, Señora: nunca jamás odiaremos a nadie.

Nunca jamás odiaremos a nadie.

Ni siquiera odiamos a los estadounidenses.

Haga un esfuerzo e imagínese.

Una ciudad de mi país es un lugar donde la muerte nos visita.

Nos llega por medio de misiles… bombas de fósforo blanco… como flechas.

Vd. come, nosotros no, y Vd. duerme, nosotros no.

Y en cualquier momento podemos vernos obligados a vagar perdidos por nuestros propios desiertos, mientras el frío nos agota.

Y sus soldados nos aniquilan con misiles.

Y los días van pasando mientras los aviones estadounidenses nos asesinan.

Imagine el suplicio de las noches,

O el comienzo del día,

Y los niños llorando de inanición, y sus ojos cuajados de lágrimas.

Imagine, entre nosotros hay musulmanes, cristianos, etc… Y en nuestras casas hay Coranes y Biblias.

Y los aviones estadounidenses llegan como las águilas.

Y descargan cientos de veces sobre nuestras cabezas el estruendo de los misiles.

Y los cuerpos se evaporan como si fueran flores matinales… ¡¡como rosas!!

Y suben hechos humo hasta el Creador.

O las imágenes de la Virgen María y Jesús aparecen hechas trozos y esparcidas.

Y los juguetes de los niños desaparecen… los juguetes que les proporcionábamos desde la Edad de Piedra.

Y los árboles de nuestros rinconcitos de jardín se queman como ramas de olivo.

Y ya no hay ovejas, ni pollos, ni balidos, ni cacareos.

Ya no tenemos a la Virgen María acunando a su hijo Jesús.

Y surgimos arrastrándonos de debajo de los escombros,

Y buscamos con débiles manos desnudas bajo los escombros, esperando poder hallar una mano de niño, los restos de algún niño.

Señora, señora…

¿Son nuestras ovejas terroristas?

¿Son nuestros niños terroristas?

¿Son nuestras hermosas mujeres terroristas?

¿Son nuestros bebés terroristas?

¿Es Jesús un terrorista?

¿Es Jesús un terrorista?

Dígame, por favor, ¿es la Virgen María una terrorista?

Dígame, por favor, señora: ¿son todos ellos terroristas?

Como madre amorosa que Vd. es, dígame qué es terrorismo.

Permítame recordarle que el paraíso está a los pies de las madres.

Recuerde que nosotros, árabes, no odiamos a nadie, ¡¡ni siquiera a los estadounidenses!!

Venga conmigo, Señora, y cantemos a los pájaros en los campos.

Venga y cante conmigo a los niños… por la paz del mundo, porque nosotros, árabes, somos un jardín de rosas.

¡¡No odiamos a nadie, ni siquiera a los estadounidenses!!

Y no olvide jamás, hasta el final de los tiempos, que nosotros no odiamos a nadie.

El ciudadano árabe: Mohammed Zedan

Texto original en árabe:

www.albasrah.net/ar_articles_2005/1205/zedan_221205.htm

Texto traducido al inglés:

www.albasrah.net/en_articles_2006/0106/letter_080106.htm

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