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Libro polémico

Descorre Woodward el velo en torno a Irak

Fuentes: Rebelión

Las elecciones se aproximan en Estados Unidos. El próximo 7 de noviembre se decidirá quien domina el Congreso, actualmente en manos republicanas. Los demócratas están muy confiados en poder recuperar el Poder Legislativo, debido al creciente desprestigio de Bush y del partido republicano. Las maniobras van y vienen de un bando y otro. Uno de […]

Las elecciones se aproximan en Estados Unidos. El próximo 7 de noviembre se decidirá quien domina el Congreso, actualmente en manos republicanas. Los demócratas están muy confiados en poder recuperar el Poder Legislativo, debido al creciente desprestigio de Bush y del partido republicano. Las maniobras van y vienen de un bando y otro.

Uno de los últimos golpes procede de alguien que ha sido considerado afín a los republicanos, el periodista Bob Woodward. Aunque a él, y a su socio Carl Bernstein, se debe la serie de reportajes en el Washington Post que condujeron a la renuncia de Richard Nixon por el sucio asunto de Watergate, en los últimos tiempos ha realizado cuatro largas y complacientes entrevistas al presidente Bush.
Sin embargo, su libro «Estado de negación», editado por Simon & Schuster, está saliendo al mercado librero en estos días y parece que le va a dejar un saldo muy negativo a la actual administración republicana. Woodward ha investigado a fondo los entretelones de la guerra de Irak y lo que revela en el libro es muy desalentador para los halcones de la Casa Blanca. En la noche del domingo 1º de octubre Woodward se presentó en el popular programa de televisión «60 minutos» de la CBS. Sus revelaciones inclinarán al electorado a la hora de manifestarse en las urnas.
Woodward revela, en primer lugar, que el gobierno de Bush está mintiendo en torno a los resultados de la guerra en Irak.

Pese a que se insiste que los resultados de la represión son óptimos la verdad es que la resistencia nacionalista está aumentando. Los ataques de los insurgentes alcanzan un ritmo de cuatro por hora, y más. En este instante alcanzan la frecuencia de 800 a 900 por semana: 3,500 al mes.

Algunas infidencias del último estimado nacional de inteligencia, elaborado con los informes de 16 agencias de espionaje, terrorismo de estado, sabotaje y desestabilización política de los Estados Unidos, revelan que la lucha de liberación nacional no retrocedió en Irak, ─lejos de lo que Bush repite constantemente─, sino que ha ido en incremento.
Woodward desnuda los secretos de la Casa Blanca al afirmar que un promotor principal de lo que está ocurriendo es el ex asesor y ex Secretario de Estado de Nixon y Ford, Henry Kissinger. Según este consejero del gran capital bancario no hay que retirarse de Irak hasta conseguir la victoria, aunque esta se les escapa de las manos con mayor rapidez cada minuto que pasa. Kissinger se entrevista regularmente con Bush y Cheney y les apremia a que insistan en prolongar la guerra de ocupación. Les advierte que Vietnam se perdió por la falta de apoyo interno, así que deben lograr un extendido sostén de las fuerzas políticas y cívicas estadounidenses como paso previo a la conquista plena del petróleo iraquí. Por eso Bush ha dicho en sus círculos íntimos, y ante la dirigencia del partido republicano, que no se irá de Irak aunque solamente queden apoyándolo Laura, (su esposa) y Barney, (su perro).
El libro revela también las contradicciones entre las principales figuras del actual gobierno. Rumsfeld sostuvo fuertes diferencias con el general Colin Powell y también esas incompatibilidades existen ahora en torno a Condoleezza y Rumsfeld. Al agresivo Secretario de Defensa se le atribuye una despreocupación absoluta por la restauración de Irak y la instauración de un gobierno pacificador. Está interesado en la beligerancia y lograr la manera más acabada de reprimir, encarcelar y torturar. Woodward divulga que el ex Jefe de Gabinete de Bush, Andrew Card, animó una conjura para sacar a Rumsfeld del gabinete en la cual estuvo interesada hasta Laura, la esposa del presidente. También afirma que Rumsfeld, en su inacabable altanería, no responde las llamadas telefónicas de Condoleezza y Bush tuvo que regañarlo por esto.
El libro también divulga que Tony Blair está irritado con Bush porque ha descubierto que la información de inteligencia que obtiene el espionaje norteamericano no se le revela por completo y muchas verdades adversas le son ocultadas, probablemente para evitar la retirada de las tropas británicas. Incluso los pilotos británicos que usan aviones norteamericanos reciben aparatos que no tienen todos los dispositivos secretos de los que disponen los pilotos norteamericanos.
Woodward publica que existe una maniobra entre Bush y Arabia Saudita para bajar el precio del petróleo, y por consiguiente el de la gasolina, con vistas a complacer al público y aplacar la ira causada por el alto costo del combustible, con vistas a las elecciones de noviembre.
El general retirado Jay Garner se abrió con Woodward explicándole los muchos errores que cometió el procónsul Paul Bremer, protegido de Kissinger. Entre ellos está la disolución del partido Baath y la desintegración del ejército, lo cual volcó a una masa humana enorme en el esfuerzo de liberación.
Cada día Irak se asemeja más a Vietnam. Los norteamericanos tuvieron allí más bajas que en la Primera Guerra Mundial. La resistencia patriótica iraquí ha aumentado. También va en acrecentamiento el calibre del armamento de las guerrillas urbanas. La ola represiva también se intensifica. Actualmente hay miles de prisioneros políticos en las cárceles de las fuerzas ocupantes. Sin embargo, aún no han podido capturar a Osama Bin Laden. Los dirigentes estadounidenses insisten en su perorata sobre la «democracia» introducida en Irak. El desgaste económico es mayúsculo Los analistas estadounidenses examinan la repercusión del fiasco iraquí en las próximas elecciones. Los síntomas del fracaso son cada día más evidentes y su repercusión negativa en la opinión estadounidense va ganando espacio y se hará sentir de manera más aguda durante los próximos comicios.