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Después de Askariya

Fuentes: Al Ahram Weekly

Traducido del inglés para Rebelión por Sinfo Fernández

El 6 de junio de 1944, cuando se lanzó la Operación «Bodyguard» como avanzada del Día-D, los planificadores militares dijeron: «En tiempo de guerra, hay que utilizar una escolta de mentiras para proteger la verdad» [1].

Esa frase hacía referencia a la estratagema que sirvió para engañar a las fuerzas de Hitler y así preparar el terreno para que los aliados pudieran desembarcar en las playas de Normandía.

Actualmente, esa perspectiva sigue siendo tan válida como lo fue entonces y especialmente si entramos a considerar tanto la oportunidad del ataque criminal a la mezquita de Askariya en la ciudad iraquí de Samarra, como la identidad de sus autores.

En primer lugar: la oportunidad

Desde que los iraquíes acudieron a las urnas el pasado 15 de diciembre, se han estado produciendo enfrentamientos políticos entre los diversos partidos -los sunníes acusaron a los chiíes de fraude masivo-, lo que ha servido para impregnar de tensión el ambiente.

Durante los dos meses transcurridos desde las elecciones, no se ha podido formar ningún gobierno viable. Dos semanas antes del estallido de las bombas en la mezquita de Askariya, los partidos chiíes, kurdos y sunníes se agruparon para formar gobierno.

Casi inmediatamente, la administración estadounidense intervino para asegurar que se formaría un gobierno no sectario más «inclusivo». Las presiones para que EEUU triunfara en Iraq han desviado la atención de la necesidad de mantener a Irán fuera de los asuntos iraquíes.

En septiembre pasado, después de que el Ministro de Asuntos Exteriores de Arabia Saudí, Saud Al Faisal, reprendiera a EEUU por estar entregando Iraq a Irán, se produjo un sutil cambio político en el enfoque hacia Iraq por parte de EEUU, así como también en la cobertura de los sucesos por parte de los medios. Ya no oímos hablar de «insurgentes», ahora los medios estadounidenses se esfuerzan en distinguir entre los efectivos de al Qaida y los grupos iraquíes que conforman la resistencia, a menudo representando a los dos en oscuras batallas de unos contra otros.

Posteriormente se produjeron las revelaciones sobre las cámaras de tortura manejadas por «elementos» del Ministerio del Interior bajo dirección chií y los libres paseos de los escuadrones de la muerte, quienes, según las fuerzas estadounidenses, son leales al ejército Mehdi del clérigo chií Muqtada Sadr.

En los días inmediatamente anteriores al ataque a la mezquita presenciamos la siguiente oleada de sucesos:

Muqtada Sadr, recién llegado de una visita a Irán, concede al anterior Primer Ministro iraquí Ibrahim Yaafari el voto necesario para que conserve su puesto en el nuevo gobierno permanente durante una etapa de cuatro años. Sin embargo, también manifestó que rechazaba la actual constitución y que creía que había que rechazar el federalismo (el contexto que los kurdos habían insistido en incluir).

También hizo un llamamiento, justo antes de embarcarse en una gira diplomática por las capitales árabes, para que las fuerzas estadounidenses se retiraran del país.

Mientras tanto, el embajador estadounidense Zalmay Khalilzad lanzó un órdago a la grande insistiendo en que deberían otorgarse más poderes al bloque sunní (con una presencia de 55 miembros en una legislatura de 275). Hay informes indicando que EEUU quería como próximo primer ministro al mismo que desempeñaba anteriormente el cargo, Iyad Allawi.

Y de repente, el prometido cargo para Yaafari parece no estar muy asegurado.

Los medios estadounidense aumentaron las presiones cuando The New York Times, Los Angeles Times y el Washington Post, entre otros, informaron que los escuadrones de la muerte estaban conectados con el Ministerio del Interior iraquí. Al no dar éste ninguna respuesta sobre la cuestión, los medios estadounidenses citaron fuentes militares para informar que unos 1.500 policías de tráfico podrían también formar parte de una extendida red de escuadrones de la muerte.

Cuatro días antes de las bombas en Askariya, los medios estadounidenses informaron que 400 miembros (incluidos puestos de alto nivel) del Ministerio del Interior estaban bajo investigación por denuncias que iban desde corrupción a implicación en el funcionamiento de las cámaras de tortura y de los escuadrones de la muerte.

Dos días antes de las bombas en Askariya, el «Secretario de Asuntos Exteriores de EEUU» Jack Straw llegó a Bagdad para aumentar las presiones sobre Yaafari y sus aliados del Consejo Supremo para la Revolución Islámica (SCIRI, en sus siglas en inglés) en el gobierno.

Irán, el principal patrocinador del SCIRI, reiteró su posición de que las fuerzas británicas deberían retirarse completamente del sur de Iraq tras hacerse público el vídeo con soldados británicos golpeando salvajemente a unos muchachos iraquíes. La lógica nos indica que, una vez que las tropas británicas se retiren, la seguridad en el sur quedará en manos de las milicias armadas – la Organización Badr (el ala armada del SCIRI) y del ejército Mehdi.

Khalilzad a su vez acusó a Irán de intromisión en los asuntos iraquíes en términos más duros aún, acusando a Teherán de una «estrategia global… de un jugador que busca la supremacía regional».

Desde luego, sus declaraciones -efectuadas un día antes del ataque al santuario- hicieron también alusión al continuo fracaso en las negociaciones sobre las ambiciones nucleares de Irán. Asestó, asimismo, un duro golpe a las relaciones diplomáticas de Iraq con Irán (rotas precisamente por Yaafari en Teherán a comienzos de 2005) diciendo que estaba gobernado por un sistema «que trabaja con milicias, que se sirve de grupos extremistas, a los que proporciona entrenamiento y armas».

Menos de doce horas después, la Mezquita de Askariya en Samarra era destruida parcialmente, destrozando un santuario de 1.200 años.

Ante las consecuencias de diversos ataques en represalia, que prendieron fuego a varias mezquitas sunníes y dispararon en la calle a ciudadanos sunníes, Abdul-Aziz al-Hakim, dirigente del SCIRI y la Organización Badr, que ha estado sometida a muchas presiones por parte de los estadounidenses, criticaron duramente a Khalilzad.

«Si hay algo seguro es que las declaraciones hechas por el embajador no fueran hechas de forma responsable y que su conducta no fue la propia de un representante de otro país», dijo al-Hakim a los informadores. «Esas declaraciones provocaron más presiones y dieron luz verde a los grupos terroristas. Y, por todo ello, parte de la responsabilidad de lo ocurrido es suya.»

Es importante señalar aquí que Hakim ha estado pidiendo a las fuerzas de EEUU que traspasaran a sus fuerzas el control de la seguridad, a pesar de los montones de evidencias contra su Organización Badr de ser la responsable de dirigir los escuadrones de la muerte y las cámaras de tortura.

Como cientos de mezquitas sunníes fueron atacadas, el clérigo iraní en Nayaf, el Gran Ayatolah Ali al-Sistani, pidió a la comunidad chií que protestara por el ataque al santuario, pero que mantuviera la calma.

También hizo una velada amenaza contra los estadounidenses, que fue significativamente minimizada en los medios de EEUU. Dijo que si las fuerzas estadounidenses no podían mantener la seguridad de los santuarios sagrados, sus propias fuerzas asumirían esa tarea. No se sabe si se estaba refiriendo directamente a su propia milicia, Ansar Sistani, al Ejército Mehdi o a Badr.

La importancia de esa afirmación no puede enfatizarse suficientemente ya que llega después de las muchas presiones estadounidenses sobre los escuadrones de la muerte, de la demanda de Hakim de un mayor control sobre la seguridad y del llamamiento de Irán de una retirada de las tropas británicas.

Samarra

La protección de la mezquita Askariya en Samarra se ha convertido en una cuestión de la mayor importancia, ya que los iraquíes están tratando de comprender quién fue capaz de perpetrar un ataque tan vil contra un santuario reverenciado tanto por chiíes como por sunníes.

La misma Samarra es una ciudad predominantemente sunní y la Mezquita de Askariya cae bajo la Dotación Sunní, un órgano de gobierno que atiende las necesidades de las mezquitas sunníes y de los establecimientos religiosos por todo el país.

Durante sus 100 años de existencia, la Mezquita Askariya, que alberga el santuario de 1.200 años de antigüedad, no fue nunca atacada. La población sunní de Samarra se siente particularmente orgullosa de su cuidado, un símbolo de la hermandad entre chiíes y sunníes.

Samarra es el lugar donde se produjo la desaparición del doceavo y último Imán – Mohammad al-Mahdi, un descendiente del Profeta Mahoma. Se dice que volverá para restaurar la justicia en el mundo.

Junto con Nayaf y Kerbala, Samarra es también un destino para los peregrinos chiíes de todo el mundo.

Pero la misma Samarra ha sido también un centro de conflicto. Ha sido «ganada» y perdida en varias ocasiones por las fuerzas estadounidenses en lucha con Al-Qaida en Iraq. En el último episodio conflictivo, el ejército de de EEUU se habían felicitado a sí mismo por pacificar la ciudad.

El pasado viernes, en que hubo un toque de queda general, implantado para asegurar algunas zonas de Bagdad, funcionarios iraquíes dijeron que el ataque sobre el santuario había sido un trabajo de «especialistas».

El Ministro de la Construcción, Jasem Mohammed Jaafar, que viajó a Samarra e inspeccionó los daños del santuario, dijo que la colocación de explosivos en el interior de cúpula había sido meticulosa y que debía haber necesitado al menos doce horas de trabajo.

«Se habían hecho agujeros en los cuatro pilares principales del mausoleo y se habían atestado de explosivos», dijo a los medios, añadiendo que el trabajo realizado en cada pilar debía haber necesitado al menos de cuatro horas.

Esa declaración resulta totalmente asombrosa. Eso significa que los autores tuvieron campo libre durante una enormidad de tiempo antes de llevar a cabo su atroz crimen.

En primer lugar, ¿cómo es que pudieron acceder hasta el santuario?

Los informes iniciales decían que cuatro hombres, un comando con uniformes propios del Ministerio del Interior, habían asaltado el santuario el viernes, tras los rezos del amanecer, tomando a cinco guardias como rehenes y huyendo antes de hacer detonar la carga explosiva.

Liberaron a los guardias y se mezclaron con los devotos de los rezos del Fajr [2] antes de escapar inadvertidamente.

Informes posteriores dijeron que los atacantes eran diez hombres vestidos con equipos de comando y que habían sido detenidos.

Se pensaba que el santuario estaba protegido por un contingente de 35 efectivos del Ministerio del Interior, debido a que la Mezquita es de especial importancia para la comunidad chií.

Las preguntas abundan: ¿Por qué se redujo el destacamento de seguridad de 35 a sólo 5 hombres para guardar un santuario tan importante?

Si fueron necesarias al menos doce horas colocar los explosivos, ¿por qué nadie se dio cuenta de que los cinco policías habían sido tomados como rehenes?

Si fueron necesarias al menos doce horas para colocar los explosivos, ¿significa eso que nadie tuvo acceso al santuario durante los rezos vespertinos de la noche anterior?

Periodistas iraquíes ejecutados

Confiando en encontrar respuestas y a fin de entrevistar a vecinos de Samarra, la agencia de noticias Al-Arabiya envió a tres de sus periodistas, incluida la anterior reportera de Al-Jazira, Atwar Bahjat, ella misma originaria de la antiquísima ciudad.

Fuentes de Iraq dicen que se encontraba entrevistando a residentes en la ciudad cuando un camión lleno de hombres armados desconocidos la raptaron mientras gritaba pidiendo socorro. Bahjat, de 30 años, con ascendencia mezclada sunní y chií, fue encontrada ejecutada en las afueras de Samarra, junto con su cámara y el técnico de sonido. Su equipo de campo y el vídeo desaparecieron.

Páginas de Internet iraquíes están especulando por qué Bahjat fue tan brutalmente asesinada y qué fue de su material de vídeo.

Según el blogger [3] Zeyad of Healing Iraq, que citaba otras fuentes iraquíes, Bahjat había estado grabando en Samarra el arresto de dos iraníes que fueron liberados cuando el Ministro del Interior Baqer Abr llegó al lugar de la acción.

Esto no ha sido verificado de forma independiente.

Sin embargo, testigos presenciales de Samarra han publicado relatos en varias web, como Iraqirabita.org, diciendo que fuerzas iraquíes y estadounidenses habían cerrado los caminos de acceso al santuario la noche anterior a la explosión. Algunos han dicho que Bahat había entrevistado a algunos de esos testigos.

Esto tampoco pudo ser verificado de forma independiente.

Pero lo que sí puede verificarse es que Iraq es el centro de una conspiración, como dijo acertadamente el Presidente Yalal Talabani. La conspiración consiste en desgarrar Iraq por los cuatro costados y azuzar las diferencias sectarias hasta llegar a una diabólica guerra civil.

Cuando escribo esto, me llegan informes desde Iraq de que las barriadas sunníes han formado grupos de milicias para proteger las mezquitas, de las cuales 196 han sido atacadas, destruidas o arrasadas hasta los cimientos. Fuentes iraquíes dicen que a pesar de las declaraciones de Sadr de que los sunníes no serían objetivos de su milicia, han continuado atacando, secuestrando, atacando y torturando a quienes sospechan que son sunníes.

¿Quién se beneficia de todo esto? ¿Quién se beneficia de una guerra civil en Iraq y de la muerte de decenas de miles de personas?

¿No se han dado cuenta los iraquíes de que el actual gobierno en el mejor de los casos es incompetente y en el peor es cómplice de ensanchar aún más la grieta entre las diversas sectas y religiones iraquíes?

Durante su anterior visita este año a Irán, Sadr se comprometió a apoyar y defender a Irán si era atacado por EEUU. Como se está diciendo que han aumentado las posibilidades de un ataque inminente a las instalaciones nucleares iraníes, los funcionarios iraníes lanzaron indirectas de que Iraq se convertiría en un infierno para los estadounidenses antes de que pudieran incluso organizar un ataque contra Irán.

Iraq es el campo de batalla en el que los intereses iraníes y estadounidenses están actualmente representándose.

Iraq está al borde del abismo, tan al borde está que muchos iraquíes tienen miedo de asomarse a él. Sin embargo, deberían hacerlo para poder comprender toda la gravedad de su situación. Si no consiguen acercarse medianamente entre ellos para resolver sus diferencias políticas y asegurar que se reduzcan las milicias, Irán puede muy bien haber ganado la invasión estadounidense de Iraq.

N. de T.:

[1] Frase aparecida en un discurso pronunciado por Winston Churchill en 1943.

[2] El Fajr es el primero (al amanecer) de los cinco rezos diarios de los creyentes practicantes musulmanes.

[3] Persona que mantiene un blog, página de Internet actualizada de forma periódica y que recopila cronológicamente textos o artículos alrededor de una temática particular, conservando siempre el autor la libertad de dejar publicado lo que crea pertinente.

Texto en inglés:

http://weekly.ahram.org.eg/2006/783/re11.htm.

 

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